Antes de convertirse en una obsesión para la policía, Jan Bojarski era un hombre prácticamente invisible. Un inmigrante polaco, ingeniero e inventor, que llevaba una vida familiar aparentemente convencional. Pero en secreto había desarrollado una habilidad extraordinaria para fabricar dinero falso, con la que consiguió burlar los controles del Banco de Francia durante 15 años. La película “El gran falsificador”, dirigida por Jean-Paul Salomé, reconstruye su vida y el particular duelo que mantuvo con el detective André Mattéi. La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero lo fue. Bojarski introdujo cerca de 300 millones de francos falsos en el sistema financiero francés sin ser descubierto. El fraude generó tal desconcierto que las autoridades sospecharon de una posible operación extranjera destinada a desestabilizar la economía del país en plena Guerra Fría. ¿Qué llevó a este hombre a realizar una estafa de semejante magnitud? La cinta encuentra una respuesta en su historia personal. Bojarski tenía un talento extraordinario. Había desarrollado bolígrafos, rasuradoras eléctricas, cápsulas para café, entre otros inventos, pero la falta de documentos le impidió patentarlos. Sus capacidades no encontraron espacio en el mundo profesional y terminó aceptando trabajos mal remunerados para mantener a su familia. Tiempo después, un hombre del crimen organizado lo reclutó para fabricar billetes falsos y Bojarski descubrió un territorio donde podía poner a prueba toda su capacidad técnica. Más tarde, empezó a trabajar por su cuenta y construyó una verdadera industria clandestina desde el sótano de su casa. Para evitar que la policía lo descubriera, él mismo creó un papel especial para fabricar los billetes. Además, tomó la precaución de hacer circular el dinero siempre en lugares diferentes. Durante años, estas medidas le permitieron mantenerse fuera del radar de las autoridades y desafiar al detective André Mattéi, interpretado por Bastien Bouillon. Es precisamente en esa relación donde “El gran falsificador” se acerca más al cine policial. Hay un juego del gato y el ratón que recuerda a Atrápame si puedes, aunque el filme de Jean-Paul Salomé está lejos del tono ligero y aventurero de la película de Steven Spielberg. Aquí el suspenso nace de la espera y de la pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá Bojarski ocultar su secreto? El director francés cuenta esta historia sin grandes artificios. La película transita entre el thriller, el policial y el drama, pero evita convertir la persecución en una sucesión de escenas vertiginosas. Su apuesta es más clásica: observar a los personajes, reconstruir sus movimientos y dejar que la tensión aparezca progresivamente. Esta elección funciona especialmente bien en las escenas en que Bojarski trabaja. La fabricación de los billetes tiene algo hipnótico. Cada detalle importa y la película se detiene en ese proceso con una precisión que refleja la obsesión del protagonista. No se trata simplemente de copiar: para Bojarski, el desafío está en conseguir que la falsificación sea indistinguible del original. El actor Reda Kateb entiende bien esa característica y construye un personaje contenido, casi hermético, que vive permanentemente dividido entre dos mundos. En uno está su familia y la rutina cotidiana; en el otro, su taller, sus herramientas y el secreto que sostiene toda su existencia. Durante los años en que el protagonista se dedicó a este fraude, el Banco de Francia sacó varios billetes nuevos, pero el ingeniero siempre logró fabricar una copia prácticamente idéntica. Incluso se jactaba de que sus creaciones eran mejores que las originales. Mientras trabajó solo, nunca lo descubrieron, pero con el tiempo empezó a tener problemas de salud y contrató a alguien para que hiciera circular el dinero. Su empleado no tuvo las mismas precauciones y esa imprudencia terminó delatándolos. La cinta no busca convertir al protagonista en héroe ni justificar sus decisiones. Más bien observa a un hombre que encontró en el lugar equivocado la oportunidad de demostrar aquello que durante años nadie quiso reconocer. “El gran falsificador” es una historia de policías y delincuentes que termina hablando de algo mucho más humano: la necesidad de ser visto y de demostrar que aquello que uno sabe hacer también tiene valor.
Después de explorar distintos géneros y temáticas en sus últimos largometrajes, Paolo Genovese regresa a la comedia romántica con LocaMente, una película que transforma un encuentro amoroso en un ingenioso campo de batalla emocional. El director italiano, conocido internacionalmente por Perfectos desconocidos, vuelve así a poner las relaciones humanas y sus complejidades en el centro de su propuesta. La premisa de su nueva cinta es tan sencilla como atractiva: Piero y Lara se conocen y buscan causar una buena impresión, pero dentro de sus mentes conviven distintas personalidades que compiten por tomar el control. La romántica, la racional, la insegura y la pasional intervienen constantemente en cada decisión, comentario o gesto, convirtiendo una situación cotidiana en un espectáculo lleno de humor y tensión emocional. A partir de esta idea, Genovese construye una película que reflexiona sobre las expectativas que depositamos en los demás cuando comenzamos a conocerlos. El miedo al rechazo, la necesidad de protegernos emocionalmente y la dificultad de mostrarnos tal como somos aparecen representados a través de esas voces interiores que encarnan la permanente disputa entre lo que sentimos y lo que creemos que deberíamos sentir. Las escenas en las que interactúan las distintas personalidades recuerdan la exitosa cinta de Pixar Intensamente. Sin embargo, la propuesta de Paolo Genovese encuentra una identidad propia al explorar con agudeza las inseguridades y contradicciones que surgen durante una cita amorosa. Gran parte de su atractivo recae en la química de los protagonistas, interpretados por Edoardo Leo y Pilar Fogliati, quienes logran transmitir naturalidad y cercanía. Gracias a sus actuaciones, el espectador puede identificarse fácilmente con las dudas, expectativas y pequeños tropiezos que acompañan el inicio de cualquier vínculo afectivo. El humor de LocaMente es simple y sutil. La cinta no busca provocar carcajadas constantes, pero sí ofrece varios momentos graciosos, especialmente cuando las distintas personalidades luchan por ganar protagonismo y tomar el control de las decisiones de Piero y Lara. LocaMente no pretende reinventar la comedia romántica ni profundizar demasiado en sus conflictos, pero tampoco lo necesita. Su principal virtud está en tomar una situación reconocible y encontrar una forma ingeniosa de representar las dudas, contradicciones y temores que aparecen cuando dos personas intentan conocerse. En ese juego entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que finalmente nos atrevemos a mostrar, Genovese encuentra el corazón de una historia cercana y, precisamente por eso, universal.
Con paisajes imponentes, silencios cargados de tensión y personajes atrapados entre la lealtad familiar y la supervivencia, “Los renacidos”, la nueva película del director argentino Santiago Esteves, construye un thriller áspero y profundamente humano. La historia sigue a Manuel y Óscar, dos hermanos distanciados que se ven obligados a reencontrarse para continuar un oscuro negocio heredado de su padre: fingir la muerte de personas para ayudarlas a desaparecer y cruzarlas ilegalmente hacia Chile con nuevas identidades. Tienen un método tan preciso que son capaces de engañar tanto a médicos forenses como a familiares que asisten a funerales y velorios. Manuel, interpretado por el actor chileno Pedro Fontaine, intenta dejar atrás ese pasado criminal. Trabaja como médico en un pequeño pueblo de montaña y vive con su pareja Ivana ( Verónica Gerez), quien está a punto de dar a luz al primer hijo de ambos. Sin embargo, la reaparición de su tío Horacio ( Óscar de la Fuente) lo arrastra nuevamente hacia el negocio familiar y hacia una espiral de violencia que parece no tener salida. Horacio les encarga ayudar a huir a un contador que es perseguido por un cartel narco. Lo que parecía un último trabajo pronto se transforma en una operación fuera de control marcada por traiciones, violencia y una persecución implacable a través de la cordillera. Con un estilo seco, austero y tenso, Santiago Esteves apuesta por un cine donde la acción y el lenguaje visual pesan más que los diálogos. En “Los renacidos”, los cuerpos, las miradas y los silencios transmiten más que las palabras. La película se mueve constantemente entre grandes paisajes nevados y espacios claustrofóbicos, como ambulancias o el estrecho baúl de un automóvil, reforzando la sensación de encierro y peligro permanente. El director vuelve a demostrar la potencia visual que ya había desarrollado en “La educación del Rey”, utilizando la inmensidad de la cordillera como escenario emocional para sus personajes: hombres vulnerables y rotos enfrentados a un entorno hostil y desolador. Sin duda, el paisaje de montaña se convierte en un personaje más dentro del relato. “Es una película de ficción pura y en ese sentido hay un imaginario que tiene un tono particular y que yo creo que está muy atravesado e influido por la montaña, por esta imagen de la soledad de la montaña, de lo aislado, qué ocurre en la montaña, cuántas cosas puede contener una montaña de la cual uno no se entera, qué tipo de personajes habitan ahí. Los personajes son bastante ermitaños en la película. También tienen una cosa media carroñera, a mí me gusta decir que son como animales carroñeros los personajes de esta película. Entonces, creo que todo eso está dado un poco por el imaginario que se desprende de mirar la cordillera e imaginar”, señaló Pedro Fontaine a En Palco. “Los renacidos” también aborda temas como la culpa y la imposibilidad de escapar completamente del pasado. Los personajes se mueven entre la necesidad de sobrevivir y el deseo de comenzar una nueva vida, aunque las decisiones que toman parecen empujarlos siempre hacia el mismo lugar. El largometraje marcó un importante momento en la carrera de Pedro Fontaine, quien recibió el premio a Mejor Actor en el Festival de Huelva por su interpretación de Manuel. “La construcción del personaje fue un proceso colectivo, creo que hubo bastantes referentes que tomamos junto a Santi Estevez. Por ejemplo, hay un cuento de Franz Kafka que se llama La madriguera, que se trata de un animal que se siente que le están invadiendo su madriguera y está siempre buscando la manera de salir. Después hubo muchas películas que vimos para buscar el tono, para encontrar la atmósfera, películas tanto latinas como no latinas. Y también estuvo el trabajo con Marco Caponi, que fue un gran compañero de ruta, porque trabajamos mucho el vínculo de Manuel con su hermano Óscar, que son personajes bastante parcos, de pocas palabras. Entonces, había que habitar esos silencios desde un lugar que se viera que hay un vínculo previo, que hay una historia familiar ahí”, afirmó el actor. Sobre la experiencia de trabajar con el director argentino, Fontaine aseguró que fue un proceso muy enriquecedor. “Santi me dio mucha confianza, se acercó a mí cuando el proyecto estaba muy en pañales aún, cuando era solamente un guion. Entonces, fue muy enriquecedor participar de todo ese proceso con tiempo, irlo desarrollando, pensando, conversando. Todo eso fue muy especial y después en el rodaje mismo fue un gran aprendizaje, tanto trabajar con Santi como con toda la gente que estaba vinculada a la película”, comentó. “Los renacidos” es un thriller helado, tenso y original que atrapa desde el primer minuto y que ya se puede disfrutar en las salas de nuestro país.
En plena Segunda Guerra Mundial, lejos del ruido de las bombas, también se libraban otras batallas: silenciosas, íntimas y cargadas de tensión. Una de ellas tuvo lugar en la mesa de Adolf Hitler, donde un grupo de mujeres era obligado a probar su comida para evitar un posible envenenamiento. Esta intrigante historia llegó a la pantalla grande con “Las Catadoras” del director italiano Silvio Soldini. La cinta se centra en la vida de Rosa, una joven secretaria que huye de Berlín y se refugia en la casa de sus suegros, mientras espera que su esposo regrese de la guerra. Allí, su vida da un giro inesperado: es reclutada junto a otras mujeres del pueblo para convertirse en una de las catadoras. Desde entonces, cada día son trasladadas a un recinto militar, donde deben probar los alimentos antes que el Führer. Al principio, la protagonista tiene algunos conflictos con sus compañeras, quienes la miran con desconfianza por no ser oriunda del pueblo. Cuando finalmente logra integrarse al grupo, se entera de que su esposo ha sido declarado desaparecido en Rusia. Esta noticia la deja devastada. Está tan triste que se niega a trabajar, pero los militares la llevan a la fuerza. Con el tiempo, Rosa se acostumbra a su peculiar rutina y forma una amistad con sus compañeras. Sin embargo, la ausencia de su esposo hace que se siga sintiendo sola. Para llenar ese vacío, establece una relación con un oficial de las SS, vínculo que mantiene en secreto para evitar ser tildada de traidora. Un día el oficial le confiesa que lo peor es matar a niños y mujeres, pero que con el tiempo se acostumbran. Después de oír esto, Rosa decide poner fin a su romance. Él insiste en que sigan juntos, pero la joven le deja claro que no puede estar con alguien que está dispuesto a asesinar solo porque se lo ordenan. La cinta tiene un final inesperado, donde se pone a prueba la verdadera amistad. Durante toda la trama, especialmente en el desenlace, destaca la interpretación de la actriz protagónica Elisa Schlott. Su actuación transmite muchas emociones. “Las catadoras” se inspira en la historia de Margot Wölk, quien en 2012, a los 95 años, reveló haber formado parte de este grupo. Según su testimonio, eran quince mujeres, y ella fue la única sobreviviente. En lo visual, el film apuesta por una fotografía sobria, de tonos apagados, que refuerza la sensación de encierro y vigilancia. El entorno rural aparece como un espacio suspendido, donde la guerra se percibe de manera indirecta, mientras la figura de Hitler permanece fuera de campo, reducida a rumores y decisiones que impactan la vida de las protagonistas. Este recurso recuerda el largometraje La zona de interés, donde el horror se construye desde la ausencia. “Las catadoras” muestra que las guerras no solo se combaten en los campos de batalla, sino también en espacios íntimos, en decisiones cotidianas y en el peso de seguir con vida cuando todo alrededor se desmorona. Es una película muy conmovedora e intrigante que ayuda a entender el nazismo desde otra mirada. Sin duda, vale la pena verla.
Planos abiertos del desierto, gente caminando en silencio y voces que buscan ser oídas construyen el núcleo de “Si vas para Chile”, documental de drama humano que transforma el paisaje en testigo de una crisis marcada por el esfuerzo, el dolor y la resistencia. El filme, dirigido por Amilcar Infante y Sebastián González, sigue el recorrido de cientos de venezolanos que cruzan el altiplano andino y el desierto de Atacama en busca de oportunidades. Las imágenes muestran cómo hombres, mujeres y familias completas enfrentan condiciones extremas con la esperanza de encontrar un trabajo que les permita tener una mejor calidad de vida. “Si vas para Chile” retrata historias profundamente dolorosas: padres que vieron morir a sus hijos en el desierto, personas que caminaron días enteros y mujeres embarazadas que no recibieron atención médica oportuna y perdieron a sus bebés. De esta forma, le pone rostro a la migración para revelar la crudeza de una crisis que muchas veces se observa a distancia. El largometraje también expone la tensión creciente en las comunidades del norte. A través de testimonios de habitantes se evidencian percepciones de inseguridad, frustración e impotencia frente a un fenómeno que supera las capacidades institucionales. Este cruce de miradas configura un escenario complejo, donde el conflicto social se intensifica y el discurso de “Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero” parece resquebrajarse. El film, ganador del premio Hot Docs Emerging International Filmmakers Award, aborda uno de los episodios más críticos de la crisis: las manifestaciones antiinmigrantes de 2021 en Iquique, donde se registraron actos de violencia como la quema de carpas y otras pertenencias de familias migrantes. Estas imágenes, que dieron la vuelta al mundo, evidencian el nivel de tensión alcanzado en el norte del país. “Si vas para Chile” muestra las dos caras de la crisis migratoria, mezclando secuencias de paisajes agrestes con escenas cotidianas de campamentos y testimonios tanto de venezolanos como chilenos. El resultado es un relato íntimo y sensible que expone el drama humano de la migración. Esta mirada cercana contribuye al debate público en torno al tema.
Antes de convertirse en una obsesión para la policía, Jan Bojarski era un hombre prácticamente invisible. Un inmigrante polaco, ingeniero e inventor, que llevaba una vida familiar aparentemente convencional. Pero en secreto había desarrollado una habilidad extraordinaria para fabricar dinero falso, con la que consiguió burlar los controles del Banco de Francia durante 15 años. La película “El gran falsificador”, dirigida por Jean-Paul Salomé, reconstruye su vida y el particular duelo que mantuvo con el detective André Mattéi. La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero lo fue. Bojarski introdujo cerca de 300 millones de francos falsos en el sistema financiero francés sin ser descubierto. El fraude generó tal desconcierto que las autoridades sospecharon de una posible operación extranjera destinada a desestabilizar la economía del país en plena Guerra Fría. ¿Qué llevó a este hombre a realizar una estafa de semejante magnitud? La cinta encuentra una respuesta en su historia personal. Bojarski tenía un talento extraordinario. Había desarrollado bolígrafos, rasuradoras eléctricas, cápsulas para café, entre otros inventos, pero la falta de documentos le impidió patentarlos. Sus capacidades no encontraron espacio en el mundo profesional y terminó aceptando trabajos mal remunerados para mantener a su familia. Tiempo después, un hombre del crimen organizado lo reclutó para fabricar billetes falsos y Bojarski descubrió un territorio donde podía poner a prueba toda su capacidad técnica. Más tarde, empezó a trabajar por su cuenta y construyó una verdadera industria clandestina desde el sótano de su casa. Para evitar que la policía lo descubriera, él mismo creó un papel especial para fabricar los billetes. Además, tomó la precaución de hacer circular el dinero siempre en lugares diferentes. Durante años, estas medidas le permitieron mantenerse fuera del radar de las autoridades y desafiar al detective André Mattéi, interpretado por Bastien Bouillon. Es precisamente en esa relación donde “El gran falsificador” se acerca más al cine policial. Hay un juego del gato y el ratón que recuerda a Atrápame si puedes, aunque el filme de Jean-Paul Salomé está lejos del tono ligero y aventurero de la película de Steven Spielberg. Aquí el suspenso nace de la espera y de la pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá Bojarski ocultar su secreto? El director francés cuenta esta historia sin grandes artificios. La película transita entre el thriller, el policial y el drama, pero evita convertir la persecución en una sucesión de escenas vertiginosas. Su apuesta es más clásica: observar a los personajes, reconstruir sus movimientos y dejar que la tensión aparezca progresivamente. Esta elección funciona especialmente bien en las escenas en que Bojarski trabaja. La fabricación de los billetes tiene algo hipnótico. Cada detalle importa y la película se detiene en ese proceso con una precisión que refleja la obsesión del protagonista. No se trata simplemente de copiar: para Bojarski, el desafío está en conseguir que la falsificación sea indistinguible del original. El actor Reda Kateb entiende bien esa característica y construye un personaje contenido, casi hermético, que vive permanentemente dividido entre dos mundos. En uno está su familia y la rutina cotidiana; en el otro, su taller, sus herramientas y el secreto que sostiene toda su existencia. Durante los años en que el protagonista se dedicó a este fraude, el Banco de Francia sacó varios billetes nuevos, pero el ingeniero siempre logró fabricar una copia prácticamente idéntica. Incluso se jactaba de que sus creaciones eran mejores que las originales. Mientras trabajó solo, nunca lo descubrieron, pero con el tiempo empezó a tener problemas de salud y contrató a alguien para que hiciera circular el dinero. Su empleado no tuvo las mismas precauciones y esa imprudencia terminó delatándolos. La cinta no busca convertir al protagonista en héroe ni justificar sus decisiones. Más bien observa a un hombre que encontró en el lugar equivocado la oportunidad de demostrar aquello que durante años nadie quiso reconocer. “El gran falsificador” es una historia de policías y delincuentes que termina hablando de algo mucho más humano: la necesidad de ser visto y de demostrar que aquello que uno sabe hacer también tiene valor.
Después de explorar distintos géneros y temáticas en sus últimos largometrajes, Paolo Genovese regresa a la comedia romántica con LocaMente, una película que transforma un encuentro amoroso en un ingenioso campo de batalla emocional. El director italiano, conocido internacionalmente por Perfectos desconocidos, vuelve así a poner las relaciones humanas y sus complejidades en el centro de su propuesta. La premisa de su nueva cinta es tan sencilla como atractiva: Piero y Lara se conocen y buscan causar una buena impresión, pero dentro de sus mentes conviven distintas personalidades que compiten por tomar el control. La romántica, la racional, la insegura y la pasional intervienen constantemente en cada decisión, comentario o gesto, convirtiendo una situación cotidiana en un espectáculo lleno de humor y tensión emocional. A partir de esta idea, Genovese construye una película que reflexiona sobre las expectativas que depositamos en los demás cuando comenzamos a conocerlos. El miedo al rechazo, la necesidad de protegernos emocionalmente y la dificultad de mostrarnos tal como somos aparecen representados a través de esas voces interiores que encarnan la permanente disputa entre lo que sentimos y lo que creemos que deberíamos sentir. Las escenas en las que interactúan las distintas personalidades recuerdan la exitosa cinta de Pixar Intensamente. Sin embargo, la propuesta de Paolo Genovese encuentra una identidad propia al explorar con agudeza las inseguridades y contradicciones que surgen durante una cita amorosa. Gran parte de su atractivo recae en la química de los protagonistas, interpretados por Edoardo Leo y Pilar Fogliati, quienes logran transmitir naturalidad y cercanía. Gracias a sus actuaciones, el espectador puede identificarse fácilmente con las dudas, expectativas y pequeños tropiezos que acompañan el inicio de cualquier vínculo afectivo. El humor de LocaMente es simple y sutil. La cinta no busca provocar carcajadas constantes, pero sí ofrece varios momentos graciosos, especialmente cuando las distintas personalidades luchan por ganar protagonismo y tomar el control de las decisiones de Piero y Lara. LocaMente no pretende reinventar la comedia romántica ni profundizar demasiado en sus conflictos, pero tampoco lo necesita. Su principal virtud está en tomar una situación reconocible y encontrar una forma ingeniosa de representar las dudas, contradicciones y temores que aparecen cuando dos personas intentan conocerse. En ese juego entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que finalmente nos atrevemos a mostrar, Genovese encuentra el corazón de una historia cercana y, precisamente por eso, universal.
Con paisajes imponentes, silencios cargados de tensión y personajes atrapados entre la lealtad familiar y la supervivencia, “Los renacidos”, la nueva película del director argentino Santiago Esteves, construye un thriller áspero y profundamente humano. La historia sigue a Manuel y Óscar, dos hermanos distanciados que se ven obligados a reencontrarse para continuar un oscuro negocio heredado de su padre: fingir la muerte de personas para ayudarlas a desaparecer y cruzarlas ilegalmente hacia Chile con nuevas identidades. Tienen un método tan preciso que son capaces de engañar tanto a médicos forenses como a familiares que asisten a funerales y velorios. Manuel, interpretado por el actor chileno Pedro Fontaine, intenta dejar atrás ese pasado criminal. Trabaja como médico en un pequeño pueblo de montaña y vive con su pareja Ivana ( Verónica Gerez), quien está a punto de dar a luz al primer hijo de ambos. Sin embargo, la reaparición de su tío Horacio ( Óscar de la Fuente) lo arrastra nuevamente hacia el negocio familiar y hacia una espiral de violencia que parece no tener salida. Horacio les encarga ayudar a huir a un contador que es perseguido por un cartel narco. Lo que parecía un último trabajo pronto se transforma en una operación fuera de control marcada por traiciones, violencia y una persecución implacable a través de la cordillera. Con un estilo seco, austero y tenso, Santiago Esteves apuesta por un cine donde la acción y el lenguaje visual pesan más que los diálogos. En “Los renacidos”, los cuerpos, las miradas y los silencios transmiten más que las palabras. La película se mueve constantemente entre grandes paisajes nevados y espacios claustrofóbicos, como ambulancias o el estrecho baúl de un automóvil, reforzando la sensación de encierro y peligro permanente. El director vuelve a demostrar la potencia visual que ya había desarrollado en “La educación del Rey”, utilizando la inmensidad de la cordillera como escenario emocional para sus personajes: hombres vulnerables y rotos enfrentados a un entorno hostil y desolador. Sin duda, el paisaje de montaña se convierte en un personaje más dentro del relato. “Es una película de ficción pura y en ese sentido hay un imaginario que tiene un tono particular y que yo creo que está muy atravesado e influido por la montaña, por esta imagen de la soledad de la montaña, de lo aislado, qué ocurre en la montaña, cuántas cosas puede contener una montaña de la cual uno no se entera, qué tipo de personajes habitan ahí. Los personajes son bastante ermitaños en la película. También tienen una cosa media carroñera, a mí me gusta decir que son como animales carroñeros los personajes de esta película. Entonces, creo que todo eso está dado un poco por el imaginario que se desprende de mirar la cordillera e imaginar”, señaló Pedro Fontaine a En Palco. “Los renacidos” también aborda temas como la culpa y la imposibilidad de escapar completamente del pasado. Los personajes se mueven entre la necesidad de sobrevivir y el deseo de comenzar una nueva vida, aunque las decisiones que toman parecen empujarlos siempre hacia el mismo lugar. El largometraje marcó un importante momento en la carrera de Pedro Fontaine, quien recibió el premio a Mejor Actor en el Festival de Huelva por su interpretación de Manuel. “La construcción del personaje fue un proceso colectivo, creo que hubo bastantes referentes que tomamos junto a Santi Estevez. Por ejemplo, hay un cuento de Franz Kafka que se llama La madriguera, que se trata de un animal que se siente que le están invadiendo su madriguera y está siempre buscando la manera de salir. Después hubo muchas películas que vimos para buscar el tono, para encontrar la atmósfera, películas tanto latinas como no latinas. Y también estuvo el trabajo con Marco Caponi, que fue un gran compañero de ruta, porque trabajamos mucho el vínculo de Manuel con su hermano Óscar, que son personajes bastante parcos, de pocas palabras. Entonces, había que habitar esos silencios desde un lugar que se viera que hay un vínculo previo, que hay una historia familiar ahí”, afirmó el actor. Sobre la experiencia de trabajar con el director argentino, Fontaine aseguró que fue un proceso muy enriquecedor. “Santi me dio mucha confianza, se acercó a mí cuando el proyecto estaba muy en pañales aún, cuando era solamente un guion. Entonces, fue muy enriquecedor participar de todo ese proceso con tiempo, irlo desarrollando, pensando, conversando. Todo eso fue muy especial y después en el rodaje mismo fue un gran aprendizaje, tanto trabajar con Santi como con toda la gente que estaba vinculada a la película”, comentó. “Los renacidos” es un thriller helado, tenso y original que atrapa desde el primer minuto y que ya se puede disfrutar en las salas de nuestro país.
En plena Segunda Guerra Mundial, lejos del ruido de las bombas, también se libraban otras batallas: silenciosas, íntimas y cargadas de tensión. Una de ellas tuvo lugar en la mesa de Adolf Hitler, donde un grupo de mujeres era obligado a probar su comida para evitar un posible envenenamiento. Esta intrigante historia llegó a la pantalla grande con “Las Catadoras” del director italiano Silvio Soldini. La cinta se centra en la vida de Rosa, una joven secretaria que huye de Berlín y se refugia en la casa de sus suegros, mientras espera que su esposo regrese de la guerra. Allí, su vida da un giro inesperado: es reclutada junto a otras mujeres del pueblo para convertirse en una de las catadoras. Desde entonces, cada día son trasladadas a un recinto militar, donde deben probar los alimentos antes que el Führer. Al principio, la protagonista tiene algunos conflictos con sus compañeras, quienes la miran con desconfianza por no ser oriunda del pueblo. Cuando finalmente logra integrarse al grupo, se entera de que su esposo ha sido declarado desaparecido en Rusia. Esta noticia la deja devastada. Está tan triste que se niega a trabajar, pero los militares la llevan a la fuerza. Con el tiempo, Rosa se acostumbra a su peculiar rutina y forma una amistad con sus compañeras. Sin embargo, la ausencia de su esposo hace que se siga sintiendo sola. Para llenar ese vacío, establece una relación con un oficial de las SS, vínculo que mantiene en secreto para evitar ser tildada de traidora. Un día el oficial le confiesa que lo peor es matar a niños y mujeres, pero que con el tiempo se acostumbran. Después de oír esto, Rosa decide poner fin a su romance. Él insiste en que sigan juntos, pero la joven le deja claro que no puede estar con alguien que está dispuesto a asesinar solo porque se lo ordenan. La cinta tiene un final inesperado, donde se pone a prueba la verdadera amistad. Durante toda la trama, especialmente en el desenlace, destaca la interpretación de la actriz protagónica Elisa Schlott. Su actuación transmite muchas emociones. “Las catadoras” se inspira en la historia de Margot Wölk, quien en 2012, a los 95 años, reveló haber formado parte de este grupo. Según su testimonio, eran quince mujeres, y ella fue la única sobreviviente. En lo visual, el film apuesta por una fotografía sobria, de tonos apagados, que refuerza la sensación de encierro y vigilancia. El entorno rural aparece como un espacio suspendido, donde la guerra se percibe de manera indirecta, mientras la figura de Hitler permanece fuera de campo, reducida a rumores y decisiones que impactan la vida de las protagonistas. Este recurso recuerda el largometraje La zona de interés, donde el horror se construye desde la ausencia. “Las catadoras” muestra que las guerras no solo se combaten en los campos de batalla, sino también en espacios íntimos, en decisiones cotidianas y en el peso de seguir con vida cuando todo alrededor se desmorona. Es una película muy conmovedora e intrigante que ayuda a entender el nazismo desde otra mirada. Sin duda, vale la pena verla.
Planos abiertos del desierto, gente caminando en silencio y voces que buscan ser oídas construyen el núcleo de “Si vas para Chile”, documental de drama humano que transforma el paisaje en testigo de una crisis marcada por el esfuerzo, el dolor y la resistencia. El filme, dirigido por Amilcar Infante y Sebastián González, sigue el recorrido de cientos de venezolanos que cruzan el altiplano andino y el desierto de Atacama en busca de oportunidades. Las imágenes muestran cómo hombres, mujeres y familias completas enfrentan condiciones extremas con la esperanza de encontrar un trabajo que les permita tener una mejor calidad de vida. “Si vas para Chile” retrata historias profundamente dolorosas: padres que vieron morir a sus hijos en el desierto, personas que caminaron días enteros y mujeres embarazadas que no recibieron atención médica oportuna y perdieron a sus bebés. De esta forma, le pone rostro a la migración para revelar la crudeza de una crisis que muchas veces se observa a distancia. El largometraje también expone la tensión creciente en las comunidades del norte. A través de testimonios de habitantes se evidencian percepciones de inseguridad, frustración e impotencia frente a un fenómeno que supera las capacidades institucionales. Este cruce de miradas configura un escenario complejo, donde el conflicto social se intensifica y el discurso de “Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero” parece resquebrajarse. El film, ganador del premio Hot Docs Emerging International Filmmakers Award, aborda uno de los episodios más críticos de la crisis: las manifestaciones antiinmigrantes de 2021 en Iquique, donde se registraron actos de violencia como la quema de carpas y otras pertenencias de familias migrantes. Estas imágenes, que dieron la vuelta al mundo, evidencian el nivel de tensión alcanzado en el norte del país. “Si vas para Chile” muestra las dos caras de la crisis migratoria, mezclando secuencias de paisajes agrestes con escenas cotidianas de campamentos y testimonios tanto de venezolanos como chilenos. El resultado es un relato íntimo y sensible que expone el drama humano de la migración. Esta mirada cercana contribuye al debate público en torno al tema.