Unos viejos archivos antropológicos hallados en una biblioteca fueron el punto de partida. En ellos aparecía el caso de la Machi Marcelina, autoridad indígena acusada y encarcelada injustamente por asesinato en 1995. Sin embargo, lo que comenzó como una investigación sobre la violencia mediática y los prejuicios de la época, terminó convirtiéndose en un viaje íntimo de encuentro intercultural e identidad. Cons Gallardo Vázquez, director del documentalLa búsqueda del otro, conversó con En Palco sobre el desafío de ganar la confianza de la Machi Marcelina y de cómo la necesidad de estar frente a la cámara transformó la película. El hallazgo y el sesgo mediático El camino hacia la historia de Marcelina estuvo marcado por el archivo y el contraste. Tras encontrar los relatos antropológicos donde el nombre real y la localidad habían sido omitidos para proteger la identidad de la protagonista, Gallardo logró dar con la fecha exacta del caso: 1995. Fui a la Biblioteca Nacional a buscar las portadas de los periódicos de la época y ahí encontré su historia real. Me impresionó mucho la violencia con la que la prensa se había referido a la Machi. Eso me hizo cuestionar muchas cosas y me dieron ganas de investigar más allá de los prejuicios, indica. Para el director, el tratamiento de la prensa de mediados de los noventa refleja una conducta transversal de la sociedad chilena: la tendencia a clasificar y estigmatizar sin conocer.Estamos llenos de prejuicios. Se proyecta una imagen por lo que dicen los demás y no conocemos a las personas realmente. Mi primer impulso fue querer conocer a la Machi y su realidad, explica. Un año de búsqueda Dar con el paradero de Marcelina no fue tarea fácil. El proceso de búsqueda tomó aproximadamente dos años en total. La clave para abrir esa puerta fue la presencia y mediación de otra autoridad ancestral: la Machi Rosa. Empecé a quedarme en el loft de Machi Rosa y a ir constantemente. Al principio le preguntaba por el caso, pero ella esquivaba el tema. Tras un año, me confesó que sí sabía quién era Marcelina y comenzó a hacer llamadas para ubicarla, afirma el realizador. Machi Rosa le enseñó a Gallardo las pautas de respeto y convivencia para acercarse a Marcelina.En el segundo encuentro, Machi Rosa me dijo que debía llevar algo para compartir. Fui a comprar un cerdo para llevarlo a su casa. Sin esa presentación formal y el gesto de compartir la mesa, nuestra relación hubiera sido completamente diferente, señala el cineasta. De observador a coprotagonista: el giro en el rodaje Uno de los aspectos más singulares de La búsqueda del otro es que Cons Gallardo abandona el rol de observador neutral para ponerse delante de la cámara y asumir el rol de coprotagonista. Esta decisión no estuvo planificada en el guion original, sino que surgió por las dinámicas orgánicas del rodaje. Cuando empecé a grabar a Marcelina, me di cuenta de que ella no quería hablar si yo no estaba a su lado. Se ponía detrás de cámara y me llamaba a compartir con ella. Ahí tomé la decisión de ponerme frente a la cámara. Asumirme como coprotagonista fue algo que se terminó de definir en el montaje y en la escritura del guion junto a Dani (montajista y coguionista), explica. Este cambio de encuadre permitió retratar no solo a la protagonista, sino la relación entre dos personas con orígenes y miradas del mundo totalmente distintas. Para el realizador, explicitar los errores, las contradicciones y los propios aprendizajes del proceso terminó alimentando la fuerza narrativa del documental. Todas las ideas preconcebidas con las que yo iba se me destruyeron. Aprendí en el camino. Somos dos personas muy diferentes y el encuentro entre esas diferencias es lo que le da fuerza a este documental. Mirar al otro sin prejuicios Al ser consultado sobre el mensaje de fondo del documental, Gallardo enfatiza las barreras que existen en la actualidad para vincularnos con lo diverso. La historia de Marcelina revela la dificultad que existe hoy en día para relacionarnos fuera de las expectativas de lo que se considera 'normal'. Pasa con las personas indígenas, con la comunidad LGBT+ y con muchos otros grupos. Nos acostumbramos a clasificar a las personas sin conocerlas y perdemos la oportunidad de ver a quien tenemos enfrente, concluye. Revisa la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.
En 1995, mientras los medios de comunicación convertían la historia de la machi Marcelina en un espectáculo marcado por los prejuicios, su vida quedaba atravesada por una injusta acusación criminal. Décadas después, la cineasta Cons Gallardo Vásquez realiza el documentalLa búsqueda del otro para mostrar la versión de la protagonista. En este recorrido, la investigación se transforma en una reflexión íntima sobre la identidad, las raíces y la pertenencia. La cinta aborda la diversidad dentro de la comunidad mapuche, tema poco explorado en el séptimo arte. En los primeros minutos del largometraje queda claro que machi Marcelina, autoridad ancestral mapuche, nació biológicamente como hombre, pero que se identifica como mujer. Esto no le trajo problemas con su pueblo. De hecho, era ampliamente reconocida por sus saberes de hierbas medicinales. Personas de distintas ciudades acudían a ella para que los sanara. Todo cambió cuando su hermana le llevó a un hombre que estaba muy enfermo. Lamentablemente, el paciente falleció antes de que la machi le diera un diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, fue acusada de asesinato y posteriormente encarcelada en las celdas para hombres. Allí, le quitaron su vestimenta. Como si esto fuera poco, la prensa contó la noticia con mucho sensacionalismo. En los titulares escribieron en tono despectivo machi-macho haciendo alusión a ella. Días más tarde, fue liberada, porque la autopsia arrojó que el hombre murió de un infarto. De esta forma, se comprobó su inocencia. Cuando Cons Gallardo Vásquez leyó esta historia en los diarios de la época quedó tan impactada que viajó al sur de Chile a buscar a la protagonista y no descansó hasta encontrarla. Desde el día en que se conocieron, comenzaron a compartir momentos cotidianos como tomar mate, preparar el almuerzo e ir a la playa. Estos espacios, alejados de la urgencia por obtener respuestas, les permitieron construir un vínculo de confianza. La machi Marcelina es de pocas palabras. No se explaya mucho sobre ese episodio oscuro de su vida, pero lo que dice es suficiente para entender que la situación le afectó a tal punto que, después de quedar en libertad, se fue a vivir con otra comunidad mapuche. Cons es coprotagonista del documental. Ella narra el viaje que emprende. Esta no era la idea inicial. Pero decidió aparecer en pantalla, porque la machi Marcelina no hablaba a la cámara, sino que la miraba a ella. De este modo, la película deja de ser el registro de una observadora externa y abre espacio para conocer las experiencias de ambas mujeres. En una de sus conversaciones, la realizadora le cuenta a la machi que tiene una relación con una mujer desde hace nueve años y que hace poco descubrió que tiene tres medios hermanos. Diálogos como este abren una nueva dimensión en el relato: mientras intenta reconstruir la historia de Marcelina, la cineasta también comienza a indagar en sus propios vínculos e identidad. Así, lo que comienza como una investigación se convierte también poco a poco en una búsqueda personal para Cons. Se nota que el equipo realizador fue muy respetuoso durante la filmación. En ningún momento presionan a la machi Marcelina para que les cuente su historia; al contrario, se dan el tiempo de conocerla y de ganar su confianza. Luego, dejan que se exprese con libertad sobre el suceso ocurrido en 1995. También se aprecia que fueron muy respetuosos con la cultura mapuche. Incluso en algunas escenas participaron en ritos, aunque no pertenecen al pueblo. Varias preguntas sobre la historia de la protagonista quedan sin responder. Sin embargo, el desenlace, marcado por un giro inesperado, permite comprender por qué algunas interrogantes no se abordan. La búsqueda del otro propone una mirada íntima sobre la identidad y la necesidad de acercarnos a los demás sin ideas preconcebidas. Una película que vale la pena ver.
A veces una separación puede cambiarlo todo. Para Marta, protagonista de “Tres adioses”, la nueva película de Isabel Coixet, el quiebre de una relación marcará el comienzo de un romance mucho más profundo. La cinta está basada en el libro Tres cuencos, que la escritora italiana Michela Murgia publicó en 2023 poco antes de morir. La obra reúne relatos sobre pérdidas y transformación y está atravesada por la experiencia de la propia autora, quien padeció un cáncer terminal. El largometraje sigue la vida de Marta ( Alba Rohrwacher), una profesora de educación física de un colegio de Roma que tiene una relación desde hace siete años con Antonio ( Elio Germano), un chef dueño de un restaurante que cada vez se hace más conocido. Cierto día, la pareja, que está pasando por una crisis, tiene una discusión por temas triviales y Antonio decide abandonar el hogar, porque necesita un tiempo. El quiebre deja a Marta sumida en una profunda depresión. A esto se suman algunos malestares estomacales. Por insistencia de su hermana Elisa ( Silvia D’Amico) acude a una gastroenteróloga. El diagnóstico que recibe cambia por completo su situación: tiene un cáncer en estado muy avanzado, cuyas metástasis solo pueden ser contenidas y, en el mejor de los casos, reducidas con medicamentos. Antes de enfermarse, Marta creía que su vida no tenía sentido sin Antonio, pero cuando comienza con el tratamiento no tiene tiempo para pensar en él y comprende que afuera hay un mundo por descubrir y que vale la pena disfrutar la vida, incluso en aquellos momentos en que no todo sale bien. Antonio se entera del diagnóstico de su ex y le pide que retomen su relación. Marta, sin dudarlo, le dice que prefiere que cada uno siga su camino, porque no quiere morir con la duda de si se queda a su lado, porque la ama o porque está enferma. Pero no se cierra al amor, al contrario, se da la oportunidad de conocer a alguien en los últimos días de su vida. De esta forma, honra sus deseos y le muestra a sus cercanos que no hay que permitir que el miedo nos detenga. Alba Rohrwacher realiza una excelente actuación. Transmite muy bien cada una de las emociones que experimenta la protagonista durante la ruptura con Antonio y en su tratamiento contra el cáncer. A partir de esta historia, la directora española aborda nuevamente algunos de los temas de su filmografía, como la fragilidad de los vínculos, el amor, la muerte y las transformaciones que ocurren cuando una experiencia límite obliga a mirar la vida desde otra perspectiva. La película fue rodada íntegramente en Italia, país de origen de Murgia, y mantiene un vínculo estrecho con la escritora y su obra. En ese sentido, Tres adioses no solo adapta una historia marcada por la enfermedad, sino que también recoge una reflexión sobre cómo se aprende a vivir cuando el final ya está escrito. Si bien la cinta recuerda lo frágil que es la vida, transmite un mensaje esperanzador: que hay que aprovechar el tiempo realizando aquello que nos hace felices y no desperdiciarlo sufriendo por lo que no pudo ser. “Tres adioses” se exhibe en cines chilenos desde este jueves 8 de octubre.
Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.
Antes de convertirse en una obsesión para la policía, Jan Bojarski era un hombre prácticamente invisible. Un inmigrante polaco, ingeniero e inventor, que llevaba una vida familiar aparentemente convencional. Pero en secreto había desarrollado una habilidad extraordinaria para fabricar dinero falso, con la que consiguió burlar los controles del Banco de Francia durante 15 años. La película “El gran falsificador”, dirigida por Jean-Paul Salomé, reconstruye su vida y el particular duelo que mantuvo con el detective André Mattéi. La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero lo fue. Bojarski introdujo cerca de 300 millones de francos falsos en el sistema financiero francés sin ser descubierto. El fraude generó tal desconcierto que las autoridades sospecharon de una posible operación extranjera destinada a desestabilizar la economía del país en plena Guerra Fría. ¿Qué llevó a este hombre a realizar una estafa de semejante magnitud? La cinta encuentra una respuesta en su historia personal. Bojarski tenía un talento extraordinario. Había desarrollado bolígrafos, rasuradoras eléctricas, cápsulas para café, entre otros inventos, pero la falta de documentos le impidió patentarlos. Sus capacidades no encontraron espacio en el mundo profesional y terminó aceptando trabajos mal remunerados para mantener a su familia. Tiempo después, un hombre del crimen organizado lo reclutó para fabricar billetes falsos y Bojarski descubrió un territorio donde podía poner a prueba toda su capacidad técnica. Más tarde, empezó a trabajar por su cuenta y construyó una verdadera industria clandestina desde el sótano de su casa. Para evitar que la policía lo descubriera, él mismo creó un papel especial para fabricar los billetes. Además, tomó la precaución de hacer circular el dinero siempre en lugares diferentes. Durante años, estas medidas le permitieron mantenerse fuera del radar de las autoridades y desafiar al detective André Mattéi, interpretado por Bastien Bouillon. Es precisamente en esa relación donde “El gran falsificador” se acerca más al cine policial. Hay un juego del gato y el ratón que recuerda a Atrápame si puedes, aunque el filme de Jean-Paul Salomé está lejos del tono ligero y aventurero de la película de Steven Spielberg. Aquí el suspenso nace de la espera y de la pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá Bojarski ocultar su secreto? El director francés cuenta esta historia sin grandes artificios. La película transita entre el thriller, el policial y el drama, pero evita convertir la persecución en una sucesión de escenas vertiginosas. Su apuesta es más clásica: observar a los personajes, reconstruir sus movimientos y dejar que la tensión aparezca progresivamente. Esta elección funciona especialmente bien en las escenas en que Bojarski trabaja. La fabricación de los billetes tiene algo hipnótico. Cada detalle importa y la película se detiene en ese proceso con una precisión que refleja la obsesión del protagonista. No se trata simplemente de copiar: para Bojarski, el desafío está en conseguir que la falsificación sea indistinguible del original. El actor Reda Kateb entiende bien esa característica y construye un personaje contenido, casi hermético, que vive permanentemente dividido entre dos mundos. En uno está su familia y la rutina cotidiana; en el otro, su taller, sus herramientas y el secreto que sostiene toda su existencia. Durante los años en que el protagonista se dedicó a este fraude, el Banco de Francia sacó varios billetes nuevos, pero el ingeniero siempre logró fabricar una copia prácticamente idéntica. Incluso se jactaba de que sus creaciones eran mejores que las originales. Mientras trabajó solo, nunca lo descubrieron, pero con el tiempo empezó a tener problemas de salud y contrató a alguien para que hiciera circular el dinero. Su empleado no tuvo las mismas precauciones y esa imprudencia terminó delatándolos. La cinta no busca convertir al protagonista en héroe ni justificar sus decisiones. Más bien observa a un hombre que encontró en el lugar equivocado la oportunidad de demostrar aquello que durante años nadie quiso reconocer. “El gran falsificador” es una historia de policías y delincuentes que termina hablando de algo mucho más humano: la necesidad de ser visto y de demostrar que aquello que uno sabe hacer también tiene valor.
Unos viejos archivos antropológicos hallados en una biblioteca fueron el punto de partida. En ellos aparecía el caso de la Machi Marcelina, autoridad indígena acusada y encarcelada injustamente por asesinato en 1995. Sin embargo, lo que comenzó como una investigación sobre la violencia mediática y los prejuicios de la época, terminó convirtiéndose en un viaje íntimo de encuentro intercultural e identidad. Cons Gallardo Vázquez, director del documentalLa búsqueda del otro, conversó con En Palco sobre el desafío de ganar la confianza de la Machi Marcelina y de cómo la necesidad de estar frente a la cámara transformó la película. El hallazgo y el sesgo mediático El camino hacia la historia de Marcelina estuvo marcado por el archivo y el contraste. Tras encontrar los relatos antropológicos donde el nombre real y la localidad habían sido omitidos para proteger la identidad de la protagonista, Gallardo logró dar con la fecha exacta del caso: 1995. Fui a la Biblioteca Nacional a buscar las portadas de los periódicos de la época y ahí encontré su historia real. Me impresionó mucho la violencia con la que la prensa se había referido a la Machi. Eso me hizo cuestionar muchas cosas y me dieron ganas de investigar más allá de los prejuicios, indica. Para el director, el tratamiento de la prensa de mediados de los noventa refleja una conducta transversal de la sociedad chilena: la tendencia a clasificar y estigmatizar sin conocer.Estamos llenos de prejuicios. Se proyecta una imagen por lo que dicen los demás y no conocemos a las personas realmente. Mi primer impulso fue querer conocer a la Machi y su realidad, explica. Un año de búsqueda Dar con el paradero de Marcelina no fue tarea fácil. El proceso de búsqueda tomó aproximadamente dos años en total. La clave para abrir esa puerta fue la presencia y mediación de otra autoridad ancestral: la Machi Rosa. Empecé a quedarme en el loft de Machi Rosa y a ir constantemente. Al principio le preguntaba por el caso, pero ella esquivaba el tema. Tras un año, me confesó que sí sabía quién era Marcelina y comenzó a hacer llamadas para ubicarla, afirma el realizador. Machi Rosa le enseñó a Gallardo las pautas de respeto y convivencia para acercarse a Marcelina.En el segundo encuentro, Machi Rosa me dijo que debía llevar algo para compartir. Fui a comprar un cerdo para llevarlo a su casa. Sin esa presentación formal y el gesto de compartir la mesa, nuestra relación hubiera sido completamente diferente, señala el cineasta. De observador a coprotagonista: el giro en el rodaje Uno de los aspectos más singulares de La búsqueda del otro es que Cons Gallardo abandona el rol de observador neutral para ponerse delante de la cámara y asumir el rol de coprotagonista. Esta decisión no estuvo planificada en el guion original, sino que surgió por las dinámicas orgánicas del rodaje. Cuando empecé a grabar a Marcelina, me di cuenta de que ella no quería hablar si yo no estaba a su lado. Se ponía detrás de cámara y me llamaba a compartir con ella. Ahí tomé la decisión de ponerme frente a la cámara. Asumirme como coprotagonista fue algo que se terminó de definir en el montaje y en la escritura del guion junto a Dani (montajista y coguionista), explica. Este cambio de encuadre permitió retratar no solo a la protagonista, sino la relación entre dos personas con orígenes y miradas del mundo totalmente distintas. Para el realizador, explicitar los errores, las contradicciones y los propios aprendizajes del proceso terminó alimentando la fuerza narrativa del documental. Todas las ideas preconcebidas con las que yo iba se me destruyeron. Aprendí en el camino. Somos dos personas muy diferentes y el encuentro entre esas diferencias es lo que le da fuerza a este documental. Mirar al otro sin prejuicios Al ser consultado sobre el mensaje de fondo del documental, Gallardo enfatiza las barreras que existen en la actualidad para vincularnos con lo diverso. La historia de Marcelina revela la dificultad que existe hoy en día para relacionarnos fuera de las expectativas de lo que se considera 'normal'. Pasa con las personas indígenas, con la comunidad LGBT+ y con muchos otros grupos. Nos acostumbramos a clasificar a las personas sin conocerlas y perdemos la oportunidad de ver a quien tenemos enfrente, concluye. Revisa la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.
En 1995, mientras los medios de comunicación convertían la historia de la machi Marcelina en un espectáculo marcado por los prejuicios, su vida quedaba atravesada por una injusta acusación criminal. Décadas después, la cineasta Cons Gallardo Vásquez realiza el documentalLa búsqueda del otro para mostrar la versión de la protagonista. En este recorrido, la investigación se transforma en una reflexión íntima sobre la identidad, las raíces y la pertenencia. La cinta aborda la diversidad dentro de la comunidad mapuche, tema poco explorado en el séptimo arte. En los primeros minutos del largometraje queda claro que machi Marcelina, autoridad ancestral mapuche, nació biológicamente como hombre, pero que se identifica como mujer. Esto no le trajo problemas con su pueblo. De hecho, era ampliamente reconocida por sus saberes de hierbas medicinales. Personas de distintas ciudades acudían a ella para que los sanara. Todo cambió cuando su hermana le llevó a un hombre que estaba muy enfermo. Lamentablemente, el paciente falleció antes de que la machi le diera un diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, fue acusada de asesinato y posteriormente encarcelada en las celdas para hombres. Allí, le quitaron su vestimenta. Como si esto fuera poco, la prensa contó la noticia con mucho sensacionalismo. En los titulares escribieron en tono despectivo machi-macho haciendo alusión a ella. Días más tarde, fue liberada, porque la autopsia arrojó que el hombre murió de un infarto. De esta forma, se comprobó su inocencia. Cuando Cons Gallardo Vásquez leyó esta historia en los diarios de la época quedó tan impactada que viajó al sur de Chile a buscar a la protagonista y no descansó hasta encontrarla. Desde el día en que se conocieron, comenzaron a compartir momentos cotidianos como tomar mate, preparar el almuerzo e ir a la playa. Estos espacios, alejados de la urgencia por obtener respuestas, les permitieron construir un vínculo de confianza. La machi Marcelina es de pocas palabras. No se explaya mucho sobre ese episodio oscuro de su vida, pero lo que dice es suficiente para entender que la situación le afectó a tal punto que, después de quedar en libertad, se fue a vivir con otra comunidad mapuche. Cons es coprotagonista del documental. Ella narra el viaje que emprende. Esta no era la idea inicial. Pero decidió aparecer en pantalla, porque la machi Marcelina no hablaba a la cámara, sino que la miraba a ella. De este modo, la película deja de ser el registro de una observadora externa y abre espacio para conocer las experiencias de ambas mujeres. En una de sus conversaciones, la realizadora le cuenta a la machi que tiene una relación con una mujer desde hace nueve años y que hace poco descubrió que tiene tres medios hermanos. Diálogos como este abren una nueva dimensión en el relato: mientras intenta reconstruir la historia de Marcelina, la cineasta también comienza a indagar en sus propios vínculos e identidad. Así, lo que comienza como una investigación se convierte también poco a poco en una búsqueda personal para Cons. Se nota que el equipo realizador fue muy respetuoso durante la filmación. En ningún momento presionan a la machi Marcelina para que les cuente su historia; al contrario, se dan el tiempo de conocerla y de ganar su confianza. Luego, dejan que se exprese con libertad sobre el suceso ocurrido en 1995. También se aprecia que fueron muy respetuosos con la cultura mapuche. Incluso en algunas escenas participaron en ritos, aunque no pertenecen al pueblo. Varias preguntas sobre la historia de la protagonista quedan sin responder. Sin embargo, el desenlace, marcado por un giro inesperado, permite comprender por qué algunas interrogantes no se abordan. La búsqueda del otro propone una mirada íntima sobre la identidad y la necesidad de acercarnos a los demás sin ideas preconcebidas. Una película que vale la pena ver.
A veces una separación puede cambiarlo todo. Para Marta, protagonista de “Tres adioses”, la nueva película de Isabel Coixet, el quiebre de una relación marcará el comienzo de un romance mucho más profundo. La cinta está basada en el libro Tres cuencos, que la escritora italiana Michela Murgia publicó en 2023 poco antes de morir. La obra reúne relatos sobre pérdidas y transformación y está atravesada por la experiencia de la propia autora, quien padeció un cáncer terminal. El largometraje sigue la vida de Marta ( Alba Rohrwacher), una profesora de educación física de un colegio de Roma que tiene una relación desde hace siete años con Antonio ( Elio Germano), un chef dueño de un restaurante que cada vez se hace más conocido. Cierto día, la pareja, que está pasando por una crisis, tiene una discusión por temas triviales y Antonio decide abandonar el hogar, porque necesita un tiempo. El quiebre deja a Marta sumida en una profunda depresión. A esto se suman algunos malestares estomacales. Por insistencia de su hermana Elisa ( Silvia D’Amico) acude a una gastroenteróloga. El diagnóstico que recibe cambia por completo su situación: tiene un cáncer en estado muy avanzado, cuyas metástasis solo pueden ser contenidas y, en el mejor de los casos, reducidas con medicamentos. Antes de enfermarse, Marta creía que su vida no tenía sentido sin Antonio, pero cuando comienza con el tratamiento no tiene tiempo para pensar en él y comprende que afuera hay un mundo por descubrir y que vale la pena disfrutar la vida, incluso en aquellos momentos en que no todo sale bien. Antonio se entera del diagnóstico de su ex y le pide que retomen su relación. Marta, sin dudarlo, le dice que prefiere que cada uno siga su camino, porque no quiere morir con la duda de si se queda a su lado, porque la ama o porque está enferma. Pero no se cierra al amor, al contrario, se da la oportunidad de conocer a alguien en los últimos días de su vida. De esta forma, honra sus deseos y le muestra a sus cercanos que no hay que permitir que el miedo nos detenga. Alba Rohrwacher realiza una excelente actuación. Transmite muy bien cada una de las emociones que experimenta la protagonista durante la ruptura con Antonio y en su tratamiento contra el cáncer. A partir de esta historia, la directora española aborda nuevamente algunos de los temas de su filmografía, como la fragilidad de los vínculos, el amor, la muerte y las transformaciones que ocurren cuando una experiencia límite obliga a mirar la vida desde otra perspectiva. La película fue rodada íntegramente en Italia, país de origen de Murgia, y mantiene un vínculo estrecho con la escritora y su obra. En ese sentido, Tres adioses no solo adapta una historia marcada por la enfermedad, sino que también recoge una reflexión sobre cómo se aprende a vivir cuando el final ya está escrito. Si bien la cinta recuerda lo frágil que es la vida, transmite un mensaje esperanzador: que hay que aprovechar el tiempo realizando aquello que nos hace felices y no desperdiciarlo sufriendo por lo que no pudo ser. “Tres adioses” se exhibe en cines chilenos desde este jueves 8 de octubre.
Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.
Antes de convertirse en una obsesión para la policía, Jan Bojarski era un hombre prácticamente invisible. Un inmigrante polaco, ingeniero e inventor, que llevaba una vida familiar aparentemente convencional. Pero en secreto había desarrollado una habilidad extraordinaria para fabricar dinero falso, con la que consiguió burlar los controles del Banco de Francia durante 15 años. La película “El gran falsificador”, dirigida por Jean-Paul Salomé, reconstruye su vida y el particular duelo que mantuvo con el detective André Mattéi. La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero lo fue. Bojarski introdujo cerca de 300 millones de francos falsos en el sistema financiero francés sin ser descubierto. El fraude generó tal desconcierto que las autoridades sospecharon de una posible operación extranjera destinada a desestabilizar la economía del país en plena Guerra Fría. ¿Qué llevó a este hombre a realizar una estafa de semejante magnitud? La cinta encuentra una respuesta en su historia personal. Bojarski tenía un talento extraordinario. Había desarrollado bolígrafos, rasuradoras eléctricas, cápsulas para café, entre otros inventos, pero la falta de documentos le impidió patentarlos. Sus capacidades no encontraron espacio en el mundo profesional y terminó aceptando trabajos mal remunerados para mantener a su familia. Tiempo después, un hombre del crimen organizado lo reclutó para fabricar billetes falsos y Bojarski descubrió un territorio donde podía poner a prueba toda su capacidad técnica. Más tarde, empezó a trabajar por su cuenta y construyó una verdadera industria clandestina desde el sótano de su casa. Para evitar que la policía lo descubriera, él mismo creó un papel especial para fabricar los billetes. Además, tomó la precaución de hacer circular el dinero siempre en lugares diferentes. Durante años, estas medidas le permitieron mantenerse fuera del radar de las autoridades y desafiar al detective André Mattéi, interpretado por Bastien Bouillon. Es precisamente en esa relación donde “El gran falsificador” se acerca más al cine policial. Hay un juego del gato y el ratón que recuerda a Atrápame si puedes, aunque el filme de Jean-Paul Salomé está lejos del tono ligero y aventurero de la película de Steven Spielberg. Aquí el suspenso nace de la espera y de la pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá Bojarski ocultar su secreto? El director francés cuenta esta historia sin grandes artificios. La película transita entre el thriller, el policial y el drama, pero evita convertir la persecución en una sucesión de escenas vertiginosas. Su apuesta es más clásica: observar a los personajes, reconstruir sus movimientos y dejar que la tensión aparezca progresivamente. Esta elección funciona especialmente bien en las escenas en que Bojarski trabaja. La fabricación de los billetes tiene algo hipnótico. Cada detalle importa y la película se detiene en ese proceso con una precisión que refleja la obsesión del protagonista. No se trata simplemente de copiar: para Bojarski, el desafío está en conseguir que la falsificación sea indistinguible del original. El actor Reda Kateb entiende bien esa característica y construye un personaje contenido, casi hermético, que vive permanentemente dividido entre dos mundos. En uno está su familia y la rutina cotidiana; en el otro, su taller, sus herramientas y el secreto que sostiene toda su existencia. Durante los años en que el protagonista se dedicó a este fraude, el Banco de Francia sacó varios billetes nuevos, pero el ingeniero siempre logró fabricar una copia prácticamente idéntica. Incluso se jactaba de que sus creaciones eran mejores que las originales. Mientras trabajó solo, nunca lo descubrieron, pero con el tiempo empezó a tener problemas de salud y contrató a alguien para que hiciera circular el dinero. Su empleado no tuvo las mismas precauciones y esa imprudencia terminó delatándolos. La cinta no busca convertir al protagonista en héroe ni justificar sus decisiones. Más bien observa a un hombre que encontró en el lugar equivocado la oportunidad de demostrar aquello que durante años nadie quiso reconocer. “El gran falsificador” es una historia de policías y delincuentes que termina hablando de algo mucho más humano: la necesidad de ser visto y de demostrar que aquello que uno sabe hacer también tiene valor.