Olivia Wilde regresa a la silla del director con una nueva película que explora el dolor, la frustración y las apariencias bajo una fachada de perfección. Se trata deLa Invitación, remake de la película española Sentimental (2020), de Cesc Gay, basada a su vez en la obra de teatro Los vecinos de arriba. Angela (Wilde) es una dueña de casa preocupada por el qué dirán y obsesionada con mantener un hogar impecable, no por nada acaba de remodelar su departamento. Con la intención de conocer mejor a sus nuevos vecinos, invita a cenar a Hawk ( Edward Norton) y a su esposa española, Pina ( Penélope Cruz), con quienes hasta ese momento solo había compartido breves encuentros en los pasillos del edificio y escuchado los estruendosos gemidos que emiten cada noche mientras tienen sexo, algo que su marido Joe ( Seth Rogen) simplemente no soporta. Joe es un hombre de mal carácter, poco sociable y profundamente frustrado porque su carrera musical nunca despegó. Desde el comienzo deja claro que no tiene ningún interés en compartir con sus invitados, mientras Angela se esfuerza demasiado por hacerlos sentir cómodos. En contraste, Hawk y Pina forman una pareja segura de sí misma, apasionada y brutalmente honesta. Lo que comienza como una cita incómoda pronto deriva en una conversación cada vez más íntima. La activa y poco convencional vida sexual de los visitantes rompe todas las barreras, obligando a los dueños de casa a enfrentarse a sus propias inseguridades. Poco a poco salen a la luz antiguos traumas, frustraciones y verdades que durante años habían preferido callar. Desde lo superficial hasta lo más profundo, transitando con naturalidad entre el humor, la incomodidad y el drama, La Invitación construye una historia inteligente que reflexiona sobre las relaciones de pareja, los distintos modelos de vida y las decisiones que pueden convertir el amor en un viaje enriquecedor o en una perpetua agonía disfrazada de normalidad. El gran acierto de la película está en sus interpretaciones. Con un guion sólido como base, el trabajo de los cuatro protagonistas resulta fundamental para que la historia funcione. Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton transmiten con gran naturalidad emociones que van desde la comedia y la farsa hasta el drama más íntimo. En especial, Cruz y Norton quienes forman una dupla llena de química y complicidad, aportando algunos de los mejores momentos del filme. La Invitación llega a las salas de Cinépolis desde este 2 de julio.
Si estás en Buenos Aires durante los próximos días y eres amante del terror, la ciencia ficción y el cine fantástico, esta actividad puede interesarte. Del 29 de junio al 3 de julio se realizarán las I Jornadas Indómitas. Estudios sobre terror, ciencia ficción y bizarro en las artes, un encuentro que combinará ponencias, conversatorios y actividades especiales en el Centro Cultural Universitario Paco Urondo. Además de las exposiciones académicas, el programa incluye conversatorios y proyecciones. Uno de los eventos destacados seráImagen Latente: Prácticas experimentales del terror en Super 8 y 16 mm, que se realizará el miércoles 1 de julio. La jornada comenzará a las 17:00 horas con una selección de cortometrajes realizados en formatos digitales y analógicos, incluyendo obras de Gonzalo Calzada, Paulo Pécora, Emilio López, Victoria Fulloni y Nicolás De Bórtoli. El cierre de la exhibición estará marcado por la proyección de Las sombras, filmada en 16 mm y acompañada por música en vivo a cargo de Macarena Aguilar Tau (cello) y Cecilia Simone (gong sinfónico). Posteriormente, a las 18:00 horas, se desarrollará un conversatorio con los realizadores sobre la creación de cine de terror en formatos analógicos. Las I Jornadas Indómitas están dirigidas al público de Buenos Aires interesado en el terror, la ciencia ficción y el cine fantástico. Quienes deseen conocer el resto de las actividades y el programa completo pueden encontrarlos a través de las redes sociales de Grupo Indómito. https://www.instagram.com/grupoindomito/
Tras el exitoso debut de Superman (2025) en el nuevo universo cinematográfico de DC, llega el turno de Kara Zor-El , la prima del Hombre de Acero. Pero si Clark Kent representa la esperanza y el optimismo, Kara es todo lo contrario. Marcada por la pérdida de Krypton y de todo lo que conoció, pasa sus días recorriendo el universo de fiesta en fiesta junto a su inseparable perro Krypto . Su lugar favorito son los planetas con soles rojos, donde sus poderes se debilitan y puede emborracharse como cualquier otra persona. Su vida cambia cuando conoce a Ruthye Marye Knoll , una niña que busca vengar el asesinato de su familia a manos de los Brigands , una banda de criminales dedicada al saqueo y al tráfico de personas. Al mismo tiempo, Krypto es envenenado y solo le quedan 72 horas de vida, por lo que Kara se embarcará en una carrera contrarreloj para salvar a su mejor amigo mientras intenta ayudar a Ruthye a cumplir su misión. Desde sus primeros minutos, Supergirl se siente muy parecida a su protagonista: ruidosa, impulsiva y bastante desordenada. Incluso puede generar cierto rechazo al comienzo, ya que Kara aparece como una joven irresponsable, constantemente borracha y poco interesada en los problemas de los demás. Sin embargo, a medida que la historia avanza y conocemos mejor sus motivaciones, el personaje adquiere una profundidad inesperada. A diferencia de Superman, Kara sí alcanzó a vivir en Krypton. Tuvo una familia, amigos y una vida que perdió para siempre. Llegó a la Tierra siendo una extraña en un mundo que jamás sintió suyo. Esa frustración permanente, mezclada con dolor y nostalgia, explica gran parte de su actitud autodestructiva. Bajo esa apariencia despreocupada se esconde una profunda tristeza que intenta ahogar entre fiestas y alcohol. La relación entre Kara y Ruthye termina siendo el verdadero corazón de la película. Ambas están consumidas por la rabia y la pérdida, aunque de formas distintas. Mientras Ruthye busca vengarse de Krem utilizando la espada de su padre, Kara intenta convencerla de que la venganza no aliviará su sufrimiento, quizás porque ella misma entiende mejor que nadie lo inútil que puede resultar ese camino. Durante su aventura visitarán distintos planetas, enfrentarán piratas cibernéticos, conocerán criaturas extrañísimas y cruzarán caminos con Lobo , el legendario mercenario de Czarnia. Interpretado por Jason Momoa, el personaje se roba cada escena en la que aparece. Después de haber sido Aquaman, Momoa parece estar disfrutando enormemente la oportunidad de dar vida a uno de los personajes más populares de DC, ofreciendo una versión muy cercana a la de los cómics. Ojalá vuelva pronto o incluso tenga su propia película. Milly Alcock cumple correctamente como Kara, aunque por momentos el personaje puede resultar algo irritante, especialmente durante el primer acto. Eve Ridley también realiza un buen trabajo como Ruthye, mientras que Matthias Schoenaerts interpreta a Krem, un villano funcional, pero bastante genérico, cuya principal misión es ponerle obstáculos a la protagonista. En algunos momentos incluso resulta difícil creer que una banda de delincuentes pueda complicarle tanto la vida a alguien tan poderosa como Supergirl. Visualmente, la película cumple sin destacar demasiado. Hay efectos digitales y fondos realizados con croma que se notan más de la cuenta, aunque nunca llegan a arruinar la experiencia. En general, Supergirl es una película entretenida y de pretensiones modestas. No busca revolucionar el género ni alterar significativamente el futuro del universo DC. Su principal objetivo es presentar a Kara Zor-El como un personaje diferente a Superman y prepararla para futuras apariciones. Como aventura espacial ligera y veraniega funciona bastante bien, especialmente gracias a la química entre sus protagonistas y a la presencia de un memorable Lobo. Disponible en cines chilenos desde el 25 de junio.
Con un título que remite de inmediato al libro bíblico del mismo nombre,Leviticus es una interesante película australiana de terror queer que explora cómo una comunidad cristiana utiliza el miedo como herramienta para castigar y reprimir la homosexualidad. Joe Bird (Háblame) interpreta a Naim, un adolescente que acaba de llegar junto a su madre ( Mia Wasikowska) a una pequeña localidad semi rural para integrarse a una estricta comunidad cristiana de carácter sectario. Tímido y constantemente fuera de lugar, Naim encuentra cierta conexión cuando comienza a relacionarse con Ryan ( Stacy Clausen), un joven completamente distinto a él, pero perteneciente a la misma congregación. Durante una salida en bicicleta, ambos terminan explorando una fábrica abandonada donde un juego de lucha física, típico de la adolescencia, deriva inesperadamente en un apasionado beso. El momento deja a Naim confundido. Sabe que siente atracción por Ryan, pero también comprende que esos sentimientos jamás serían aceptados por la comunidad en la que vive. Aun así, no parece dispuesto a renunciar a ellos. La situación se complica cuando descubre a Ryan participando en el mismo tipo de juego de seducción junto a Hunter, el hijo del ministro de la iglesia. Convencido de que está haciendo lo correcto, decide denunciarlos, sin imaginar las devastadoras consecuencias que desencadenará. La respuesta de la comunidad es brutal. Un supuesto sanador somete a los jóvenes a un ritual público destinado a expulsar esossentimientos impuros. La ceremonia cambia sus vidas para siempre. Naim también termina convertido en víctima de esta especie de exorcismo, una práctica que busca sembrar terror hacia aquello que más ama. En esta pesadilla que envuelve al romance adolescente, Joe Bird y Stacy Clausen sostienen gran parte del peso emocional de la película. Sus interpretaciones transmiten con enorme naturalidad el deseo, la incertidumbre, la ilusión, la decepción y, finalmente, el miedo. Son, sin duda, el corazón de la historia. Más allá de sus elementos sobrenaturales, Leviticus es una película sobre la represión, la intolerancia y el miedo. El miedo al deseo, a la pasión, al amor y a todo aquello que se aleja de las normas impuestas. En nombre de un Dios presentado como castigador, sus personajes persiguen lo diferente sin detenerse a cuestionarlo, transformando el amor en odio y generando consecuencias devastadoras. Prefieren vivir sometidos al miedo antes que aceptar la libertad de sentir. Combinando terror psicológico, elementos sobrenaturales y drama romántico, Leviticus construye una propuesta de autor sólida y reflexiva. No es una película perfecta, pero sí una obra que sabe exactamente qué quiere decir y cómo decirlo. Su mensaje surge de manera orgánica dentro del relato, sin sentirse forzado, convirtiéndola en una experiencia inquietante y profundamente triste. En salas de cine de Chile desde este 25 de junio.
Esta coproducción entre España y Argentina, dirigida por Javier Veiga, nos presenta una historia inesperada que pone frente a frente a dos grandes actores de la comedia: el español Dani Rovira y el argentino Guillermo Francella. Manu (Rovira) trabaja en la playa privada de un resort español. Cuando termina la jornada, es el encargado de recoger las reposeras y quitasoles para guardarlos hasta el día siguiente. Sin embargo, una tarde un particular turista insiste en quedarse. Se trata de Klaus (Francella), un argentino con ascendencia sueca que vive en ese país. El hombre es extraño, se muestra simpático y bromista, por lo que rápidamente logra sacar de quicio a Manu. Esto da pie a una entretenida dinámica de tira y afloja entre ambos, marcada por la ironía y el humor. Poco a poco comienzan a llevarse mejor, pero Klaus empieza a conducir la conversación hacia terrenos cada vez más incómodos, abordando temas psicológicos y morales que hacen pensar a Manu que nada de lo que está ocurriendo es casual y que la presencia de este peculiar turista responde a algo mucho más profundo. En una especie de duelo de titanes, Rovira y Francella sostienen prácticamente toda la película sin necesidad de grandes distracciones. Lo que comienza como una comedia absurda y de situaciones incómodas va adquiriendo progresivamente tonos más oscuros, hasta transformarse en un thriller psicológico que recuerda, por momentos, al cine de Alfred Hitchcock. Los diálogos son inteligentes, afilados y están cargados de dobles lecturas, mientras que las actuaciones de ambos protagonistas elevan constantemente la tensión del relato. Guillermo Francella, en particular, vuelve a demostrar su enorme capacidad para oscilar entre el humor y la inquietud con absoluta naturalidad. Si bien en algunos pasajes la película puede sentirse algo dilatada, nunca pierde del todo la capacidad de generar intriga y mantener la atención del espectador. Gracias a su sólida dupla protagónica, su acertado manejo del suspenso y una propuesta que juega constantemente con las apariencias,Playa de Lobos se convierte en una película cautivadora. Gran parte de su atractivo radica en que nunca sabemos realmente qué está ocurriendo. ¿Es Manu un hombre paranoico que ve amenazas donde no las hay y Klaus simplemente un solitario que busca conversación? ¿O es Klaus alguien mucho más oscuro y perturbador, mientras Manu se convierte en una víctima atrapada en una situación que no comprende del todo? La película evita entregar respuestas fáciles y nos obliga a descubrir la verdad al mismo tiempo que sus personajes. En ese juego de sospechas, manipulación y percepciones contradictorias habita gran parte de su fuerza, transformando una simple conversación en la playa en un thriller psicológico tan inquietante como impredecible, y a la vez divertido. Playa de Lobos se exhibió en cines de España y Argentina, y en Chile se encuentra disponible desdes este mes a través de Disney+.
Olivia Wilde regresa a la silla del director con una nueva película que explora el dolor, la frustración y las apariencias bajo una fachada de perfección. Se trata deLa Invitación, remake de la película española Sentimental (2020), de Cesc Gay, basada a su vez en la obra de teatro Los vecinos de arriba. Angela (Wilde) es una dueña de casa preocupada por el qué dirán y obsesionada con mantener un hogar impecable, no por nada acaba de remodelar su departamento. Con la intención de conocer mejor a sus nuevos vecinos, invita a cenar a Hawk ( Edward Norton) y a su esposa española, Pina ( Penélope Cruz), con quienes hasta ese momento solo había compartido breves encuentros en los pasillos del edificio y escuchado los estruendosos gemidos que emiten cada noche mientras tienen sexo, algo que su marido Joe ( Seth Rogen) simplemente no soporta. Joe es un hombre de mal carácter, poco sociable y profundamente frustrado porque su carrera musical nunca despegó. Desde el comienzo deja claro que no tiene ningún interés en compartir con sus invitados, mientras Angela se esfuerza demasiado por hacerlos sentir cómodos. En contraste, Hawk y Pina forman una pareja segura de sí misma, apasionada y brutalmente honesta. Lo que comienza como una cita incómoda pronto deriva en una conversación cada vez más íntima. La activa y poco convencional vida sexual de los visitantes rompe todas las barreras, obligando a los dueños de casa a enfrentarse a sus propias inseguridades. Poco a poco salen a la luz antiguos traumas, frustraciones y verdades que durante años habían preferido callar. Desde lo superficial hasta lo más profundo, transitando con naturalidad entre el humor, la incomodidad y el drama, La Invitación construye una historia inteligente que reflexiona sobre las relaciones de pareja, los distintos modelos de vida y las decisiones que pueden convertir el amor en un viaje enriquecedor o en una perpetua agonía disfrazada de normalidad. El gran acierto de la película está en sus interpretaciones. Con un guion sólido como base, el trabajo de los cuatro protagonistas resulta fundamental para que la historia funcione. Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton transmiten con gran naturalidad emociones que van desde la comedia y la farsa hasta el drama más íntimo. En especial, Cruz y Norton quienes forman una dupla llena de química y complicidad, aportando algunos de los mejores momentos del filme. La Invitación llega a las salas de Cinépolis desde este 2 de julio.
Si estás en Buenos Aires durante los próximos días y eres amante del terror, la ciencia ficción y el cine fantástico, esta actividad puede interesarte. Del 29 de junio al 3 de julio se realizarán las I Jornadas Indómitas. Estudios sobre terror, ciencia ficción y bizarro en las artes, un encuentro que combinará ponencias, conversatorios y actividades especiales en el Centro Cultural Universitario Paco Urondo. Además de las exposiciones académicas, el programa incluye conversatorios y proyecciones. Uno de los eventos destacados seráImagen Latente: Prácticas experimentales del terror en Super 8 y 16 mm, que se realizará el miércoles 1 de julio. La jornada comenzará a las 17:00 horas con una selección de cortometrajes realizados en formatos digitales y analógicos, incluyendo obras de Gonzalo Calzada, Paulo Pécora, Emilio López, Victoria Fulloni y Nicolás De Bórtoli. El cierre de la exhibición estará marcado por la proyección de Las sombras, filmada en 16 mm y acompañada por música en vivo a cargo de Macarena Aguilar Tau (cello) y Cecilia Simone (gong sinfónico). Posteriormente, a las 18:00 horas, se desarrollará un conversatorio con los realizadores sobre la creación de cine de terror en formatos analógicos. Las I Jornadas Indómitas están dirigidas al público de Buenos Aires interesado en el terror, la ciencia ficción y el cine fantástico. Quienes deseen conocer el resto de las actividades y el programa completo pueden encontrarlos a través de las redes sociales de Grupo Indómito. https://www.instagram.com/grupoindomito/
Tras el exitoso debut de Superman (2025) en el nuevo universo cinematográfico de DC, llega el turno de Kara Zor-El , la prima del Hombre de Acero. Pero si Clark Kent representa la esperanza y el optimismo, Kara es todo lo contrario. Marcada por la pérdida de Krypton y de todo lo que conoció, pasa sus días recorriendo el universo de fiesta en fiesta junto a su inseparable perro Krypto . Su lugar favorito son los planetas con soles rojos, donde sus poderes se debilitan y puede emborracharse como cualquier otra persona. Su vida cambia cuando conoce a Ruthye Marye Knoll , una niña que busca vengar el asesinato de su familia a manos de los Brigands , una banda de criminales dedicada al saqueo y al tráfico de personas. Al mismo tiempo, Krypto es envenenado y solo le quedan 72 horas de vida, por lo que Kara se embarcará en una carrera contrarreloj para salvar a su mejor amigo mientras intenta ayudar a Ruthye a cumplir su misión. Desde sus primeros minutos, Supergirl se siente muy parecida a su protagonista: ruidosa, impulsiva y bastante desordenada. Incluso puede generar cierto rechazo al comienzo, ya que Kara aparece como una joven irresponsable, constantemente borracha y poco interesada en los problemas de los demás. Sin embargo, a medida que la historia avanza y conocemos mejor sus motivaciones, el personaje adquiere una profundidad inesperada. A diferencia de Superman, Kara sí alcanzó a vivir en Krypton. Tuvo una familia, amigos y una vida que perdió para siempre. Llegó a la Tierra siendo una extraña en un mundo que jamás sintió suyo. Esa frustración permanente, mezclada con dolor y nostalgia, explica gran parte de su actitud autodestructiva. Bajo esa apariencia despreocupada se esconde una profunda tristeza que intenta ahogar entre fiestas y alcohol. La relación entre Kara y Ruthye termina siendo el verdadero corazón de la película. Ambas están consumidas por la rabia y la pérdida, aunque de formas distintas. Mientras Ruthye busca vengarse de Krem utilizando la espada de su padre, Kara intenta convencerla de que la venganza no aliviará su sufrimiento, quizás porque ella misma entiende mejor que nadie lo inútil que puede resultar ese camino. Durante su aventura visitarán distintos planetas, enfrentarán piratas cibernéticos, conocerán criaturas extrañísimas y cruzarán caminos con Lobo , el legendario mercenario de Czarnia. Interpretado por Jason Momoa, el personaje se roba cada escena en la que aparece. Después de haber sido Aquaman, Momoa parece estar disfrutando enormemente la oportunidad de dar vida a uno de los personajes más populares de DC, ofreciendo una versión muy cercana a la de los cómics. Ojalá vuelva pronto o incluso tenga su propia película. Milly Alcock cumple correctamente como Kara, aunque por momentos el personaje puede resultar algo irritante, especialmente durante el primer acto. Eve Ridley también realiza un buen trabajo como Ruthye, mientras que Matthias Schoenaerts interpreta a Krem, un villano funcional, pero bastante genérico, cuya principal misión es ponerle obstáculos a la protagonista. En algunos momentos incluso resulta difícil creer que una banda de delincuentes pueda complicarle tanto la vida a alguien tan poderosa como Supergirl. Visualmente, la película cumple sin destacar demasiado. Hay efectos digitales y fondos realizados con croma que se notan más de la cuenta, aunque nunca llegan a arruinar la experiencia. En general, Supergirl es una película entretenida y de pretensiones modestas. No busca revolucionar el género ni alterar significativamente el futuro del universo DC. Su principal objetivo es presentar a Kara Zor-El como un personaje diferente a Superman y prepararla para futuras apariciones. Como aventura espacial ligera y veraniega funciona bastante bien, especialmente gracias a la química entre sus protagonistas y a la presencia de un memorable Lobo. Disponible en cines chilenos desde el 25 de junio.
Con un título que remite de inmediato al libro bíblico del mismo nombre,Leviticus es una interesante película australiana de terror queer que explora cómo una comunidad cristiana utiliza el miedo como herramienta para castigar y reprimir la homosexualidad. Joe Bird (Háblame) interpreta a Naim, un adolescente que acaba de llegar junto a su madre ( Mia Wasikowska) a una pequeña localidad semi rural para integrarse a una estricta comunidad cristiana de carácter sectario. Tímido y constantemente fuera de lugar, Naim encuentra cierta conexión cuando comienza a relacionarse con Ryan ( Stacy Clausen), un joven completamente distinto a él, pero perteneciente a la misma congregación. Durante una salida en bicicleta, ambos terminan explorando una fábrica abandonada donde un juego de lucha física, típico de la adolescencia, deriva inesperadamente en un apasionado beso. El momento deja a Naim confundido. Sabe que siente atracción por Ryan, pero también comprende que esos sentimientos jamás serían aceptados por la comunidad en la que vive. Aun así, no parece dispuesto a renunciar a ellos. La situación se complica cuando descubre a Ryan participando en el mismo tipo de juego de seducción junto a Hunter, el hijo del ministro de la iglesia. Convencido de que está haciendo lo correcto, decide denunciarlos, sin imaginar las devastadoras consecuencias que desencadenará. La respuesta de la comunidad es brutal. Un supuesto sanador somete a los jóvenes a un ritual público destinado a expulsar esossentimientos impuros. La ceremonia cambia sus vidas para siempre. Naim también termina convertido en víctima de esta especie de exorcismo, una práctica que busca sembrar terror hacia aquello que más ama. En esta pesadilla que envuelve al romance adolescente, Joe Bird y Stacy Clausen sostienen gran parte del peso emocional de la película. Sus interpretaciones transmiten con enorme naturalidad el deseo, la incertidumbre, la ilusión, la decepción y, finalmente, el miedo. Son, sin duda, el corazón de la historia. Más allá de sus elementos sobrenaturales, Leviticus es una película sobre la represión, la intolerancia y el miedo. El miedo al deseo, a la pasión, al amor y a todo aquello que se aleja de las normas impuestas. En nombre de un Dios presentado como castigador, sus personajes persiguen lo diferente sin detenerse a cuestionarlo, transformando el amor en odio y generando consecuencias devastadoras. Prefieren vivir sometidos al miedo antes que aceptar la libertad de sentir. Combinando terror psicológico, elementos sobrenaturales y drama romántico, Leviticus construye una propuesta de autor sólida y reflexiva. No es una película perfecta, pero sí una obra que sabe exactamente qué quiere decir y cómo decirlo. Su mensaje surge de manera orgánica dentro del relato, sin sentirse forzado, convirtiéndola en una experiencia inquietante y profundamente triste. En salas de cine de Chile desde este 25 de junio.
Esta coproducción entre España y Argentina, dirigida por Javier Veiga, nos presenta una historia inesperada que pone frente a frente a dos grandes actores de la comedia: el español Dani Rovira y el argentino Guillermo Francella. Manu (Rovira) trabaja en la playa privada de un resort español. Cuando termina la jornada, es el encargado de recoger las reposeras y quitasoles para guardarlos hasta el día siguiente. Sin embargo, una tarde un particular turista insiste en quedarse. Se trata de Klaus (Francella), un argentino con ascendencia sueca que vive en ese país. El hombre es extraño, se muestra simpático y bromista, por lo que rápidamente logra sacar de quicio a Manu. Esto da pie a una entretenida dinámica de tira y afloja entre ambos, marcada por la ironía y el humor. Poco a poco comienzan a llevarse mejor, pero Klaus empieza a conducir la conversación hacia terrenos cada vez más incómodos, abordando temas psicológicos y morales que hacen pensar a Manu que nada de lo que está ocurriendo es casual y que la presencia de este peculiar turista responde a algo mucho más profundo. En una especie de duelo de titanes, Rovira y Francella sostienen prácticamente toda la película sin necesidad de grandes distracciones. Lo que comienza como una comedia absurda y de situaciones incómodas va adquiriendo progresivamente tonos más oscuros, hasta transformarse en un thriller psicológico que recuerda, por momentos, al cine de Alfred Hitchcock. Los diálogos son inteligentes, afilados y están cargados de dobles lecturas, mientras que las actuaciones de ambos protagonistas elevan constantemente la tensión del relato. Guillermo Francella, en particular, vuelve a demostrar su enorme capacidad para oscilar entre el humor y la inquietud con absoluta naturalidad. Si bien en algunos pasajes la película puede sentirse algo dilatada, nunca pierde del todo la capacidad de generar intriga y mantener la atención del espectador. Gracias a su sólida dupla protagónica, su acertado manejo del suspenso y una propuesta que juega constantemente con las apariencias,Playa de Lobos se convierte en una película cautivadora. Gran parte de su atractivo radica en que nunca sabemos realmente qué está ocurriendo. ¿Es Manu un hombre paranoico que ve amenazas donde no las hay y Klaus simplemente un solitario que busca conversación? ¿O es Klaus alguien mucho más oscuro y perturbador, mientras Manu se convierte en una víctima atrapada en una situación que no comprende del todo? La película evita entregar respuestas fáciles y nos obliga a descubrir la verdad al mismo tiempo que sus personajes. En ese juego de sospechas, manipulación y percepciones contradictorias habita gran parte de su fuerza, transformando una simple conversación en la playa en un thriller psicológico tan inquietante como impredecible, y a la vez divertido. Playa de Lobos se exhibió en cines de España y Argentina, y en Chile se encuentra disponible desdes este mes a través de Disney+.