Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.
Bajo un manto de polémicas internacionales, llega a las salas de cine del país la nueva película de Eli Roth, “El Heladero” (Ice Cream Man), una cinta de terror gore atrevida, a ratos incoherente y con un trasfondo interesante. No tiene relación directa con Ice Cream Man, la película de 1995 protagonizada por Clint Howard, aunque podríamos decir que, de cierta forma, ambas están hermanadas. Con una estética que nos recuerda al cine de terror de los años noventa, colores vivos y algo saturados, y un heladero que parece salido de una cándida serie de los años 60, la historia se desarrolla en un pequeño pueblo al que llega un amigable carro de helados junto a su particular dueño, dispuesto a deleitar a los niños del lugar. Todos están desesperados por probar sus productos y parecen sentirse irresistiblemente atraídos por su sabor. Todos, excepto Jared, quien queda excluido de este delirio porque tiene intolerancia a la lactosa. El chico, tímido, con pocos amigos y fanático del béisbol, siente que algo no está bien con este nuevo personaje ni con sus helados. Y no se equivoca. Durante la noche, los niños, con restos de dulce alrededor de la boca, se levantan al escuchar la canción del heladero, que pasa con su vehículo frente a sus casas. Entran entonces en una suerte de trance que los convierte en pequeños psicópatas, tremendamente sanguinarios, cuyas primeras víctimas serán sus propios padres, mientras que los adolescentes quedan completamente paralizados. A la mañana siguiente, Jared y un par de compañeros más -una chica que vomitó el helado y un niño rebelde que tampoco lo probó- deberán unir fuerzas ante la evidencia: sus compañeros están enloquecidos, están acabando con sus profesores y el heladero es quien mueve los hilos de esta pesadilla. Jared tendrá que pasar de ser un niño víctima de bullying a convertirse en líder, madurar de una vez y aprender a trabajar en equipo con su hermana adolescente. Ella, por su parte, también deberá dejar atrás su frivolidad y el desprecio que siente por su hermano si quiere tener alguna posibilidad de escapar de esta situación demencial. Con referencias claras al cine de terror B, la cinta incluye pasajes que nos recuerdan a producciones como The Faculty, a algunos giallos italianos y a películas sobre chicos malditos, como la clásica ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador, o Los hijos del maíz, basada en la obra de Stephen King. Las escenas explícitas de violencia, sangre y vísceras -notoriamente falsas, hechas a la antigua- aparecen disfrazadas de juegos infantiles. Pueden resultar chocantes para cierto tipo de público, pero esa violencia no parece estar ahí solo por el impacto que provoca. Bajo esa apariencia de exceso también hay una crítica al mundo de los adultos, a las mentiras, la manipulación y la corrupción de ciertas entidades que, en teoría, deberían proteger a los niños. No es una película para cualquier público, especialmente si consideramos las polémicas que arrastra, entre ellas el uso de inteligencia artificial en algunas de sus escenas animadas, que representan una parte ínfima de la historia. Una controversia que se vio agravada porque, en un primer momento, el director negó su utilización. En general, y a título personal, me parece una película arriesgada, pero también entretenida y con algo que decir, bajo capas de ironía, diálogos absurdos y planos grotescos. Se valora el esfuerzo por construir una propuesta que no se limita a mostrar violencia, sino que intenta darle un sentido dentro de su particular universo. Ahora bien, no esperes encontrarte con otra Hostel o Viernes Negro. La apuesta de “El Heladero” va por un camino distinto, donde el terror más explícito convive con el absurdo, la sátira y una mirada crítica que asoma entre tanta locura. En cines del país desde el 24 de septiembre.
Hay películas que uno disfruta por su espectacularidad, otras por su historia y algunas, simplemente, porque logran tocar una fibra mucho más profunda. El Corazón de la Bestia (Heart of the Beast) pertenece a esta última categoría. Y debo decirlo desde el comienzo: me fascinó. La película sigue a James Belmont ( Brad Pitt), un exoficial y veterano de las Fuerzas Especiales que vive alejado de todo junto a Odín, su inseparable compañero canino. Odín no es simplemente una mascota: es un perro de combate entrenado para misiones militares, un sobreviviente que, al igual que su amo, carga con las consecuencias de su pasado. Tiene una prótesis metálica en la mandíbula y una prótesis en una de sus patas, pero sigue adelante. Ambos recorren las heladas y remotas montañas de Alaska buscando algo que nunca encontraron durante sus años en el ejército: paz. James y Odín cargan con sus propios traumas, pesadillas y terrores nocturnos, y la película construye buena parte de su vínculo a partir de esa experiencia compartida. Pero todo cambia cuando James sufre un infarto durante uno de sus vuelos y la avioneta termina estrellándose en medio de la inmensidad del territorio helado. Desde ese momento comienza una verdadera odisea por regresar a la civilización. Y acá El Corazón de la Bestia abraza completamente el espíritu del cine de supervivencia clásico. Hombre contra naturaleza. El frío. El hambre. Los animales salvajes. Las heridas. El aislamiento. Y, sobre todo, la necesidad de utilizar todo aquello que ambos aprendieron durante sus años de entrenamiento para mantenerse con vida. Pero si hay algo que potencia enormemente esta experiencia es la fotografía de Mauro Fiore. La película está rodada en unos paisajes realmente impresionantes, aprovechando la inmensidad de una Alaska remota, aislada y prácticamente virgen. Las montañas, los bosques, los enormes campos cubiertos de nieve y la sensación de que no existe absolutamente nada alrededor de los protagonistas hacen que cada plano transmita una enorme sensación de soledad. Y es justamente ahí donde la película encuentra una de sus mayores virtudes: la naturaleza no es solamente el escenario, es un personaje más. La fotografía aprovecha las grandes panorámicas para mostrar la pequeñez de James y Odín frente a un territorio que parece no tener fin. Hay una belleza extraordinaria en esas imágenes, pero también una sensación permanente de peligro. Es un lugar hermoso y, al mismo tiempo, completamente hostil. Es una película que no necesita demasiados artificios para funcionar. Brad Pitt llena la pantalla, demostrando que a sus 60 años sigue teniendo una presencia física impresionante. Pero si hay alguien que merece una nominación en esta película, es Odín. Estamos probablemente ante una de las grandes actuaciones caninas que veremos este año. La relación entre ambos es el verdadero corazón de la película. Y funciona porque nunca se siente como un simple recurso para provocar emoción. Odín es un compañero de guerra, un sobreviviente y, en muchos sentidos, el único ser que realmente comprende a James. David Ayer vuelve a trabajar con Brad Pitt 12 años después de Fury , y personalmente creo que acá encontramos su mejor película desde aquella brutal cinta bélica. Hay algo muy interesante en la decisión de Ayer de contar esta historia de una manera tan clásica. De hecho, salí del cine preguntándome si la película estaba basada en algún libro. Porque El Corazón de la Bestia tiene algo de cuento de Ernest Hemingway. El desarrollo del guión de Cameron Alexander es directo, casi elemental, pero justamente ahí está parte de su encanto. No intenta reinventar el género: toma una historia sencilla y la cuenta con convicción, cariño y una enorme preocupación por sus personajes. Y sí, prepárense para emocionarse. La película tiene un componente emotivo muy poderoso y no me avergüenza decir que probablemente más de alguna lágrima termine apareciendo durante su desarrollo. Especialmente si son amantes de los animales. Además, la película aborda un tema que pocas veces vemos tratado desde esta perspectiva: el papel de los perros entrenados para trabajar junto a las fuerzas militares y la enorme importancia que pueden tener para salvar vidas. Odín representa justamente eso: un animal que ha sido entrenado para la guerra, pero que también ha establecido un vínculo de confianza y lealtad con su compañero humano. Y hay que mencionar también la aparición de J.K. Simmons, quien tiene un pequeño pero muy agradecido papel como un minero que se cruza en el camino de James. Su personaje le entrega un consejo y desaparece casi como una figura mitológica dentro de esta historia. Es una de esas apariciones breves que dejan huella. Un detalle personal: vi la película doblada al español. Y aunque en ningún momento fue un impedimento para disfrutarla, creo que probablemente me la repetiré en inglés. Una película tan sostenida por la presencia de Brad Pitt, y con una aparición de J.K. Simmons, merece también ser experimentada con las voces originales. El Corazón de la Bestia es, finalmente, una película sencilla, clásica y tremendamente efectiva. Una historia de supervivencia que funciona gracias a dos protagonistas que consiguen sostener prácticamente toda la película sobre sus hombros: Brad Pitt y Odín. Si les gustan las historias de supervivencia, las películas de animales o simplemente quieren ver una buena película de aventuras con corazón, no se la pierdan.
“El último gran golpe”, también conocida como “The Get Out”, es un nuevo thriller de acción protagonizado por Russell Crowe y dirigido por Derrick Borte, basado en la novela Strip, de Thomas Perry. Se trata de una historia vertiginosa, no exenta de toques de humor negro, y llena de engaños, trampas, mafias y corrupción, en la que distintos personajes cruzan sus caminos, para bien y para peor. El dueño de un conocido club nocturno de Los Angeles, el albanés Manco Kapak (Crowe), está cansado de su vida “profesional”, administrando su negocio y ayudando a una mafia latina a lavar dinero. Se siente viejo y cree que su ciudad adoptiva ya no es la de antes. Por eso, comienza a pensar en el retiro y en marcharse a un lugar más tranquilo, lejos del ruido y la locura, junto a su novia Sunny ( Teresa Palmer). Sin embargo, sus planes se complican cuando es asaltado por un ladrón novato enmascarado llamado Jeff, interpretado por Aaron Paul, quien posteriormente se une de forma forzada a una alocada cajera de banco, personificada por Nina Dobrev, para llevar a cabo un nuevo atraco contra Manco. ¿Y por qué Jeff insiste en atacar a Kapak? La respuesta está en que está siendo chantajeado por un influyente detective de la policía, Slosser ( Josh McConville). Jeff es un profesor universitario que obtiene ingresos extra realizando trabajos para alumnos con dificultades académicas. Entre sus clientes se encuentra el hijo de Slosser, quien ni siquiera contratando los servicios del profesor logró ser aceptado en la universidad, lo que tiene muy enojado al policía, así que utiliza al académico para a su vez molestar a un pez gordo como el empresario albanés y, por qué no, obtener dinero extra. Por otra parte, está el cartel mexicano asociado con Manco, cuyos integrantes no ven con buenos ojos estos misteriosos asaltos. Rodríguez, su cabecilla, se vuelve cada vez más desconfiado y amenazante frente a la situación. Y para completar este enredo, conocemos a Joe Carver, interpretado por Luke Evans, un misterioso y excéntrico mujeriego que quiere comprar el club nocturno. En una trama donde nadie sabe realmente para quién trabaja, la tranquilidad de nuestro protagonista parece cada vez más lejana. Con personajes imperfectos, inmorales y, en ocasiones, algo caricaturizados, la película resulta ideal para quienes buscan una historia entretenida de acción, con un aire un tanto noventero, en la que también hay que descubrir quién es quién en medio de tantas intrigas. La actuación de Russell Crowe es, sin duda, uno de los aspectos más destacables de la cinta. Aunque cuenta con un elenco bastante notable, varios de sus personajes terminan diluyéndose en subtramas poco desarrolladas, lo que limita el potencial de algunas de sus historias. “El último gran golpe” llega a las salas de cine del país este 24 de septiembre.
La isla olvidada es lo nuevo de DreamWorks. Una buena película, con ritmo trepidante de principio a fin y una animación que se siente moderna sin dejar de sentirse del estudio. La casa que conoces, con una historia nueva Después de más de treinta años haciendo películas animadas para toda la familia, desde Shrek hasta Kung Fu Panda, pasando por la reciente Robot salvaje, que llegó hasta los Oscar. La isla olvidada sigue esa tradición, pero mira hacia un lugar que el cine de animación casi nunca entra, Filipinas. La historia sigue a Jo y Raissa, mejores amigas desde niñas que están a punto de separarse después de graduarse del colegio. En su última noche juntas encuentran un portal que las lleva a Nakali, una isla mágica llena de criaturas sacadas del folclore filipino, donde el precio para volver a casa podría ser perder los recuerdos de su amistad. Una animación que ya es sello de la casa Hace tiempo que DreamWorks viene mezclando distintos estilos de animación dentro de una misma película, algo que ya se sintió en El gato con botas: El último deseo y que aquí se nota todavía más. El resultado no es solo una película llamativa de mirar, es una experiencia visual que cambia de textura según el momento, y eso ayuda a que los casi cien minutos se sientan livianos. El ritmo tampoco da respiro, porque la aventura arranca rápido y nunca para. Amistad con raíces filipinas Lo mejor de La isla olvidada es la amistad entre Jo y Raissa, contada a través de la cosmología filipina, con espíritus y criaturas que vienen directo de las historias que se cuentan puertas adentro en esas familias, más que los monstruos o los sustos, aunque también los hay. Se nota el cariño real detrás de la película, porque los propios directores - Joel Crawford y Januel Mercado - llevan más de veinte años de amistad trabajando juntos en DreamWorks, y ese vínculo se cuela en la pantalla. Una película para grandes y chicos La película funciona para los niños, que se van a reír y a asustar un poco con las criaturas del lugar, y funciona igual para los adultos, porque la historia de una amistad que está a punto de cambiar para siempre le llega a cualquiera que alguna vez haya tenido que despedirse de alguien importante. En la sala de la avant première, con niños y adultos mezclados, todos salieron comentando lo mismo, la despedida de Jo y Raissa, no las criaturas. La isla olvidada llega a los cines el 24 de septiembre.
Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.
Bajo un manto de polémicas internacionales, llega a las salas de cine del país la nueva película de Eli Roth, “El Heladero” (Ice Cream Man), una cinta de terror gore atrevida, a ratos incoherente y con un trasfondo interesante. No tiene relación directa con Ice Cream Man, la película de 1995 protagonizada por Clint Howard, aunque podríamos decir que, de cierta forma, ambas están hermanadas. Con una estética que nos recuerda al cine de terror de los años noventa, colores vivos y algo saturados, y un heladero que parece salido de una cándida serie de los años 60, la historia se desarrolla en un pequeño pueblo al que llega un amigable carro de helados junto a su particular dueño, dispuesto a deleitar a los niños del lugar. Todos están desesperados por probar sus productos y parecen sentirse irresistiblemente atraídos por su sabor. Todos, excepto Jared, quien queda excluido de este delirio porque tiene intolerancia a la lactosa. El chico, tímido, con pocos amigos y fanático del béisbol, siente que algo no está bien con este nuevo personaje ni con sus helados. Y no se equivoca. Durante la noche, los niños, con restos de dulce alrededor de la boca, se levantan al escuchar la canción del heladero, que pasa con su vehículo frente a sus casas. Entran entonces en una suerte de trance que los convierte en pequeños psicópatas, tremendamente sanguinarios, cuyas primeras víctimas serán sus propios padres, mientras que los adolescentes quedan completamente paralizados. A la mañana siguiente, Jared y un par de compañeros más -una chica que vomitó el helado y un niño rebelde que tampoco lo probó- deberán unir fuerzas ante la evidencia: sus compañeros están enloquecidos, están acabando con sus profesores y el heladero es quien mueve los hilos de esta pesadilla. Jared tendrá que pasar de ser un niño víctima de bullying a convertirse en líder, madurar de una vez y aprender a trabajar en equipo con su hermana adolescente. Ella, por su parte, también deberá dejar atrás su frivolidad y el desprecio que siente por su hermano si quiere tener alguna posibilidad de escapar de esta situación demencial. Con referencias claras al cine de terror B, la cinta incluye pasajes que nos recuerdan a producciones como The Faculty, a algunos giallos italianos y a películas sobre chicos malditos, como la clásica ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador, o Los hijos del maíz, basada en la obra de Stephen King. Las escenas explícitas de violencia, sangre y vísceras -notoriamente falsas, hechas a la antigua- aparecen disfrazadas de juegos infantiles. Pueden resultar chocantes para cierto tipo de público, pero esa violencia no parece estar ahí solo por el impacto que provoca. Bajo esa apariencia de exceso también hay una crítica al mundo de los adultos, a las mentiras, la manipulación y la corrupción de ciertas entidades que, en teoría, deberían proteger a los niños. No es una película para cualquier público, especialmente si consideramos las polémicas que arrastra, entre ellas el uso de inteligencia artificial en algunas de sus escenas animadas, que representan una parte ínfima de la historia. Una controversia que se vio agravada porque, en un primer momento, el director negó su utilización. En general, y a título personal, me parece una película arriesgada, pero también entretenida y con algo que decir, bajo capas de ironía, diálogos absurdos y planos grotescos. Se valora el esfuerzo por construir una propuesta que no se limita a mostrar violencia, sino que intenta darle un sentido dentro de su particular universo. Ahora bien, no esperes encontrarte con otra Hostel o Viernes Negro. La apuesta de “El Heladero” va por un camino distinto, donde el terror más explícito convive con el absurdo, la sátira y una mirada crítica que asoma entre tanta locura. En cines del país desde el 24 de septiembre.
Hay películas que uno disfruta por su espectacularidad, otras por su historia y algunas, simplemente, porque logran tocar una fibra mucho más profunda. El Corazón de la Bestia (Heart of the Beast) pertenece a esta última categoría. Y debo decirlo desde el comienzo: me fascinó. La película sigue a James Belmont ( Brad Pitt), un exoficial y veterano de las Fuerzas Especiales que vive alejado de todo junto a Odín, su inseparable compañero canino. Odín no es simplemente una mascota: es un perro de combate entrenado para misiones militares, un sobreviviente que, al igual que su amo, carga con las consecuencias de su pasado. Tiene una prótesis metálica en la mandíbula y una prótesis en una de sus patas, pero sigue adelante. Ambos recorren las heladas y remotas montañas de Alaska buscando algo que nunca encontraron durante sus años en el ejército: paz. James y Odín cargan con sus propios traumas, pesadillas y terrores nocturnos, y la película construye buena parte de su vínculo a partir de esa experiencia compartida. Pero todo cambia cuando James sufre un infarto durante uno de sus vuelos y la avioneta termina estrellándose en medio de la inmensidad del territorio helado. Desde ese momento comienza una verdadera odisea por regresar a la civilización. Y acá El Corazón de la Bestia abraza completamente el espíritu del cine de supervivencia clásico. Hombre contra naturaleza. El frío. El hambre. Los animales salvajes. Las heridas. El aislamiento. Y, sobre todo, la necesidad de utilizar todo aquello que ambos aprendieron durante sus años de entrenamiento para mantenerse con vida. Pero si hay algo que potencia enormemente esta experiencia es la fotografía de Mauro Fiore. La película está rodada en unos paisajes realmente impresionantes, aprovechando la inmensidad de una Alaska remota, aislada y prácticamente virgen. Las montañas, los bosques, los enormes campos cubiertos de nieve y la sensación de que no existe absolutamente nada alrededor de los protagonistas hacen que cada plano transmita una enorme sensación de soledad. Y es justamente ahí donde la película encuentra una de sus mayores virtudes: la naturaleza no es solamente el escenario, es un personaje más. La fotografía aprovecha las grandes panorámicas para mostrar la pequeñez de James y Odín frente a un territorio que parece no tener fin. Hay una belleza extraordinaria en esas imágenes, pero también una sensación permanente de peligro. Es un lugar hermoso y, al mismo tiempo, completamente hostil. Es una película que no necesita demasiados artificios para funcionar. Brad Pitt llena la pantalla, demostrando que a sus 60 años sigue teniendo una presencia física impresionante. Pero si hay alguien que merece una nominación en esta película, es Odín. Estamos probablemente ante una de las grandes actuaciones caninas que veremos este año. La relación entre ambos es el verdadero corazón de la película. Y funciona porque nunca se siente como un simple recurso para provocar emoción. Odín es un compañero de guerra, un sobreviviente y, en muchos sentidos, el único ser que realmente comprende a James. David Ayer vuelve a trabajar con Brad Pitt 12 años después de Fury , y personalmente creo que acá encontramos su mejor película desde aquella brutal cinta bélica. Hay algo muy interesante en la decisión de Ayer de contar esta historia de una manera tan clásica. De hecho, salí del cine preguntándome si la película estaba basada en algún libro. Porque El Corazón de la Bestia tiene algo de cuento de Ernest Hemingway. El desarrollo del guión de Cameron Alexander es directo, casi elemental, pero justamente ahí está parte de su encanto. No intenta reinventar el género: toma una historia sencilla y la cuenta con convicción, cariño y una enorme preocupación por sus personajes. Y sí, prepárense para emocionarse. La película tiene un componente emotivo muy poderoso y no me avergüenza decir que probablemente más de alguna lágrima termine apareciendo durante su desarrollo. Especialmente si son amantes de los animales. Además, la película aborda un tema que pocas veces vemos tratado desde esta perspectiva: el papel de los perros entrenados para trabajar junto a las fuerzas militares y la enorme importancia que pueden tener para salvar vidas. Odín representa justamente eso: un animal que ha sido entrenado para la guerra, pero que también ha establecido un vínculo de confianza y lealtad con su compañero humano. Y hay que mencionar también la aparición de J.K. Simmons, quien tiene un pequeño pero muy agradecido papel como un minero que se cruza en el camino de James. Su personaje le entrega un consejo y desaparece casi como una figura mitológica dentro de esta historia. Es una de esas apariciones breves que dejan huella. Un detalle personal: vi la película doblada al español. Y aunque en ningún momento fue un impedimento para disfrutarla, creo que probablemente me la repetiré en inglés. Una película tan sostenida por la presencia de Brad Pitt, y con una aparición de J.K. Simmons, merece también ser experimentada con las voces originales. El Corazón de la Bestia es, finalmente, una película sencilla, clásica y tremendamente efectiva. Una historia de supervivencia que funciona gracias a dos protagonistas que consiguen sostener prácticamente toda la película sobre sus hombros: Brad Pitt y Odín. Si les gustan las historias de supervivencia, las películas de animales o simplemente quieren ver una buena película de aventuras con corazón, no se la pierdan.
“El último gran golpe”, también conocida como “The Get Out”, es un nuevo thriller de acción protagonizado por Russell Crowe y dirigido por Derrick Borte, basado en la novela Strip, de Thomas Perry. Se trata de una historia vertiginosa, no exenta de toques de humor negro, y llena de engaños, trampas, mafias y corrupción, en la que distintos personajes cruzan sus caminos, para bien y para peor. El dueño de un conocido club nocturno de Los Angeles, el albanés Manco Kapak (Crowe), está cansado de su vida “profesional”, administrando su negocio y ayudando a una mafia latina a lavar dinero. Se siente viejo y cree que su ciudad adoptiva ya no es la de antes. Por eso, comienza a pensar en el retiro y en marcharse a un lugar más tranquilo, lejos del ruido y la locura, junto a su novia Sunny ( Teresa Palmer). Sin embargo, sus planes se complican cuando es asaltado por un ladrón novato enmascarado llamado Jeff, interpretado por Aaron Paul, quien posteriormente se une de forma forzada a una alocada cajera de banco, personificada por Nina Dobrev, para llevar a cabo un nuevo atraco contra Manco. ¿Y por qué Jeff insiste en atacar a Kapak? La respuesta está en que está siendo chantajeado por un influyente detective de la policía, Slosser ( Josh McConville). Jeff es un profesor universitario que obtiene ingresos extra realizando trabajos para alumnos con dificultades académicas. Entre sus clientes se encuentra el hijo de Slosser, quien ni siquiera contratando los servicios del profesor logró ser aceptado en la universidad, lo que tiene muy enojado al policía, así que utiliza al académico para a su vez molestar a un pez gordo como el empresario albanés y, por qué no, obtener dinero extra. Por otra parte, está el cartel mexicano asociado con Manco, cuyos integrantes no ven con buenos ojos estos misteriosos asaltos. Rodríguez, su cabecilla, se vuelve cada vez más desconfiado y amenazante frente a la situación. Y para completar este enredo, conocemos a Joe Carver, interpretado por Luke Evans, un misterioso y excéntrico mujeriego que quiere comprar el club nocturno. En una trama donde nadie sabe realmente para quién trabaja, la tranquilidad de nuestro protagonista parece cada vez más lejana. Con personajes imperfectos, inmorales y, en ocasiones, algo caricaturizados, la película resulta ideal para quienes buscan una historia entretenida de acción, con un aire un tanto noventero, en la que también hay que descubrir quién es quién en medio de tantas intrigas. La actuación de Russell Crowe es, sin duda, uno de los aspectos más destacables de la cinta. Aunque cuenta con un elenco bastante notable, varios de sus personajes terminan diluyéndose en subtramas poco desarrolladas, lo que limita el potencial de algunas de sus historias. “El último gran golpe” llega a las salas de cine del país este 24 de septiembre.
La isla olvidada es lo nuevo de DreamWorks. Una buena película, con ritmo trepidante de principio a fin y una animación que se siente moderna sin dejar de sentirse del estudio. La casa que conoces, con una historia nueva Después de más de treinta años haciendo películas animadas para toda la familia, desde Shrek hasta Kung Fu Panda, pasando por la reciente Robot salvaje, que llegó hasta los Oscar. La isla olvidada sigue esa tradición, pero mira hacia un lugar que el cine de animación casi nunca entra, Filipinas. La historia sigue a Jo y Raissa, mejores amigas desde niñas que están a punto de separarse después de graduarse del colegio. En su última noche juntas encuentran un portal que las lleva a Nakali, una isla mágica llena de criaturas sacadas del folclore filipino, donde el precio para volver a casa podría ser perder los recuerdos de su amistad. Una animación que ya es sello de la casa Hace tiempo que DreamWorks viene mezclando distintos estilos de animación dentro de una misma película, algo que ya se sintió en El gato con botas: El último deseo y que aquí se nota todavía más. El resultado no es solo una película llamativa de mirar, es una experiencia visual que cambia de textura según el momento, y eso ayuda a que los casi cien minutos se sientan livianos. El ritmo tampoco da respiro, porque la aventura arranca rápido y nunca para. Amistad con raíces filipinas Lo mejor de La isla olvidada es la amistad entre Jo y Raissa, contada a través de la cosmología filipina, con espíritus y criaturas que vienen directo de las historias que se cuentan puertas adentro en esas familias, más que los monstruos o los sustos, aunque también los hay. Se nota el cariño real detrás de la película, porque los propios directores - Joel Crawford y Januel Mercado - llevan más de veinte años de amistad trabajando juntos en DreamWorks, y ese vínculo se cuela en la pantalla. Una película para grandes y chicos La película funciona para los niños, que se van a reír y a asustar un poco con las criaturas del lugar, y funciona igual para los adultos, porque la historia de una amistad que está a punto de cambiar para siempre le llega a cualquiera que alguna vez haya tenido que despedirse de alguien importante. En la sala de la avant première, con niños y adultos mezclados, todos salieron comentando lo mismo, la despedida de Jo y Raissa, no las criaturas. La isla olvidada llega a los cines el 24 de septiembre.