La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Nápoles, cuna de la pizza ; Nápoles, la ciudad donde es obligatorio comer pizza; Nápoles, la escapada dentro de Italia específicamente para comer la mejor pizza. Las anteriores son todas afirmaciones correctas, pero al llegar a la ciudad que venera a Maradona te vas a encontrar con una cantidad tan inmensa de pizzerías que, legítimamente, puede surgir las siguientes preguntas: ¿Dónde puedo comer una pizza auténticamente napolitana? ¿Cómo es una pizza napolitana verdadera? Para dilucidar estas y otras dudas, nos dirigimos a Nápoles ya no sólo para comer, sino para entender un poco más sobre los secretos de este, el plato más internacionalizado del mundo, pero en su versión original. Para ello conversamos con una voz autorizada, el pizzaiolo Vincenzo Esposito, propietario de la pizzería Carmnella (via Marino Cristoforo n° 22). Ser pizzaiolo en Nápoles es una cuestión que otorga prestigio, no es un oficio más; son vistos como los guardianes de uno de los tesoros más queridos por los napolitanos, aquel tesoro que los hizo conocidos en el mundo y del cual disfrutan, al igual que miles de turistas, diariamente. Esposito, quien hoy trabaja con sus hijos, lo cual garantiza que la llama no se extinguirá, tomó el testimonio de esta carrera por la historia de su padre Salvatore, con el que afianzaron, a fines del siglo pasado, una pizzería que inició su bisabuela, doña Carmela Sorrentino “Carmnella”, nada menos que en 1892. Hoy es una de las trece pizzerías reconocidas como centenarias. Se autodefine como un tradicionalista y un romántico de la pizza napoletana verace, entiendo que es aquella auténticamente napolitana, la que sigue los parámetros de la tradición. Tiene una actitud reacia frente a las nuevas tendencias de pizzas que han surgido incluso en su misma ciudad, puesto que considera con absoluta convicción, de que la pizza no es una moda. Entonces, ¿Qué características y elementos debe tener una pizza para que nos enfrentemos a una pizza napolitana verdadera, de la tradición? Para el maestro Esposito, para la masa no debe utilizarse una harina fuerte, sino una como la harina 00, con una hidratación no superior al 65% y un periodo de levitación no superior a las 24 horas; en lo que a la cocción se refiere, imperiosamente debe ser hecha en un horno a leña a una temperatura que vaya entre los 400° y 450° grados Celsius; en cuanto al tamaño, sugiere que debe ser un tamaño L. Cumpliéndose estas reglas, el resultado será la pizza que a los napolitanos de antaño y de hoy les gustaba y les gusta comer. Un viaje a Nápoles no es sólo un viaje para comer pizza, sino debe ser una conexión con su historia y tradición. Lo mejor para alcanzar ese objetivo es comer como un napolitano, ojalá lejos de las masas de turistas y en una pizzería que te garantice no sólo un producto de buena calidad, sino una experiencia auténtica de una pizza verdaderamente napolitana. Te invitamos a ver la entrevista, cuyo link está a continuación, con los conceptos entregados por Vincenzo Esposito, en exclusiva para En Palco.
La guerra civil de 1891 es, con certeza, uno de los episodios más oscuros que ha vivido el Chile republicano, conflicto que enfrentó a los chilenos y que terminó con más muertos que los que tuvo el país durante la Guerra del Pacífico, que había terminado sólo unos años antes. Es en este lamentable contexto histórico en el que se desarrolla la última novela histórica del, a esta altura, exitoso escritor Guillermo Parvex, quien ha dado en el clavo al incursionar en este subgénero narrativo. La obra trata sobre las vivencias, durante este conflicto entre compatriotas, de dos amigos que no solamente compartieron aula desde pequeños, sino que también fueron camaradas de armas en la Guerra del Pacífico: Pedro Alvarado e Ignacio Aguirre. El primero, con un buen trabajo en una salitrera; y el segundo, capitán del Ejército de Chile. Por sus respectivos trabajos, y también por afinidad política, terminan formando parte de los ejércitos que terminaron enfrentándose: Alvarado fue reclutado en el ejército congresista; Aguirre, como miembro de línea del ejército, tuvo que participar en el bando presidencialista. A través de los ojos de ambos personajes, que vivieron el conflicto en veredas opuestas, Parvex de manera contundente y, como siempre, muy documentada, nos va relatando los pormenores de esta guerra fratricida. Desde el punto de vista histórico, y en especial para aquellos que no han profundizado en estos sombríos acontecimientos, es un relato que sorprende por la crueldad y crudeza de los hechos; una sorpresa que da paso a más preguntas que certezas, por cuanto es difícil imaginar los grados de odio generalizado que dividieron al país. Desde el punto de vista de la novela, en mi opinión, Parvex ha logrado una historia cautivante, sólida, de esas que el lector está ávido por conocer el final y, sobre todo, el destino de los personajes. Una lectura recomendadísima. El libro ya está disponible en las librerías del país. Para ver la entrevista completa con el autor deGuerra entre hermanos, visita nuestro canal de Youtube.
Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Nápoles, cuna de la pizza ; Nápoles, la ciudad donde es obligatorio comer pizza; Nápoles, la escapada dentro de Italia específicamente para comer la mejor pizza. Las anteriores son todas afirmaciones correctas, pero al llegar a la ciudad que venera a Maradona te vas a encontrar con una cantidad tan inmensa de pizzerías que, legítimamente, puede surgir las siguientes preguntas: ¿Dónde puedo comer una pizza auténticamente napolitana? ¿Cómo es una pizza napolitana verdadera? Para dilucidar estas y otras dudas, nos dirigimos a Nápoles ya no sólo para comer, sino para entender un poco más sobre los secretos de este, el plato más internacionalizado del mundo, pero en su versión original. Para ello conversamos con una voz autorizada, el pizzaiolo Vincenzo Esposito, propietario de la pizzería Carmnella (via Marino Cristoforo n° 22). Ser pizzaiolo en Nápoles es una cuestión que otorga prestigio, no es un oficio más; son vistos como los guardianes de uno de los tesoros más queridos por los napolitanos, aquel tesoro que los hizo conocidos en el mundo y del cual disfrutan, al igual que miles de turistas, diariamente. Esposito, quien hoy trabaja con sus hijos, lo cual garantiza que la llama no se extinguirá, tomó el testimonio de esta carrera por la historia de su padre Salvatore, con el que afianzaron, a fines del siglo pasado, una pizzería que inició su bisabuela, doña Carmela Sorrentino “Carmnella”, nada menos que en 1892. Hoy es una de las trece pizzerías reconocidas como centenarias. Se autodefine como un tradicionalista y un romántico de la pizza napoletana verace, entiendo que es aquella auténticamente napolitana, la que sigue los parámetros de la tradición. Tiene una actitud reacia frente a las nuevas tendencias de pizzas que han surgido incluso en su misma ciudad, puesto que considera con absoluta convicción, de que la pizza no es una moda. Entonces, ¿Qué características y elementos debe tener una pizza para que nos enfrentemos a una pizza napolitana verdadera, de la tradición? Para el maestro Esposito, para la masa no debe utilizarse una harina fuerte, sino una como la harina 00, con una hidratación no superior al 65% y un periodo de levitación no superior a las 24 horas; en lo que a la cocción se refiere, imperiosamente debe ser hecha en un horno a leña a una temperatura que vaya entre los 400° y 450° grados Celsius; en cuanto al tamaño, sugiere que debe ser un tamaño L. Cumpliéndose estas reglas, el resultado será la pizza que a los napolitanos de antaño y de hoy les gustaba y les gusta comer. Un viaje a Nápoles no es sólo un viaje para comer pizza, sino debe ser una conexión con su historia y tradición. Lo mejor para alcanzar ese objetivo es comer como un napolitano, ojalá lejos de las masas de turistas y en una pizzería que te garantice no sólo un producto de buena calidad, sino una experiencia auténtica de una pizza verdaderamente napolitana. Te invitamos a ver la entrevista, cuyo link está a continuación, con los conceptos entregados por Vincenzo Esposito, en exclusiva para En Palco.
La guerra civil de 1891 es, con certeza, uno de los episodios más oscuros que ha vivido el Chile republicano, conflicto que enfrentó a los chilenos y que terminó con más muertos que los que tuvo el país durante la Guerra del Pacífico, que había terminado sólo unos años antes. Es en este lamentable contexto histórico en el que se desarrolla la última novela histórica del, a esta altura, exitoso escritor Guillermo Parvex, quien ha dado en el clavo al incursionar en este subgénero narrativo. La obra trata sobre las vivencias, durante este conflicto entre compatriotas, de dos amigos que no solamente compartieron aula desde pequeños, sino que también fueron camaradas de armas en la Guerra del Pacífico: Pedro Alvarado e Ignacio Aguirre. El primero, con un buen trabajo en una salitrera; y el segundo, capitán del Ejército de Chile. Por sus respectivos trabajos, y también por afinidad política, terminan formando parte de los ejércitos que terminaron enfrentándose: Alvarado fue reclutado en el ejército congresista; Aguirre, como miembro de línea del ejército, tuvo que participar en el bando presidencialista. A través de los ojos de ambos personajes, que vivieron el conflicto en veredas opuestas, Parvex de manera contundente y, como siempre, muy documentada, nos va relatando los pormenores de esta guerra fratricida. Desde el punto de vista histórico, y en especial para aquellos que no han profundizado en estos sombríos acontecimientos, es un relato que sorprende por la crueldad y crudeza de los hechos; una sorpresa que da paso a más preguntas que certezas, por cuanto es difícil imaginar los grados de odio generalizado que dividieron al país. Desde el punto de vista de la novela, en mi opinión, Parvex ha logrado una historia cautivante, sólida, de esas que el lector está ávido por conocer el final y, sobre todo, el destino de los personajes. Una lectura recomendadísima. El libro ya está disponible en las librerías del país. Para ver la entrevista completa con el autor deGuerra entre hermanos, visita nuestro canal de Youtube.
Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.