“La Araucana: recepción y resignificación” es la última publicación del destacado profesor universitario e investigador Bernardo Subercaseaux. En esta oportunidad, el escritor de Historia de las ideas y de la cultura en Chile, aborda cómo ha sido abordada la lectura de una de las obras más importantes de la literatura, la cual para muchos ha sido considerada como la piedra fundante de la literatura chilena:La Araucana del español Alonso de Ercilla y Zúñiga, quien la escribió en el siglo XVI durante y después de su estadía en el sur de nuestro país. En una investigación acuciosa, con muchos datos interesantísimos, y con una pluma afable, Subercaseaux nos va introduciendo en las distintas interpretaciones y resignificaciones del texto de Ercilla, que de por sí cuenta con la “doble militancia” de ser literatura y fuente histórica a la vez. Con el paso del tiempo, y de acuerdo con el contexto histórico, intereses y visiones, en distintos rincones de Europa y en Chile, se van construyendo discursos que, de manera positiva o negativa, mantienen vigente, viva, la obra de Ercilla. Según las palabras del autor: “La Araucana es un mito nacional, por lo tanto, está en el imaginario chileno”. En la conversación que tuvimos con Bernardo Subercaseaux, se destacó la plena vigencia de los personajes de La Araucana, como Colo Colo, Lautaro o Caupolicán: “Quien hizo la glorificación idealizada de esos personajes en que se basan estas reescrituras o reutilización o resignificaciones de la Araucana: Alonso de Ercilla”. Hoy, a pesar de que muchos nunca la han leído, todos reconocen a estos mapuches cuyas proezas salieron al mundo de la mano de Ercilla. En el proceso de independencia nacional, hombres como Carrera, O’Higgins y Camilo Henríquez, entre otros, en palabras de Subercaseaux, “rescatan la tradición que sentó Ercilla en La Araucana: los araucanos como un pueblo indómito y libertario […] y la utilizaron en función de la lucha contra los españoles”. Para ver la entrevista completa, visita nuestro canal de Youtube.
War Machine es la última apuesta de Netflix por la acción, ensamblada con el toque preciso de ciencia ficción para confrontar a soldados de elite norteamericanos con un enemigo invencible, que como no, provienen del espacio exterior. La producción dirigida por Patrick Hughes y protagonizada por Alan Ritchson ( Reacher en la serie homónima), se centra en 81 (Ritchson), un soldado superdotado tanto en la parte física como en la militar, pero que lleva sobre sí una carga psicológica gigante: la muerte de su hermano en combate en Afganistán, de la cual se siente culpable. Es por ello que, cumpliendo un pacto fraternal, 81 postula al programa para convertirse en Ranger, una de las unidades de elite del ejército norteamericano. Sus aptitudes ya nombradas generan grata impresión en sus superiores, pero su nulo interés en sus compañeros y en el trabajo en equipo le generan, por cierto, problemas. En ese contexto, es enviado junto a los postulantes al ejercicio final como el líder. Pero lo que iba a ser un duro ejercicio, sin armas letales de por medio, se transforma en una cacería alienígena en donde las primeras presas son estos soldados; así el soldado 81 tiene que dirigir a sus camaradas de armas luchando contra extrañas y modernas máquinas asesinas y también contra sus temores y traumas del pasado. ¿Es la típica historia en que un grupo de soldados se enfrentan a un enemigo alienígena, por lo tanto, lleno de acción, explosiones, muertes y destrucción (que por supuesto no le generan ningún rasguño al protagonista)? La respuesta es un sí, pero con algunos matices. Si bien la trama puede llevarnos a recordar películas como El día de la independencia, Batalla de Los Ángeles, la ya clásica Depredador, e incluso las livianas películas de Los Transformers, War Machine tiene algunas cosas que podrían distanciarla de ellas. Por ejemplo, tiende a centrarse -sin mucha profundidad- en los miedos del protagonista; como también se aleja de las típicas frases clichés que abundan en producciones patrioteras que buscan exaltar la hombría y la valentía del soldado de EE.UU. Además, y como punto a favor, resalta su excelente producción audiovisual, muy a tono con los vastos recursos con los que hoy se cuenta. De esta manera, si te gusta la acción pura y dura, no tienes más que entrar a Netflix y disfrutar los 106 minutos de esta película.
Corrían los primeros años del nuevo siglo, y surgió una nueva forma (algunos dicen reinterpretación, otros, evolución) de la famosa y tradicional pizza napolitana . Esto ya no se trata de crear otro tipo de pizza distinta a la original napolitana, como podría ser una pizza romana, sino de transformarla sin perder su esencia. Repasemos, la pizza napolitana verace, es decir, la tradicional, se caracteriza por una masa fina, suave, con un borde (cornicione) alto e inflado, cocida en un horno a leña por escaso tiempo a una temperatura entre 450° y 500°. Todas estas características se mantienen en esta nueva creación de la cocina napolitana, pero se intensifican con la intención de obtener una masa más hidratada, más digerible, incluso más suave y ligera que la tradicional. ¿El resultado? Una pizza que se caracteriza por una masa similar a una nube; con un borde más alto, pero a la vez más aireado; y generalmente con apuestas de ingredientes menos tradicionales y más finos (como reemplazar la salsa de tomate por pastas de distintas verduras, por ejemplo), lográndose una pizza que perfectamente podemos llamar gourmet. Y si bien, con los años, cada vez más nacen pizzerías que ofrecen esta pizza contemporánea, hay una que se ha convertido en cadena, y que ha expandido esta novedosa comida por gran parte de Italia e, incluso, por otros países europeos y asiáticos. Nos referimos a la pizzería del pizzaiolo Vincenzo Capuano, uno de los líderes de esta verdadera revolución dentro de la tradición, quien siendo nieto e hijo de maestros pizzeros, ha dado con una receta en donde la hidratación, el uso de una harina fuerte, y la utilización de ingredientes gourmet campanos, han sido claves para formar un verdadero imperio que se expande día a día. ¿La experiencia? Sencillamente una de las mejores. Comer esta pizza es realmente una experiencia nueva y distinta. La suavidad de la masa llega a sorprender; su borde, que a pesar de que se ve mucho más grande de lo normal, es tan aireado y rico que es un placer comérselo; y los ingredientes, de inmediato se nota su buena calidad. Comer pizza napolitana en Nápoles es un imperativo, que duda cabe, pero comer también una pizza contemporánea te llevará a otras latitudes del placer culinario. Nosotros, en esta ocasión, visitamos la sucursal de la ciudad siciliana de Catania. Buena atención, lugar cómodo y una pizza sensacional. Compartimos nuestra experiencia completa en el nuevo episodio de En Palco Condimenta disponible en el canal de Youtube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”
“La Araucana: recepción y resignificación” es la última publicación del destacado profesor universitario e investigador Bernardo Subercaseaux. En esta oportunidad, el escritor de Historia de las ideas y de la cultura en Chile, aborda cómo ha sido abordada la lectura de una de las obras más importantes de la literatura, la cual para muchos ha sido considerada como la piedra fundante de la literatura chilena:La Araucana del español Alonso de Ercilla y Zúñiga, quien la escribió en el siglo XVI durante y después de su estadía en el sur de nuestro país. En una investigación acuciosa, con muchos datos interesantísimos, y con una pluma afable, Subercaseaux nos va introduciendo en las distintas interpretaciones y resignificaciones del texto de Ercilla, que de por sí cuenta con la “doble militancia” de ser literatura y fuente histórica a la vez. Con el paso del tiempo, y de acuerdo con el contexto histórico, intereses y visiones, en distintos rincones de Europa y en Chile, se van construyendo discursos que, de manera positiva o negativa, mantienen vigente, viva, la obra de Ercilla. Según las palabras del autor: “La Araucana es un mito nacional, por lo tanto, está en el imaginario chileno”. En la conversación que tuvimos con Bernardo Subercaseaux, se destacó la plena vigencia de los personajes de La Araucana, como Colo Colo, Lautaro o Caupolicán: “Quien hizo la glorificación idealizada de esos personajes en que se basan estas reescrituras o reutilización o resignificaciones de la Araucana: Alonso de Ercilla”. Hoy, a pesar de que muchos nunca la han leído, todos reconocen a estos mapuches cuyas proezas salieron al mundo de la mano de Ercilla. En el proceso de independencia nacional, hombres como Carrera, O’Higgins y Camilo Henríquez, entre otros, en palabras de Subercaseaux, “rescatan la tradición que sentó Ercilla en La Araucana: los araucanos como un pueblo indómito y libertario […] y la utilizaron en función de la lucha contra los españoles”. Para ver la entrevista completa, visita nuestro canal de Youtube.
War Machine es la última apuesta de Netflix por la acción, ensamblada con el toque preciso de ciencia ficción para confrontar a soldados de elite norteamericanos con un enemigo invencible, que como no, provienen del espacio exterior. La producción dirigida por Patrick Hughes y protagonizada por Alan Ritchson ( Reacher en la serie homónima), se centra en 81 (Ritchson), un soldado superdotado tanto en la parte física como en la militar, pero que lleva sobre sí una carga psicológica gigante: la muerte de su hermano en combate en Afganistán, de la cual se siente culpable. Es por ello que, cumpliendo un pacto fraternal, 81 postula al programa para convertirse en Ranger, una de las unidades de elite del ejército norteamericano. Sus aptitudes ya nombradas generan grata impresión en sus superiores, pero su nulo interés en sus compañeros y en el trabajo en equipo le generan, por cierto, problemas. En ese contexto, es enviado junto a los postulantes al ejercicio final como el líder. Pero lo que iba a ser un duro ejercicio, sin armas letales de por medio, se transforma en una cacería alienígena en donde las primeras presas son estos soldados; así el soldado 81 tiene que dirigir a sus camaradas de armas luchando contra extrañas y modernas máquinas asesinas y también contra sus temores y traumas del pasado. ¿Es la típica historia en que un grupo de soldados se enfrentan a un enemigo alienígena, por lo tanto, lleno de acción, explosiones, muertes y destrucción (que por supuesto no le generan ningún rasguño al protagonista)? La respuesta es un sí, pero con algunos matices. Si bien la trama puede llevarnos a recordar películas como El día de la independencia, Batalla de Los Ángeles, la ya clásica Depredador, e incluso las livianas películas de Los Transformers, War Machine tiene algunas cosas que podrían distanciarla de ellas. Por ejemplo, tiende a centrarse -sin mucha profundidad- en los miedos del protagonista; como también se aleja de las típicas frases clichés que abundan en producciones patrioteras que buscan exaltar la hombría y la valentía del soldado de EE.UU. Además, y como punto a favor, resalta su excelente producción audiovisual, muy a tono con los vastos recursos con los que hoy se cuenta. De esta manera, si te gusta la acción pura y dura, no tienes más que entrar a Netflix y disfrutar los 106 minutos de esta película.
Corrían los primeros años del nuevo siglo, y surgió una nueva forma (algunos dicen reinterpretación, otros, evolución) de la famosa y tradicional pizza napolitana . Esto ya no se trata de crear otro tipo de pizza distinta a la original napolitana, como podría ser una pizza romana, sino de transformarla sin perder su esencia. Repasemos, la pizza napolitana verace, es decir, la tradicional, se caracteriza por una masa fina, suave, con un borde (cornicione) alto e inflado, cocida en un horno a leña por escaso tiempo a una temperatura entre 450° y 500°. Todas estas características se mantienen en esta nueva creación de la cocina napolitana, pero se intensifican con la intención de obtener una masa más hidratada, más digerible, incluso más suave y ligera que la tradicional. ¿El resultado? Una pizza que se caracteriza por una masa similar a una nube; con un borde más alto, pero a la vez más aireado; y generalmente con apuestas de ingredientes menos tradicionales y más finos (como reemplazar la salsa de tomate por pastas de distintas verduras, por ejemplo), lográndose una pizza que perfectamente podemos llamar gourmet. Y si bien, con los años, cada vez más nacen pizzerías que ofrecen esta pizza contemporánea, hay una que se ha convertido en cadena, y que ha expandido esta novedosa comida por gran parte de Italia e, incluso, por otros países europeos y asiáticos. Nos referimos a la pizzería del pizzaiolo Vincenzo Capuano, uno de los líderes de esta verdadera revolución dentro de la tradición, quien siendo nieto e hijo de maestros pizzeros, ha dado con una receta en donde la hidratación, el uso de una harina fuerte, y la utilización de ingredientes gourmet campanos, han sido claves para formar un verdadero imperio que se expande día a día. ¿La experiencia? Sencillamente una de las mejores. Comer esta pizza es realmente una experiencia nueva y distinta. La suavidad de la masa llega a sorprender; su borde, que a pesar de que se ve mucho más grande de lo normal, es tan aireado y rico que es un placer comérselo; y los ingredientes, de inmediato se nota su buena calidad. Comer pizza napolitana en Nápoles es un imperativo, que duda cabe, pero comer también una pizza contemporánea te llevará a otras latitudes del placer culinario. Nosotros, en esta ocasión, visitamos la sucursal de la ciudad siciliana de Catania. Buena atención, lugar cómodo y una pizza sensacional. Compartimos nuestra experiencia completa en el nuevo episodio de En Palco Condimenta disponible en el canal de Youtube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”