Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.