Amélie es una niña belga que vive en Japón junto a su familia y que luego de cumplir tres años, conocerá de cerca cómo cada hecho que le sucede crea nuevos recuerdos que marcarán su vida. De hecho, al conocer el chocolate gracias a su abuela, se le abre un mundo de emociones y un “renacimiento” donde descubrirá a su nueva mejor amiga. “Amélie y los secretos de la lluvia” está basada en la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, “La metafísica de los tubos”, y cuenta con la dirección de Mailys Vallade y Liane-Cho Han. Además de la ternura que genera, nos encanta con una trama que atrapa y que provoca emociones de recogimiento y añoranza. La protagonista se sorprende con cada descubrimiento y con los lazos que va formando, siendo muy importante para ella el que tiene con Nishio-san, quien la cuida y le enseña de temas trascendentales de la vida. También su relación hace que pensemos en cómo cada momento puede convertirse en una situación especial, que nos hará crear recuerdos importantes. Los padres son contenedores de sentimientos que surgen en esta niña expresiva y curiosa, aunque algunas veces se vean superados por el día a día. Los hermanos nos muestran ese lazo que nos invade y que, aunque a veces hay discusiones, es uno de los más fuertes de cualquier ser humano. La animación es dulce y especial, cada gota de lluvia nos trasporta a un mundo que trae esos sentimientos escondidos hacia la luz, haciéndonos pensar en aquellos que ya no están con nosotros, pero que siguen vivos en nuestra memoria mientras no los olvidemos. Esta película te invita a reflexionar sobre tu momento actual en la vida y en el pasado que te ha definido como persona. Genera emociones que te envuelven y te dejan pensando en cómo cada relación que forjamos define nuestra vida y la forma en que la vemos. Un filme lleno de sensibilidad y reflexión, que hace ver que cada día generamos nuevas historias y que las personas que forman parte de éstas, pueden convertirse en pilares de nuestra manera de ser y de cómo generamos lazos. Si quieres ver “Amélie y los secretos de la lluvia”, ya se encuentra en salas de cine del país.
No siempre gana quien llega primero, a veces se lleva el triunfo aquella persona que sabe trabajar en equipo, que es fiel a sí misma y que tiene claro que la amistad vale más que una copa o medalla. Esta profunda y valiosa moraleja deja a niños y adultos la cinta “El gran premio: a toda velocidad”. La película se centra en la vida de Edda, una joven y audaz ratona que quiere ser piloto de autos de carreras. Su vida da un vuelco cuando se entera que su padre está muy endeudado y puede perder el parque de diversiones que construyó con tanto esfuerzo. Con tal de salvar el negocio familiar, se las ingenia para participar en la competencia “el Gran Premio de Europa”. Su objetivo es captar clientes, pero en lugar de enfocarse en esta misión provoca que Ed, la mega estrella del evento y actual campeón de carreras, se esguince el brazo y no pueda conducir. Edda se hace pasar por su ídolo y participa en el torneo. Pero las cosas no salen como imaginaba. En medio de la competencia, la protagonista deberá enfrentarse no solo a rivales cada vez más exigentes, sino también a sus propios miedos, errores y decisiones. Esta aventura la ayuda a entender que es fundamental competir sin hacer trampa, incluso cuando la presión por ganar parece justificar cualquier atajo. La cinta, dirigida por Waldemar Fast y producida por MACK Magic, también aborda otro tema clave: la importancia de sanar las heridas de la infancia para poder disfrutar plenamente la vida adulta. Gracias a sus escenas llenas de color y adrenalina, el largometraje logra cautivar a los niños en los primeros minutos. Mientras los más pequeños se emocionan con las locuras de la joven ratona, los adultos conectan más con la historia de Ed, personaje que se ha vuelto muy individualista, porque se enfoca cien por ciento en sus metas, pero que finalmente aprende a cultivar la amistad y a celebrar sus triunfos con los demás. Definitivamente, “El gran premio: a toda velocidad” es una hermosa película para ver en familia, que recuerda que vale la pena trabajar por nuestros sueños.
Amélie es una niña belga que vive en Japón junto a su familia y que luego de cumplir tres años, conocerá de cerca cómo cada hecho que le sucede crea nuevos recuerdos que marcarán su vida. De hecho, al conocer el chocolate gracias a su abuela, se le abre un mundo de emociones y un “renacimiento” donde descubrirá a su nueva mejor amiga. “Amélie y los secretos de la lluvia” está basada en la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, “La metafísica de los tubos”, y cuenta con la dirección de Mailys Vallade y Liane-Cho Han. Además de la ternura que genera, nos encanta con una trama que atrapa y que provoca emociones de recogimiento y añoranza. La protagonista se sorprende con cada descubrimiento y con los lazos que va formando, siendo muy importante para ella el que tiene con Nishio-san, quien la cuida y le enseña de temas trascendentales de la vida. También su relación hace que pensemos en cómo cada momento puede convertirse en una situación especial, que nos hará crear recuerdos importantes. Los padres son contenedores de sentimientos que surgen en esta niña expresiva y curiosa, aunque algunas veces se vean superados por el día a día. Los hermanos nos muestran ese lazo que nos invade y que, aunque a veces hay discusiones, es uno de los más fuertes de cualquier ser humano. La animación es dulce y especial, cada gota de lluvia nos trasporta a un mundo que trae esos sentimientos escondidos hacia la luz, haciéndonos pensar en aquellos que ya no están con nosotros, pero que siguen vivos en nuestra memoria mientras no los olvidemos. Esta película te invita a reflexionar sobre tu momento actual en la vida y en el pasado que te ha definido como persona. Genera emociones que te envuelven y te dejan pensando en cómo cada relación que forjamos define nuestra vida y la forma en que la vemos. Un filme lleno de sensibilidad y reflexión, que hace ver que cada día generamos nuevas historias y que las personas que forman parte de éstas, pueden convertirse en pilares de nuestra manera de ser y de cómo generamos lazos. Si quieres ver “Amélie y los secretos de la lluvia”, ya se encuentra en salas de cine del país.
No siempre gana quien llega primero, a veces se lleva el triunfo aquella persona que sabe trabajar en equipo, que es fiel a sí misma y que tiene claro que la amistad vale más que una copa o medalla. Esta profunda y valiosa moraleja deja a niños y adultos la cinta “El gran premio: a toda velocidad”. La película se centra en la vida de Edda, una joven y audaz ratona que quiere ser piloto de autos de carreras. Su vida da un vuelco cuando se entera que su padre está muy endeudado y puede perder el parque de diversiones que construyó con tanto esfuerzo. Con tal de salvar el negocio familiar, se las ingenia para participar en la competencia “el Gran Premio de Europa”. Su objetivo es captar clientes, pero en lugar de enfocarse en esta misión provoca que Ed, la mega estrella del evento y actual campeón de carreras, se esguince el brazo y no pueda conducir. Edda se hace pasar por su ídolo y participa en el torneo. Pero las cosas no salen como imaginaba. En medio de la competencia, la protagonista deberá enfrentarse no solo a rivales cada vez más exigentes, sino también a sus propios miedos, errores y decisiones. Esta aventura la ayuda a entender que es fundamental competir sin hacer trampa, incluso cuando la presión por ganar parece justificar cualquier atajo. La cinta, dirigida por Waldemar Fast y producida por MACK Magic, también aborda otro tema clave: la importancia de sanar las heridas de la infancia para poder disfrutar plenamente la vida adulta. Gracias a sus escenas llenas de color y adrenalina, el largometraje logra cautivar a los niños en los primeros minutos. Mientras los más pequeños se emocionan con las locuras de la joven ratona, los adultos conectan más con la historia de Ed, personaje que se ha vuelto muy individualista, porque se enfoca cien por ciento en sus metas, pero que finalmente aprende a cultivar la amistad y a celebrar sus triunfos con los demás. Definitivamente, “El gran premio: a toda velocidad” es una hermosa película para ver en familia, que recuerda que vale la pena trabajar por nuestros sueños.