Después de explorar distintos géneros y temáticas en sus últimos largometrajes, Paolo Genovese regresa a la comedia romántica con LocaMente, una película que transforma un encuentro amoroso en un ingenioso campo de batalla emocional. El director italiano, conocido internacionalmente por Perfectos desconocidos, vuelve así a poner las relaciones humanas y sus complejidades en el centro de su propuesta. La premisa de su nueva cinta es tan sencilla como atractiva: Piero y Lara se conocen y buscan causar una buena impresión, pero dentro de sus mentes conviven distintas personalidades que compiten por tomar el control. La romántica, la racional, la insegura y la pasional intervienen constantemente en cada decisión, comentario o gesto, convirtiendo una situación cotidiana en un espectáculo lleno de humor y tensión emocional. A partir de esta idea, Genovese construye una película que reflexiona sobre las expectativas que depositamos en los demás cuando comenzamos a conocerlos. El miedo al rechazo, la necesidad de protegernos emocionalmente y la dificultad de mostrarnos tal como somos aparecen representados a través de esas voces interiores que encarnan la permanente disputa entre lo que sentimos y lo que creemos que deberíamos sentir. Las escenas en las que interactúan las distintas personalidades recuerdan la exitosa cinta de Pixar Intensamente. Sin embargo, la propuesta de Paolo Genovese encuentra una identidad propia al explorar con agudeza las inseguridades y contradicciones que surgen durante una cita amorosa. Gran parte de su atractivo recae en la química de los protagonistas, interpretados por Edoardo Leo y Pilar Fogliati, quienes logran transmitir naturalidad y cercanía. Gracias a sus actuaciones, el espectador puede identificarse fácilmente con las dudas, expectativas y pequeños tropiezos que acompañan el inicio de cualquier vínculo afectivo. El humor de LocaMente es simple y sutil. La cinta no busca provocar carcajadas constantes, pero sí ofrece varios momentos graciosos, especialmente cuando las distintas personalidades luchan por ganar protagonismo y tomar el control de las decisiones de Piero y Lara. LocaMente no pretende reinventar la comedia romántica ni profundizar demasiado en sus conflictos, pero tampoco lo necesita. Su principal virtud está en tomar una situación reconocible y encontrar una forma ingeniosa de representar las dudas, contradicciones y temores que aparecen cuando dos personas intentan conocerse. En ese juego entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que finalmente nos atrevemos a mostrar, Genovese encuentra el corazón de una historia cercana y, precisamente por eso, universal.
Diamanti es una hermosa carta de amor al cine y a las mujeres. Ferzan Ozpetek, director turco nacionalizado italiano, construye una obra metacinematográfica llena de elegancia y sensibilidad, donde el proceso creativo y las historias de sus protagonistas terminan entrelazándose para rendir homenaje tanto al séptimo arte como a la fortaleza femenina. Todo comienza cuando un director reúne a sus actrices favoritas con el propósito de realizar una película dedicada a las mujeres. Tras una distendida lectura de guion, el relato da paso a la ficción ambientada en la Italia de los años setenta, donde dos hermanas -una estoica Alberta y una triste Gabriella - dirigen una prestigiosa sastrería encargada de confeccionar el vestuario de una gran producción cinematográfica diseñado por la reconocida Bianca Vega, una artista que también carga con el peso de las expectativas tras haber obtenido un premio Oscar. Sin embargo, Diamanti no gira únicamente en torno a ellas. Las verdaderas protagonistas son todas las mujeres que habitan ese taller: costureras, aprendices y la cocinera. Cada una posee una historia distinta, marcada por pérdidas, anhelos, frustraciones y sueños, pero todas encuentran en su oficio un espacio de identidad, dignidad y compañerismo. Ozpetek construye así un melodrama coral, donde madres, esposas, amantes y trabajadoras, todas encuentran un lugar en el que apoyarse y brillar sin eclipsar a las demás. Esa solidaridad, retratada con enorme naturalidad, termina convirtiéndose en uno de los mensajes más poderosos de la película. La producción también funciona como un homenaje al cine clásico italiano. Su cuidada dirección de arte, la calidez de la fotografía y una paleta dominada por los tonos rojizos evocan la elegancia de las grandes producciones de otra época, envolviendo la historia en una atmósfera de permanente nostalgia. Uno de los aspectos más interesantes es la forma en que el director juega con los límites entre la ficción y la realidad. En varios momentos adopta la posición de un observador silencioso que parece registrar el trabajo de las actrices y del equipo casi como si se tratara de un documental, reforzando ese diálogo constante entre el cine y la vida. A pesar de superar las dos horas de duración, Diamanti mantiene un ritmo fluido que nunca pierde el interés. Es cierto que la gran cantidad de personajes impide profundizar en algunas de sus historias, pero el conjunto funciona gracias a la naturalidad con la que cada una aporta una pieza al relato. Incluso los personajes masculinos quedan deliberadamente en un segundo plano, existiendo principalmente en función del universo femenino que Ozpetek busca celebrar. Más que una película sobre una sastrería o sobre la realización de un filme, Diamanti es una celebración del arte de crear y de las mujeres que, muchas veces desde el anonimato, sostienen las historias que llegan a la pantalla. Una obra delicada, emotiva y visualmente hermosa que probablemente conectará especialmente con quienes disfrutan de un cine pausado, elegante y a la vez muy humano. En cines de Chile desde el 6 de agosto.
Después de explorar distintos géneros y temáticas en sus últimos largometrajes, Paolo Genovese regresa a la comedia romántica con LocaMente, una película que transforma un encuentro amoroso en un ingenioso campo de batalla emocional. El director italiano, conocido internacionalmente por Perfectos desconocidos, vuelve así a poner las relaciones humanas y sus complejidades en el centro de su propuesta. La premisa de su nueva cinta es tan sencilla como atractiva: Piero y Lara se conocen y buscan causar una buena impresión, pero dentro de sus mentes conviven distintas personalidades que compiten por tomar el control. La romántica, la racional, la insegura y la pasional intervienen constantemente en cada decisión, comentario o gesto, convirtiendo una situación cotidiana en un espectáculo lleno de humor y tensión emocional. A partir de esta idea, Genovese construye una película que reflexiona sobre las expectativas que depositamos en los demás cuando comenzamos a conocerlos. El miedo al rechazo, la necesidad de protegernos emocionalmente y la dificultad de mostrarnos tal como somos aparecen representados a través de esas voces interiores que encarnan la permanente disputa entre lo que sentimos y lo que creemos que deberíamos sentir. Las escenas en las que interactúan las distintas personalidades recuerdan la exitosa cinta de Pixar Intensamente. Sin embargo, la propuesta de Paolo Genovese encuentra una identidad propia al explorar con agudeza las inseguridades y contradicciones que surgen durante una cita amorosa. Gran parte de su atractivo recae en la química de los protagonistas, interpretados por Edoardo Leo y Pilar Fogliati, quienes logran transmitir naturalidad y cercanía. Gracias a sus actuaciones, el espectador puede identificarse fácilmente con las dudas, expectativas y pequeños tropiezos que acompañan el inicio de cualquier vínculo afectivo. El humor de LocaMente es simple y sutil. La cinta no busca provocar carcajadas constantes, pero sí ofrece varios momentos graciosos, especialmente cuando las distintas personalidades luchan por ganar protagonismo y tomar el control de las decisiones de Piero y Lara. LocaMente no pretende reinventar la comedia romántica ni profundizar demasiado en sus conflictos, pero tampoco lo necesita. Su principal virtud está en tomar una situación reconocible y encontrar una forma ingeniosa de representar las dudas, contradicciones y temores que aparecen cuando dos personas intentan conocerse. En ese juego entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que finalmente nos atrevemos a mostrar, Genovese encuentra el corazón de una historia cercana y, precisamente por eso, universal.
Diamanti es una hermosa carta de amor al cine y a las mujeres. Ferzan Ozpetek, director turco nacionalizado italiano, construye una obra metacinematográfica llena de elegancia y sensibilidad, donde el proceso creativo y las historias de sus protagonistas terminan entrelazándose para rendir homenaje tanto al séptimo arte como a la fortaleza femenina. Todo comienza cuando un director reúne a sus actrices favoritas con el propósito de realizar una película dedicada a las mujeres. Tras una distendida lectura de guion, el relato da paso a la ficción ambientada en la Italia de los años setenta, donde dos hermanas -una estoica Alberta y una triste Gabriella - dirigen una prestigiosa sastrería encargada de confeccionar el vestuario de una gran producción cinematográfica diseñado por la reconocida Bianca Vega, una artista que también carga con el peso de las expectativas tras haber obtenido un premio Oscar. Sin embargo, Diamanti no gira únicamente en torno a ellas. Las verdaderas protagonistas son todas las mujeres que habitan ese taller: costureras, aprendices y la cocinera. Cada una posee una historia distinta, marcada por pérdidas, anhelos, frustraciones y sueños, pero todas encuentran en su oficio un espacio de identidad, dignidad y compañerismo. Ozpetek construye así un melodrama coral, donde madres, esposas, amantes y trabajadoras, todas encuentran un lugar en el que apoyarse y brillar sin eclipsar a las demás. Esa solidaridad, retratada con enorme naturalidad, termina convirtiéndose en uno de los mensajes más poderosos de la película. La producción también funciona como un homenaje al cine clásico italiano. Su cuidada dirección de arte, la calidez de la fotografía y una paleta dominada por los tonos rojizos evocan la elegancia de las grandes producciones de otra época, envolviendo la historia en una atmósfera de permanente nostalgia. Uno de los aspectos más interesantes es la forma en que el director juega con los límites entre la ficción y la realidad. En varios momentos adopta la posición de un observador silencioso que parece registrar el trabajo de las actrices y del equipo casi como si se tratara de un documental, reforzando ese diálogo constante entre el cine y la vida. A pesar de superar las dos horas de duración, Diamanti mantiene un ritmo fluido que nunca pierde el interés. Es cierto que la gran cantidad de personajes impide profundizar en algunas de sus historias, pero el conjunto funciona gracias a la naturalidad con la que cada una aporta una pieza al relato. Incluso los personajes masculinos quedan deliberadamente en un segundo plano, existiendo principalmente en función del universo femenino que Ozpetek busca celebrar. Más que una película sobre una sastrería o sobre la realización de un filme, Diamanti es una celebración del arte de crear y de las mujeres que, muchas veces desde el anonimato, sostienen las historias que llegan a la pantalla. Una obra delicada, emotiva y visualmente hermosa que probablemente conectará especialmente con quienes disfrutan de un cine pausado, elegante y a la vez muy humano. En cines de Chile desde el 6 de agosto.