Clayface, uno de los grandes villanos de DC Comics y del universo de Batman, llega a la pantalla grande bajo la identidad de Matt Hagen, uno de sus alter ego más reconocidos. Y aunque la historia que nos presenta Mike Flanagan como creador y co-guionista tiene elementos ya conocidos, nos entrega una introducción original y profunda a este personaje. Matt, interpretado por un estupendo y carismático Tom Rhys Harries, es un actor de Hollywood que acaba de ser nominado al Oscar, un joven que, a punta de esfuerzo, logró salir de las calles de Gotham para cumplir su sueño. Pero una noche todo cambia cuando, sin querer, se atraviesa en el camino de un peligroso mafioso, Marcos Szabo ( David Dencik), quien le corta el rostro y lo deja desfigurado. Desesperado, despojado de todo y abandonado por quienes lo rodeaban, Matt emprende un camino lento y sin retorno hacia la oscuridad. Su esperanza renace cuando decide buscar ayuda en una joven científica ( Naomi Ackie) sin patrocinadores, que trabaja experimentalmente con nanotecnología para regenerar células y curar enfermedades degenerativas. Ella accede a experimentar con él, sin conocer realmente las consecuencias. Pronto, el rostro y luego el cuerpo de Matt comienzan a adquirir una plasticidad inusual, que deriva en la capacidad de cambiar de forma y adoptar las facciones de otras personas, algo que está vinculado, principalmente, a su estado de ánimo. Esta nueva habilidad -o maldición- le permitirá canalizar su decepción ante las personas y emprender una sangrienta venganza contra quienes le traicionaron. Tanto su cuerpo como su mente mutan, y Matt deberá decidir cómo seguir adelante frente a esta nueva y horrorosa realidad. Clayface es una película de body horror y también un drama psicológico que nos introduce a un «nuevo» villano en la pantalla grande, pero, sobre todo, nos entrega un porqué, le da tridimensionalidad, nos hace quererlo y empatizar con él. La historia habla de los sueños truncados, la traición, la frivolidad de un mundo que vive de las apariencias, la pérdida de la identidad y el amor imposible, porque sí, el amor también es una parte importante de esta transformación. Con elementos que nos recuerdan al gran David Cronenberg y clásicos como La mosca o Shivers, también presenta algunos aspectos que nos remiten a cintas como Estados alterados, de Ken Russell. La experimentación, la mutación genética, los estragos psicológicos y la obsesión por ir más allá de los límites del cuerpo son elementos que atraviesan esta historia. El cuerpo como reflejo de la mente. Una película entretenida, de duración acotada, que deja un buen sabor de boca sin ser perfecta. Una interesante aproximación a un personaje y sus motivaciones, con una excelente elección de protagonista. Aunque muchos podrían echar de menos a Batman, la decisión de mantenerlo fuera de la historia permite darle a Matt Hagen el protagonismo que necesita para comprender su transformación y el camino que lo lleva a convertirse en villano. Clayface, dirigida por James Watkins, en cines desde el 22 de octubre.
Clayface, uno de los grandes villanos de DC Comics y del universo de Batman, llega a la pantalla grande bajo la identidad de Matt Hagen, uno de sus alter ego más reconocidos. Y aunque la historia que nos presenta Mike Flanagan como creador y co-guionista tiene elementos ya conocidos, nos entrega una introducción original y profunda a este personaje. Matt, interpretado por un estupendo y carismático Tom Rhys Harries, es un actor de Hollywood que acaba de ser nominado al Oscar, un joven que, a punta de esfuerzo, logró salir de las calles de Gotham para cumplir su sueño. Pero una noche todo cambia cuando, sin querer, se atraviesa en el camino de un peligroso mafioso, Marcos Szabo ( David Dencik), quien le corta el rostro y lo deja desfigurado. Desesperado, despojado de todo y abandonado por quienes lo rodeaban, Matt emprende un camino lento y sin retorno hacia la oscuridad. Su esperanza renace cuando decide buscar ayuda en una joven científica ( Naomi Ackie) sin patrocinadores, que trabaja experimentalmente con nanotecnología para regenerar células y curar enfermedades degenerativas. Ella accede a experimentar con él, sin conocer realmente las consecuencias. Pronto, el rostro y luego el cuerpo de Matt comienzan a adquirir una plasticidad inusual, que deriva en la capacidad de cambiar de forma y adoptar las facciones de otras personas, algo que está vinculado, principalmente, a su estado de ánimo. Esta nueva habilidad -o maldición- le permitirá canalizar su decepción ante las personas y emprender una sangrienta venganza contra quienes le traicionaron. Tanto su cuerpo como su mente mutan, y Matt deberá decidir cómo seguir adelante frente a esta nueva y horrorosa realidad. Clayface es una película de body horror y también un drama psicológico que nos introduce a un «nuevo» villano en la pantalla grande, pero, sobre todo, nos entrega un porqué, le da tridimensionalidad, nos hace quererlo y empatizar con él. La historia habla de los sueños truncados, la traición, la frivolidad de un mundo que vive de las apariencias, la pérdida de la identidad y el amor imposible, porque sí, el amor también es una parte importante de esta transformación. Con elementos que nos recuerdan al gran David Cronenberg y clásicos como La mosca o Shivers, también presenta algunos aspectos que nos remiten a cintas como Estados alterados, de Ken Russell. La experimentación, la mutación genética, los estragos psicológicos y la obsesión por ir más allá de los límites del cuerpo son elementos que atraviesan esta historia. El cuerpo como reflejo de la mente. Una película entretenida, de duración acotada, que deja un buen sabor de boca sin ser perfecta. Una interesante aproximación a un personaje y sus motivaciones, con una excelente elección de protagonista. Aunque muchos podrían echar de menos a Batman, la decisión de mantenerlo fuera de la historia permite darle a Matt Hagen el protagonismo que necesita para comprender su transformación y el camino que lo lleva a convertirse en villano. Clayface, dirigida por James Watkins, en cines desde el 22 de octubre.