El nuevo documental de Maite Alberdi , realizado en México, nos presenta una historia real que parece sacada de la más absurda ficción, pero que detrás de lo insólito revela un profundo drama humano, la presión social y familiar que puede existir en torno a la maternidad. “Un hijo propio” cuenta la historia de Alejandra Marín, una joven mexicana que, en 2009, fue acusada y posteriormente condenada por robar a una bebé recién nacida desde el Hospital General de México, lugar donde ella trabajaba. El caso se convirtió en uno de los hechos policiales más comentados de la época, pero detrás del delito existía una historia mucho más compleja. Y es precisamente esa dimensión humana la que Maite Alberdi y su equipo buscan explorar a través de una propuesta documental que combina de manera inteligente dramatización, entrevistas, imágenes de archivo y elementos de metacine. Durante la primera parte conocemos la historia desde la propia mirada de Alejandra, quien relata los acontecimientos que son recreados por actores. Es la versión que ella entrega de los hechos y de su propia vida, en un intento por comprender qué la llevó a cometer el delito y cuál era el contexto en el que se encontraba. La recreación tiene un tratamiento visual cálido, casi naif, cercano por momentos a un cuento o a un sueño de princesa. Una decisión estética que contrasta fuertemente con la gravedad de los acontecimientos que estamos conociendo. Alejandra había perdido tres embarazos y, en lugar de encontrar contención y apoyo frente a esas experiencias, se enfrentaba constantemente a nuevas exigencias para convertirse finalmente en madre. Después de su tercer aborto espontáneo, decide fingir un embarazo y consigue sostener esa mentira durante meses, convenciendo a su esposo, a su familia e incluso a sus compañeros de trabajo en el área de ginecología del hospital donde ocurrió el robo. Alejandra tenía todo planeado. Cuando llegara el día, el bebé de una joven madre soltera que conoció en el hospital -que no quería hacerse cargo de él- se lo entregaría sin pedir nada a cambio. Pero el documental da un giro cuando la versión de Alejandra comienza a contrastarse con la realidad expuesta por otros involucrados en el caso, documentos, imágenes de archivo y antecedentes judiciales. Es en ese momento cuando “Un hijo propio” deja de ser solamente la historia de una mujer que supuestamente cometió un delito y comienza a plantear preguntas mucho más incómodas sobre el contexto que rodeó los hechos. La película pone sobre la mesa la presión social sobre la maternidad, las consecuencias de una sociedad profundamente machista, las fallas de determinadas instituciones y, especialmente, la poca atención que muchas veces se presta a la salud mental. Aunque se trata de una historia ocurrida en México, las preguntas que plantea están lejos de ser exclusivas de ese país. Son problemáticas que pueden resultar reconocibles en buena parte de Latinoamérica, donde todavía existe una fuerte expectativa sobre lo que significa ser mujer y, especialmente, sobre la obligación de convertirse en madre. “Un hijo propio” es una película interesante y necesaria, muy bien construida, que transita por la compasión, la incredulidad, la rabia, el dolor y hasta algunos momentos de humor. Alberdi vuelve a demostrar su capacidad para acercarse a historias extraordinarias desde una perspectiva profundamente humana, evitando convertirlas simplemente en un espectáculo policial. La directora transforma una insólita noticia policial en un relato sobre personas, decisiones, presiones y consecuencias. Y lo hace utilizando distintos recursos narrativos y visuales que permiten que la historia se vaya revelando poco a poco, obligándonos también a cuestionar nuestras propias certezas. “Un hijo propio” llega a Netflix el 13 de agosto.
Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.
Guillermo Enrique Hudson fue un gaucho argentino, que se convirtió en escritor y que investigó a las aves de la Pampa con mucha prolijidad. “Mixtape La Pampa” es la búsqueda del pasado donde Hudson fue protagonista y de las huellas de un camino, donde no dejó mayores pistas de sus motivaciones. Este documental es dirigido por Andrés di Tella y nos muestra un recuento de imágenes, cartas y emociones, con las que se narra una historia que esconde las razones de Hudson para no volver nunca a la Pampa y quedarse lejos de un lugar que lo marcó de manera determinante. A través de hermosas imágenes, nos queda claro el amor que este personaje tenía por las aves y cómo fue capaz de recordar los cantos de muchas de ellas, luego de pasados varios años de alejarse de la tierra donde las conoció. Hermosos paisajes se hacen presente, con una delicada demostración del entorno que envuelve al realizador. Los colores y los mismos pájaros nos llevan a interiorizarnos de una atmósfera llena de emotividad y naturaleza, una que nos regala una parte importantísima del relato. Las canciones son parte fundamental del filme, convirtiéndose en generadoras de clima y provocadoras de sentimientos, ya que sus letras y melodías resuenan de manera potente en el espectador. El archivo aporta una textura y calidez que brota por la pantalla, convirtiendo este documental en una pieza llena de sentimiento y significado, siendo una búsqueda que no va sola, sino de la mano de los recuerdos del pasado. Puedes disfrutar de “Mixtape La Pampa” en salas de cine seleccionadas.
El cine documental chileno sigue encontrando en la memoria un territorio fértil, y pocas veces con tanta honestidad como en “Los Hijos”, la nueva película del realizador rapanui Leonardo Pakarati. Parte de una trilogía que indaga en conceptos fundamentales de la cultura polinésica, este segundo capítulo se instala en un lugar profundamente humano: el amor entendido como respeto, orgullo e identidad compartida. Si en su obra anterior -centrada en el concepto de “maná”- Pakarati exploraba la dimensión espiritual y patrimonial del pueblo rapanui, aquí el foco se desplaza hacia los descendientes. Son ellos quienes, desde distintas geografías y contextos, reconstruyen una historia fragmentada, marcada por migraciones, tensiones culturales y procesos coloniales que aún resuenan. Ambientado en la isla desde los años 50 en adelante, “Los Hijos” no solo revisita episodios poco difundidos de la historia de Rapa Nui, sino que también propone algo más ambicioso: cuestionar quiénes cuentan esa historia. Y en ese gesto, la película adquiere una potencia particular, al estar narrada desde dentro, lejos de miradas externas o exotizantes. Uno de los grandes valores del documental es su uso del archivo. Pakarati -quien durante años ha recopilado material audiovisual sobre la isla- construye un relato donde lo íntimo y lo histórico dialogan constantemente. Imágenes de expediciones, registros familiares y fragmentos de películas clásicas sobre Rapa Nui conviven con testimonios actuales, dando forma a un tejido narrativo que conecta generaciones. En conversación con En Palco, el realizador profundiza en el origen del proyecto: “Quisimos hablar de cómo el respeto y el orgullo se reconstruyen también con personas que no eran originalmente rapanui, pero que llegaron a la isla y formaron parte de su historia. Desde ahí se genera una sinergia que finalmente construye comunidad”. Esa idea -la de una identidad en permanente construcción- atraviesa toda la película. Lejos de una mirada homogénea, “Los Hijos” se detiene en las contradicciones, en los dolores heredados y en los vínculos inesperados que terminan definiendo a una cultura. Desde figuras históricas hasta relatos familiares, el documental propone una reflexión sobre cómo los procesos individuales terminan moldeando la memoria colectiva. Pero Pakarati no esquiva los aspectos más duros. La película también aborda el periodo en que Rapa Nui fue administrada por el Estado chileno bajo condiciones de control y vulneración, recordando que la memoria no puede construirse sin enfrentar sus zonas más incómodas. Aun así, el tono no es de denuncia, sino de comprensión: entender el pasado para darle sentido al presente. En ese equilibrio radica uno de los mayores logros del film. “Los Hijos” no busca cerrar heridas, sino abrir preguntas. ¿Qué significa pertenecer? ¿Cómo se hereda la identidad? ¿De qué manera el pasado sigue influyendo en quienes somos? Para el propio Pakarati, la respuesta está en lo esencial: “Finalmente somos todos personas. Venimos de distintas culturas, pero los conflictos y las emociones son los mismos. Lo importante es el respeto”. El documental también refleja un momento particular para el audiovisual en la isla. Según el director, en los últimos años ha surgido una nueva generación de realizadores rapanui, lo que marca un cambio significativo en la forma en que se narran estas historias: desde la experiencia propia, con voz y mirada propia. “Los Hijos” se estrenará en cines chilenos el próximo 30 de abril, invitando al público no solo a conocer una parte fundamental de la historia del país, sino también a reconocerse en ella. Porque, en el fondo, como sugiere la película, hablar de Rapa Nui no es hablar de un territorio lejano, sino de una memoria compartida. Revisa la entrevista completa con Leonardo Pakarati en el canal de YouTube de En Palco y profundiza en el proceso creativo detrás de este potente documental.
Planos abiertos del desierto, gente caminando en silencio y voces que buscan ser oídas construyen el núcleo de “Si vas para Chile”, documental de drama humano que transforma el paisaje en testigo de una crisis marcada por el esfuerzo, el dolor y la resistencia. El filme, dirigido por Amilcar Infante y Sebastián González, sigue el recorrido de cientos de venezolanos que cruzan el altiplano andino y el desierto de Atacama en busca de oportunidades. Las imágenes muestran cómo hombres, mujeres y familias completas enfrentan condiciones extremas con la esperanza de encontrar un trabajo que les permita tener una mejor calidad de vida. “Si vas para Chile” retrata historias profundamente dolorosas: padres que vieron morir a sus hijos en el desierto, personas que caminaron días enteros y mujeres embarazadas que no recibieron atención médica oportuna y perdieron a sus bebés. De esta forma, le pone rostro a la migración para revelar la crudeza de una crisis que muchas veces se observa a distancia. El largometraje también expone la tensión creciente en las comunidades del norte. A través de testimonios de habitantes se evidencian percepciones de inseguridad, frustración e impotencia frente a un fenómeno que supera las capacidades institucionales. Este cruce de miradas configura un escenario complejo, donde el conflicto social se intensifica y el discurso de “Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero” parece resquebrajarse. El film, ganador del premio Hot Docs Emerging International Filmmakers Award, aborda uno de los episodios más críticos de la crisis: las manifestaciones antiinmigrantes de 2021 en Iquique, donde se registraron actos de violencia como la quema de carpas y otras pertenencias de familias migrantes. Estas imágenes, que dieron la vuelta al mundo, evidencian el nivel de tensión alcanzado en el norte del país. “Si vas para Chile” muestra las dos caras de la crisis migratoria, mezclando secuencias de paisajes agrestes con escenas cotidianas de campamentos y testimonios tanto de venezolanos como chilenos. El resultado es un relato íntimo y sensible que expone el drama humano de la migración. Esta mirada cercana contribuye al debate público en torno al tema.
El nuevo documental de Maite Alberdi , realizado en México, nos presenta una historia real que parece sacada de la más absurda ficción, pero que detrás de lo insólito revela un profundo drama humano, la presión social y familiar que puede existir en torno a la maternidad. “Un hijo propio” cuenta la historia de Alejandra Marín, una joven mexicana que, en 2009, fue acusada y posteriormente condenada por robar a una bebé recién nacida desde el Hospital General de México, lugar donde ella trabajaba. El caso se convirtió en uno de los hechos policiales más comentados de la época, pero detrás del delito existía una historia mucho más compleja. Y es precisamente esa dimensión humana la que Maite Alberdi y su equipo buscan explorar a través de una propuesta documental que combina de manera inteligente dramatización, entrevistas, imágenes de archivo y elementos de metacine. Durante la primera parte conocemos la historia desde la propia mirada de Alejandra, quien relata los acontecimientos que son recreados por actores. Es la versión que ella entrega de los hechos y de su propia vida, en un intento por comprender qué la llevó a cometer el delito y cuál era el contexto en el que se encontraba. La recreación tiene un tratamiento visual cálido, casi naif, cercano por momentos a un cuento o a un sueño de princesa. Una decisión estética que contrasta fuertemente con la gravedad de los acontecimientos que estamos conociendo. Alejandra había perdido tres embarazos y, en lugar de encontrar contención y apoyo frente a esas experiencias, se enfrentaba constantemente a nuevas exigencias para convertirse finalmente en madre. Después de su tercer aborto espontáneo, decide fingir un embarazo y consigue sostener esa mentira durante meses, convenciendo a su esposo, a su familia e incluso a sus compañeros de trabajo en el área de ginecología del hospital donde ocurrió el robo. Alejandra tenía todo planeado. Cuando llegara el día, el bebé de una joven madre soltera que conoció en el hospital -que no quería hacerse cargo de él- se lo entregaría sin pedir nada a cambio. Pero el documental da un giro cuando la versión de Alejandra comienza a contrastarse con la realidad expuesta por otros involucrados en el caso, documentos, imágenes de archivo y antecedentes judiciales. Es en ese momento cuando “Un hijo propio” deja de ser solamente la historia de una mujer que supuestamente cometió un delito y comienza a plantear preguntas mucho más incómodas sobre el contexto que rodeó los hechos. La película pone sobre la mesa la presión social sobre la maternidad, las consecuencias de una sociedad profundamente machista, las fallas de determinadas instituciones y, especialmente, la poca atención que muchas veces se presta a la salud mental. Aunque se trata de una historia ocurrida en México, las preguntas que plantea están lejos de ser exclusivas de ese país. Son problemáticas que pueden resultar reconocibles en buena parte de Latinoamérica, donde todavía existe una fuerte expectativa sobre lo que significa ser mujer y, especialmente, sobre la obligación de convertirse en madre. “Un hijo propio” es una película interesante y necesaria, muy bien construida, que transita por la compasión, la incredulidad, la rabia, el dolor y hasta algunos momentos de humor. Alberdi vuelve a demostrar su capacidad para acercarse a historias extraordinarias desde una perspectiva profundamente humana, evitando convertirlas simplemente en un espectáculo policial. La directora transforma una insólita noticia policial en un relato sobre personas, decisiones, presiones y consecuencias. Y lo hace utilizando distintos recursos narrativos y visuales que permiten que la historia se vaya revelando poco a poco, obligándonos también a cuestionar nuestras propias certezas. “Un hijo propio” llega a Netflix el 13 de agosto.
Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.
Guillermo Enrique Hudson fue un gaucho argentino, que se convirtió en escritor y que investigó a las aves de la Pampa con mucha prolijidad. “Mixtape La Pampa” es la búsqueda del pasado donde Hudson fue protagonista y de las huellas de un camino, donde no dejó mayores pistas de sus motivaciones. Este documental es dirigido por Andrés di Tella y nos muestra un recuento de imágenes, cartas y emociones, con las que se narra una historia que esconde las razones de Hudson para no volver nunca a la Pampa y quedarse lejos de un lugar que lo marcó de manera determinante. A través de hermosas imágenes, nos queda claro el amor que este personaje tenía por las aves y cómo fue capaz de recordar los cantos de muchas de ellas, luego de pasados varios años de alejarse de la tierra donde las conoció. Hermosos paisajes se hacen presente, con una delicada demostración del entorno que envuelve al realizador. Los colores y los mismos pájaros nos llevan a interiorizarnos de una atmósfera llena de emotividad y naturaleza, una que nos regala una parte importantísima del relato. Las canciones son parte fundamental del filme, convirtiéndose en generadoras de clima y provocadoras de sentimientos, ya que sus letras y melodías resuenan de manera potente en el espectador. El archivo aporta una textura y calidez que brota por la pantalla, convirtiendo este documental en una pieza llena de sentimiento y significado, siendo una búsqueda que no va sola, sino de la mano de los recuerdos del pasado. Puedes disfrutar de “Mixtape La Pampa” en salas de cine seleccionadas.
El cine documental chileno sigue encontrando en la memoria un territorio fértil, y pocas veces con tanta honestidad como en “Los Hijos”, la nueva película del realizador rapanui Leonardo Pakarati. Parte de una trilogía que indaga en conceptos fundamentales de la cultura polinésica, este segundo capítulo se instala en un lugar profundamente humano: el amor entendido como respeto, orgullo e identidad compartida. Si en su obra anterior -centrada en el concepto de “maná”- Pakarati exploraba la dimensión espiritual y patrimonial del pueblo rapanui, aquí el foco se desplaza hacia los descendientes. Son ellos quienes, desde distintas geografías y contextos, reconstruyen una historia fragmentada, marcada por migraciones, tensiones culturales y procesos coloniales que aún resuenan. Ambientado en la isla desde los años 50 en adelante, “Los Hijos” no solo revisita episodios poco difundidos de la historia de Rapa Nui, sino que también propone algo más ambicioso: cuestionar quiénes cuentan esa historia. Y en ese gesto, la película adquiere una potencia particular, al estar narrada desde dentro, lejos de miradas externas o exotizantes. Uno de los grandes valores del documental es su uso del archivo. Pakarati -quien durante años ha recopilado material audiovisual sobre la isla- construye un relato donde lo íntimo y lo histórico dialogan constantemente. Imágenes de expediciones, registros familiares y fragmentos de películas clásicas sobre Rapa Nui conviven con testimonios actuales, dando forma a un tejido narrativo que conecta generaciones. En conversación con En Palco, el realizador profundiza en el origen del proyecto: “Quisimos hablar de cómo el respeto y el orgullo se reconstruyen también con personas que no eran originalmente rapanui, pero que llegaron a la isla y formaron parte de su historia. Desde ahí se genera una sinergia que finalmente construye comunidad”. Esa idea -la de una identidad en permanente construcción- atraviesa toda la película. Lejos de una mirada homogénea, “Los Hijos” se detiene en las contradicciones, en los dolores heredados y en los vínculos inesperados que terminan definiendo a una cultura. Desde figuras históricas hasta relatos familiares, el documental propone una reflexión sobre cómo los procesos individuales terminan moldeando la memoria colectiva. Pero Pakarati no esquiva los aspectos más duros. La película también aborda el periodo en que Rapa Nui fue administrada por el Estado chileno bajo condiciones de control y vulneración, recordando que la memoria no puede construirse sin enfrentar sus zonas más incómodas. Aun así, el tono no es de denuncia, sino de comprensión: entender el pasado para darle sentido al presente. En ese equilibrio radica uno de los mayores logros del film. “Los Hijos” no busca cerrar heridas, sino abrir preguntas. ¿Qué significa pertenecer? ¿Cómo se hereda la identidad? ¿De qué manera el pasado sigue influyendo en quienes somos? Para el propio Pakarati, la respuesta está en lo esencial: “Finalmente somos todos personas. Venimos de distintas culturas, pero los conflictos y las emociones son los mismos. Lo importante es el respeto”. El documental también refleja un momento particular para el audiovisual en la isla. Según el director, en los últimos años ha surgido una nueva generación de realizadores rapanui, lo que marca un cambio significativo en la forma en que se narran estas historias: desde la experiencia propia, con voz y mirada propia. “Los Hijos” se estrenará en cines chilenos el próximo 30 de abril, invitando al público no solo a conocer una parte fundamental de la historia del país, sino también a reconocerse en ella. Porque, en el fondo, como sugiere la película, hablar de Rapa Nui no es hablar de un territorio lejano, sino de una memoria compartida. Revisa la entrevista completa con Leonardo Pakarati en el canal de YouTube de En Palco y profundiza en el proceso creativo detrás de este potente documental.
Planos abiertos del desierto, gente caminando en silencio y voces que buscan ser oídas construyen el núcleo de “Si vas para Chile”, documental de drama humano que transforma el paisaje en testigo de una crisis marcada por el esfuerzo, el dolor y la resistencia. El filme, dirigido por Amilcar Infante y Sebastián González, sigue el recorrido de cientos de venezolanos que cruzan el altiplano andino y el desierto de Atacama en busca de oportunidades. Las imágenes muestran cómo hombres, mujeres y familias completas enfrentan condiciones extremas con la esperanza de encontrar un trabajo que les permita tener una mejor calidad de vida. “Si vas para Chile” retrata historias profundamente dolorosas: padres que vieron morir a sus hijos en el desierto, personas que caminaron días enteros y mujeres embarazadas que no recibieron atención médica oportuna y perdieron a sus bebés. De esta forma, le pone rostro a la migración para revelar la crudeza de una crisis que muchas veces se observa a distancia. El largometraje también expone la tensión creciente en las comunidades del norte. A través de testimonios de habitantes se evidencian percepciones de inseguridad, frustración e impotencia frente a un fenómeno que supera las capacidades institucionales. Este cruce de miradas configura un escenario complejo, donde el conflicto social se intensifica y el discurso de “Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero” parece resquebrajarse. El film, ganador del premio Hot Docs Emerging International Filmmakers Award, aborda uno de los episodios más críticos de la crisis: las manifestaciones antiinmigrantes de 2021 en Iquique, donde se registraron actos de violencia como la quema de carpas y otras pertenencias de familias migrantes. Estas imágenes, que dieron la vuelta al mundo, evidencian el nivel de tensión alcanzado en el norte del país. “Si vas para Chile” muestra las dos caras de la crisis migratoria, mezclando secuencias de paisajes agrestes con escenas cotidianas de campamentos y testimonios tanto de venezolanos como chilenos. El resultado es un relato íntimo y sensible que expone el drama humano de la migración. Esta mirada cercana contribuye al debate público en torno al tema.