Como proyecto de título, la joven realizadora chilena Maira Carrasco desarrollóEl Claro, una película dramática con tintes de ciencia ficción, un género poco explorado dentro del cine nacional. Olivia ( Paulina Moreno) es una estudiante de medicina que vive junto a su novia Ely, una bailarina. Recientemente decidieron irse a vivir juntas, ya que se aman y proyectan una vida en común. Sin embargo, cuando un accidente de tránsito termina con la vida de Ely, Olivia siente que su existencia pierde sentido. Ni el apoyo de su comprensiva madre, ni el hecho de encontrarse cara a cara con su suegra -quien rechazó a su hija por su orientación sexual- logran sacarla de ese estado de dolor. Aprovechando su situación, uno de sus profesores la recluta para una investigación privada en la que, mediante inteligencia artificial y realidad virtual, Olivia puede reencontrarse con su amada. ¿Qué tan real es la ayuda que la tecnología puede ofrecer frente al duelo? Esa es la gran pregunta que plantea esta obra. Filmada de manera correcta, con un buen trabajo visual para diferenciar ambos mundos y una protagonista sólida que carga prácticamente con todo el peso de la película, El Claro resulta una propuesta interesante como ópera prima. Su temática invita a la reflexión, especialmente en tiempos donde la inteligencia artificial comienza a ocupar cada vez más espacios en la vida cotidiana. Sin embargo, el guion carece de ritmo durante gran parte de su desarrollo y los diálogos, por momentos, se sienten poco naturales. A esto se suman algunas interpretaciones secundarias que carecen de la fuerza y el carisma necesarios para potenciar la historia. Presentada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y en FEMCINE, El Claro ya se encuentra en salas chilenas.
Como proyecto de título, la joven realizadora chilena Maira Carrasco desarrollóEl Claro, una película dramática con tintes de ciencia ficción, un género poco explorado dentro del cine nacional. Olivia ( Paulina Moreno) es una estudiante de medicina que vive junto a su novia Ely, una bailarina. Recientemente decidieron irse a vivir juntas, ya que se aman y proyectan una vida en común. Sin embargo, cuando un accidente de tránsito termina con la vida de Ely, Olivia siente que su existencia pierde sentido. Ni el apoyo de su comprensiva madre, ni el hecho de encontrarse cara a cara con su suegra -quien rechazó a su hija por su orientación sexual- logran sacarla de ese estado de dolor. Aprovechando su situación, uno de sus profesores la recluta para una investigación privada en la que, mediante inteligencia artificial y realidad virtual, Olivia puede reencontrarse con su amada. ¿Qué tan real es la ayuda que la tecnología puede ofrecer frente al duelo? Esa es la gran pregunta que plantea esta obra. Filmada de manera correcta, con un buen trabajo visual para diferenciar ambos mundos y una protagonista sólida que carga prácticamente con todo el peso de la película, El Claro resulta una propuesta interesante como ópera prima. Su temática invita a la reflexión, especialmente en tiempos donde la inteligencia artificial comienza a ocupar cada vez más espacios en la vida cotidiana. Sin embargo, el guion carece de ritmo durante gran parte de su desarrollo y los diálogos, por momentos, se sienten poco naturales. A esto se suman algunas interpretaciones secundarias que carecen de la fuerza y el carisma necesarios para potenciar la historia. Presentada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y en FEMCINE, El Claro ya se encuentra en salas chilenas.