La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.
Grecia destaca por su excelente gastronomía que, generalmente, pelea en los primeros lugares de los rankings que intentan medir cual es la mejor del mundo. Su ubicación geográfica favorece, por cierto, a la producción de productos de altísima calidad, lo cual, sumado a tantos siglos de historia y de contacto con otros pueblos, hacen de la comida griega una de las más apetecidas. En este contexto, la carne es uno de los alimentos que destaca: debidamente sazonados con toda la experiencia de oriente, pero con un sello y estilo propio, comer carne en Grecia es casi un deber. Es por ello por lo que, en el país heleno, y por supuesto, en su capital Atenas, te vas a encontrar con mucha oferta de locales especializados. El negocio típico donde podrás probar carne es el psitopolío (ψητοπωλείο). Es un local de carnes a la parrilla, el cual puede presentarse en un formato restaurante (similares a una parrillada como las conocemos) o bien como un local no tan grande, donde la parrilla horizontal y las verticales (donde se asan las carnes del tradicional gyro) están a la vista de las personas. En este último caso, si bien cuentan con mesas, la venta se centra bastante en la comida take away. Además del recién nombrado gyro, el cual se asa verticalmente y cortado en trozos pequeños y se sirve en un pan pita o al plato, también puedes encontrar la carne servida en el tradicional souvlaki (también conocido sobre todo en Atenas como kalamaki). En buen chileno, es un anticucho, que, al igual que la carne del gyro, puede ser de cerdo, pollo o cordero. Este, por supuesto, se asa horizontalmente, y puede ser servido al plato con los palitos, o bien en un pan pita, como sándwich. Quizás menos conocido en el exterior, pero muy solicitadas y recomendadas, son otros cortes como las costillas (Païdakia), las hamburguesas griegas (bifteki), los chorizos (loukánico) y la versión de los Balcanes de nuestros tradicionales chunchules: el kokoretsi. Aunque se diferencian en el intestino que se usa (cordero o cabra en vez del de vacuno); en la sazón (se utiliza una no despreciable cantidad de especias); y en el uso de vísceras como mollejas, pulmones y/o riñones. Si no estás abierto a probar sabores, en Atenas también puedes encontrar locales de hamburguesas estilo norteamericano, otra forma, menos atrevida, por cierto, de comer buena carne en la ciudad cuna de la democracia. ¿Quieres conocer algunas de estas apetitosas opciones? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, donde te mostraremos nuestra experiencia.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”
Cuando escuchas la palabra Nápoles se te vienen a la cabeza dos cosas: lo primero, pizza; lo segundo, Maradona. Dejando de lado la pasión por el 10 argentino que profesan los napolitanos (y que se puede ver en cada rincón de la ciudad), no hay duda de que en la ciudad donde se inventó la pizza, esta comida es ama y señora de la oferta gastronómica. Pero Nápoles es mucho más desde el punto de vista culinario. Tiene una tradición, quizás un poco desconocida, de varios sándwiches que combinan los diversos productos que generosamente la tierra campana a entregado a sus habitantes, y que, de esta forma, los visitantes podemos disfrutar dentro de un pan. En estos últimos años, y de la mano del aumento exponencial del turismo en la ciudad, han surgido varias propuestas de locales de sándwiches. Lo más atractivo es la combinación de antiguas recetas con la innovación propia de la cocina moderna, dando como resultado verdaderas joyas culinarias dignas de probar y disfrutar. Además, Nápoles es una ciudad con muchos atractivos, a la cual, seguramente le puedes dedicar varios días, y estos panini pueden ser la solución perfecta para variar un menú cargado (y con justicia) a la reina pizza napoletana. A continuación, te dejaremos cuatro datos de sandwicherías napolitanas, todas ellas probadas como opciones de gran calidad si quieres comer algo bueno y rápido: - O’ Cuzzetiello (Rimini n°51): El cuzzetiello es un sándwich típico napolitano que se elabora en un pan llamado cafone, de trigo duro y típico de los sectores rurales de la región de Campania. De forma alargada, se parte por la mitad, se extrae la miga, y es en ese espacio donde se rellena. Este local ofrece una gran cantidad de rellenos, desde los más clásicos hasta algunos que parecen sacados de un Mc Donald’s. El más tradicional es el relleno con los polpette (albóndigas) de carne de vacuno y con el ragú napolitano (salsa de tomate cocida entre 4 y 8 horas). - Kebest (Gian Lorenzo Bernini n°40): A pocos pasos de la céntrica plaza Vanvitelli, locación céntrica del cerro Vomero (uno de los más pintorescos de Nápoles), se encuentra esta kebabería. Pero no te engañes, su oferta tiene poco que ver con los tradicionales kebabs turcos, más bien utilizan el concepto del pan (o pita), para incluir diversos sabores de platos típicos de la región, como también otros propios de la comida rápida norteamericana. Su gran particularidad es que cuenta con dos menús: uno Fat y uno Fit, este último con una cantidad de calorías mucho menor a lo normal en comida de este tipo, para cuidar la línea. - Mañatella (Emanuele de Deo n°64): Esta sandwichería, ubicada a pocos pasos del santuario a cielo abierto de Diego Armando Maradona, en los barrios españoles (una de las zonas más turísticas de la ciudad), ofrece un número limitado de sándwiches rellenos sólo con productos típicos del agro campano. Encontrarás excelentes combinaciones de productos frescos como quesos, jamones y verduras, todos ellos en un también fresco pan rosita, y todo esto por un precio realmente bajo comparativamente con otras ofertas. - Puok (Piazzetta Nilo n°9): Este innovador local de sándwiches tiene un menú pequeño, pero cada panino que ofrece es una obra de arte. Combinaciones estudiadas de excelentes ingredientes, de salsas, carnes y verduras, hacen de Puok uno de los locales relativamente nuevos más exitoso de la ciudad. Ofrecen desde la tan apetecida smash Burger hasta platos tradicionales, reformulados, por cierto, como la carne a la genovese, uno de los acompañamientos de pasta más tradicionales de la ciudad. Si quieres ver más de cerca la exquisita oferta de estos locales, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.
Grecia destaca por su excelente gastronomía que, generalmente, pelea en los primeros lugares de los rankings que intentan medir cual es la mejor del mundo. Su ubicación geográfica favorece, por cierto, a la producción de productos de altísima calidad, lo cual, sumado a tantos siglos de historia y de contacto con otros pueblos, hacen de la comida griega una de las más apetecidas. En este contexto, la carne es uno de los alimentos que destaca: debidamente sazonados con toda la experiencia de oriente, pero con un sello y estilo propio, comer carne en Grecia es casi un deber. Es por ello por lo que, en el país heleno, y por supuesto, en su capital Atenas, te vas a encontrar con mucha oferta de locales especializados. El negocio típico donde podrás probar carne es el psitopolío (ψητοπωλείο). Es un local de carnes a la parrilla, el cual puede presentarse en un formato restaurante (similares a una parrillada como las conocemos) o bien como un local no tan grande, donde la parrilla horizontal y las verticales (donde se asan las carnes del tradicional gyro) están a la vista de las personas. En este último caso, si bien cuentan con mesas, la venta se centra bastante en la comida take away. Además del recién nombrado gyro, el cual se asa verticalmente y cortado en trozos pequeños y se sirve en un pan pita o al plato, también puedes encontrar la carne servida en el tradicional souvlaki (también conocido sobre todo en Atenas como kalamaki). En buen chileno, es un anticucho, que, al igual que la carne del gyro, puede ser de cerdo, pollo o cordero. Este, por supuesto, se asa horizontalmente, y puede ser servido al plato con los palitos, o bien en un pan pita, como sándwich. Quizás menos conocido en el exterior, pero muy solicitadas y recomendadas, son otros cortes como las costillas (Païdakia), las hamburguesas griegas (bifteki), los chorizos (loukánico) y la versión de los Balcanes de nuestros tradicionales chunchules: el kokoretsi. Aunque se diferencian en el intestino que se usa (cordero o cabra en vez del de vacuno); en la sazón (se utiliza una no despreciable cantidad de especias); y en el uso de vísceras como mollejas, pulmones y/o riñones. Si no estás abierto a probar sabores, en Atenas también puedes encontrar locales de hamburguesas estilo norteamericano, otra forma, menos atrevida, por cierto, de comer buena carne en la ciudad cuna de la democracia. ¿Quieres conocer algunas de estas apetitosas opciones? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, donde te mostraremos nuestra experiencia.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”
Cuando escuchas la palabra Nápoles se te vienen a la cabeza dos cosas: lo primero, pizza; lo segundo, Maradona. Dejando de lado la pasión por el 10 argentino que profesan los napolitanos (y que se puede ver en cada rincón de la ciudad), no hay duda de que en la ciudad donde se inventó la pizza, esta comida es ama y señora de la oferta gastronómica. Pero Nápoles es mucho más desde el punto de vista culinario. Tiene una tradición, quizás un poco desconocida, de varios sándwiches que combinan los diversos productos que generosamente la tierra campana a entregado a sus habitantes, y que, de esta forma, los visitantes podemos disfrutar dentro de un pan. En estos últimos años, y de la mano del aumento exponencial del turismo en la ciudad, han surgido varias propuestas de locales de sándwiches. Lo más atractivo es la combinación de antiguas recetas con la innovación propia de la cocina moderna, dando como resultado verdaderas joyas culinarias dignas de probar y disfrutar. Además, Nápoles es una ciudad con muchos atractivos, a la cual, seguramente le puedes dedicar varios días, y estos panini pueden ser la solución perfecta para variar un menú cargado (y con justicia) a la reina pizza napoletana. A continuación, te dejaremos cuatro datos de sandwicherías napolitanas, todas ellas probadas como opciones de gran calidad si quieres comer algo bueno y rápido: - O’ Cuzzetiello (Rimini n°51): El cuzzetiello es un sándwich típico napolitano que se elabora en un pan llamado cafone, de trigo duro y típico de los sectores rurales de la región de Campania. De forma alargada, se parte por la mitad, se extrae la miga, y es en ese espacio donde se rellena. Este local ofrece una gran cantidad de rellenos, desde los más clásicos hasta algunos que parecen sacados de un Mc Donald’s. El más tradicional es el relleno con los polpette (albóndigas) de carne de vacuno y con el ragú napolitano (salsa de tomate cocida entre 4 y 8 horas). - Kebest (Gian Lorenzo Bernini n°40): A pocos pasos de la céntrica plaza Vanvitelli, locación céntrica del cerro Vomero (uno de los más pintorescos de Nápoles), se encuentra esta kebabería. Pero no te engañes, su oferta tiene poco que ver con los tradicionales kebabs turcos, más bien utilizan el concepto del pan (o pita), para incluir diversos sabores de platos típicos de la región, como también otros propios de la comida rápida norteamericana. Su gran particularidad es que cuenta con dos menús: uno Fat y uno Fit, este último con una cantidad de calorías mucho menor a lo normal en comida de este tipo, para cuidar la línea. - Mañatella (Emanuele de Deo n°64): Esta sandwichería, ubicada a pocos pasos del santuario a cielo abierto de Diego Armando Maradona, en los barrios españoles (una de las zonas más turísticas de la ciudad), ofrece un número limitado de sándwiches rellenos sólo con productos típicos del agro campano. Encontrarás excelentes combinaciones de productos frescos como quesos, jamones y verduras, todos ellos en un también fresco pan rosita, y todo esto por un precio realmente bajo comparativamente con otras ofertas. - Puok (Piazzetta Nilo n°9): Este innovador local de sándwiches tiene un menú pequeño, pero cada panino que ofrece es una obra de arte. Combinaciones estudiadas de excelentes ingredientes, de salsas, carnes y verduras, hacen de Puok uno de los locales relativamente nuevos más exitoso de la ciudad. Ofrecen desde la tan apetecida smash Burger hasta platos tradicionales, reformulados, por cierto, como la carne a la genovese, uno de los acompañamientos de pasta más tradicionales de la ciudad. Si quieres ver más de cerca la exquisita oferta de estos locales, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta.