Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
Tomamos un vuelo directo desde Santiago a Bariloche, vía Sky Airlines, de poco más de hora y media, para iniciar una nueva escapada de tres días. San Carlos de Bariloche es una importante ciudad de la Patagonia argentina, reconocida por sus hermosos paisajes naturales que dibujan lagos, bosques y montañas, además de su cálido centro cívico y sus chocolates. Desde el aeropuerto de Bariloche hasta la ciudad puedes tomar un taxi, rentar un auto o utilizar el método más económico: tomar un colectivo (micro) que te lleva por unos 6 dólares al centro de la ciudad, específicamente el número 72. Se puede pagar con tarjeta SUBE (la BIP argentina) o con tarjeta de crédito. El paradero queda en el estacionamiento del aeropuerto y cuenta con paradas determinadas. Una vez en el centro de la ciudad, el ambiente cargado de lugares para comer, tiendas de souvenirs, chocolaterías y su particular arquitectura cautivan. Hay bastante por recorrer, vitrinear, comer y comprar, pero ojo, los precios en la zona no son baratos, por lo que a veces conviene darse algunas vueltas más para encontrar mejores valores. Águila Mora Suites & Spa se convirtió en nuestro hogar durante los días que estuvimos allí. Con hermosas vistas al lago Nahuel Huapi, atención de primera, completo desayuno continental y amplias habitaciones, vale cada peso que se paga. Ubicado en el kilómetro 4 de la Avenida Bustillo, queda perfecto para moverse hacia distintos lugares de interés. Hicimos una excursión al Parque Nacional Nahuel Huapi, la que recomiendo realizar con ropa cómoda y zapatillas de trekking, además de llevar algo para beber y comer. Allí visitamos Puerto Pañuelo, un terminal de ferries en la península de Llao Llao que lleva a los pasajeros a distintas localidades turísticas, y disfrutamos las vistas del Mirador de Los Navegantes. Practicamos también una extensa caminata por el sendero del Parque Municipal Llao Llao, donde puedes disfrutar de sus hermosos bosques y paisajes naturales privilegiados. Además, es imperdible Villa Tacul y su entrada rodeada de bosques de alerces. Luego del extenso paseo por el parque nos dirigimos a una joya escondida, el Bed & Breakfast Bellevue, que también posee un íntimo salón de té de costos elevados, pero con vistas de ensueño al lago Moreno. Un momento ideal para hacer una pausa, probar tés de la zona, comer algún pastel de la casa y disfrutar del entorno con calma. Otro paseo imperdible es subir al Cerro Campanario, que se puede realizar a través de un sendero o por aerosillas, que fue nuestra opción. A pesar de que nos tocó lluvia y viento, la aventura estuvo increíble. Cuesta cerca de 20 dólares la subida y, una vez llegando, te toman una fotografía en el aire que luego, si quieres, puedes adquirir de forma digital -la envían por correo electrónico- o en formato físico. Una vez en la cima, la vista 360 es hermosa, puedes divisar el cerro Otto y Catedral, los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la Isla Victoria y mucho más. Hay una exquisita confitería con amplios ventanales y un binocular para apreciar mejor el paisaje; allí también puedes tomar un rico chocolate caliente, comer alfajores y enormes pedazos de pastel. Otro imperdible para visitar en una estadía corta es la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo e inaugurada en 1946. Un templo realmente hermoso que mezcla la elegancia del estilo europeo con materiales rústicos propios de la zona, creando un ambiente único y acogedor. En su altar se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Nahuel Huapi, que proviene directamente desde Chiloé y corresponde a una réplica exacta de la Virgen que se encuentra en la Parroquia Santa María de Loreto de Achao. Para comer, opciones hay muchas y, sí, no siempre los precios son accesibles, pero en general la oferta gastronómica es muy buena. Para quienes son celíacos, es un verdadero paraíso, la mayoría de los locales cuentan con productos y platillos sin gluten con gran variedad. En cuanto a museos, hay varias opciones. En pleno centro cívico se encuentra el Museo de la Patagonia, cerca del monumento a Julio Argentino Roca, y dedicado a la historia de la zona. Para los fanáticos del chocolate, Havanna posee un museo con degustaciones y descuentos en su tienda. El Museo Malvinas e Islas del Sur en el borde cortero también ofrece material para los fanáticos de la historia. Para movilizarse dentro de la ciudad -si andas sin auto- están los taxis y Uber, pero también es fácil moverse en colectivos que se pagan con tarjeta SUBE o tarjeta de crédito, igual que el bus del aeropuerto. Eso sí, no circulan hasta muy tarde. Para conocer más de la comida y de esta visita a la preciosa San Carlos de Bariloche, mira nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de YouTube.