Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”
Todos hemos escuchado alguna vez, al menos, sobre la terrible erupción del volcán Vesubio, hecho acaecido en el año 79 d.C., y que arrasó con la ya famosa ciudad de Pompeya. Más de una película o serie de época han relatado las angustiosas horas en las que miles de personas murieron por una capa inmensa de cenizas y la lluvia de rocas piroclásticas. Pero en esta conmovedora historia sobre la fuerza y letalidad de la naturaleza hay una gran olvidada: la ciudad de Herculano. Ubicada al norte de Pompeya, bastante más cerca del imponente Vesubio, pasó ese primer día de erupción como una simple espectadora de la destrucción, puesto que el viento dirigió el desastre hacia, precisamente, Pompeya. Pero ya en la madrugada del día siguiente, una segunda y más potente erupción selló el destino de Herculano y de sus 4.000 habitantes; una masa de lava sepultó a la ciudad bajo una capa de 25 metros de altura. Y es así como la ciudad balneario, una de las preferidas de la elite romana de la época, desapareció de la faz de la tierra. Fortuitamente, y sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, por unos trabajos ordenados por el rey Carlos III de España (VII de Nápoles), se encontraron los primeros vestigios de Herculano. Pero no será sino hasta 1927 que comenzaron las excavaciones científicas propiamente tales, y el descubrimiento de esta ciudad que maravilla por sus calles, edificios y objetos tan bien conservados. Efectivamente, el hecho de haber quedado cubierta por una profunda capa de 25 metros evitó que los restos quedaran expuestos al oxígeno (el promedio de profundidad de Pompeya, por ejemplo, es de sólo 2 metros y la ciudad quedó expuesta siglos antes que Herculano). Esta auténtica tumba profunda permitió que esculturas, pinturas, mosaicos e incluso cadáveres (se encontraron alrededor de 300 cadáveres de personas esperando huir por la costa) se encuentren en excelentes condiciones. Incluso, algo no muy habitual, se pueden encontrar edificaciones de 2 pisos, villas de gente adinerada y espacios públicos como la palestra, en excelentes condiciones de conservación. Todo esto cambia la perspectiva de una típica visita a un yacimiento arqueológico, en donde hay que tener mucha imaginación para dar vida a tanta ruina sin mucho sentido. En Herculano, no es necesaria la imaginación, sólo basta utilizar los sentidos y viajar por el tiempo. Quien tiene la suerte de visitar esta zona de Italia, y por cierto está interesado en la experiencia de caminar por una auténtica ciudad romana del siglo I, tendrá la disyuntiva: ¿Pompeya o Herculano? La primera respuesta es, obviamente, ojalá visitar ambas. Pero como los recursos temporales y financieros nunca son ilimitados, y eventualmente es más probable que tengamos que elegir (como fue nuestro caso), acá algunos argumentos en favor de Herculano: está un poco más cerca de Nápoles (generalmente se parte desde la ciudad de la pizza); el número de turistas es muchísimo más bajo, obteniendo una experiencia más relajada sin tener que lidiar con filas eternas y masas de seres humanos preocupados de una selfie; Herculano es más pequeña, un recorrido tranquilo y profundo puede hacerse perfectamente en 3 horas (especial si quieres abarcar la visita a otros lugares de la zona); y finalmente, el estado de conservación, como ya lo señalamos más arriba, de Herculano es superior al de Pompeya, la visita no es a un lugar llenos de restos amontonados, es una visita a una ciudad abandonada, semi intacta. ¿Aún no te convences? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta donde podrás ver las imágenes que captamos en este impresionante lugar.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
“La capitale d’ Italia è Roma” decía hace algún tiempo Giorgia Meloni. Por supuesto que en un contexto político, bastante distante al de la gastronomía. Por cierto, en la Italia cuya cocina fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y cuyo plato más icónico y conocido en el mundo entero es la pizza, la capital y cuna es Nápoles... ¿Pero ustedes creen que la otrora cabeza del imperio más relevante de la Antiguedad en occidente se iba a quedar con los brazos cruzados? Exacto, la respuesta es no. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial -fines de la década de los 50 del siglo pasado- la legendaria tradición panadera romana dio con la respuesta al dominio napolitano, inventando una pizza distinta, propia...y romana. Nos referimos a la pizza tonda (redonda), la cual comenzó a brillar en los años 60 de la mano del auge económico de la reconstrucción y que hoy sigue siendo el referente de la pizza para cualquier romano que se aprecie de tal. Por lo mismo, creemos que si tienes la fortuna de visitar la ciudad, es uno de los platos que no te puedes perder, ya que es expresión pura de la romanidad. Para responder y diferenciarse a Nápoles, se elaboró una pizza diametralmente opuesta: frente a la masa blanda y esponjosa de la napolitana, una masa fina muy crujiente (de ahí que es conocida coloquialmente como la scrocchiarella). Esto se logra por un proceso de cocción en un horno a una temperatura entre los 250° C y 300° C, durante un poco más de 4 minutos, a una masa no tan hidratada como la napolitana (que por su parte se cocina a 450° C, pero sólo 90 segundos). La tradición más pura indica que se estira la masa con uslero (no con la mano como su prima del sur) y debe ser cocinada en un horno a leña, cuestión que por estos tiempos lo respeta solamente las pizzerías más tradicionales, ya que muchas utilizan horno eléctrico. Por nuestra parte, elegimos una institución de la pizza tonda romana, la Pizzería Formula 1. Ubicada en el universitario barrio de San Lorenzo (Via degli Equi, 13, cerca de la estación Termini), y con una ambientación donde se expresa la pasión por el deporte tuerca (con preferencia a la Ferrari, naturalmente), desde 1978 tiene funcionando su horno a leña, ofreciendo un amplio menú de pizzas con los más variados ingredientes. Además ofrece, como buena pizzería italiana, varios antipasti también de la tradición romana, como supplí y los bocados de bacalao frito. Si quieres conocer este templo de la pizza tonda romana, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, en el cual disfrutamos de esta delicia propia de “la capitale d’ Italia”
Todos hemos escuchado alguna vez, al menos, sobre la terrible erupción del volcán Vesubio, hecho acaecido en el año 79 d.C., y que arrasó con la ya famosa ciudad de Pompeya. Más de una película o serie de época han relatado las angustiosas horas en las que miles de personas murieron por una capa inmensa de cenizas y la lluvia de rocas piroclásticas. Pero en esta conmovedora historia sobre la fuerza y letalidad de la naturaleza hay una gran olvidada: la ciudad de Herculano. Ubicada al norte de Pompeya, bastante más cerca del imponente Vesubio, pasó ese primer día de erupción como una simple espectadora de la destrucción, puesto que el viento dirigió el desastre hacia, precisamente, Pompeya. Pero ya en la madrugada del día siguiente, una segunda y más potente erupción selló el destino de Herculano y de sus 4.000 habitantes; una masa de lava sepultó a la ciudad bajo una capa de 25 metros de altura. Y es así como la ciudad balneario, una de las preferidas de la elite romana de la época, desapareció de la faz de la tierra. Fortuitamente, y sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, por unos trabajos ordenados por el rey Carlos III de España (VII de Nápoles), se encontraron los primeros vestigios de Herculano. Pero no será sino hasta 1927 que comenzaron las excavaciones científicas propiamente tales, y el descubrimiento de esta ciudad que maravilla por sus calles, edificios y objetos tan bien conservados. Efectivamente, el hecho de haber quedado cubierta por una profunda capa de 25 metros evitó que los restos quedaran expuestos al oxígeno (el promedio de profundidad de Pompeya, por ejemplo, es de sólo 2 metros y la ciudad quedó expuesta siglos antes que Herculano). Esta auténtica tumba profunda permitió que esculturas, pinturas, mosaicos e incluso cadáveres (se encontraron alrededor de 300 cadáveres de personas esperando huir por la costa) se encuentren en excelentes condiciones. Incluso, algo no muy habitual, se pueden encontrar edificaciones de 2 pisos, villas de gente adinerada y espacios públicos como la palestra, en excelentes condiciones de conservación. Todo esto cambia la perspectiva de una típica visita a un yacimiento arqueológico, en donde hay que tener mucha imaginación para dar vida a tanta ruina sin mucho sentido. En Herculano, no es necesaria la imaginación, sólo basta utilizar los sentidos y viajar por el tiempo. Quien tiene la suerte de visitar esta zona de Italia, y por cierto está interesado en la experiencia de caminar por una auténtica ciudad romana del siglo I, tendrá la disyuntiva: ¿Pompeya o Herculano? La primera respuesta es, obviamente, ojalá visitar ambas. Pero como los recursos temporales y financieros nunca son ilimitados, y eventualmente es más probable que tengamos que elegir (como fue nuestro caso), acá algunos argumentos en favor de Herculano: está un poco más cerca de Nápoles (generalmente se parte desde la ciudad de la pizza); el número de turistas es muchísimo más bajo, obteniendo una experiencia más relajada sin tener que lidiar con filas eternas y masas de seres humanos preocupados de una selfie; Herculano es más pequeña, un recorrido tranquilo y profundo puede hacerse perfectamente en 3 horas (especial si quieres abarcar la visita a otros lugares de la zona); y finalmente, el estado de conservación, como ya lo señalamos más arriba, de Herculano es superior al de Pompeya, la visita no es a un lugar llenos de restos amontonados, es una visita a una ciudad abandonada, semi intacta. ¿Aún no te convences? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta donde podrás ver las imágenes que captamos en este impresionante lugar.