El fenómeno canadiense “Más que rivales” (Heated Rivalry) llegó a HBO Max con sus tres primeros episodios, posicionándose rápidamente como una de las series más comentadas del momento. Esta producción queer está basada en los libros 1 y 2 de la saga “Game Changers”, escrita por Rachel Reid, centrada en jugadores profesionales de hockey gay. La adaptación televisiva ya confirmó su segunda temporada, consolidando su éxito. Esta historia se enfoca en dos jóvenes superestrellas de este deporte de invierno: el canadiense Shane Hollander ( Hudson Williams) y el ruso Ilya Rozanov (C onnor Storrie). Shane es un jugador ordenado y pieza clave de los Montreal Voyageurs, con padres muy presentes -especialmente su madre- quienes han dirigido gran parte de su vida, además nunca había tenido una relación homosexual. Ilya, en cambio, es la gran figura de los Boston Bears, un jugador rebelde, emocionalmente hermético y cuya familia en Rusia solo espera de él éxito económico Ambos son rivales naturales dentro de la cancha, pero una intensa atracción los empuja a cruzar límites. Así comienza una relación marcada por la pasión, el secreto y la tensión constante. A lo largo de ocho años, la serie muestra la evolución de este vínculo prohibido y los conflictos que surgen cuando los sentimientos entran en juego, tanto a nivel personal como profesional. A partir del tercer episodio, la trama se expande con la historia de Scott Hunter ( François Arnaud), un jugador más maduro que, en Nueva York, se enamora de Kip, un trabajador de una cafetería. Aunque mantienen una relación seria, Scott debe ocultarla para no poner en riesgo su carrera ni su imagen pública. El erotismo y la sensualidad son elementos clave de la serie. Sin embargo, hasta ahora, la relación central entre Shane e Ilya carece de mayor desarrollo, se ve muy fragmentada, algo que no ocurre con la historia de Scott y Kip, que resulta más sólida y emocionalmente cercana. Los constantes saltos temporales, especialmente en la trama principal, a veces se sienten abruptos y dificultan una conexión más profunda con los personajes. Aun así, la producción dirigida por Jacob Tierney es atractiva y adictiva, razones suficientes para entender por qué se convirtió en un fenómeno en la plataforma canadiense Crave y ahora promete repetir el impacto en HBO Max. Los próximos tres episodios de la primera temporada se estrenarán el 13 de febrero.
El fenómeno canadiense “Más que rivales” (Heated Rivalry) llegó a HBO Max con sus tres primeros episodios, posicionándose rápidamente como una de las series más comentadas del momento. Esta producción queer está basada en los libros 1 y 2 de la saga “Game Changers”, escrita por Rachel Reid, centrada en jugadores profesionales de hockey gay. La adaptación televisiva ya confirmó su segunda temporada, consolidando su éxito. Esta historia se enfoca en dos jóvenes superestrellas de este deporte de invierno: el canadiense Shane Hollander ( Hudson Williams) y el ruso Ilya Rozanov (C onnor Storrie). Shane es un jugador ordenado y pieza clave de los Montreal Voyageurs, con padres muy presentes -especialmente su madre- quienes han dirigido gran parte de su vida, además nunca había tenido una relación homosexual. Ilya, en cambio, es la gran figura de los Boston Bears, un jugador rebelde, emocionalmente hermético y cuya familia en Rusia solo espera de él éxito económico Ambos son rivales naturales dentro de la cancha, pero una intensa atracción los empuja a cruzar límites. Así comienza una relación marcada por la pasión, el secreto y la tensión constante. A lo largo de ocho años, la serie muestra la evolución de este vínculo prohibido y los conflictos que surgen cuando los sentimientos entran en juego, tanto a nivel personal como profesional. A partir del tercer episodio, la trama se expande con la historia de Scott Hunter ( François Arnaud), un jugador más maduro que, en Nueva York, se enamora de Kip, un trabajador de una cafetería. Aunque mantienen una relación seria, Scott debe ocultarla para no poner en riesgo su carrera ni su imagen pública. El erotismo y la sensualidad son elementos clave de la serie. Sin embargo, hasta ahora, la relación central entre Shane e Ilya carece de mayor desarrollo, se ve muy fragmentada, algo que no ocurre con la historia de Scott y Kip, que resulta más sólida y emocionalmente cercana. Los constantes saltos temporales, especialmente en la trama principal, a veces se sienten abruptos y dificultan una conexión más profunda con los personajes. Aun así, la producción dirigida por Jacob Tierney es atractiva y adictiva, razones suficientes para entender por qué se convirtió en un fenómeno en la plataforma canadiense Crave y ahora promete repetir el impacto en HBO Max. Los próximos tres episodios de la primera temporada se estrenarán el 13 de febrero.