La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Nápoles, cuna de la pizza ; Nápoles, la ciudad donde es obligatorio comer pizza; Nápoles, la escapada dentro de Italia específicamente para comer la mejor pizza. Las anteriores son todas afirmaciones correctas, pero al llegar a la ciudad que venera a Maradona te vas a encontrar con una cantidad tan inmensa de pizzerías que, legítimamente, puede surgir las siguientes preguntas: ¿Dónde puedo comer una pizza auténticamente napolitana? ¿Cómo es una pizza napolitana verdadera? Para dilucidar estas y otras dudas, nos dirigimos a Nápoles ya no sólo para comer, sino para entender un poco más sobre los secretos de este, el plato más internacionalizado del mundo, pero en su versión original. Para ello conversamos con una voz autorizada, el pizzaiolo Vincenzo Esposito, propietario de la pizzería Carmnella (via Marino Cristoforo n° 22). Ser pizzaiolo en Nápoles es una cuestión que otorga prestigio, no es un oficio más; son vistos como los guardianes de uno de los tesoros más queridos por los napolitanos, aquel tesoro que los hizo conocidos en el mundo y del cual disfrutan, al igual que miles de turistas, diariamente. Esposito, quien hoy trabaja con sus hijos, lo cual garantiza que la llama no se extinguirá, tomó el testimonio de esta carrera por la historia de su padre Salvatore, con el que afianzaron, a fines del siglo pasado, una pizzería que inició su bisabuela, doña Carmela Sorrentino “Carmnella”, nada menos que en 1892. Hoy es una de las trece pizzerías reconocidas como centenarias. Se autodefine como un tradicionalista y un romántico de la pizza napoletana verace, entiendo que es aquella auténticamente napolitana, la que sigue los parámetros de la tradición. Tiene una actitud reacia frente a las nuevas tendencias de pizzas que han surgido incluso en su misma ciudad, puesto que considera con absoluta convicción, de que la pizza no es una moda. Entonces, ¿Qué características y elementos debe tener una pizza para que nos enfrentemos a una pizza napolitana verdadera, de la tradición? Para el maestro Esposito, para la masa no debe utilizarse una harina fuerte, sino una como la harina 00, con una hidratación no superior al 65% y un periodo de levitación no superior a las 24 horas; en lo que a la cocción se refiere, imperiosamente debe ser hecha en un horno a leña a una temperatura que vaya entre los 400° y 450° grados Celsius; en cuanto al tamaño, sugiere que debe ser un tamaño L. Cumpliéndose estas reglas, el resultado será la pizza que a los napolitanos de antaño y de hoy les gustaba y les gusta comer. Un viaje a Nápoles no es sólo un viaje para comer pizza, sino debe ser una conexión con su historia y tradición. Lo mejor para alcanzar ese objetivo es comer como un napolitano, ojalá lejos de las masas de turistas y en una pizzería que te garantice no sólo un producto de buena calidad, sino una experiencia auténtica de una pizza verdaderamente napolitana. Te invitamos a ver la entrevista, cuyo link está a continuación, con los conceptos entregados por Vincenzo Esposito, en exclusiva para En Palco.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Nápoles, cuna de la pizza ; Nápoles, la ciudad donde es obligatorio comer pizza; Nápoles, la escapada dentro de Italia específicamente para comer la mejor pizza. Las anteriores son todas afirmaciones correctas, pero al llegar a la ciudad que venera a Maradona te vas a encontrar con una cantidad tan inmensa de pizzerías que, legítimamente, puede surgir las siguientes preguntas: ¿Dónde puedo comer una pizza auténticamente napolitana? ¿Cómo es una pizza napolitana verdadera? Para dilucidar estas y otras dudas, nos dirigimos a Nápoles ya no sólo para comer, sino para entender un poco más sobre los secretos de este, el plato más internacionalizado del mundo, pero en su versión original. Para ello conversamos con una voz autorizada, el pizzaiolo Vincenzo Esposito, propietario de la pizzería Carmnella (via Marino Cristoforo n° 22). Ser pizzaiolo en Nápoles es una cuestión que otorga prestigio, no es un oficio más; son vistos como los guardianes de uno de los tesoros más queridos por los napolitanos, aquel tesoro que los hizo conocidos en el mundo y del cual disfrutan, al igual que miles de turistas, diariamente. Esposito, quien hoy trabaja con sus hijos, lo cual garantiza que la llama no se extinguirá, tomó el testimonio de esta carrera por la historia de su padre Salvatore, con el que afianzaron, a fines del siglo pasado, una pizzería que inició su bisabuela, doña Carmela Sorrentino “Carmnella”, nada menos que en 1892. Hoy es una de las trece pizzerías reconocidas como centenarias. Se autodefine como un tradicionalista y un romántico de la pizza napoletana verace, entiendo que es aquella auténticamente napolitana, la que sigue los parámetros de la tradición. Tiene una actitud reacia frente a las nuevas tendencias de pizzas que han surgido incluso en su misma ciudad, puesto que considera con absoluta convicción, de que la pizza no es una moda. Entonces, ¿Qué características y elementos debe tener una pizza para que nos enfrentemos a una pizza napolitana verdadera, de la tradición? Para el maestro Esposito, para la masa no debe utilizarse una harina fuerte, sino una como la harina 00, con una hidratación no superior al 65% y un periodo de levitación no superior a las 24 horas; en lo que a la cocción se refiere, imperiosamente debe ser hecha en un horno a leña a una temperatura que vaya entre los 400° y 450° grados Celsius; en cuanto al tamaño, sugiere que debe ser un tamaño L. Cumpliéndose estas reglas, el resultado será la pizza que a los napolitanos de antaño y de hoy les gustaba y les gusta comer. Un viaje a Nápoles no es sólo un viaje para comer pizza, sino debe ser una conexión con su historia y tradición. Lo mejor para alcanzar ese objetivo es comer como un napolitano, ojalá lejos de las masas de turistas y en una pizzería que te garantice no sólo un producto de buena calidad, sino una experiencia auténtica de una pizza verdaderamente napolitana. Te invitamos a ver la entrevista, cuyo link está a continuación, con los conceptos entregados por Vincenzo Esposito, en exclusiva para En Palco.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.