Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Una de las más reconocidas comidas en el mundo de la gastronomía es la italiana; y qué duda cabe. El hecho de que a fines del año pasado fue distinguida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue sólo el corolario de una tradición gastronómica que ha conquistado al mundo entero por sus platos y productos tan especiales. Por otro lado, la comida mexicana es, junto a la peruana, una de las gastronomías hispanoamericanas mejor evaluadas por los comensales de todo el mundo. Tanto pizzas, pastas, guacamole o tacos son opciones que se encuentran, generalmente en todo el planeta, expresiones de estas culturas distintas, pero que tienen en común la alta relevancia que le dan a ese acto tan humano como es el comer. Es por eso, que en nuestra visita a la ciudad siciliana de Milazzo, esa pequeña península en la cual habitan 30.000 habitantes, pero que concentra una oferta gastronómica espectacular para todo amante del buen comer, nos sorprendimos al encontrar Pizza e Taco (Cumbo Borgia n°18), en pleno centro de la ciudad del Capo. Este pequeño local, de regencia familiar, propone comida mexicana como tacos, burritos, nachos, etc., con ingredientes locales, es decir sicilianos. Esto, de por sí, es una garantía de buen gusto, pero no es para engañarse; también está presente el toque picante (por supuesto opcional), tan propio de la comida de las tierras del mítico Don Ramón. Pero como bien dice su nombre, los tacos están acompañados de las pizzas, y en mi opinión, y como buenos italianos, acá está el fuerte. Una larga carta de pizzas con múltiples opciones de ingredientes que tiene como particularidad una sección con pizzas llamadas “mexicanas”, las cuales integran a la popular comida con raíces napolitanas eso ingredientes que no pueden faltar en la comida mexicana tradicional. En nuestro caso, por ejemplo, probamos una rica pizza blanca, es decir, con fondo de fior di latte (el queso por excelencia para las pizzas tradicionales), con pomodoro piccadilly y salsa guacamole. Destacable mezcla, pero también es justo destacar la calidad de la pizza, en cuanto a su masa: muy sabrosa, bien cocida, de muy buena calidad, comparándola dentro de las opciones que se encuentran en la misma Italia. Si quieres ver esta pizza con guacamole, y las otras exquisiteces mexicanas que probamos en Pizza e Taco, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Una de las más reconocidas comidas en el mundo de la gastronomía es la italiana; y qué duda cabe. El hecho de que a fines del año pasado fue distinguida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue sólo el corolario de una tradición gastronómica que ha conquistado al mundo entero por sus platos y productos tan especiales. Por otro lado, la comida mexicana es, junto a la peruana, una de las gastronomías hispanoamericanas mejor evaluadas por los comensales de todo el mundo. Tanto pizzas, pastas, guacamole o tacos son opciones que se encuentran, generalmente en todo el planeta, expresiones de estas culturas distintas, pero que tienen en común la alta relevancia que le dan a ese acto tan humano como es el comer. Es por eso, que en nuestra visita a la ciudad siciliana de Milazzo, esa pequeña península en la cual habitan 30.000 habitantes, pero que concentra una oferta gastronómica espectacular para todo amante del buen comer, nos sorprendimos al encontrar Pizza e Taco (Cumbo Borgia n°18), en pleno centro de la ciudad del Capo. Este pequeño local, de regencia familiar, propone comida mexicana como tacos, burritos, nachos, etc., con ingredientes locales, es decir sicilianos. Esto, de por sí, es una garantía de buen gusto, pero no es para engañarse; también está presente el toque picante (por supuesto opcional), tan propio de la comida de las tierras del mítico Don Ramón. Pero como bien dice su nombre, los tacos están acompañados de las pizzas, y en mi opinión, y como buenos italianos, acá está el fuerte. Una larga carta de pizzas con múltiples opciones de ingredientes que tiene como particularidad una sección con pizzas llamadas “mexicanas”, las cuales integran a la popular comida con raíces napolitanas eso ingredientes que no pueden faltar en la comida mexicana tradicional. En nuestro caso, por ejemplo, probamos una rica pizza blanca, es decir, con fondo de fior di latte (el queso por excelencia para las pizzas tradicionales), con pomodoro piccadilly y salsa guacamole. Destacable mezcla, pero también es justo destacar la calidad de la pizza, en cuanto a su masa: muy sabrosa, bien cocida, de muy buena calidad, comparándola dentro de las opciones que se encuentran en la misma Italia. Si quieres ver esta pizza con guacamole, y las otras exquisiteces mexicanas que probamos en Pizza e Taco, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.