La franquicia Insidious vuelve con su sexta entrega,La Noche del Demonio: Están entre nosotros ( Insidious: Out of the Further), una nueva incursión al universo creado por James Wan y Leigh Whannell que, esta vez, deja atrás a la familia Lambert para centrarse en una nueva protagonista y, de paso, explorar un poco más las reglas de ese inquietante lugar conocido como El Más Allá. Dirigida por Jacob Chase, la película cuenta con Amelia Eve como Gemma y con el regreso de Lin Shaye como Elise Rainier, uno de los personajes más reconocibles de la saga. La historia sigue a Gemma, una mujer marcada por la traumática muerte de su madre durante su infancia. Ahora, convertida en madre, intenta mantener ese pasado enterrado mientras vive con su hija. El problema es que ambas terminan mudándose precisamente a la casa donde ocurrió aquella tragedia. A partir de ahí comienzan las pesadillas, las apariciones y una serie de fenómenos paranormales que llevan a Gemma a descubrir que posee una capacidad bastante particular: puede viajar al Más Allá y, lo que es todavía más peligroso, traer cosas de ese mundo al nuestro y viceversa. El punto de partida, hay que decirlo, no podría ser más conocido. Una casa cargada de tragedias, una protagonista atormentada por su pasado, una niña que comienza a percibir cosas extrañas y una serie de apariciones que anuncian que algo mucho peor está por venir. La cinta parece, durante buena parte de su primer acto, estar avanzando por un camino que el cine de terror sobrenatural recorrió hasta el cansancio. Y la película tampoco ayuda demasiado en sus primeros minutos. Los silencios prolongados, los encuadres que anuncian que algo aparecerá detrás del personaje y los inevitables golpes de sonido convierten algunos de sus sustos en ejercicios bastante predecibles. El problema no son necesariamente los jumpscares, sino que la película los utiliza como un mecanismo demasiado evidente: sabemos que el susto viene y solo esperamos el momento exacto en que ocurrirá. Sin embargo, hay algo que termina jugando a su favor: cuando Insidious deja de intentar ser simplemente otra película de una familia aterrorizada por una casa embrujada y comienza a explorar El Más Allá, se vuelve considerablemente más entretenida. La incorporación de Gemma y su particular habilidad permite ampliar la mitología de la saga. El Más Allá deja de ser solamente ese espacio nebuloso al que los personajes llegan durante sus experiencias astrales y se transforma en un territorio con consecuencias mucho más concretas sobre el mundo real. La posibilidad de traer entidades desde allí cambia las reglas del juego y abre una puerta interesante para el futuro de la franquicia. De hecho, esa es precisamente la premisa que Sony utiliza como eje de esta nueva entrega: que lo que habita en El Más Allá ahora puede cruzar hacia nuestro mundo. Y es justamente ahí donde aparecen algunos de los mejores momentos de la película. Hay escenas genuinamente tensas, otras bastante desagradables y algunas imágenes que demuestran que Jacob Chase tiene interés en construir una identidad visual propia, aunque la película no siempre consiga sostenerla. Porque La Noche del Demonio: Están entre nosotros es también una película de referencias. Hay ecos visuales y estéticos de Pesadilla en Elm Street y Freddy Krueger, La noche de los muertos vivientes , El dentista y otras películas de terror, algunas más evidentes que otras. Eso si, la película parece disfrutar particularmente cuando abandona el terror atmosférico más convencional y se permite ser directamente grotesca. El mejor ejemplo probablemente sea la secuencia del dentista. Es una escena desagradable, incómoda y francamente asquerosa, que consigue provocar una reacción mucho más visceral que varios de los sustos convencionales de la película. Es también una muestra de que, cuando Insidious se atreve a incomodar en lugar de simplemente sorprender, resulta mucho más efectiva. Por supuesto, tampoco puede faltar Elise Rainier. Lin Shaye ya no necesita hacer demasiado para apropiarse del personaje: Elise se ha convertido prácticamente en un ícono del cine de terror contemporáneo y su presencia aporta una familiaridad que la película aprovecha muy bien. Su aparición funciona además como un puente con las entregas anteriores y como un recordatorio de que, pese a estar contando una historia nueva, seguimos dentro del universo que conocimos desde la primera película. Al final, termina siendo una experiencia bastante más entretenida de lo que promete su comienzo. No reinventa el terror sobrenatural, tampoco alcanza el impacto de las primeras entregas de la franquicia y continúa dependiendo demasiado de recursos conocidos. Pero cuando se mete de lleno en el lore, encuentra suficiente material para expandir su universo y ofrecer algunas escenas realmente efectivas. Ideal para pasar el rato, aunque difícilmente conseguirá quitarle el sueño a quienes ya conocen todos los trucos de la franquicia. Ya disponible en cines chilenos.
La franquicia Insidious vuelve con su sexta entrega,La Noche del Demonio: Están entre nosotros ( Insidious: Out of the Further), una nueva incursión al universo creado por James Wan y Leigh Whannell que, esta vez, deja atrás a la familia Lambert para centrarse en una nueva protagonista y, de paso, explorar un poco más las reglas de ese inquietante lugar conocido como El Más Allá. Dirigida por Jacob Chase, la película cuenta con Amelia Eve como Gemma y con el regreso de Lin Shaye como Elise Rainier, uno de los personajes más reconocibles de la saga. La historia sigue a Gemma, una mujer marcada por la traumática muerte de su madre durante su infancia. Ahora, convertida en madre, intenta mantener ese pasado enterrado mientras vive con su hija. El problema es que ambas terminan mudándose precisamente a la casa donde ocurrió aquella tragedia. A partir de ahí comienzan las pesadillas, las apariciones y una serie de fenómenos paranormales que llevan a Gemma a descubrir que posee una capacidad bastante particular: puede viajar al Más Allá y, lo que es todavía más peligroso, traer cosas de ese mundo al nuestro y viceversa. El punto de partida, hay que decirlo, no podría ser más conocido. Una casa cargada de tragedias, una protagonista atormentada por su pasado, una niña que comienza a percibir cosas extrañas y una serie de apariciones que anuncian que algo mucho peor está por venir. La cinta parece, durante buena parte de su primer acto, estar avanzando por un camino que el cine de terror sobrenatural recorrió hasta el cansancio. Y la película tampoco ayuda demasiado en sus primeros minutos. Los silencios prolongados, los encuadres que anuncian que algo aparecerá detrás del personaje y los inevitables golpes de sonido convierten algunos de sus sustos en ejercicios bastante predecibles. El problema no son necesariamente los jumpscares, sino que la película los utiliza como un mecanismo demasiado evidente: sabemos que el susto viene y solo esperamos el momento exacto en que ocurrirá. Sin embargo, hay algo que termina jugando a su favor: cuando Insidious deja de intentar ser simplemente otra película de una familia aterrorizada por una casa embrujada y comienza a explorar El Más Allá, se vuelve considerablemente más entretenida. La incorporación de Gemma y su particular habilidad permite ampliar la mitología de la saga. El Más Allá deja de ser solamente ese espacio nebuloso al que los personajes llegan durante sus experiencias astrales y se transforma en un territorio con consecuencias mucho más concretas sobre el mundo real. La posibilidad de traer entidades desde allí cambia las reglas del juego y abre una puerta interesante para el futuro de la franquicia. De hecho, esa es precisamente la premisa que Sony utiliza como eje de esta nueva entrega: que lo que habita en El Más Allá ahora puede cruzar hacia nuestro mundo. Y es justamente ahí donde aparecen algunos de los mejores momentos de la película. Hay escenas genuinamente tensas, otras bastante desagradables y algunas imágenes que demuestran que Jacob Chase tiene interés en construir una identidad visual propia, aunque la película no siempre consiga sostenerla. Porque La Noche del Demonio: Están entre nosotros es también una película de referencias. Hay ecos visuales y estéticos de Pesadilla en Elm Street y Freddy Krueger, La noche de los muertos vivientes , El dentista y otras películas de terror, algunas más evidentes que otras. Eso si, la película parece disfrutar particularmente cuando abandona el terror atmosférico más convencional y se permite ser directamente grotesca. El mejor ejemplo probablemente sea la secuencia del dentista. Es una escena desagradable, incómoda y francamente asquerosa, que consigue provocar una reacción mucho más visceral que varios de los sustos convencionales de la película. Es también una muestra de que, cuando Insidious se atreve a incomodar en lugar de simplemente sorprender, resulta mucho más efectiva. Por supuesto, tampoco puede faltar Elise Rainier. Lin Shaye ya no necesita hacer demasiado para apropiarse del personaje: Elise se ha convertido prácticamente en un ícono del cine de terror contemporáneo y su presencia aporta una familiaridad que la película aprovecha muy bien. Su aparición funciona además como un puente con las entregas anteriores y como un recordatorio de que, pese a estar contando una historia nueva, seguimos dentro del universo que conocimos desde la primera película. Al final, termina siendo una experiencia bastante más entretenida de lo que promete su comienzo. No reinventa el terror sobrenatural, tampoco alcanza el impacto de las primeras entregas de la franquicia y continúa dependiendo demasiado de recursos conocidos. Pero cuando se mete de lleno en el lore, encuentra suficiente material para expandir su universo y ofrecer algunas escenas realmente efectivas. Ideal para pasar el rato, aunque difícilmente conseguirá quitarle el sueño a quienes ya conocen todos los trucos de la franquicia. Ya disponible en cines chilenos.