En plena Segunda Guerra Mundial, lejos del ruido de las bombas, también se libraban otras batallas: silenciosas, íntimas y cargadas de tensión. Una de ellas tuvo lugar en la mesa de Adolf Hitler, donde un grupo de mujeres era obligado a probar su comida para evitar un posible envenenamiento. Esta intrigante historia llegó a la pantalla grande con “Las Catadoras” del director italiano Silvio Soldini. La cinta se centra en la vida de Rosa, una joven secretaria que huye de Berlín y se refugia en la casa de sus suegros, mientras espera que su esposo regrese de la guerra. Allí, su vida da un giro inesperado: es reclutada junto a otras mujeres del pueblo para convertirse en una de las catadoras. Desde entonces, cada día son trasladadas a un recinto militar, donde deben probar los alimentos antes que el Führer. Al principio, la protagonista tiene algunos conflictos con sus compañeras, quienes la miran con desconfianza por no ser oriunda del pueblo. Cuando finalmente logra integrarse al grupo, se entera de que su esposo ha sido declarado desaparecido en Rusia. Esta noticia la deja devastada. Está tan triste que se niega a trabajar, pero los militares la llevan a la fuerza. Con el tiempo, Rosa se acostumbra a su peculiar rutina y forma una amistad con sus compañeras. Sin embargo, la ausencia de su esposo hace que se siga sintiendo sola. Para llenar ese vacío, establece una relación con un oficial de las SS, vínculo que mantiene en secreto para evitar ser tildada de traidora. Un día el oficial le confiesa que lo peor es matar a niños y mujeres, pero que con el tiempo se acostumbran. Después de oír esto, Rosa decide poner fin a su romance. Él insiste en que sigan juntos, pero la joven le deja claro que no puede estar con alguien que está dispuesto a asesinar solo porque se lo ordenan. La cinta tiene un final inesperado, donde se pone a prueba la verdadera amistad. Durante toda la trama, especialmente en el desenlace, destaca la interpretación de la actriz protagónica Elisa Schlott. Su actuación transmite muchas emociones. “Las catadoras” se inspira en la historia de Margot Wölk, quien en 2012, a los 95 años, reveló haber formado parte de este grupo. Según su testimonio, eran quince mujeres, y ella fue la única sobreviviente. En lo visual, el film apuesta por una fotografía sobria, de tonos apagados, que refuerza la sensación de encierro y vigilancia. El entorno rural aparece como un espacio suspendido, donde la guerra se percibe de manera indirecta, mientras la figura de Hitler permanece fuera de campo, reducida a rumores y decisiones que impactan la vida de las protagonistas. Este recurso recuerda el largometraje La zona de interés, donde el horror se construye desde la ausencia. “Las catadoras” muestra que las guerras no solo se combaten en los campos de batalla, sino también en espacios íntimos, en decisiones cotidianas y en el peso de seguir con vida cuando todo alrededor se desmorona. Es una película muy conmovedora e intrigante que ayuda a entender el nazismo desde otra mirada. Sin duda, vale la pena verla.
En plena Segunda Guerra Mundial, lejos del ruido de las bombas, también se libraban otras batallas: silenciosas, íntimas y cargadas de tensión. Una de ellas tuvo lugar en la mesa de Adolf Hitler, donde un grupo de mujeres era obligado a probar su comida para evitar un posible envenenamiento. Esta intrigante historia llegó a la pantalla grande con “Las Catadoras” del director italiano Silvio Soldini. La cinta se centra en la vida de Rosa, una joven secretaria que huye de Berlín y se refugia en la casa de sus suegros, mientras espera que su esposo regrese de la guerra. Allí, su vida da un giro inesperado: es reclutada junto a otras mujeres del pueblo para convertirse en una de las catadoras. Desde entonces, cada día son trasladadas a un recinto militar, donde deben probar los alimentos antes que el Führer. Al principio, la protagonista tiene algunos conflictos con sus compañeras, quienes la miran con desconfianza por no ser oriunda del pueblo. Cuando finalmente logra integrarse al grupo, se entera de que su esposo ha sido declarado desaparecido en Rusia. Esta noticia la deja devastada. Está tan triste que se niega a trabajar, pero los militares la llevan a la fuerza. Con el tiempo, Rosa se acostumbra a su peculiar rutina y forma una amistad con sus compañeras. Sin embargo, la ausencia de su esposo hace que se siga sintiendo sola. Para llenar ese vacío, establece una relación con un oficial de las SS, vínculo que mantiene en secreto para evitar ser tildada de traidora. Un día el oficial le confiesa que lo peor es matar a niños y mujeres, pero que con el tiempo se acostumbran. Después de oír esto, Rosa decide poner fin a su romance. Él insiste en que sigan juntos, pero la joven le deja claro que no puede estar con alguien que está dispuesto a asesinar solo porque se lo ordenan. La cinta tiene un final inesperado, donde se pone a prueba la verdadera amistad. Durante toda la trama, especialmente en el desenlace, destaca la interpretación de la actriz protagónica Elisa Schlott. Su actuación transmite muchas emociones. “Las catadoras” se inspira en la historia de Margot Wölk, quien en 2012, a los 95 años, reveló haber formado parte de este grupo. Según su testimonio, eran quince mujeres, y ella fue la única sobreviviente. En lo visual, el film apuesta por una fotografía sobria, de tonos apagados, que refuerza la sensación de encierro y vigilancia. El entorno rural aparece como un espacio suspendido, donde la guerra se percibe de manera indirecta, mientras la figura de Hitler permanece fuera de campo, reducida a rumores y decisiones que impactan la vida de las protagonistas. Este recurso recuerda el largometraje La zona de interés, donde el horror se construye desde la ausencia. “Las catadoras” muestra que las guerras no solo se combaten en los campos de batalla, sino también en espacios íntimos, en decisiones cotidianas y en el peso de seguir con vida cuando todo alrededor se desmorona. Es una película muy conmovedora e intrigante que ayuda a entender el nazismo desde otra mirada. Sin duda, vale la pena verla.