Nunca había visto una película de Mi Villano Favorito ni de los Minions, así que llegué a Minions y Monstruos completamente a ciegas. Y la verdad es que me llevé una tremenda sorpresa. Más que una simple aventura animada, la película termina siendo una verdadera carta de amor al cine y a la historia de Hollywood, construida a partir de un sinfín de referencias que harán sonreír a cualquier amante del séptimo arte. Todo comienza con un recorrido por un antiguo estudio cinematográfico, como si estuviéramos haciendo un tour por los estudios de Warner Bros. Entre estatuas de Alfred Hitchcock, George Lucas y Orson Welles, además de la icónica armadura de Metropolis, descubrimos un monumento dedicado a James y Henry, dos minions que décadas atrás conquistaron Hollywood. A través de un extenso flashback conocemos su historia. Durante siglos, los Minions han buscado servir al villano más malvado del mundo, pasando por toda clase de amos: momias, cíclopes, vampiros y muchas otras criaturas. Su aventura los lleva hasta el Viejo Oeste, donde, tras una persecución y el robo de un tren, terminan llegando a los albores de Hollywood. Entonces descubren que el asalto que acaban de protagonizar era, en realidad, el rodaje de una película. A partir de ese momento comienza lo mejor de la cinta. Un prestigioso director llamado Max convierte a los minions en estrellas del cine mudo, pero con la llegada del sonido todo cambia. Incapaces de adaptarse al cine hablado, caen en el olvido. Es entonces cuando Henry decide crear su propia película de monstruos gigantes, pero utilizando un antiguo libro libera accidentalmente a Goomi, una adorable versión diminuta de Cthulhu. En un comienzo, la criatura parece ayudar a los protagonistas a reunir monstruos para la filmación, pero pronto descubrimos que su verdadero plan consiste en traer de regreso a Howard y Phillips (una evidente referencia a Howard Phillips Lovecraft) para despertar a Miranda, una gigantesca entidad amorfa que inevitablemente recuerda a The Blob . Para impedir el fin del mundo, los minions deberán unir fuerzas con Dort, un robot extraterrestre temeroso que funciona como un claro homenaje al clásico The Day the Earth Stood Still . Visualmente, la película es un auténtico despliegue de creatividad. Los gags funcionan prácticamente sin descanso y resulta imposible no reír con las ocurrencias de los minions. Sin embargo, lo más fascinante es que prácticamente cada escena esconde un homenaje al cine. En pantalla aparecen figuras como Charlie Chaplin, Harold Lloyd y Buster Keaton; el paso del cine mudo al sonoro ocupa un lugar central en la historia; los nombres de los monstruos remiten directamente al universo de Lovecraft; e incluso los productores del estudio, Frank y Elwood Bright, parecen ser otro guiño a los hermanos Warner y a otro personaje Lovecraftiano. Creo que es una película que funciona para todo público, pero muchas de estas referencias probablemente pasarán desapercibidas para los más pequeños. Y no lo digo desde un punto de vista pretencioso, sino porque gran parte de sus homenajes están claramente pensados para espectadores con cierto bagaje cinéfilo. Los niños disfrutarán de la comedia y la acción, mientras que los adultos probablemente se divertirán descubriendo las decenas de referencias escondidas en cada rincón de la película. También merece una mención especial la animación de Illumination. Hay secuencias con un nivel de detalle impresionante, donde por momentos pareciera que los minions realmente existen. Es sorprendente cuánto ha evolucionado el estudio en términos visuales, logrando imágenes que por momentos rozan el fotorrealismo. Más allá de todos los homenajes, la película nunca olvida contar una historia sencilla y entrañable sobre la amistad entre Henry y James, dos personajes que, mucho antes de conocer a Gru, vivieron una aventura inolvidable. Finalmente, un detalle curioso del doblaje en español es la participación del director argentino Andy Muschietti, quien presta su voz al cineasta Max. Al principio puede sentirse como una elección un tanto extraña, casi sacando al espectador de la historia, pero a medida que avanza la película su interpretación termina integrándose de forma natural. No esperaba disfrutar tanto una película de los Minions. Terminé encontrándome con una aventura extraordinariamente entretenida, técnicamente impecable y, sobre todo, con una entrañable declaración de amor a Hollywood, a los monstruos clásicos y a la historia del cine. Ya disponible en cines chilenos.
Nunca había visto una película de Mi Villano Favorito ni de los Minions, así que llegué a Minions y Monstruos completamente a ciegas. Y la verdad es que me llevé una tremenda sorpresa. Más que una simple aventura animada, la película termina siendo una verdadera carta de amor al cine y a la historia de Hollywood, construida a partir de un sinfín de referencias que harán sonreír a cualquier amante del séptimo arte. Todo comienza con un recorrido por un antiguo estudio cinematográfico, como si estuviéramos haciendo un tour por los estudios de Warner Bros. Entre estatuas de Alfred Hitchcock, George Lucas y Orson Welles, además de la icónica armadura de Metropolis, descubrimos un monumento dedicado a James y Henry, dos minions que décadas atrás conquistaron Hollywood. A través de un extenso flashback conocemos su historia. Durante siglos, los Minions han buscado servir al villano más malvado del mundo, pasando por toda clase de amos: momias, cíclopes, vampiros y muchas otras criaturas. Su aventura los lleva hasta el Viejo Oeste, donde, tras una persecución y el robo de un tren, terminan llegando a los albores de Hollywood. Entonces descubren que el asalto que acaban de protagonizar era, en realidad, el rodaje de una película. A partir de ese momento comienza lo mejor de la cinta. Un prestigioso director llamado Max convierte a los minions en estrellas del cine mudo, pero con la llegada del sonido todo cambia. Incapaces de adaptarse al cine hablado, caen en el olvido. Es entonces cuando Henry decide crear su propia película de monstruos gigantes, pero utilizando un antiguo libro libera accidentalmente a Goomi, una adorable versión diminuta de Cthulhu. En un comienzo, la criatura parece ayudar a los protagonistas a reunir monstruos para la filmación, pero pronto descubrimos que su verdadero plan consiste en traer de regreso a Howard y Phillips (una evidente referencia a Howard Phillips Lovecraft) para despertar a Miranda, una gigantesca entidad amorfa que inevitablemente recuerda a The Blob . Para impedir el fin del mundo, los minions deberán unir fuerzas con Dort, un robot extraterrestre temeroso que funciona como un claro homenaje al clásico The Day the Earth Stood Still . Visualmente, la película es un auténtico despliegue de creatividad. Los gags funcionan prácticamente sin descanso y resulta imposible no reír con las ocurrencias de los minions. Sin embargo, lo más fascinante es que prácticamente cada escena esconde un homenaje al cine. En pantalla aparecen figuras como Charlie Chaplin, Harold Lloyd y Buster Keaton; el paso del cine mudo al sonoro ocupa un lugar central en la historia; los nombres de los monstruos remiten directamente al universo de Lovecraft; e incluso los productores del estudio, Frank y Elwood Bright, parecen ser otro guiño a los hermanos Warner y a otro personaje Lovecraftiano. Creo que es una película que funciona para todo público, pero muchas de estas referencias probablemente pasarán desapercibidas para los más pequeños. Y no lo digo desde un punto de vista pretencioso, sino porque gran parte de sus homenajes están claramente pensados para espectadores con cierto bagaje cinéfilo. Los niños disfrutarán de la comedia y la acción, mientras que los adultos probablemente se divertirán descubriendo las decenas de referencias escondidas en cada rincón de la película. También merece una mención especial la animación de Illumination. Hay secuencias con un nivel de detalle impresionante, donde por momentos pareciera que los minions realmente existen. Es sorprendente cuánto ha evolucionado el estudio en términos visuales, logrando imágenes que por momentos rozan el fotorrealismo. Más allá de todos los homenajes, la película nunca olvida contar una historia sencilla y entrañable sobre la amistad entre Henry y James, dos personajes que, mucho antes de conocer a Gru, vivieron una aventura inolvidable. Finalmente, un detalle curioso del doblaje en español es la participación del director argentino Andy Muschietti, quien presta su voz al cineasta Max. Al principio puede sentirse como una elección un tanto extraña, casi sacando al espectador de la historia, pero a medida que avanza la película su interpretación termina integrándose de forma natural. No esperaba disfrutar tanto una película de los Minions. Terminé encontrándome con una aventura extraordinariamente entretenida, técnicamente impecable y, sobre todo, con una entrañable declaración de amor a Hollywood, a los monstruos clásicos y a la historia del cine. Ya disponible en cines chilenos.