A pocos días de su estreno, la miniserie “Él y Ella” en Netflix, basada en la novela de Alice Feeney, ha cautivado al público. Y no es casualidad, la trama no da tregua, con personajes imperfectos y complejos, donde por una u otra razón nadie dice del todo la verdad. Todo ocurre en el pequeño pueblo de Dahlonega, en el estado de Georgia, donde se investiga el asesinato de una mujer encontrada en un bosque. El detective a cargo del caso es Jack Harper, acompañado por su curiosa y joven compañera Priya. En paralelo, la exconductora de noticias Anna Andrews regresa sorpresivamente al canal de televisión que había abandonado un año atrás en Atlanta, tras la muerte de su pequeña hija. Anna busca retomar su antigua labor, pero su puesto ahora está ocupado por otra mujer. Al recibir una negativa de su jefe, decide pedir trabajo como reportera en terreno y cubrir el crimen ocurrido en Dahlonega, después de todo, ese es su pueblo natal. Para añadir aún más tensión a la historia, Anna y Jack conocen a la víctima y además son esposos, aunque llevan tiempo separados desde la muerte de su bebé, momento en que Anna decidió desaparecer por completo. La serie construye una historia policial y dramática, cargada de intrigas, donde cada protagonista tiene su propia versión de los hechos. El peso de las acciones pasadas repercute con fuerza en el presente, y la mentira -o aquello que se calla- se convierte en uno de los elementos más dañinos, complejizando tanto la resolución del crimen -que termina siendo un gatillante para sacar a la luz hechos del pasado- como los dolores y traumas personales. En la construcción de la serie nada está al azar. La narrativa es precisa, todo comunica y obliga al espectador a replantearse constantemente sus propias hipótesis. Los flashbacks cumplen un rol clave, muchas veces resultan altamente explicativos y ayudan a entender mejor ciertas situaciones, aunque sin anticipar del todo lo que está por venir. Protagonizada por Tessa Thompson y Jon Bernthal como la conflictuada pareja central, ambos entregan interpretaciones sólidas y convincentes. Los personajes secundarios también juegan un rol fundamental en el desarrollo de la historia, donde nada está hecho al azar y resulta difícil adelantarse completamente a los acontecimientos -a menos que se haya leído el libro- especialmente frente a su sorpresivo giro final.
Desde el 12 de diciembre se encuentra disponible en Netflix la miniserie “Ciudad de Sombras”, ambientada en la Barcelona del año 2010. La exitosa serie catalana, dirigida por Jorge Torregrossa, es una adaptación de la primera novela de Aro Saínz de la Maza sobre su personaje Milo Malart, un policía muy talentoso, pero que carga con una vida personal tormentosa. En sus seis capítulos, una pareja de policías conformada por el ya citado Milo Malart ( Isak Férriz) y Rebeca Garrido ( Verónica Echegui) intentan resolver un particular crimen, caracterizado por su extrema crueldad, cuya víctima es un poderoso empresario de la ciudad condal, y conectado misteriosamente con el legado arquitectónico del legendario Antoni Gaudí. La investigación no sólo se ve entrampada por el irresponsable actuar de la prensa, la corrupción policial y la sagaz planificación de quien está detrás del asesinato, sino también, por los fantasmas del pasado que inundan las mentes de la pareja de policías. Y es en este punto donde me quiero detener, ya que considero que el desarrollo de los personajes principales, gracias al guion y las actuaciones, es la gran fortaleza de esta producción. Ciudad de Sombras no es la típica simple búsqueda de un asesino, sino que la psicología y pasado de los personajes cumple un rol importante, agregando una vía paralela en la historia, enriqueciéndola y, quizás, pasando a ser más interesante que la caza misma del (o los) criminales. Una buena opción para entretenerse este verano, donde la producción de calidad y la potencia actoral están garantizados.
A pocos días de su estreno, la miniserie “Él y Ella” en Netflix, basada en la novela de Alice Feeney, ha cautivado al público. Y no es casualidad, la trama no da tregua, con personajes imperfectos y complejos, donde por una u otra razón nadie dice del todo la verdad. Todo ocurre en el pequeño pueblo de Dahlonega, en el estado de Georgia, donde se investiga el asesinato de una mujer encontrada en un bosque. El detective a cargo del caso es Jack Harper, acompañado por su curiosa y joven compañera Priya. En paralelo, la exconductora de noticias Anna Andrews regresa sorpresivamente al canal de televisión que había abandonado un año atrás en Atlanta, tras la muerte de su pequeña hija. Anna busca retomar su antigua labor, pero su puesto ahora está ocupado por otra mujer. Al recibir una negativa de su jefe, decide pedir trabajo como reportera en terreno y cubrir el crimen ocurrido en Dahlonega, después de todo, ese es su pueblo natal. Para añadir aún más tensión a la historia, Anna y Jack conocen a la víctima y además son esposos, aunque llevan tiempo separados desde la muerte de su bebé, momento en que Anna decidió desaparecer por completo. La serie construye una historia policial y dramática, cargada de intrigas, donde cada protagonista tiene su propia versión de los hechos. El peso de las acciones pasadas repercute con fuerza en el presente, y la mentira -o aquello que se calla- se convierte en uno de los elementos más dañinos, complejizando tanto la resolución del crimen -que termina siendo un gatillante para sacar a la luz hechos del pasado- como los dolores y traumas personales. En la construcción de la serie nada está al azar. La narrativa es precisa, todo comunica y obliga al espectador a replantearse constantemente sus propias hipótesis. Los flashbacks cumplen un rol clave, muchas veces resultan altamente explicativos y ayudan a entender mejor ciertas situaciones, aunque sin anticipar del todo lo que está por venir. Protagonizada por Tessa Thompson y Jon Bernthal como la conflictuada pareja central, ambos entregan interpretaciones sólidas y convincentes. Los personajes secundarios también juegan un rol fundamental en el desarrollo de la historia, donde nada está hecho al azar y resulta difícil adelantarse completamente a los acontecimientos -a menos que se haya leído el libro- especialmente frente a su sorpresivo giro final.
Desde el 12 de diciembre se encuentra disponible en Netflix la miniserie “Ciudad de Sombras”, ambientada en la Barcelona del año 2010. La exitosa serie catalana, dirigida por Jorge Torregrossa, es una adaptación de la primera novela de Aro Saínz de la Maza sobre su personaje Milo Malart, un policía muy talentoso, pero que carga con una vida personal tormentosa. En sus seis capítulos, una pareja de policías conformada por el ya citado Milo Malart ( Isak Férriz) y Rebeca Garrido ( Verónica Echegui) intentan resolver un particular crimen, caracterizado por su extrema crueldad, cuya víctima es un poderoso empresario de la ciudad condal, y conectado misteriosamente con el legado arquitectónico del legendario Antoni Gaudí. La investigación no sólo se ve entrampada por el irresponsable actuar de la prensa, la corrupción policial y la sagaz planificación de quien está detrás del asesinato, sino también, por los fantasmas del pasado que inundan las mentes de la pareja de policías. Y es en este punto donde me quiero detener, ya que considero que el desarrollo de los personajes principales, gracias al guion y las actuaciones, es la gran fortaleza de esta producción. Ciudad de Sombras no es la típica simple búsqueda de un asesino, sino que la psicología y pasado de los personajes cumple un rol importante, agregando una vía paralela en la historia, enriqueciéndola y, quizás, pasando a ser más interesante que la caza misma del (o los) criminales. Una buena opción para entretenerse este verano, donde la producción de calidad y la potencia actoral están garantizados.