Hay algo curioso en ver hoy en una sala de cine una película de One Piece estrenada originalmente en el año 2000. No solamente porque han pasado más de 25 años desde aquella primera aventura cinematográfica, sino porque permite encontrarse con una versión mucho más pequeña y sencilla de una franquicia que con el paso del tiempo terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más grandes de la animación japonesa. One Piece: La película dura apenas 51 minutos y eso, más que un problema, termina siendo parte de su encanto. La historia nos lleva a los primeros años de los Sombrero de Paja, cuando Luffy, Zoro, Nami y Usopp todavía navegaban juntos a bordo del Going Merry, en una aventura que los enfrenta a la leyenda del pirata Woonan y al ambicioso El Drago, obsesionado con encontrar el enorme tesoro que dejó escondido. La trama es sencilla, directa y no pretende convertirse en una epopeya. Aquí lo importante es la aventura, el humor y, por supuesto, la dinámica entre los personajes. Y probablemente ahí está la principal clave para disfrutarla: esta es una película hecha para quienes ya tienen cariño por este universo. Vista más de dos décadas después, resulta incluso entretenido encontrarse con estos personajes en una etapa tan temprana. Antes de que One Piece se transformara en el gigantesco universo que conocemos hoy, aquí todo se siente mucho más acotado: menos personajes, menos mitología y una aventura mucho más pequeña. Es casi como mirar una fotografía de una franquicia antes de saber en qué se iba a convertir. También hay algo especialmente agradable en su animación tradicional. La película conserva ese aspecto de la animación japonesa de comienzos de los 2000, con colores vivos y una estética que hoy inevitablemente produce cierta nostalgia. Para los seguidores que llevan años acompañando a Luffy y compañía, probablemente sea uno de los mayores atractivos de esta función. Por otro lado, tenemos otro elemento especial que regresa: la música. La película recupera “We Are!” y Memories, dos canciones que se convirtieron en himnos de la franquicia. Escucharlas nuevamente de seguro que será grato para los más fanáticos y nostálgicos. Y si hay algo que queda claro es que no estamos frente a una película pensada para conquistar a alguien que jamás ha visto el animé. No necesita hacerlo. Su principal objetivo es entregarles a los fanáticos una aventura adicional con personajes que conocen y quieren, y en ese sentido funciona mucho mejor cuando uno se deja llevar por su espíritu ligero y aventurero. A esto se suma un verdadero regalo para los seguidores: El Carnaval de Baile de Jango , cortometraje de aproximadamente seis minutos que lleva a los Sombrero de Paja a una celebración donde la situación rápidamente se transforma en una fiesta completamente desatada. Es corto, absurdo y muy en la línea del humor de la franquicia. En definitiva, One Piece: La película probablemente no sea la puerta de entrada definitiva para quienes nunca se han acercado al universo creado por Eiichiro Oda. Pero tampoco pretende serlo. Su gracia está precisamente en recuperar una aventura pequeña, temprana y bastante más inocente de una franquicia que hoy parece no tener límites. Y para quienes crecieron junto a esta tripulación, volver a encontrarlos en esta primera aventura cinematográfica debe tener algo de viaje en el tiempo. Ya está disponible en cines chilenos.
Hay algo curioso en ver hoy en una sala de cine una película de One Piece estrenada originalmente en el año 2000. No solamente porque han pasado más de 25 años desde aquella primera aventura cinematográfica, sino porque permite encontrarse con una versión mucho más pequeña y sencilla de una franquicia que con el paso del tiempo terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más grandes de la animación japonesa. One Piece: La película dura apenas 51 minutos y eso, más que un problema, termina siendo parte de su encanto. La historia nos lleva a los primeros años de los Sombrero de Paja, cuando Luffy, Zoro, Nami y Usopp todavía navegaban juntos a bordo del Going Merry, en una aventura que los enfrenta a la leyenda del pirata Woonan y al ambicioso El Drago, obsesionado con encontrar el enorme tesoro que dejó escondido. La trama es sencilla, directa y no pretende convertirse en una epopeya. Aquí lo importante es la aventura, el humor y, por supuesto, la dinámica entre los personajes. Y probablemente ahí está la principal clave para disfrutarla: esta es una película hecha para quienes ya tienen cariño por este universo. Vista más de dos décadas después, resulta incluso entretenido encontrarse con estos personajes en una etapa tan temprana. Antes de que One Piece se transformara en el gigantesco universo que conocemos hoy, aquí todo se siente mucho más acotado: menos personajes, menos mitología y una aventura mucho más pequeña. Es casi como mirar una fotografía de una franquicia antes de saber en qué se iba a convertir. También hay algo especialmente agradable en su animación tradicional. La película conserva ese aspecto de la animación japonesa de comienzos de los 2000, con colores vivos y una estética que hoy inevitablemente produce cierta nostalgia. Para los seguidores que llevan años acompañando a Luffy y compañía, probablemente sea uno de los mayores atractivos de esta función. Por otro lado, tenemos otro elemento especial que regresa: la música. La película recupera “We Are!” y Memories, dos canciones que se convirtieron en himnos de la franquicia. Escucharlas nuevamente de seguro que será grato para los más fanáticos y nostálgicos. Y si hay algo que queda claro es que no estamos frente a una película pensada para conquistar a alguien que jamás ha visto el animé. No necesita hacerlo. Su principal objetivo es entregarles a los fanáticos una aventura adicional con personajes que conocen y quieren, y en ese sentido funciona mucho mejor cuando uno se deja llevar por su espíritu ligero y aventurero. A esto se suma un verdadero regalo para los seguidores: El Carnaval de Baile de Jango , cortometraje de aproximadamente seis minutos que lleva a los Sombrero de Paja a una celebración donde la situación rápidamente se transforma en una fiesta completamente desatada. Es corto, absurdo y muy en la línea del humor de la franquicia. En definitiva, One Piece: La película probablemente no sea la puerta de entrada definitiva para quienes nunca se han acercado al universo creado por Eiichiro Oda. Pero tampoco pretende serlo. Su gracia está precisamente en recuperar una aventura pequeña, temprana y bastante más inocente de una franquicia que hoy parece no tener límites. Y para quienes crecieron junto a esta tripulación, volver a encontrarlos en esta primera aventura cinematográfica debe tener algo de viaje en el tiempo. Ya está disponible en cines chilenos.