Osgood Perkins nos adentra en un nuevo escenario de terror y toma un camino distinto al que vimos en Longlegs o El Mono. Esta vez, en “Líbralos del Mal” (Keeper) construye un relato minimalista, casi como un cuento narrado alrededor de una fogata, donde una pareja, una enorme casa de madera, un bosque impenetrable y la incómoda presencia de un primo molestoso con su novia son los elementos que dan forma a esta historia paranormal. Liz, interpretada por una estupenda Tatiana Maslany (She-Hulk, El Mono), está lista para pasar un fin de semana romántico con su novio desde hace algún tiempo, un médico llamado Malcolm ( Rossif Sutherland), en una enorme y apartada casa que él posee en medio de un apartado bosque. Ambos son adultos y saben lo que hacen. A ella le gustaría avanzar en la relación, pero también percibe que Malcolm podría estar ocultando algo. El idilio inicial se ve entorpecido por la breve, pero incómoda visita del primo de Malcolm y su novia, quien ni siquiera parece hablar inglés. La situación resulta extraña, tensa, casi fuera de lugar. Al día siguiente de su llegada, Malcolm recibe un supuesto llamado del hospital donde trabaja y debe regresar de urgencia, dejando sola a Liz en la cabaña, algo que a ella claramente no le agrada. Una vez sola, Liz comienza a experimentar momentos inquietantes: ruidos, visiones y una persistente sensación de que hay alguien que la observa. Esa presencia -difusa, intangible- se hace cada vez más presente, volviendo su estadía cada vez más insoportable. La casa parece guardar secretos, y el bosque que la rodea se transforma en un espacio opresivo más que en un refugio romántico. Liz pronto entenderá que hay algo en ese lugar que no está preparada para enfrentar. “Líbralos del Mal” es, ante todo, una película de atmósfera y sugestión, terreno en el que Perkins se mueve con comodidad. El manejo de los silencios, la arquitectura asimétrica y llena de ventanales de la casa, el aislamiento del bosque, los planos extraños y los personajes de los que sabemos poco o nada generan una inquietud constante. Hay una sensación permanente de que algo importante está por revelarse. Sin embargo, la cinta se queda en esa gran expectativa. La construcción del misterio es efectiva, pero cuando finalmente se revelan los secretos, estos no terminan de estar a la altura de la tensión acumulada. La experiencia es perturbadora, sí, pero también algo frustrante. Perkins demuestra que conoce el género y se agradece que explore distintos caminos dentro del terror, alejándose del susto fácil para apostar por un miedo más abstracto y psicológico. No obstante, en esta ocasión queda un poco al debe: hay cabos sueltos, relaciones poco claras y decisiones narrativas que pueden dejar más dudas que certezas. Quizás requiera un segundo o tercer visionado para encontrar lecturas más profundas entre líneas. “Líbralos del Mal” es una propuesta inquietante y atmosférica, pero irregular en su resolución. Disponible en salas de cine del país desde el 19 de febrero.
Osgood Perkins nos adentra en un nuevo escenario de terror y toma un camino distinto al que vimos en Longlegs o El Mono. Esta vez, en “Líbralos del Mal” (Keeper) construye un relato minimalista, casi como un cuento narrado alrededor de una fogata, donde una pareja, una enorme casa de madera, un bosque impenetrable y la incómoda presencia de un primo molestoso con su novia son los elementos que dan forma a esta historia paranormal. Liz, interpretada por una estupenda Tatiana Maslany (She-Hulk, El Mono), está lista para pasar un fin de semana romántico con su novio desde hace algún tiempo, un médico llamado Malcolm ( Rossif Sutherland), en una enorme y apartada casa que él posee en medio de un apartado bosque. Ambos son adultos y saben lo que hacen. A ella le gustaría avanzar en la relación, pero también percibe que Malcolm podría estar ocultando algo. El idilio inicial se ve entorpecido por la breve, pero incómoda visita del primo de Malcolm y su novia, quien ni siquiera parece hablar inglés. La situación resulta extraña, tensa, casi fuera de lugar. Al día siguiente de su llegada, Malcolm recibe un supuesto llamado del hospital donde trabaja y debe regresar de urgencia, dejando sola a Liz en la cabaña, algo que a ella claramente no le agrada. Una vez sola, Liz comienza a experimentar momentos inquietantes: ruidos, visiones y una persistente sensación de que hay alguien que la observa. Esa presencia -difusa, intangible- se hace cada vez más presente, volviendo su estadía cada vez más insoportable. La casa parece guardar secretos, y el bosque que la rodea se transforma en un espacio opresivo más que en un refugio romántico. Liz pronto entenderá que hay algo en ese lugar que no está preparada para enfrentar. “Líbralos del Mal” es, ante todo, una película de atmósfera y sugestión, terreno en el que Perkins se mueve con comodidad. El manejo de los silencios, la arquitectura asimétrica y llena de ventanales de la casa, el aislamiento del bosque, los planos extraños y los personajes de los que sabemos poco o nada generan una inquietud constante. Hay una sensación permanente de que algo importante está por revelarse. Sin embargo, la cinta se queda en esa gran expectativa. La construcción del misterio es efectiva, pero cuando finalmente se revelan los secretos, estos no terminan de estar a la altura de la tensión acumulada. La experiencia es perturbadora, sí, pero también algo frustrante. Perkins demuestra que conoce el género y se agradece que explore distintos caminos dentro del terror, alejándose del susto fácil para apostar por un miedo más abstracto y psicológico. No obstante, en esta ocasión queda un poco al debe: hay cabos sueltos, relaciones poco claras y decisiones narrativas que pueden dejar más dudas que certezas. Quizás requiera un segundo o tercer visionado para encontrar lecturas más profundas entre líneas. “Líbralos del Mal” es una propuesta inquietante y atmosférica, pero irregular en su resolución. Disponible en salas de cine del país desde el 19 de febrero.