Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.