Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.