La mayoría de las personas que viajan a Italia llegan a Roma . No sólo porque es la capital, una ciudad imperdible, y porque todos los caminos llegan a Roma, sino porque también es un buen punto de partida para iniciar viaje a otras ciudades del país. Y dentro de lo que es el contexto de transporte desde o hacia el aeropuerto, o bien, desde o hacia otras ciudades, juega un rol esencial la estación de trenes Termini . Este monumental edificio que cuenta con casi 30 andenes es, para muchos, un punto de referencia en un viaje a Italia, el cual probablemente te obligue a hacer tiempo (como si de una escala aérea se tratara). Y es en esta ocasión, o si simplemente estas conociendo Roma, que la ciudad eterna te ofrece su milenaria historia arquitectónica para que tus ojos se deleiten. Así, si tienes 1, 2 o más horas, a pocas cuadras de la colosal estación, puedes disfrutar de aquellos edificios llenos de arte que brotan por montones en la capital del cristianismo occidental: sus iglesias. Acá te ofrecemos 6 alternativas de visitas de importantes iglesias que se encuentran a pocos metros de la estación: Basílica de Santa Maria la Mayor: Una de las cuatro basílicas mayores de Roma (también conocidas como basílicas papales). Como su nombre lo indica, está dedicada al culto a la Virgen. Si bien el primer templo cristiano consagrado en este lugar por el papa Liberio (s. IV) se transformó de un templo paleocristiano a un templo con características barrocas. Su interior no sólo impresiona por sus dimensiones, sino además por su impresionante techo hecho de madera, pero revestido en oro. Además de sus deslumbrantes capillas, destacan el ícono de la Virgen Salus populi romani, que legendariamente se le atribuye al evangelista San Lucas. En su interior también se encuentra la tumba de Gian Lorenzo Bernini, el afamado artista y arquitecto, padre de la escultura barroca, quien se hiciera masivamente tras el libro y película Ángeles y Demonios. Además, en este templo descansan los restos de 8 papas, entre ellos el papa Francisco, hoy probablemente el centro de atracción de la mayoría de los turistas que visitan diariamente la basílica. Iglesia de Santa Pudenciana: Esta iglesia paleocristiana, a muy pocos metros detrás de la basílica de Santa María la Mayor, es un templo del siglo IV y uno de los más antiguos de Roma. De hecho, una de sus particularidades es que está edificada en un nivel inferior a la actual calle, debiéndose bajar unas escaleras para ingresar a ella (normalmente es todo lo contrario). Está dedicada a Pudenciana, hija del senador romano Pudente, quienes recibieron en su hogar al apóstol San Pedro durante varios años de su estadía en Roma. Entre sus obras más destacadas se encuentra su hermoso mosaico ubicado en el ábside, en el cual se observa a Jesús, sus apóstoles y a las hermanas Pudencia y Práxedes. Iglesia de Santa Práxedes: A pocos pasos desde Santa Maria Maggiore, caminando por via Merulana, se encuentra casi escondida esta pequeña basílica, edificio que data del siglo IX, y que tenía por misión albergar los restos mortales de Santa Práxedes y su hermana Santa Pudenciana. Además, bajo este edificio se trasladaron los cuerpos de un poco más de 2.000 mártires de la Iglesia, los cuales se ubicaban en catacumbas. Impresionan sus hermosos mosaicos y una reliquia de la Pasión: un segmento del pilar en el cual Jesús fue flagelado antes de la crucifixión. Basílica de los Santos Silvestro y Martino en Monti: Ubicada en uno de los barrios históricos de Roma, Monti, pero a escasos metros de la ya nombrada via Merulana, esta basílica barroca esconde bajo sus pies la primitiva basílica paleocristiana del siglo IV, la cual se puede visitar bajando unas pequeñas escaleras. Este edificio que hoy se encuentra en el subsuelo fue, inicialmente, un edificio civil romano del siglo II llamado Titulus Equitii, dando entonces más valor a la visita. Basílica de San Juan de Letrán: Si sigues caminan por la via Merulana, al final te vas a encontrar con San Juan de Letrán, otra basílica mayor. Es la catedral de Roma, es decir, acá está el asiento (cátedra) del Obispo de Roma: el papa. Como tal, es la primera de las iglesias del mundo (también se le conoce como madre de todas las iglesias). Si bien fue una basílica paleocristiana, y albergó en su palacio por mucho tiempo a los papas, hasta que estos emigraron a Avignon (hoy gobiernan desde el Vaticano), hoy está convertida en un edificio barroco, tras las transformaciones que estuvieron al mando de Francesco Borromini. Destaca su hermoso ciborio gótico, las colosales estatuas de los apóstoles, al igual que frescos y mosaicos. Basílica de Santa Maria de los Ángeles y de los Mártires: De regreso a Termini, y saliendo a su frontis, hacia la Piazza dei Cinquecento, llegarás a la Piazza della Repubblica en escasos minutos. En este punto no puedes perderte la belleza de la fuente de las Náyades, que data de entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Es aquí donde llegamos a otro templo con mucha historia: Santa María de los Ángeles y de los Mártires, construido en las ruinas del, alguna vez, imponente edificio romano de las Termas de Diocleciano. Construida en el siglo XVI, esta basílica tiene, entre sus particularidades, un gigantesco órgano que le fue regalado por los romanos al papa Juan Pablo II, en ocasión del Jubileo del año 2000; la Línea Clementina, una meridiana solar inaugurada en 1702; y una sala con información del edificio, las termas y un busto del emperador Diocleciano, quien irónicamente en vida fue un reconocido anticristiano, promotor de la llamada “Gran Persecución” a inicios del siglo IV. Si quieres ver nuestra experiencia en este mini tour por los alrededores de la estación de Termini, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Costa Rica tiene la particularidad de que un viaje de pocas horas puede cambiar completamente el paisaje. Eso fue lo que vivimos al salir desde San José rumbo a Jacó, uno de los principales destinos turísticos del Pacífico Central. El trayecto ya es parte de la experiencia: la carretera atraviesa montañas, abundante vegetación y pequeños pueblos, mostrando una faceta mucho más rural del país antes de llegar a la costa. Jacó, perteneciente al cantón de Garabito, comenzó a transformarse en destino turístico durante la segunda mitad del siglo XX. La apertura de la Costanera Sur, en 1978, fue fundamental para conectar esta zona con el Valle Central y facilitar la llegada de visitantes. Hoy, la ciudad gira en torno a su playa de aproximadamente cuatro kilómetros, pero también cuenta con una gran oferta de restaurantes, hoteles, tiendas, comercio y actividades relacionadas con el turismo. El calor y las primeras sorpresas Apenas llegamos al centro de Jacó notamos una diferencia importante respecto de San José: el calor. La humedad y las altas temperaturas de la costa hacen que la playa sea una invitación permanente a refrescarse en el océano. La calle principal, ubicada a pocos pasos de la arena, concentra buena parte del movimiento de la ciudad. Durante nuestra caminata, además, nos encontramos con algunas de las habitantes más curiosas de Jacó: iguanas que recorrían tranquilamente las calles, completamente acostumbradas a la presencia de visitantes. Sabores mexicanos frente al Pacífico Después de instalarnos en el hotel, nuestra primera parada gastronómica fue El Chicano Mexican Food. Aprovechamos una promoción de fajitas de los sábados y pedimos una de pollo grillado con verduras salteadas, tortillas de maíz, pico de gallo, porotos negros y guacamole. Todo acompañado de una refrescante limonada. Una buena alternativa para quienes quieran variar la gastronomía costarricense y disfrutar de sabores mexicanos durante su visita. Y con el calor de Jacó, el postre era prácticamente obligatorio. Fuimos hasta Pops, una tradicional cadena de heladerías costarricense que nació en 1968 y que hoy está presente en distintos puntos del país. Probamos un café helado, pero la gran estrella fue la Banana Hawaiana: tres bolas de helado acompañadas de plátano, frutas frescas y crema. Una combinación dulce y refrescante perfecta para un día de playa. La cocina costarricense en una soda Después de recorrer el centro y descansar en el Hotel Green, llegó la hora de la cena. A pocos pasos encontramos Jaco Sabor, un pequeño local con ese ambiente cercano y sencillo que caracteriza a las tradicionales sodas costarricenses. En Costa Rica, las sodas son pequeños restaurantes donde se pueden encontrar preparaciones caseras y tradicionales a precios generalmente accesibles. Aquí probamos un chifrijo, uno de los platos más populares del país, preparado con chicharrón, frijoles, pico de gallo, palta y acompañamientos crujientes. Nuestra versión además incluía distintos ajíes encurtidos. También pedimos un casado, uno de los grandes clásicos de la cocina costarricense, con arroz, frijoles negros, ensalada, plátanos fritos y carne de res encebollada. Ambos platos fueron una de las grandes sorpresas del viaje: abundantes, sabrosos y, especialmente, económicos en comparación con otros restaurantes que visitamos. Un desayuno antes de la aventura Al día siguiente nos esperaba una experiencia completamente diferente, pero primero había que recuperar energías. Desayunamos en Locals Grills, un restaurante con una marcada inspiración estadounidense, muy popular entre visitantes extranjeros. El lugar ofrece café con refill y distintos syrups para personalizarlo. Para comer escogimos The Great Panini, un omelette esponjoso con cuatro ingredientes servido en pan ciabatta, con aceite de oliva y finas hierbas. Un desayuno contundente antes de nuestra próxima parada. Cocodrilos en el río Tárcoles A pocos kilómetros de Jacó se encuentra Tárcoles, localidad conocida principalmente por el río que lleva su mismo nombre y por la importante población de cocodrilos que habita en sus aguas. Nuestro objetivo era verlos de cerca, así que realizamos el Jungle Crocodile Safari, un recorrido en bote por el río. La experiencia permite observar a estos enormes animales en su hábitat natural, mientras los guías explican sus características, comportamiento y la fauna que habita en los alrededores. La cercanía impresiona. Ver un cocodrilo de varios metros desplazándose tranquilamente a pocos metros de la embarcación es una experiencia difícil de olvidar. Además de los cocodrilos, el recorrido permite observar distintas especies de aves y otros animales que habitan en este ecosistema. El tour se realiza en grupos pequeños y siguiendo medidas de seguridad, por lo que, pese a la adrenalina, es una experiencia muy recomendable para quienes quieran conocer una de las facetas más salvajes del Pacífico costarricense. Más allá de Jacó Jacó también puede utilizarse como punto de partida para descubrir otros atractivos cercanos. Uno de ellos es el Parque Nacional Carara, conocido por su biodiversidad y especialmente por la presencia de la lapa roja. También están Playa Herradura, con su bahía y marina; Playa Hermosa, uno de los destinos preferidos por los surfistas; y Punta Leona, famosa por sus playas y bosques tropicales. Para quienes quieran continuar explorando la naturaleza, el río Tárcoles ofrece distintas alternativas de navegación y observación de fauna. Una escapada que lo tiene todo Nuestra visita a Jacó fue breve, pero suficiente para descubrir que este destino es mucho más que una playa. En un mismo recorrido pasamos por carreteras rodeadas de vegetación, conocimos una ciudad turística llena de movimiento, probamos comida mexicana y platos tradicionales costarricenses, disfrutamos de un helado frente al calor tropical y terminamos navegando por un río rodeados de cocodrilos. Esa combinación es precisamente uno de los grandes atractivos de Jacó: la posibilidad de pasar de la comodidad de una ciudad turística a la naturaleza más salvaje en cuestión de minutos. Revisa más sobre nuestra visita a Jacó en un nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
Piedras angulares de la comida mediterránea son, sin duda, los pescados y mariscos. En el Mare Nostrum, como le decían al Mar Mediterráneo los antiguos romanos, los productos del mar de calidad abundan, siendo parte importante de la dieta de los seres humanos desde tiempos pretéritos. Y en Sicilia, la isla más grande de este ponto, y más precisamente para los sicilianos, la gastronomía del mar es uno de los elementos más destacados de su variada oferta, y es por ello que nos decidimos recorrer parte de sus 25.833 kilómetros cuadrados con la intención de probar sus bondades. Iniciamos este pequeño tour en las alturas de Erice, uno de los pueblos medievales más bellos de Italia, que, con sus 750 metros sobre el nivel de mar, también ofrece los platos típicos de la cocina siciliana. Y en esta ocasión probamos la mezcla perfecta entre la tradicional pasta con uno de los mariscos por excelencia; ¿el plato? Spaghetti alle vongole , es decir, con almejas. Con fuerte sabor del mar, aceite de oliva y pequeñas almejitas, este plato que generalmente se asocia a Nápoles, tiene su versión original en Sicilia. Es realmente un imperdible que nosotros probamos en Postale 17 (Piazza Antonino Grammatico), traspasando la icónica Porta Trapani. Nos trasladamos sólo unos pocos kilómetros hacia el mar, al puerto de Trapani, capital de la región homónima, al que lo baña la costa oeste de Sicilia. En este caso optamos por probar comida del mar de una manera más relajada, más street food, y encontramos el lugar preciso: Sapurito (Via Turreta n°13), un pequeño local con algunas mesas afuera, que ofrece comida siciliana auténtica con un enfoque de comida callejera. El resultado fue plenamente satisfactorio: probamos un panino con camarones , mayonesa con lima y tomates que estaba muy bueno; y un plato que está entre los top 3 de los más tradicionales en la isla, el pez espada a la parrilla . Correctamente presentado, este filete del popular pez es una de las grandes delicias que nadie puede perderse si visitas este rincón del mundo. Finalmente cruzamos Sicilia de oeste a este, para llegar a la provincia de Messina, a la ciudad costera de Milazzo. Esta particular ciudad que geográficamente es una península cuenta con una oferta gastronómica variada en lo que a gastronomía del mar se refiere. Pero esta vez quisimos ir más allá, y decidimos entrar a un restaurante de comida de autor para obtener una experiencia distinta. Y vaya que lo logramos. El lugar elegido, y que recomiendo a ojos cerrados, es Crudo Mordi il Mare (Via Cumbo Borgia n° 17), proyecto de una talentosa chef y un sommelier que da vida a experiencias sensoriales únicas a través de pescados y mariscos, que acompañados de otros productos italianos, son un deleite para la vista, el olfato y, por supuesto, del gusto. La oferta es diversa, original, única. Desde un “helado Magnum” de pez espada , pasando por una variedad de tártaras, hasta tradicionales arancini con sepia y camarones, o cannoli con productos del mar son algunas de las propuestas de Crudo. El punto más alto, son sus sándwiches. El que te recomiendo: el de atún crudo acompañado de mayonesa con albahaca, tomatitos, cebollín, ‘nduja calabrese y una burrata. Por supuesto acompañado de alguno de los tantos tragos que la carta ofrece. Te invitamos a ver nuestra experiencia completa en En Palco Condimenta, donde podrás apreciar mejor estos deliciosos platos. Disponible en nuestro canal de Youtube.
Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
La mayoría de las personas que viajan a Italia llegan a Roma . No sólo porque es la capital, una ciudad imperdible, y porque todos los caminos llegan a Roma, sino porque también es un buen punto de partida para iniciar viaje a otras ciudades del país. Y dentro de lo que es el contexto de transporte desde o hacia el aeropuerto, o bien, desde o hacia otras ciudades, juega un rol esencial la estación de trenes Termini . Este monumental edificio que cuenta con casi 30 andenes es, para muchos, un punto de referencia en un viaje a Italia, el cual probablemente te obligue a hacer tiempo (como si de una escala aérea se tratara). Y es en esta ocasión, o si simplemente estas conociendo Roma, que la ciudad eterna te ofrece su milenaria historia arquitectónica para que tus ojos se deleiten. Así, si tienes 1, 2 o más horas, a pocas cuadras de la colosal estación, puedes disfrutar de aquellos edificios llenos de arte que brotan por montones en la capital del cristianismo occidental: sus iglesias. Acá te ofrecemos 6 alternativas de visitas de importantes iglesias que se encuentran a pocos metros de la estación: Basílica de Santa Maria la Mayor: Una de las cuatro basílicas mayores de Roma (también conocidas como basílicas papales). Como su nombre lo indica, está dedicada al culto a la Virgen. Si bien el primer templo cristiano consagrado en este lugar por el papa Liberio (s. IV) se transformó de un templo paleocristiano a un templo con características barrocas. Su interior no sólo impresiona por sus dimensiones, sino además por su impresionante techo hecho de madera, pero revestido en oro. Además de sus deslumbrantes capillas, destacan el ícono de la Virgen Salus populi romani, que legendariamente se le atribuye al evangelista San Lucas. En su interior también se encuentra la tumba de Gian Lorenzo Bernini, el afamado artista y arquitecto, padre de la escultura barroca, quien se hiciera masivamente tras el libro y película Ángeles y Demonios. Además, en este templo descansan los restos de 8 papas, entre ellos el papa Francisco, hoy probablemente el centro de atracción de la mayoría de los turistas que visitan diariamente la basílica. Iglesia de Santa Pudenciana: Esta iglesia paleocristiana, a muy pocos metros detrás de la basílica de Santa María la Mayor, es un templo del siglo IV y uno de los más antiguos de Roma. De hecho, una de sus particularidades es que está edificada en un nivel inferior a la actual calle, debiéndose bajar unas escaleras para ingresar a ella (normalmente es todo lo contrario). Está dedicada a Pudenciana, hija del senador romano Pudente, quienes recibieron en su hogar al apóstol San Pedro durante varios años de su estadía en Roma. Entre sus obras más destacadas se encuentra su hermoso mosaico ubicado en el ábside, en el cual se observa a Jesús, sus apóstoles y a las hermanas Pudencia y Práxedes. Iglesia de Santa Práxedes: A pocos pasos desde Santa Maria Maggiore, caminando por via Merulana, se encuentra casi escondida esta pequeña basílica, edificio que data del siglo IX, y que tenía por misión albergar los restos mortales de Santa Práxedes y su hermana Santa Pudenciana. Además, bajo este edificio se trasladaron los cuerpos de un poco más de 2.000 mártires de la Iglesia, los cuales se ubicaban en catacumbas. Impresionan sus hermosos mosaicos y una reliquia de la Pasión: un segmento del pilar en el cual Jesús fue flagelado antes de la crucifixión. Basílica de los Santos Silvestro y Martino en Monti: Ubicada en uno de los barrios históricos de Roma, Monti, pero a escasos metros de la ya nombrada via Merulana, esta basílica barroca esconde bajo sus pies la primitiva basílica paleocristiana del siglo IV, la cual se puede visitar bajando unas pequeñas escaleras. Este edificio que hoy se encuentra en el subsuelo fue, inicialmente, un edificio civil romano del siglo II llamado Titulus Equitii, dando entonces más valor a la visita. Basílica de San Juan de Letrán: Si sigues caminan por la via Merulana, al final te vas a encontrar con San Juan de Letrán, otra basílica mayor. Es la catedral de Roma, es decir, acá está el asiento (cátedra) del Obispo de Roma: el papa. Como tal, es la primera de las iglesias del mundo (también se le conoce como madre de todas las iglesias). Si bien fue una basílica paleocristiana, y albergó en su palacio por mucho tiempo a los papas, hasta que estos emigraron a Avignon (hoy gobiernan desde el Vaticano), hoy está convertida en un edificio barroco, tras las transformaciones que estuvieron al mando de Francesco Borromini. Destaca su hermoso ciborio gótico, las colosales estatuas de los apóstoles, al igual que frescos y mosaicos. Basílica de Santa Maria de los Ángeles y de los Mártires: De regreso a Termini, y saliendo a su frontis, hacia la Piazza dei Cinquecento, llegarás a la Piazza della Repubblica en escasos minutos. En este punto no puedes perderte la belleza de la fuente de las Náyades, que data de entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Es aquí donde llegamos a otro templo con mucha historia: Santa María de los Ángeles y de los Mártires, construido en las ruinas del, alguna vez, imponente edificio romano de las Termas de Diocleciano. Construida en el siglo XVI, esta basílica tiene, entre sus particularidades, un gigantesco órgano que le fue regalado por los romanos al papa Juan Pablo II, en ocasión del Jubileo del año 2000; la Línea Clementina, una meridiana solar inaugurada en 1702; y una sala con información del edificio, las termas y un busto del emperador Diocleciano, quien irónicamente en vida fue un reconocido anticristiano, promotor de la llamada “Gran Persecución” a inicios del siglo IV. Si quieres ver nuestra experiencia en este mini tour por los alrededores de la estación de Termini, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Costa Rica tiene la particularidad de que un viaje de pocas horas puede cambiar completamente el paisaje. Eso fue lo que vivimos al salir desde San José rumbo a Jacó, uno de los principales destinos turísticos del Pacífico Central. El trayecto ya es parte de la experiencia: la carretera atraviesa montañas, abundante vegetación y pequeños pueblos, mostrando una faceta mucho más rural del país antes de llegar a la costa. Jacó, perteneciente al cantón de Garabito, comenzó a transformarse en destino turístico durante la segunda mitad del siglo XX. La apertura de la Costanera Sur, en 1978, fue fundamental para conectar esta zona con el Valle Central y facilitar la llegada de visitantes. Hoy, la ciudad gira en torno a su playa de aproximadamente cuatro kilómetros, pero también cuenta con una gran oferta de restaurantes, hoteles, tiendas, comercio y actividades relacionadas con el turismo. El calor y las primeras sorpresas Apenas llegamos al centro de Jacó notamos una diferencia importante respecto de San José: el calor. La humedad y las altas temperaturas de la costa hacen que la playa sea una invitación permanente a refrescarse en el océano. La calle principal, ubicada a pocos pasos de la arena, concentra buena parte del movimiento de la ciudad. Durante nuestra caminata, además, nos encontramos con algunas de las habitantes más curiosas de Jacó: iguanas que recorrían tranquilamente las calles, completamente acostumbradas a la presencia de visitantes. Sabores mexicanos frente al Pacífico Después de instalarnos en el hotel, nuestra primera parada gastronómica fue El Chicano Mexican Food. Aprovechamos una promoción de fajitas de los sábados y pedimos una de pollo grillado con verduras salteadas, tortillas de maíz, pico de gallo, porotos negros y guacamole. Todo acompañado de una refrescante limonada. Una buena alternativa para quienes quieran variar la gastronomía costarricense y disfrutar de sabores mexicanos durante su visita. Y con el calor de Jacó, el postre era prácticamente obligatorio. Fuimos hasta Pops, una tradicional cadena de heladerías costarricense que nació en 1968 y que hoy está presente en distintos puntos del país. Probamos un café helado, pero la gran estrella fue la Banana Hawaiana: tres bolas de helado acompañadas de plátano, frutas frescas y crema. Una combinación dulce y refrescante perfecta para un día de playa. La cocina costarricense en una soda Después de recorrer el centro y descansar en el Hotel Green, llegó la hora de la cena. A pocos pasos encontramos Jaco Sabor, un pequeño local con ese ambiente cercano y sencillo que caracteriza a las tradicionales sodas costarricenses. En Costa Rica, las sodas son pequeños restaurantes donde se pueden encontrar preparaciones caseras y tradicionales a precios generalmente accesibles. Aquí probamos un chifrijo, uno de los platos más populares del país, preparado con chicharrón, frijoles, pico de gallo, palta y acompañamientos crujientes. Nuestra versión además incluía distintos ajíes encurtidos. También pedimos un casado, uno de los grandes clásicos de la cocina costarricense, con arroz, frijoles negros, ensalada, plátanos fritos y carne de res encebollada. Ambos platos fueron una de las grandes sorpresas del viaje: abundantes, sabrosos y, especialmente, económicos en comparación con otros restaurantes que visitamos. Un desayuno antes de la aventura Al día siguiente nos esperaba una experiencia completamente diferente, pero primero había que recuperar energías. Desayunamos en Locals Grills, un restaurante con una marcada inspiración estadounidense, muy popular entre visitantes extranjeros. El lugar ofrece café con refill y distintos syrups para personalizarlo. Para comer escogimos The Great Panini, un omelette esponjoso con cuatro ingredientes servido en pan ciabatta, con aceite de oliva y finas hierbas. Un desayuno contundente antes de nuestra próxima parada. Cocodrilos en el río Tárcoles A pocos kilómetros de Jacó se encuentra Tárcoles, localidad conocida principalmente por el río que lleva su mismo nombre y por la importante población de cocodrilos que habita en sus aguas. Nuestro objetivo era verlos de cerca, así que realizamos el Jungle Crocodile Safari, un recorrido en bote por el río. La experiencia permite observar a estos enormes animales en su hábitat natural, mientras los guías explican sus características, comportamiento y la fauna que habita en los alrededores. La cercanía impresiona. Ver un cocodrilo de varios metros desplazándose tranquilamente a pocos metros de la embarcación es una experiencia difícil de olvidar. Además de los cocodrilos, el recorrido permite observar distintas especies de aves y otros animales que habitan en este ecosistema. El tour se realiza en grupos pequeños y siguiendo medidas de seguridad, por lo que, pese a la adrenalina, es una experiencia muy recomendable para quienes quieran conocer una de las facetas más salvajes del Pacífico costarricense. Más allá de Jacó Jacó también puede utilizarse como punto de partida para descubrir otros atractivos cercanos. Uno de ellos es el Parque Nacional Carara, conocido por su biodiversidad y especialmente por la presencia de la lapa roja. También están Playa Herradura, con su bahía y marina; Playa Hermosa, uno de los destinos preferidos por los surfistas; y Punta Leona, famosa por sus playas y bosques tropicales. Para quienes quieran continuar explorando la naturaleza, el río Tárcoles ofrece distintas alternativas de navegación y observación de fauna. Una escapada que lo tiene todo Nuestra visita a Jacó fue breve, pero suficiente para descubrir que este destino es mucho más que una playa. En un mismo recorrido pasamos por carreteras rodeadas de vegetación, conocimos una ciudad turística llena de movimiento, probamos comida mexicana y platos tradicionales costarricenses, disfrutamos de un helado frente al calor tropical y terminamos navegando por un río rodeados de cocodrilos. Esa combinación es precisamente uno de los grandes atractivos de Jacó: la posibilidad de pasar de la comodidad de una ciudad turística a la naturaleza más salvaje en cuestión de minutos. Revisa más sobre nuestra visita a Jacó en un nuevo episodio de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
Piedras angulares de la comida mediterránea son, sin duda, los pescados y mariscos. En el Mare Nostrum, como le decían al Mar Mediterráneo los antiguos romanos, los productos del mar de calidad abundan, siendo parte importante de la dieta de los seres humanos desde tiempos pretéritos. Y en Sicilia, la isla más grande de este ponto, y más precisamente para los sicilianos, la gastronomía del mar es uno de los elementos más destacados de su variada oferta, y es por ello que nos decidimos recorrer parte de sus 25.833 kilómetros cuadrados con la intención de probar sus bondades. Iniciamos este pequeño tour en las alturas de Erice, uno de los pueblos medievales más bellos de Italia, que, con sus 750 metros sobre el nivel de mar, también ofrece los platos típicos de la cocina siciliana. Y en esta ocasión probamos la mezcla perfecta entre la tradicional pasta con uno de los mariscos por excelencia; ¿el plato? Spaghetti alle vongole , es decir, con almejas. Con fuerte sabor del mar, aceite de oliva y pequeñas almejitas, este plato que generalmente se asocia a Nápoles, tiene su versión original en Sicilia. Es realmente un imperdible que nosotros probamos en Postale 17 (Piazza Antonino Grammatico), traspasando la icónica Porta Trapani. Nos trasladamos sólo unos pocos kilómetros hacia el mar, al puerto de Trapani, capital de la región homónima, al que lo baña la costa oeste de Sicilia. En este caso optamos por probar comida del mar de una manera más relajada, más street food, y encontramos el lugar preciso: Sapurito (Via Turreta n°13), un pequeño local con algunas mesas afuera, que ofrece comida siciliana auténtica con un enfoque de comida callejera. El resultado fue plenamente satisfactorio: probamos un panino con camarones , mayonesa con lima y tomates que estaba muy bueno; y un plato que está entre los top 3 de los más tradicionales en la isla, el pez espada a la parrilla . Correctamente presentado, este filete del popular pez es una de las grandes delicias que nadie puede perderse si visitas este rincón del mundo. Finalmente cruzamos Sicilia de oeste a este, para llegar a la provincia de Messina, a la ciudad costera de Milazzo. Esta particular ciudad que geográficamente es una península cuenta con una oferta gastronómica variada en lo que a gastronomía del mar se refiere. Pero esta vez quisimos ir más allá, y decidimos entrar a un restaurante de comida de autor para obtener una experiencia distinta. Y vaya que lo logramos. El lugar elegido, y que recomiendo a ojos cerrados, es Crudo Mordi il Mare (Via Cumbo Borgia n° 17), proyecto de una talentosa chef y un sommelier que da vida a experiencias sensoriales únicas a través de pescados y mariscos, que acompañados de otros productos italianos, son un deleite para la vista, el olfato y, por supuesto, del gusto. La oferta es diversa, original, única. Desde un “helado Magnum” de pez espada , pasando por una variedad de tártaras, hasta tradicionales arancini con sepia y camarones, o cannoli con productos del mar son algunas de las propuestas de Crudo. El punto más alto, son sus sándwiches. El que te recomiendo: el de atún crudo acompañado de mayonesa con albahaca, tomatitos, cebollín, ‘nduja calabrese y una burrata. Por supuesto acompañado de alguno de los tantos tragos que la carta ofrece. Te invitamos a ver nuestra experiencia completa en En Palco Condimenta, donde podrás apreciar mejor estos deliciosos platos. Disponible en nuestro canal de Youtube.
Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.