Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.
Los documentales sobre crímenes y asesinos con mentes perversas y calculadoras atraen a una cantidad de público considerable. Y, sin duda alguna, es mucho más atractivo cuando esta mente siniestra se esconde en una persona encantadora que, al menos superficialmente, está inserta plenamente en la sociedad (dicho de otro modo, de la que nadie sospecharía que fuera capaz de cometer un crimen vil y despiadado). Netflix, que ya ha probado esta fórmula con éxito, nos trae un caso allende los andes, el de la señora Yiya Murano : un caso que conmovió a la Argentina de fines de los 70 e inicios del 80, convirtiendo a la victimaria -con el paso del tiempo- en una figura de la cultura pop. En pocas palabras, una señora de familia termina siendo condenada por la muerte de tres amigas (una de ellas su prima), a las que -según determinó la justicia- envenenó con el fin de evitar pagar sendas sumas de dinero de las cuales era deudora. La mujer, Yiya Murano, negó hasta el día de su muerte haber cometido los crímenes, y tras ser indultada, terminó siendo un personaje habitual de la televisión. El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, muy al estilo de este tipo de producciones, intenta confrontar diversas miradas sobre los hechos y los personajes en cuestión, con una apariencia de no estar entregando certezas, sino datos que el espectador tiene que utilizar para, finalmente, llegar a su propia verdad. En este caso, se pueden apreciar tres segmentos en el desarrollo del relato. En primer lugar, los hechos que terminan con la muerte de tres mujeres envenenadas por María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, sus motivaciones y, finalmente, se presenta como una mujer fría, calculadora, con una moral muy relativa y con varios rasgos psicopáticos. En una segunda parte, el enfoque se dirige a la tormentosa relación con su hijo, quien llegó a escribir un libro sobre su madre y que sostiene firmemente que ella sí asesinó a las víctimas de este caso. Por último, en la recta final del documental, se muestra el fenómeno Yiya Murano. Tras su indulto, la señora de Murano buscó incesantemente ser reconocida públicamente: se paseó por cuanto programa de televisión existía, incluso a algunos tan populares como el Almorzando con Mirtha Legrand (al cual asistió en varias oportunidades), convirtiéndose así en un personaje de la cultura argentina. En esta parte del documental, de manera acertada, se contrasta esta farandulización del personaje con su verdadera “obra”, tres mujeres asesinadas, quienes son representadas por familiares, los cuales no solamente tuvieron que perder a sus seres queridos, sino ser testigos de como la sociedad banalizó los crímenes de los cuales fueron víctimas.