Cuando escuchas la palabra Nápoles se te vienen a la cabeza dos cosas: lo primero, pizza; lo segundo, Maradona. Dejando de lado la pasión por el 10 argentino que profesan los napolitanos (y que se puede ver en cada rincón de la ciudad), no hay duda de que en la ciudad donde se inventó la pizza, esta comida es ama y señora de la oferta gastronómica. Pero Nápoles es mucho más desde el punto de vista culinario. Tiene una tradición, quizás un poco desconocida, de varios sándwiches que combinan los diversos productos que generosamente la tierra campana a entregado a sus habitantes, y que, de esta forma, los visitantes podemos disfrutar dentro de un pan. En estos últimos años, y de la mano del aumento exponencial del turismo en la ciudad, han surgido varias propuestas de locales de sándwiches. Lo más atractivo es la combinación de antiguas recetas con la innovación propia de la cocina moderna, dando como resultado verdaderas joyas culinarias dignas de probar y disfrutar. Además, Nápoles es una ciudad con muchos atractivos, a la cual, seguramente le puedes dedicar varios días, y estos panini pueden ser la solución perfecta para variar un menú cargado (y con justicia) a la reina pizza napoletana. A continuación, te dejaremos cuatro datos de sandwicherías napolitanas, todas ellas probadas como opciones de gran calidad si quieres comer algo bueno y rápido: - O’ Cuzzetiello (Rimini n°51): El cuzzetiello es un sándwich típico napolitano que se elabora en un pan llamado cafone, de trigo duro y típico de los sectores rurales de la región de Campania. De forma alargada, se parte por la mitad, se extrae la miga, y es en ese espacio donde se rellena. Este local ofrece una gran cantidad de rellenos, desde los más clásicos hasta algunos que parecen sacados de un Mc Donald’s. El más tradicional es el relleno con los polpette (albóndigas) de carne de vacuno y con el ragú napolitano (salsa de tomate cocida entre 4 y 8 horas). - Kebest (Gian Lorenzo Bernini n°40): A pocos pasos de la céntrica plaza Vanvitelli, locación céntrica del cerro Vomero (uno de los más pintorescos de Nápoles), se encuentra esta kebabería. Pero no te engañes, su oferta tiene poco que ver con los tradicionales kebabs turcos, más bien utilizan el concepto del pan (o pita), para incluir diversos sabores de platos típicos de la región, como también otros propios de la comida rápida norteamericana. Su gran particularidad es que cuenta con dos menús: uno Fat y uno Fit, este último con una cantidad de calorías mucho menor a lo normal en comida de este tipo, para cuidar la línea. - Mañatella (Emanuele de Deo n°64): Esta sandwichería, ubicada a pocos pasos del santuario a cielo abierto de Diego Armando Maradona, en los barrios españoles (una de las zonas más turísticas de la ciudad), ofrece un número limitado de sándwiches rellenos sólo con productos típicos del agro campano. Encontrarás excelentes combinaciones de productos frescos como quesos, jamones y verduras, todos ellos en un también fresco pan rosita, y todo esto por un precio realmente bajo comparativamente con otras ofertas. - Puok (Piazzetta Nilo n°9): Este innovador local de sándwiches tiene un menú pequeño, pero cada panino que ofrece es una obra de arte. Combinaciones estudiadas de excelentes ingredientes, de salsas, carnes y verduras, hacen de Puok uno de los locales relativamente nuevos más exitoso de la ciudad. Ofrecen desde la tan apetecida smash Burger hasta platos tradicionales, reformulados, por cierto, como la carne a la genovese, uno de los acompañamientos de pasta más tradicionales de la ciudad. Si quieres ver más de cerca la exquisita oferta de estos locales, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Pichilemu es uno de los balnearios favoritos de los chilenos. Un lugar hermoso y tranquilo que cada verano se llena de turistas que llegan a disfrutar de sus múltiples bondades. Además de ser reconocida como la capital chilena del surf, recibe a deportistas de distintas partes del mundo que buscan desafiar sus imponentes olas. Ubicada a poco más de tres horas en auto o bus desde Santiago, nosotros viajamos hasta Pichilemu para una escapada en temporada baja, con el objetivo de recorrer con calma algunos de sus lugares más emblemáticos y, por supuesto, probar su exquisita gastronomía, en el marco de un nuevo episodio de En Palco Condimenta. El pasaje en buses Transantin tuvo un valor de poco más de 16 mil pesos (en temporada alta los precios pueden aumentar), con salida desde el terminal San Borja en Santiago. El viaje es cómodo y no se hace tedioso. Una vez en Pichilemu, bajamos en el Terminal Infiernillo, desde donde es posible caminar a pie hasta el centro de la ciudad. Nuestra estadía fue en Pichilemu Domos, ubicado en Camino a Cahuil 2870. Si bien no se encuentra en pleno centro, el lugar está bien conectado, en el exterior pasan colectivos que trasladan a los principales atractivos por precios bastante accesibles. El recinto ofrece cómodas y bien equipadas cabañas y domos, que incluyen un desayuno rico y variado, entregado en una canastita a la hora que acuerdes durante la mañana. En general, Pichilemu Domos destaca por su buena relación precio-calidad, un servicio atento destinado para el buen descanso y la comodidad. En el centro de la ciudad los panoramas abundan, así como también los restaurantes especializados en pescados y mariscos. Uno de los imperdibles es el Centro Cultural Agustín Ross, un hermoso castillo construido a comienzos del siglo XX por el político Agustín Ross Edwards, que alberga interesantes exposiciones permanentes e itinerantes. A un costado se encuentra el Parque Ross, con una privilegiada vista a la costanera, áreas verdes muy bien cuidadas y rincones ideales para descansar o tomar lindas fotografías. La amplia Plaza Arturo Prat es otro punto ideal para pasear, sentarse y adquirir recuerdos de la zona. Desde allí, caminando algunos minutos, se puede llegar a la antigua estación de trenes -hoy convertida en museo- bordeando la Laguna Petrel, un humedal urbano que destaca por su rica flora silvestre y su valor natural. Una caminata imperdible es por la arena oscura y fina de la Playa Principal de Pichilemu. En su borde costero se concentran puestos de artesanía, restaurantes, locales de empanadas y diversas opciones para disfrutar de la gastronomía local frente al mar. Un poco más alejadas del centro se encuentran las salinas de Cáhuil y Barrancas, donde es posible conocer el proceso de extracción de la sal y adquirir este mineral en versiones tradicionales y gourmet. También se pueden encontrar souvenirs elaborados con sal y disfrutar de un entorno natural privilegiado. En el sector de Barrancas destaca además el columpio gigante El Ensueño , ideal para obtener postales inolvidables del viaje. Otra localidad cercana que vale la pena visitar es Los Ciruelos, donde se ubica la Parroquia San Andrés, un espacio de recogimiento y reflexión dedicado a San Andrés Apóstol. Durante los fines de semana, también se puede visitar el Museo del Niño Rural, que exhibe antiguos objetos y piezas artísticas realizadas por alumnos de la escuela del sector y vecinos de la zona. El entorno se complementa con áreas verdes para descansar y puestos donde disfrutar de un tradicional mote con huesillo. Por último, fuimos a conocer Punta de Lobos, una playa reconocida por tener algunas de las mejores olas de la zona, razón por la cual muchos la consideran el paraíso de los surfistas. Su nombre proviene de los lobos marinos que habitan el sector y que pueden observarse principalmente en sus roqueríos, junto a diversas especies de aves marinas. Los paisajes que regala esta playa, especialmente desde su mirador, son realmente impactantes. Eso sí, es importante considerar que no es apta para el baño. En nuestro canal de YouTube no te pierdas todos los detalles de esta escapada en un nuevo episodio de En Palco Condimenta, donde te mostramos parte de estos recorridos y, especialmente, la destacada oferta gastronómica de Pichilemu.
Para muchos, Chania (también conocida como La Canea en español), es de esas ciudades infravaloradas dentro del universo de lugares hermosos que las costas del Mediterráneo ofrecen a turistas y curiosos por conocer el mundo y nuevas culturas. Y pueden que tengan razón, ya que la segunda ciudad más grande la isla de Creta -por detrás de la capital Heraklion- nada menos que cuna de la relevante civilización minoica, no está presente en un lugar de privilegio en las exuberantes listas de ciudades turísticas, que incluso en la misma Grecia prefieren a lugares reventados de visitantes, como Mikonos y Santorini. Pero, y tras visitarla por primera vez (que espero no sea la última), a Chania la considero un sitio que cuenta con todo para ser digna de unas vacaciones. En primer lugar, cuenta con espacios y construcciones que dan cuenta de la presencia de diversas culturas tan importantes como la ya mencionada minoica, griega clásica, romana, árabe andalusí, veneciana, otomana y, por supuesto, la local, la civilización griega moderna. Edificios, templos y ruinas arqueológicas nos muestran parte del legado que hoy la ciudad muestra con orgullo. Quizás uno de los ejemplos más notorios es la iglesia de San Nicolás, que fue construida como una iglesia católica romana, posteriormente se transformó en mezquita en tiempos de los turcos otomanos, para ya más recientemente, y tras la incorporación de la isla de Creta al Estado Griego Moderno, pasar nuevamente a ser consagrada como templo cristiano, pero esta vez ortodoxa griega. Hoy emergen de sus costados un típico campanario cristiano y un minarete propio de la arquitectura musulmana. Pero Chania tiene mucho más: una oferta gastronómica abundante, con platos típicos griegos y locales, por supuesto, como buena isla, cargada a pescados y mariscos. También es importante su cercanía a varias playas de ensueño, las cuales se encuentran a pocos minutos del centro de la ciudad. Dejamos para el final el espacio más característico de la ciudad: su puerto veneciano, un lugar hermoso en sí mismo, en el que a pesar de estar siempre con mucha gente disfrutando en sus muchas cafeterías y restaurantes, se puede respirar la conexión con un pasado esplendoroso siempre ligado al mar. Es, sin duda, este puerto encabezado por su histórico faro, el momento cúlmine de una visita a la ciudad…un imperdible. ¿No te quieres perder imágenes de esta hermosa ciudad? Te invitamos a ver el episodio de En Palco Condimenta, donde también podrás ver algo de su exquisita gastronomía típica.
¿Les ha pasado que han visto, en más de una oportunidad, un local de comida que permanentemente tiene mucha gente esperando por una mesa? Supongo que sí, como también supongo que les invade la curiosidad por saber que tan bueno es ese lugar, como para congregar a tantos interesados que tienen la paciencia para esperar. U na historia de esas es la que voy a compartir en esta nueva escapada por la ciudad siciliana de Milazzo. En esta ocasión, mi curiosidad fue mayor, ya que esta ciudad península/puerto/balneario cuenta con solo 30.000 habitantes aprox. y una oferta gastronómica amplísima en todos los sentidos: precios, calidad, comidas, servicio, etc. Pero el local del cual les hablaré, el ristorante DoppioZero, en las dos visitas anteriores que hice a esta localidad del sur de Italia, tenía esperando gente toda la noche. Investigué un poco más, tanto por internet como con gente de la ciudad, y comencé a comprender esta excesiva y permanente demanda: es uno ristorante catalogado como de los mejores no sólo en Milazzo, sino en la Provincia de Messina. La suerte estaba echada…tenía que comprobarlo personalmente. Y así fue como, reservando con un día de anterioridad, me presenté en DoppioZero. Muy amablemente, y entre decenas de personas que ya estaban esperando afuera de un local repleto de comensales, me dijeron que esperara 15 minutos…que se transformaron en 30. Finalmente terminé en una mesa y debo decir que, a pesar de lo lleno y ajetreado que estaba todo, me atendieron de muy buena manera y, tomando en cuenta las circunstancias, de manera rápida. Pero lo más importante, por supuesto, fue la comida. DoppioZero ofrece antipastos, ensaladas, pastas, carnes y pizzas. Pero mi objetivo fue probar la pizza, ya que me habían dado el dato que eran de las mejores (sino la mejor) de toda Milazzo. También apunté a dos antipastos (entrantes) que consistieron en un clásico de la región de Puglia (Apulia), el panzerotto, similar a nuestras empanadas fritas con queso y tomate; junto a los llamados Coppu Fritto “Ciccio”, un cono de masa frita con queso Grana Padano derretido y el famoso Prosciutto crudo di Parma. Tanto estos “entrantes” como la pizza (una llamada Sorrentina), estaban exquisitas. Se nota de inmediato la calidad tanto de ingredientes como de la preparación, ratificando todo lo que había escuchado y leído, y también explicando con nitidez el por qué de las decenas de personas que esperan un asiento teniendo tantos otros lugares donde ir a comer. Este dato, que hoy comparto contigo, no falla. Así que, si tienes la suerte de ir a Sicilia, y conocer la Provincia de Messina, no dudes en esperar en las afueras de DoppioZero. Vale la pena. Revisa más en nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta.
Todos hemos escuchado alguna vez, al menos, sobre la terrible erupción del volcán Vesubio, hecho acaecido en el año 79 d.C., y que arrasó con la ya famosa ciudad de Pompeya. Más de una película o serie de época han relatado las angustiosas horas en las que miles de personas murieron por una capa inmensa de cenizas y la lluvia de rocas piroclásticas. Pero en esta conmovedora historia sobre la fuerza y letalidad de la naturaleza hay una gran olvidada: la ciudad de Herculano. Ubicada al norte de Pompeya, bastante más cerca del imponente Vesubio, pasó ese primer día de erupción como una simple espectadora de la destrucción, puesto que el viento dirigió el desastre hacia, precisamente, Pompeya. Pero ya en la madrugada del día siguiente, una segunda y más potente erupción selló el destino de Herculano y de sus 4.000 habitantes; una masa de lava sepultó a la ciudad bajo una capa de 25 metros de altura. Y es así como la ciudad balneario, una de las preferidas de la elite romana de la época, desapareció de la faz de la tierra. Fortuitamente, y sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, por unos trabajos ordenados por el rey Carlos III de España (VII de Nápoles), se encontraron los primeros vestigios de Herculano. Pero no será sino hasta 1927 que comenzaron las excavaciones científicas propiamente tales, y el descubrimiento de esta ciudad que maravilla por sus calles, edificios y objetos tan bien conservados. Efectivamente, el hecho de haber quedado cubierta por una profunda capa de 25 metros evitó que los restos quedaran expuestos al oxígeno (el promedio de profundidad de Pompeya, por ejemplo, es de sólo 2 metros y la ciudad quedó expuesta siglos antes que Herculano). Esta auténtica tumba profunda permitió que esculturas, pinturas, mosaicos e incluso cadáveres (se encontraron alrededor de 300 cadáveres de personas esperando huir por la costa) se encuentren en excelentes condiciones. Incluso, algo no muy habitual, se pueden encontrar edificaciones de 2 pisos, villas de gente adinerada y espacios públicos como la palestra, en excelentes condiciones de conservación. Todo esto cambia la perspectiva de una típica visita a un yacimiento arqueológico, en donde hay que tener mucha imaginación para dar vida a tanta ruina sin mucho sentido. En Herculano, no es necesaria la imaginación, sólo basta utilizar los sentidos y viajar por el tiempo. Quien tiene la suerte de visitar esta zona de Italia, y por cierto está interesado en la experiencia de caminar por una auténtica ciudad romana del siglo I, tendrá la disyuntiva: ¿Pompeya o Herculano? La primera respuesta es, obviamente, ojalá visitar ambas. Pero como los recursos temporales y financieros nunca son ilimitados, y eventualmente es más probable que tengamos que elegir (como fue nuestro caso), acá algunos argumentos en favor de Herculano: está un poco más cerca de Nápoles (generalmente se parte desde la ciudad de la pizza); el número de turistas es muchísimo más bajo, obteniendo una experiencia más relajada sin tener que lidiar con filas eternas y masas de seres humanos preocupados de una selfie; Herculano es más pequeña, un recorrido tranquilo y profundo puede hacerse perfectamente en 3 horas (especial si quieres abarcar la visita a otros lugares de la zona); y finalmente, el estado de conservación, como ya lo señalamos más arriba, de Herculano es superior al de Pompeya, la visita no es a un lugar llenos de restos amontonados, es una visita a una ciudad abandonada, semi intacta. ¿Aún no te convences? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta donde podrás ver las imágenes que captamos en este impresionante lugar.
Cuando escuchas la palabra Nápoles se te vienen a la cabeza dos cosas: lo primero, pizza; lo segundo, Maradona. Dejando de lado la pasión por el 10 argentino que profesan los napolitanos (y que se puede ver en cada rincón de la ciudad), no hay duda de que en la ciudad donde se inventó la pizza, esta comida es ama y señora de la oferta gastronómica. Pero Nápoles es mucho más desde el punto de vista culinario. Tiene una tradición, quizás un poco desconocida, de varios sándwiches que combinan los diversos productos que generosamente la tierra campana a entregado a sus habitantes, y que, de esta forma, los visitantes podemos disfrutar dentro de un pan. En estos últimos años, y de la mano del aumento exponencial del turismo en la ciudad, han surgido varias propuestas de locales de sándwiches. Lo más atractivo es la combinación de antiguas recetas con la innovación propia de la cocina moderna, dando como resultado verdaderas joyas culinarias dignas de probar y disfrutar. Además, Nápoles es una ciudad con muchos atractivos, a la cual, seguramente le puedes dedicar varios días, y estos panini pueden ser la solución perfecta para variar un menú cargado (y con justicia) a la reina pizza napoletana. A continuación, te dejaremos cuatro datos de sandwicherías napolitanas, todas ellas probadas como opciones de gran calidad si quieres comer algo bueno y rápido: - O’ Cuzzetiello (Rimini n°51): El cuzzetiello es un sándwich típico napolitano que se elabora en un pan llamado cafone, de trigo duro y típico de los sectores rurales de la región de Campania. De forma alargada, se parte por la mitad, se extrae la miga, y es en ese espacio donde se rellena. Este local ofrece una gran cantidad de rellenos, desde los más clásicos hasta algunos que parecen sacados de un Mc Donald’s. El más tradicional es el relleno con los polpette (albóndigas) de carne de vacuno y con el ragú napolitano (salsa de tomate cocida entre 4 y 8 horas). - Kebest (Gian Lorenzo Bernini n°40): A pocos pasos de la céntrica plaza Vanvitelli, locación céntrica del cerro Vomero (uno de los más pintorescos de Nápoles), se encuentra esta kebabería. Pero no te engañes, su oferta tiene poco que ver con los tradicionales kebabs turcos, más bien utilizan el concepto del pan (o pita), para incluir diversos sabores de platos típicos de la región, como también otros propios de la comida rápida norteamericana. Su gran particularidad es que cuenta con dos menús: uno Fat y uno Fit, este último con una cantidad de calorías mucho menor a lo normal en comida de este tipo, para cuidar la línea. - Mañatella (Emanuele de Deo n°64): Esta sandwichería, ubicada a pocos pasos del santuario a cielo abierto de Diego Armando Maradona, en los barrios españoles (una de las zonas más turísticas de la ciudad), ofrece un número limitado de sándwiches rellenos sólo con productos típicos del agro campano. Encontrarás excelentes combinaciones de productos frescos como quesos, jamones y verduras, todos ellos en un también fresco pan rosita, y todo esto por un precio realmente bajo comparativamente con otras ofertas. - Puok (Piazzetta Nilo n°9): Este innovador local de sándwiches tiene un menú pequeño, pero cada panino que ofrece es una obra de arte. Combinaciones estudiadas de excelentes ingredientes, de salsas, carnes y verduras, hacen de Puok uno de los locales relativamente nuevos más exitoso de la ciudad. Ofrecen desde la tan apetecida smash Burger hasta platos tradicionales, reformulados, por cierto, como la carne a la genovese, uno de los acompañamientos de pasta más tradicionales de la ciudad. Si quieres ver más de cerca la exquisita oferta de estos locales, te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Pichilemu es uno de los balnearios favoritos de los chilenos. Un lugar hermoso y tranquilo que cada verano se llena de turistas que llegan a disfrutar de sus múltiples bondades. Además de ser reconocida como la capital chilena del surf, recibe a deportistas de distintas partes del mundo que buscan desafiar sus imponentes olas. Ubicada a poco más de tres horas en auto o bus desde Santiago, nosotros viajamos hasta Pichilemu para una escapada en temporada baja, con el objetivo de recorrer con calma algunos de sus lugares más emblemáticos y, por supuesto, probar su exquisita gastronomía, en el marco de un nuevo episodio de En Palco Condimenta. El pasaje en buses Transantin tuvo un valor de poco más de 16 mil pesos (en temporada alta los precios pueden aumentar), con salida desde el terminal San Borja en Santiago. El viaje es cómodo y no se hace tedioso. Una vez en Pichilemu, bajamos en el Terminal Infiernillo, desde donde es posible caminar a pie hasta el centro de la ciudad. Nuestra estadía fue en Pichilemu Domos, ubicado en Camino a Cahuil 2870. Si bien no se encuentra en pleno centro, el lugar está bien conectado, en el exterior pasan colectivos que trasladan a los principales atractivos por precios bastante accesibles. El recinto ofrece cómodas y bien equipadas cabañas y domos, que incluyen un desayuno rico y variado, entregado en una canastita a la hora que acuerdes durante la mañana. En general, Pichilemu Domos destaca por su buena relación precio-calidad, un servicio atento destinado para el buen descanso y la comodidad. En el centro de la ciudad los panoramas abundan, así como también los restaurantes especializados en pescados y mariscos. Uno de los imperdibles es el Centro Cultural Agustín Ross, un hermoso castillo construido a comienzos del siglo XX por el político Agustín Ross Edwards, que alberga interesantes exposiciones permanentes e itinerantes. A un costado se encuentra el Parque Ross, con una privilegiada vista a la costanera, áreas verdes muy bien cuidadas y rincones ideales para descansar o tomar lindas fotografías. La amplia Plaza Arturo Prat es otro punto ideal para pasear, sentarse y adquirir recuerdos de la zona. Desde allí, caminando algunos minutos, se puede llegar a la antigua estación de trenes -hoy convertida en museo- bordeando la Laguna Petrel, un humedal urbano que destaca por su rica flora silvestre y su valor natural. Una caminata imperdible es por la arena oscura y fina de la Playa Principal de Pichilemu. En su borde costero se concentran puestos de artesanía, restaurantes, locales de empanadas y diversas opciones para disfrutar de la gastronomía local frente al mar. Un poco más alejadas del centro se encuentran las salinas de Cáhuil y Barrancas, donde es posible conocer el proceso de extracción de la sal y adquirir este mineral en versiones tradicionales y gourmet. También se pueden encontrar souvenirs elaborados con sal y disfrutar de un entorno natural privilegiado. En el sector de Barrancas destaca además el columpio gigante El Ensueño , ideal para obtener postales inolvidables del viaje. Otra localidad cercana que vale la pena visitar es Los Ciruelos, donde se ubica la Parroquia San Andrés, un espacio de recogimiento y reflexión dedicado a San Andrés Apóstol. Durante los fines de semana, también se puede visitar el Museo del Niño Rural, que exhibe antiguos objetos y piezas artísticas realizadas por alumnos de la escuela del sector y vecinos de la zona. El entorno se complementa con áreas verdes para descansar y puestos donde disfrutar de un tradicional mote con huesillo. Por último, fuimos a conocer Punta de Lobos, una playa reconocida por tener algunas de las mejores olas de la zona, razón por la cual muchos la consideran el paraíso de los surfistas. Su nombre proviene de los lobos marinos que habitan el sector y que pueden observarse principalmente en sus roqueríos, junto a diversas especies de aves marinas. Los paisajes que regala esta playa, especialmente desde su mirador, son realmente impactantes. Eso sí, es importante considerar que no es apta para el baño. En nuestro canal de YouTube no te pierdas todos los detalles de esta escapada en un nuevo episodio de En Palco Condimenta, donde te mostramos parte de estos recorridos y, especialmente, la destacada oferta gastronómica de Pichilemu.
Para muchos, Chania (también conocida como La Canea en español), es de esas ciudades infravaloradas dentro del universo de lugares hermosos que las costas del Mediterráneo ofrecen a turistas y curiosos por conocer el mundo y nuevas culturas. Y pueden que tengan razón, ya que la segunda ciudad más grande la isla de Creta -por detrás de la capital Heraklion- nada menos que cuna de la relevante civilización minoica, no está presente en un lugar de privilegio en las exuberantes listas de ciudades turísticas, que incluso en la misma Grecia prefieren a lugares reventados de visitantes, como Mikonos y Santorini. Pero, y tras visitarla por primera vez (que espero no sea la última), a Chania la considero un sitio que cuenta con todo para ser digna de unas vacaciones. En primer lugar, cuenta con espacios y construcciones que dan cuenta de la presencia de diversas culturas tan importantes como la ya mencionada minoica, griega clásica, romana, árabe andalusí, veneciana, otomana y, por supuesto, la local, la civilización griega moderna. Edificios, templos y ruinas arqueológicas nos muestran parte del legado que hoy la ciudad muestra con orgullo. Quizás uno de los ejemplos más notorios es la iglesia de San Nicolás, que fue construida como una iglesia católica romana, posteriormente se transformó en mezquita en tiempos de los turcos otomanos, para ya más recientemente, y tras la incorporación de la isla de Creta al Estado Griego Moderno, pasar nuevamente a ser consagrada como templo cristiano, pero esta vez ortodoxa griega. Hoy emergen de sus costados un típico campanario cristiano y un minarete propio de la arquitectura musulmana. Pero Chania tiene mucho más: una oferta gastronómica abundante, con platos típicos griegos y locales, por supuesto, como buena isla, cargada a pescados y mariscos. También es importante su cercanía a varias playas de ensueño, las cuales se encuentran a pocos minutos del centro de la ciudad. Dejamos para el final el espacio más característico de la ciudad: su puerto veneciano, un lugar hermoso en sí mismo, en el que a pesar de estar siempre con mucha gente disfrutando en sus muchas cafeterías y restaurantes, se puede respirar la conexión con un pasado esplendoroso siempre ligado al mar. Es, sin duda, este puerto encabezado por su histórico faro, el momento cúlmine de una visita a la ciudad…un imperdible. ¿No te quieres perder imágenes de esta hermosa ciudad? Te invitamos a ver el episodio de En Palco Condimenta, donde también podrás ver algo de su exquisita gastronomía típica.
¿Les ha pasado que han visto, en más de una oportunidad, un local de comida que permanentemente tiene mucha gente esperando por una mesa? Supongo que sí, como también supongo que les invade la curiosidad por saber que tan bueno es ese lugar, como para congregar a tantos interesados que tienen la paciencia para esperar. U na historia de esas es la que voy a compartir en esta nueva escapada por la ciudad siciliana de Milazzo. En esta ocasión, mi curiosidad fue mayor, ya que esta ciudad península/puerto/balneario cuenta con solo 30.000 habitantes aprox. y una oferta gastronómica amplísima en todos los sentidos: precios, calidad, comidas, servicio, etc. Pero el local del cual les hablaré, el ristorante DoppioZero, en las dos visitas anteriores que hice a esta localidad del sur de Italia, tenía esperando gente toda la noche. Investigué un poco más, tanto por internet como con gente de la ciudad, y comencé a comprender esta excesiva y permanente demanda: es uno ristorante catalogado como de los mejores no sólo en Milazzo, sino en la Provincia de Messina. La suerte estaba echada…tenía que comprobarlo personalmente. Y así fue como, reservando con un día de anterioridad, me presenté en DoppioZero. Muy amablemente, y entre decenas de personas que ya estaban esperando afuera de un local repleto de comensales, me dijeron que esperara 15 minutos…que se transformaron en 30. Finalmente terminé en una mesa y debo decir que, a pesar de lo lleno y ajetreado que estaba todo, me atendieron de muy buena manera y, tomando en cuenta las circunstancias, de manera rápida. Pero lo más importante, por supuesto, fue la comida. DoppioZero ofrece antipastos, ensaladas, pastas, carnes y pizzas. Pero mi objetivo fue probar la pizza, ya que me habían dado el dato que eran de las mejores (sino la mejor) de toda Milazzo. También apunté a dos antipastos (entrantes) que consistieron en un clásico de la región de Puglia (Apulia), el panzerotto, similar a nuestras empanadas fritas con queso y tomate; junto a los llamados Coppu Fritto “Ciccio”, un cono de masa frita con queso Grana Padano derretido y el famoso Prosciutto crudo di Parma. Tanto estos “entrantes” como la pizza (una llamada Sorrentina), estaban exquisitas. Se nota de inmediato la calidad tanto de ingredientes como de la preparación, ratificando todo lo que había escuchado y leído, y también explicando con nitidez el por qué de las decenas de personas que esperan un asiento teniendo tantos otros lugares donde ir a comer. Este dato, que hoy comparto contigo, no falla. Así que, si tienes la suerte de ir a Sicilia, y conocer la Provincia de Messina, no dudes en esperar en las afueras de DoppioZero. Vale la pena. Revisa más en nuestro nuevo episodio de En Palco Condimenta.
Todos hemos escuchado alguna vez, al menos, sobre la terrible erupción del volcán Vesubio, hecho acaecido en el año 79 d.C., y que arrasó con la ya famosa ciudad de Pompeya. Más de una película o serie de época han relatado las angustiosas horas en las que miles de personas murieron por una capa inmensa de cenizas y la lluvia de rocas piroclásticas. Pero en esta conmovedora historia sobre la fuerza y letalidad de la naturaleza hay una gran olvidada: la ciudad de Herculano. Ubicada al norte de Pompeya, bastante más cerca del imponente Vesubio, pasó ese primer día de erupción como una simple espectadora de la destrucción, puesto que el viento dirigió el desastre hacia, precisamente, Pompeya. Pero ya en la madrugada del día siguiente, una segunda y más potente erupción selló el destino de Herculano y de sus 4.000 habitantes; una masa de lava sepultó a la ciudad bajo una capa de 25 metros de altura. Y es así como la ciudad balneario, una de las preferidas de la elite romana de la época, desapareció de la faz de la tierra. Fortuitamente, y sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, por unos trabajos ordenados por el rey Carlos III de España (VII de Nápoles), se encontraron los primeros vestigios de Herculano. Pero no será sino hasta 1927 que comenzaron las excavaciones científicas propiamente tales, y el descubrimiento de esta ciudad que maravilla por sus calles, edificios y objetos tan bien conservados. Efectivamente, el hecho de haber quedado cubierta por una profunda capa de 25 metros evitó que los restos quedaran expuestos al oxígeno (el promedio de profundidad de Pompeya, por ejemplo, es de sólo 2 metros y la ciudad quedó expuesta siglos antes que Herculano). Esta auténtica tumba profunda permitió que esculturas, pinturas, mosaicos e incluso cadáveres (se encontraron alrededor de 300 cadáveres de personas esperando huir por la costa) se encuentren en excelentes condiciones. Incluso, algo no muy habitual, se pueden encontrar edificaciones de 2 pisos, villas de gente adinerada y espacios públicos como la palestra, en excelentes condiciones de conservación. Todo esto cambia la perspectiva de una típica visita a un yacimiento arqueológico, en donde hay que tener mucha imaginación para dar vida a tanta ruina sin mucho sentido. En Herculano, no es necesaria la imaginación, sólo basta utilizar los sentidos y viajar por el tiempo. Quien tiene la suerte de visitar esta zona de Italia, y por cierto está interesado en la experiencia de caminar por una auténtica ciudad romana del siglo I, tendrá la disyuntiva: ¿Pompeya o Herculano? La primera respuesta es, obviamente, ojalá visitar ambas. Pero como los recursos temporales y financieros nunca son ilimitados, y eventualmente es más probable que tengamos que elegir (como fue nuestro caso), acá algunos argumentos en favor de Herculano: está un poco más cerca de Nápoles (generalmente se parte desde la ciudad de la pizza); el número de turistas es muchísimo más bajo, obteniendo una experiencia más relajada sin tener que lidiar con filas eternas y masas de seres humanos preocupados de una selfie; Herculano es más pequeña, un recorrido tranquilo y profundo puede hacerse perfectamente en 3 horas (especial si quieres abarcar la visita a otros lugares de la zona); y finalmente, el estado de conservación, como ya lo señalamos más arriba, de Herculano es superior al de Pompeya, la visita no es a un lugar llenos de restos amontonados, es una visita a una ciudad abandonada, semi intacta. ¿Aún no te convences? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta donde podrás ver las imágenes que captamos en este impresionante lugar.