Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Una de las más reconocidas comidas en el mundo de la gastronomía es la italiana; y qué duda cabe. El hecho de que a fines del año pasado fue distinguida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue sólo el corolario de una tradición gastronómica que ha conquistado al mundo entero por sus platos y productos tan especiales. Por otro lado, la comida mexicana es, junto a la peruana, una de las gastronomías hispanoamericanas mejor evaluadas por los comensales de todo el mundo. Tanto pizzas, pastas, guacamole o tacos son opciones que se encuentran, generalmente en todo el planeta, expresiones de estas culturas distintas, pero que tienen en común la alta relevancia que le dan a ese acto tan humano como es el comer. Es por eso, que en nuestra visita a la ciudad siciliana de Milazzo, esa pequeña península en la cual habitan 30.000 habitantes, pero que concentra una oferta gastronómica espectacular para todo amante del buen comer, nos sorprendimos al encontrar Pizza e Taco (Cumbo Borgia n°18), en pleno centro de la ciudad del Capo. Este pequeño local, de regencia familiar, propone comida mexicana como tacos, burritos, nachos, etc., con ingredientes locales, es decir sicilianos. Esto, de por sí, es una garantía de buen gusto, pero no es para engañarse; también está presente el toque picante (por supuesto opcional), tan propio de la comida de las tierras del mítico Don Ramón. Pero como bien dice su nombre, los tacos están acompañados de las pizzas, y en mi opinión, y como buenos italianos, acá está el fuerte. Una larga carta de pizzas con múltiples opciones de ingredientes que tiene como particularidad una sección con pizzas llamadas “mexicanas”, las cuales integran a la popular comida con raíces napolitanas eso ingredientes que no pueden faltar en la comida mexicana tradicional. En nuestro caso, por ejemplo, probamos una rica pizza blanca, es decir, con fondo de fior di latte (el queso por excelencia para las pizzas tradicionales), con pomodoro piccadilly y salsa guacamole. Destacable mezcla, pero también es justo destacar la calidad de la pizza, en cuanto a su masa: muy sabrosa, bien cocida, de muy buena calidad, comparándola dentro de las opciones que se encuentran en la misma Italia. Si quieres ver esta pizza con guacamole, y las otras exquisiteces mexicanas que probamos en Pizza e Taco, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Normalmente al visitar una isla, lo más atractivo es conocer sus ciudades costeras, pero nunca está demás echar un vistazo al interior, el cual generalmente esconde lugares mágicos, con quizás un poco menos de buen marketing que una ciudad con hermosas playas. En el caso de Sicilia, la isla del sur de Italia, y la más grande del mar Mediterráneo, puedes encontrar varios rincones interiores que bien vale la pena visitar, pero hay uno que, por su riqueza arquitectónica supera al resto: el Val di Noto . El Valle del Noto es una enorme extensión de territorio ubicada al noreste de Sicilia, que concentra una serie de ciudades que cuentan con espectaculares edificios que arquitectónicamente responden al barroco tardío. ¿El motivo? La región sufrió varios terremotos, siendo el de 1693 tan devastador, que prácticamente se tuvieron que levantar casi desde cero muchas ciudades, replanteándose en los códigos que planteaba el barroco de la época. Ciudades con estas características son muchas, pero hay una de ellas que, además, cuenta con el título de ser la capital del chocolate, por lo que la hace doblemente interesante de visitar. Su nombre: Módica. A sólo media hora en automóvil desde la capital provincial Ragusa, esta pequeña ciudad, de sólo 55.000 habitantes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2002, cuenta con dos edificios históricos que reflejan lo mejor del estilo artístico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII e inicios del XVIII. Ambos son templos cristianos católicos que se enmarcan en la corriente tardía del barroco, en empresas de reconstrucción de las estructuras medievales que colapsaron con el antes citado terremoto de 1693. Nos referimos a la Iglesia de San Pedro, ubicada en la zona baja de la ciudad, en su calle principal, el Corso Umberto I; y a la catedral de San Jorge, ubicada en la zona alta de Módica. Los dos imponentes edificios cobijan obras de arte dignas de cualquier museo. En el caso del duomo de San Jorge, también se puede subir a su torre campanario, la cual mide 62 metros de altura, lugar desde donde se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. El segundo, y quizás para muchos el principal motivo para visitar Módica es su chocolate. Fue en la época en la que el Reino de Sicilia estuvo bajo dominio español post descubrimiento de América, que estos llevaron a Módica el método artesanal para fabricar chocolate que utilizaban los Aztecas, los cuales, a su vez, seguían la tradición de los Mayas. Si bien la receta en Módica agrega azúcar al chocolate (se sabe que en América no se combinaba el cacao con el azúcar), el método de elaboración es similar: Se muele el cacao y se une al azúcar mediante un proceso de elaboración en frío. Este proceso permite que los cristales de azúcar permanezcan intactos en lugar de disolverse. Esta particularidad hace a este chocolate único en sabor y en textura. Hoy es el único chocolate en el mundo con Indicación Geográfica Protegida (IGP). ¿Dónde encontrarlo? En Módica, en todos lados, en especial en la ya señalada calle Umberto I, en donde se encuentran las más prestigiosas chocolaterías de la ciudad. Si quieres conocer más de esta hermosa ciudad y, por supuesto, de su chocolate, te invitamos a ver el nuevo episodio de En Palco Condimenta en el canal de Youtube.
Una de las más reconocidas comidas en el mundo de la gastronomía es la italiana; y qué duda cabe. El hecho de que a fines del año pasado fue distinguida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue sólo el corolario de una tradición gastronómica que ha conquistado al mundo entero por sus platos y productos tan especiales. Por otro lado, la comida mexicana es, junto a la peruana, una de las gastronomías hispanoamericanas mejor evaluadas por los comensales de todo el mundo. Tanto pizzas, pastas, guacamole o tacos son opciones que se encuentran, generalmente en todo el planeta, expresiones de estas culturas distintas, pero que tienen en común la alta relevancia que le dan a ese acto tan humano como es el comer. Es por eso, que en nuestra visita a la ciudad siciliana de Milazzo, esa pequeña península en la cual habitan 30.000 habitantes, pero que concentra una oferta gastronómica espectacular para todo amante del buen comer, nos sorprendimos al encontrar Pizza e Taco (Cumbo Borgia n°18), en pleno centro de la ciudad del Capo. Este pequeño local, de regencia familiar, propone comida mexicana como tacos, burritos, nachos, etc., con ingredientes locales, es decir sicilianos. Esto, de por sí, es una garantía de buen gusto, pero no es para engañarse; también está presente el toque picante (por supuesto opcional), tan propio de la comida de las tierras del mítico Don Ramón. Pero como bien dice su nombre, los tacos están acompañados de las pizzas, y en mi opinión, y como buenos italianos, acá está el fuerte. Una larga carta de pizzas con múltiples opciones de ingredientes que tiene como particularidad una sección con pizzas llamadas “mexicanas”, las cuales integran a la popular comida con raíces napolitanas eso ingredientes que no pueden faltar en la comida mexicana tradicional. En nuestro caso, por ejemplo, probamos una rica pizza blanca, es decir, con fondo de fior di latte (el queso por excelencia para las pizzas tradicionales), con pomodoro piccadilly y salsa guacamole. Destacable mezcla, pero también es justo destacar la calidad de la pizza, en cuanto a su masa: muy sabrosa, bien cocida, de muy buena calidad, comparándola dentro de las opciones que se encuentran en la misma Italia. Si quieres ver esta pizza con guacamole, y las otras exquisiteces mexicanas que probamos en Pizza e Taco, te invitamos a ver el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Cuando se piensa en Costa Rica, lo primero que suele venir a la mente son playas paradisíacas, selvas tropicales y una biodiversidad única. Sin embargo, a poco más de 20 kilómetros de San José existe una ciudad que conserva gran parte de la historia del país y que ofrece una experiencia completamente distinta: Cartago. Fundada en 1563 por el conquistador español Juan Vázquez de Coronado, Cartago fue la primera capital de Costa Rica y mantuvo ese título hasta 1823, poco después de la independencia. Aunque gran parte de su arquitectura colonial desapareció tras los numerosos terremotos que han marcado su historia, la ciudad mantiene un enorme valor patrimonial, religioso y cultural. La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: el corazón espiritual de Costa Rica Nuestra primera parada fue la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada el templo religioso más importante del país. La actual basílica comenzó a construirse a comienzos del siglo XX, luego de que un terremoto destruyera la iglesia anterior. Su arquitectura combina influencias bizantinas y neocoloniales, convirtiéndola en uno de los edificios más reconocibles de Costa Rica. Pero su importancia va mucho más allá de lo arquitectónico. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Ángeles, conocida cariñosamente por los costarricenses como La Negrita. Según la tradición, la pequeña figura apareció en 1635 sobre una roca y, cada vez que era trasladada, volvía misteriosamente al mismo lugar. Ese hecho dio origen al santuario que hoy recibe a millones de peregrinos. Cada 2 de agosto se realiza la tradicional Romería, una peregrinación que congrega a personas provenientes de todos los rincones de Costa Rica e incluso de otros países de Centroamérica. Tuvimos la fortuna de llegar justo cuando se celebraba una misa, por lo que pudimos apreciar no solo la belleza del templo, sino también el profundo ambiente de recogimiento y devoción que lo caracteriza. Un clásico costarricense para comenzar el día Después de recorrer la basílica hicimos una pausa para probar una tradicional empanada de maíz junto a un refrescante batido de frutas naturales. La empanada resultó muy distinta a las que conocemos en Chile, con una preparación más simple pero igualmente sabrosa. Los batidos, en tanto, son parte del día a día de los costarricenses y prácticamente todos los restaurantes ofrecen una amplia variedad de frutas tropicales, que pueden prepararse con agua o con leche. Fue un snack perfecto antes de comenzar una de las rutas más famosas del país. Camino al Volcán Irazú Nuestro siguiente destino era el Parque Nacional Volcán Irazú. Con 3.432 metros sobre el nivel del mar, el Irazú es el volcán activo más alto de Costa Rica y uno de sus principales atractivos turísticos. El parque nacional fue creado en 1955 para proteger este impresionante macizo volcánico, cuya actividad eruptiva ha sido registrada desde el siglo XVIII. Su erupción más recordada comenzó en 1963 y coincidió con la visita del presidente estadounidense John F. Kennedy a Costa Rica. Durante casi dos años el volcán expulsó cenizas que llegaron incluso hasta San José. Lamentablemente, durante nuestra visita el acceso al parque permanecía cerrado, por lo que no fue posible llegar hasta los cráteres. Sin embargo, el recorrido igualmente valió completamente la pena. La ruta asciende entre cultivos, bosques de altura y cerros que ofrecen panorámicas espectaculares del Valle Central. En días despejados, desde la cima del Irazú incluso es posible observar tanto el océano Pacífico como el mar Caribe, un privilegio que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. Dato para los viajeros: el ingreso al Parque Nacional Volcán Irazú debe reservarse con anticipación a través del sistema en línea del SINAC, ya que no se venden entradas en la portería. Debido a la altitud, las temperaturas pueden bajar hasta los 5 °C, por lo que siempre es recomendable llevar ropa de abrigo. Almuerzo con vista en La Cañada El camino nos llevó hasta La Cañada, un restaurante mirador que se ha transformado en una excelente alternativa para quienes recorren la ruta hacia el volcán. Aquí disfrutamos dos paninis realmente espectaculares: uno de pollo grillado con verduras y otro de cuatro quesos, que destacó por su cremosidad. Los acompañamos con jugos naturales, entre ellos uno de naranjilla, una fruta muy popular en Costa Rica y otros países andinos, pero prácticamente desconocida en Chile. Su sabor, entre cítrico y dulce, fue toda una sorpresa. Para terminar llegó una suave torta holandesa que cerró una comida redonda. La combinación entre buena gastronomía, atención cercana y una privilegiada vista de las montañas convierte a La Cañada en una parada altamente recomendable. Las Ruinas de Santiago Apóstol: una historia marcada por los terremotos De regreso al centro de Cartago visitamos uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: las Ruinas de Santiago Apóstol. La construcción de esta iglesia comenzó en 1870 y buscaba convertirse en uno de los templos más importantes del país. Sin embargo, los terremotos de Santa Mónica, ocurridos en 1910, destruyeron gran parte de la estructura antes de que pudiera terminarse. Las obras nunca volvieron a retomarse. Con el paso del tiempo, las ruinas se transformaron en un símbolo de Cartago y también en uno de sus principales atractivos turísticos. Como ocurre con muchos lugares históricos, las leyendas también forman parte de su identidad. La más conocida afirma que cada vez que se intentaba continuar la construcción, un nuevo terremoto detenía los trabajos, dando origen a la creencia popular de que Dios no quería que aquella iglesia fuera terminada. Hoy las antiguas paredes de piedra, sus arcos y jardines forman un escenario único que invita a recorrer la historia de la ciudad y constituye una parada obligada para cualquier visitante. Bocadito del Cielo: un cierre perfecto Para finalizar la jornada regresamos hacia las cercanías del Irazú para visitar Bocadito del Cielo, otro restaurante mirador rodeado de espectaculares paisajes. Comenzamos compartiendo unos patacones de plátano acompañados con frijoles y guacamole. Crujientes por fuera y suaves por dentro, fueron el aperitivo perfecto. Pero la verdadera sorpresa llegó con el plato principal. Probamos un extraordinario rice and beans, una receta tradicional del Caribe costarricense con profundas raíces jamaiquinas. A diferencia del popular gallo pinto, este plato se prepara con leche de coco, frijoles, arroz y especias como tomillo y chile panameño, creando un sabor mucho más intenso y aromático. Nuestra versión incorporaba además cerdo, plátano frito, patacones y una salsa ligeramente picante que terminaba de unir todos los sabores. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores afroantillanos, principalmente provenientes de Jamaica, llegaron a Costa Rica para participar en la construcción del ferrocarril hacia Limón. Con ellos trajeron también sus tradiciones culinarias, que con el tiempo se integraron a la gastronomía costarricense. Sin exagerar, fue uno de los mejores platos que probamos durante todo nuestro viaje. ¿Qué más puedes hacer en Cartago? Si dispones de uno o dos días adicionales, Cartago ofrece numerosas alternativas para seguir explorando. Uno de los imperdibles es el Jardín Botánico Lankester, considerado uno de los mejores jardines botánicos de Centroamérica y famoso por su extraordinaria colección de orquídeas. También vale la pena recorrer el Valle de Orosi, un lugar rodeado de montañas, cafetales y pequeñas localidades rurales que conserva la iglesia colonial más antigua de Costa Rica aún en funcionamiento. Quienes disfrutan del senderismo pueden visitar el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú, donde existen varios kilómetros de senderos entre bosques de altura ideales para caminatas y observación de aves. Y, por supuesto, recorrer con calma el centro histórico de Cartago permite descubrir plazas, cafeterías, pequeños comercios y restaurantes donde la cocina tradicional costarricense sigue siendo la protagonista. Mucho más que una escala Nuestra visita confirmó que Cartago merece mucho más que una parada rápida camino al Volcán Irazú. Aquí encontramos siglos de historia, monumentos cargados de simbolismo, leyendas que siguen vivas entre sus habitantes, paisajes de montaña inolvidables y una gastronomía capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la cocina latinoamericana. Desde la tranquilidad de la Basílica de los Ángeles hasta las misteriosas Ruinas de Santiago Apóstol; desde los miradores del camino al Irazú hasta los inolvidables sabores del rice and beans y los patacones, Cartago nos demostró que es uno de esos destinos donde cada rincón tiene algo que contar.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.