Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.
Bolonia o Bologna, la ciudad del norte de Italia, es, para muchos, la capital gastronómica del país de la bota. Es en esta ciudad donde han nacido, o popularizado, platos típicos de la cocina italiana, que luego han inundado las cartas de tantos restaurantes italianos por el mundo. Es por ello que, quien visita la ciudad está casi obligado a pasar por alguna trattoria u osteria y deleitarse con los bendecidos productos que la Emilia Romagna ofrece. Pero Bologna es una ciudad universitaria (su universidad data de 1088), y también recibe a cientos de miles de turistas cada año, atraídos por su gastronomía y por sus particulares edificios y calles. Por tanto, los conceptos de comida callejera, comida rápida, comida para llevar, comida más barata, etc. son más que necesarios. El punto es, ¿Cómo compatibilizar esta necesidad práctica con una tradición gastronómica tan bien reputada? Y Bologna ha dado con la respuesta correcta…y con creces. La oferta de la llamada Street food es enorme, de calidad, y aprovechando los exquisitos recursos con los que cuenta la gastronomía regional. Esto, combinado muchas veces con la innovación, ha llevado incluso a la invención de propuestas cada vez más osadas y que bien podrían ser consideradas incluso gourmet por los paladares más exigentes. Es así como a través de unos pancitos típicos, llamados tigelle, puedes probar productos tan típicos que van desde quesos, cecinas o salsas típicas; puedes probar sándwiches de ensueño con la famosa mortadella de Bologna o el popular Ragú, este último que impropiamente llamamos salsa boloñesa; o comer platos típicos de la ciudad, como su cotoletta alla bolognese o la archiconocida lasagna, en versiones revisitadas y aptas para disfrutarlos en una plaza. Las opciones son casi ilimitadas, y son, por cierto, opciones de altísima calidad para quienes visitan la ciudad y que, por razones de dinero o tiempo, prefieran este tipo de comida. Te invitamos a ver en Youtube el episodio de En Palco Condimenta, en el cual hicimos un tour por algunos de estos sitios de comida callejera, para que puedas conocer mejor sobre algunas de estas deliciosas propuestas que Bologna tiene para ofrecer.
Ya quedaron atrás los días en los que, en EE.UU., el llamado filete estilo Hamburgo, que había llegado al país norteamericano con los inmigrantes alemanes, pasó a ser servido entre dos rebanadas de pan. Hablamos de fines del siglo XIX, momento en que el ingenio de algún chef llevó a esta carne picada a convertirse en un sándwich que, a la postre, se convertiría en uno de los más populares del mundo. Incluso podríamos señalar que también es historia el boom que se produjo por la hamburguesa de la mano de las cadenas de comida rápida, en pleno siglo XX, que, si bien continúan siendo de predilección de las masas, ha encontrado, sobre todo en este siglo XXI, una tendencia a la masificación de la hamburguesa de autor, de la hamburguesa gourmet. Testigos somos todos de la proliferación, en nuestro país, de varias propuestas gastronómicas de hamburguesas de todo tipo, en los cuales se mezclan productos de alta calidad con carnes de excelencia. Habiendo probado tantas, y entendiendo que cada creación es un mundo particular de sabores y texturas, nos animamos en nuestra última visita a Italia a realizar algo así como un “tour” de hamburguesas, en esta búsqueda por conocer sabores novedosos en el país en el que su gastronomía es considerada patrimonio de la humanidad. Dentro de las opciones, y dadas sus características, elegimos la sureña isla de Sicilia. Es, por cierto, la región más grande de Italia, y reconocida por contar con una producción de los más diversos productos, animales y vegetales, que garantizan el cumplimiento del objetivo: probar sabores nuevos. El sitio elegido fue la ciudad de Milazzo, provincia de Messina, al noreste de la isla. Ahí fuimos a distintas hamburgueserías/sandwicherías con interpretaciones distintas de esta popular comida. Y estas interpretaciones partían desde el tipo de pan, el tipo de carne y los más diversos ingredientes que acompañan a la carne. Los panes, desde uno más típico para uno de nuestros queridos completos, pasando por el tradicional pan de hamburguesas, hasta uno crujiente y de miga suave. ¿Los ingredientes? De lo más variado, tanto en quesos, charcutería y vegetales. Todo fresco y muchos de ellos muy singulares, que combinados te transportaban a lugares desconocidos. En este punto, Sicilia es un lugar bendecido y también un ejemplo de conservación de las tradiciones artesanales en lo que a alimentos se refiere. Por último, lo más importante: la carne. Y en este punto, cabe señalar que no sólo cuentan con una carne de vacuno y de cerdo local de altísimo nivel, sino también de animales que, para nosotros en Chile, podríamos nombrar como “no tradicionales”. Me refiero a la carne de caballo, la carne de asno y la carne de búfalo. La primera es muy común, especialmente en la zona este de Sicilia. Comer carne de caballo es casi una obligación si quieres sumergirte en la comida siciliana. La producción carne de asno (burro) en la isla ha aumentado con el paso del tiempo, incorporando una nueva opción en el catálogo. La producción de carne de búfalo, siempre de la mano de los quesos provenientes de este animal originario de la India y del sudeste asiático, también ha estado creciendo en estas latitudes. En síntesis, varias experiencias culinarias en unos pocos días, que llevaron nuestra comprensión de este popular sándwich a niveles impensados, experiencias que compartimos con ustedes en el nuevo episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
La enfermedad celíaca, una afección autoinmune que afecta seriamente a quien la padece si consume gluten (que generalmente se encuentra en el trigo, la cebada, la avena y el centeno) es bastante desconocida para la mayoría de la población. Un poco más lo es la intolerancia a la lactosa, ya que hay una mayor cantidad de personas que la padecen. Pero en términos generales, poco y nada se sabe en concreto, salvo que ya hayas tenido que visitar a un médico y te la haya diagnosticado, y que, por tanto, debas adecuar tu dieta no consumiendo gluten y/o lactosa. En nuestro último viaje a Milazzo, la ciudad peninsular ubicada en el noreste de la isla de Sicilia, bañada por las aguas del Mar Tirreno, encontramos un local pequeño, que a simple vista parecía otra de las tantas pastelerías que, como buena ciudad italiana, tiene esta urbe, pero que anunciaba ya en su logo que sus productos son 100% libres de gluten y de lactosa. De inmediato, con el olfato buscando experiencias culinarias novedosas, nos interesamos en ir a probar su oferta y resolver si era cierto o no el mito que la comida para celíacos y/o para aquellos que no pueden consumir lactosa es casi comida para enfermos; fome, sin gusto y, al ser “especial”, cara. Ingresamos a EsSenza, y nos percatamos de que no es solamente una pastelería (entendiendo que venden galletas y pastelitos), sino también vendían el bendecido Gelato Italiano con un cono sin gluten, y productos artesanales típicos de panadería, como pizza y pan, entre otros. Por supuesto, tanto dulce como salado, ofrecen las exquisiteces propias de la isla: arancini, cassata siciliana y el popular cannolo. Probamos, por supuesto, el gelato y las galletas. ¿Alguna diferencia? Prácticamente ninguna. Siguiendo por lo dulce, también probamos una mini tarta con frutas, que si bien la masa tenía un sabor distinto a las que comúnmente habíamos probado, estaba deliciosa. Pero lo que más me sorprendió, y para bien, fue un berlín frito relleno de ricota dulce (el relleno, junto a la crema de pistacho, típico de Sicilia). La masa era, quizás, hasta más rica y sabrosa que la de cualquier berlín hecho con harina de trigo. Esponjosa, suave, dio cuenta del amor y el profesionalismo con que en EsSenza se trabaja y se elaboran sus productos. En cuanto a lo dulce, pedimos 2 trozos de pizza (masa sin gluten y queso sin lactosa), y realmente las disfruté muchísimo. No vamos acá a cuestionar la calidad del tomate en Italia, pero sí resaltar lo bien hecha que estaba la masa, la que a pesar de no ser hecha con harina de trigo, tenía un sabor espectacular. Ahora bien, desde un punto de vista no menos importante, los precios eran similares a los de cualquier pastelería-heladería-panadería de la ciudad, lo que lógicamente es un alivio para los bolsillos de quienes sólo pueden comer este tipo de comida, y un aliciente para que cualquier persona compre en este negocio (cuestión que vi con mis ojos: no paraba de entrar gente a comprar). Aunque el mayor estímulo, y de eso doy fe con mi experiencia, son los sabores; pueden variar un poco, y es lógico, pero todo lo que comí en EsSenza estaba exquisito. Como reflexión final, creo que este tipo de modelo de negocio bien podría replicarse en Chile. Precios normales y justos, buena atención y, sobre todo, productos artesanales variados de excelente calidad y para todo tipo de paladares. Sería la combinación perfecta para que cualquier persona comprara esta comida, y sería un gran aporte a tantas personas que no tienen otra alternativa. Revisa en nuestro canal de Youtube el nuevo episodio de En Palco Condimenta probando las bondades de EsSenza.
La pizzería Salvo, de los hermanos Francesco y Salvatore Salvo, es considerada dentro del grupo de las pizzerías top de la ciudad cuna de la pizza, Nápoles. Y esto no es poco, ya que estamos hablando que las buenas pizzerías abundan en la ciudad que proclamó ídolo al “Diego”, siendo reconocida habitualmente entre las mejores de Italia y el mundo en el reconocido ranking “50 top pizzas”. La base del éxito de la propuesta de los hermanos Salvo se basa en, sin abandonar la tradición pizzera napolitana, estar constantemente innovando. Frente a esta oferta particular, decidimos visitarla. En su menú destaca, a diferencia de muchas de las tantas pizzerías que invaden cada metro cuadrado de Nápoles, la utilización consciente de diversos tipos de tomates, todos de la prolífera región de Campania. Y sí, mientras la mayor parte de pizzerías en el mundo ofrece lo que comúnmente se llama “salsa de tomate”, en Salvo se señala qué tipo especial de tomate lleva tal o cual pizza, todo ello cuidadosamente estudiado para generar las combinaciones perfectas en cada pizza. Es por ello que, por ejemplo, cuenta con una carta con 7 tipos de pizzas margaritas, todas ellas con un tomate en particular. Además, ofrece dentro de los entrantes, un trío de montanaras. ¿qué es una montanara? Una pizza frita redonda, en la cual los ingredientes van arriba de la masa, al igual que una pizza tradicional. En este entrante, cada una de las 3 montanaras viene con un tomate distinto, abriendo la posibilidad de probarlos y contrastarlos. Tomates hay muchos, pero por solo nombrar algunos: Tomate San Marzano, parecido a una pera, tiene un sabor levemente dulce y poco ácido. Es, al menos en Nápoles, el tomate standard en las pizzas. Tomate Piennolo del Vesuvio, cultivado en los suelos volcánicos del gigante que destruyó Pompeya y Herculano, tiene un sabor agridulce intenso. Tomate Corbarino, este pequeño tomate, que nosotros llamaríamos Cherry, tiene un equilibrio intenso entre dulzura y acidez. Tomate Caramella, este tomate tipo datterino es uno de los tomates más dulces del mundo, alto en azúcares y carente de acidez. Si quieres conocer nuestra experiencia en la Pizzería Salvo y descubrir sobre algunos de los distintos tomates que tuvimos la suerte de probar y contrastar, ve el siguiente episodio de En Palco Condimenta.