Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Grecia destaca por su excelente gastronomía que, generalmente, pelea en los primeros lugares de los rankings que intentan medir cual es la mejor del mundo. Su ubicación geográfica favorece, por cierto, a la producción de productos de altísima calidad, lo cual, sumado a tantos siglos de historia y de contacto con otros pueblos, hacen de la comida griega una de las más apetecidas. En este contexto, la carne es uno de los alimentos que destaca: debidamente sazonados con toda la experiencia de oriente, pero con un sello y estilo propio, comer carne en Grecia es casi un deber. Es por ello por lo que, en el país heleno, y por supuesto, en su capital Atenas, te vas a encontrar con mucha oferta de locales especializados. El negocio típico donde podrás probar carne es el psitopolío (ψητοπωλείο). Es un local de carnes a la parrilla, el cual puede presentarse en un formato restaurante (similares a una parrillada como las conocemos) o bien como un local no tan grande, donde la parrilla horizontal y las verticales (donde se asan las carnes del tradicional gyro) están a la vista de las personas. En este último caso, si bien cuentan con mesas, la venta se centra bastante en la comida take away. Además del recién nombrado gyro, el cual se asa verticalmente y cortado en trozos pequeños y se sirve en un pan pita o al plato, también puedes encontrar la carne servida en el tradicional souvlaki (también conocido sobre todo en Atenas como kalamaki). En buen chileno, es un anticucho, que, al igual que la carne del gyro, puede ser de cerdo, pollo o cordero. Este, por supuesto, se asa horizontalmente, y puede ser servido al plato con los palitos, o bien en un pan pita, como sándwich. Quizás menos conocido en el exterior, pero muy solicitadas y recomendadas, son otros cortes como las costillas (Païdakia), las hamburguesas griegas (bifteki), los chorizos (loukánico) y la versión de los Balcanes de nuestros tradicionales chunchules: el kokoretsi. Aunque se diferencian en el intestino que se usa (cordero o cabra en vez del de vacuno); en la sazón (se utiliza una no despreciable cantidad de especias); y en el uso de vísceras como mollejas, pulmones y/o riñones. Si no estás abierto a probar sabores, en Atenas también puedes encontrar locales de hamburguesas estilo norteamericano, otra forma, menos atrevida, por cierto, de comer buena carne en la ciudad cuna de la democracia. ¿Quieres conocer algunas de estas apetitosas opciones? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, donde te mostraremos nuestra experiencia.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Corrían los primeros años del nuevo siglo, y surgió una nueva forma (algunos dicen reinterpretación, otros, evolución) de la famosa y tradicional pizza napolitana . Esto ya no se trata de crear otro tipo de pizza distinta a la original napolitana, como podría ser una pizza romana, sino de transformarla sin perder su esencia. Repasemos, la pizza napolitana verace, es decir, la tradicional, se caracteriza por una masa fina, suave, con un borde (cornicione) alto e inflado, cocida en un horno a leña por escaso tiempo a una temperatura entre 450° y 500°. Todas estas características se mantienen en esta nueva creación de la cocina napolitana, pero se intensifican con la intención de obtener una masa más hidratada, más digerible, incluso más suave y ligera que la tradicional. ¿El resultado? Una pizza que se caracteriza por una masa similar a una nube; con un borde más alto, pero a la vez más aireado; y generalmente con apuestas de ingredientes menos tradicionales y más finos (como reemplazar la salsa de tomate por pastas de distintas verduras, por ejemplo), lográndose una pizza que perfectamente podemos llamar gourmet. Y si bien, con los años, cada vez más nacen pizzerías que ofrecen esta pizza contemporánea, hay una que se ha convertido en cadena, y que ha expandido esta novedosa comida por gran parte de Italia e, incluso, por otros países europeos y asiáticos. Nos referimos a la pizzería del pizzaiolo Vincenzo Capuano, uno de los líderes de esta verdadera revolución dentro de la tradición, quien siendo nieto e hijo de maestros pizzeros, ha dado con una receta en donde la hidratación, el uso de una harina fuerte, y la utilización de ingredientes gourmet campanos, han sido claves para formar un verdadero imperio que se expande día a día. ¿La experiencia? Sencillamente una de las mejores. Comer esta pizza es realmente una experiencia nueva y distinta. La suavidad de la masa llega a sorprender; su borde, que a pesar de que se ve mucho más grande de lo normal, es tan aireado y rico que es un placer comérselo; y los ingredientes, de inmediato se nota su buena calidad. Comer pizza napolitana en Nápoles es un imperativo, que duda cabe, pero comer también una pizza contemporánea te llevará a otras latitudes del placer culinario. Nosotros, en esta ocasión, visitamos la sucursal de la ciudad siciliana de Catania. Buena atención, lugar cómodo y una pizza sensacional. Compartimos nuestra experiencia completa en el nuevo episodio de En Palco Condimenta disponible en el canal de Youtube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.
Matera, una de las ciudades más antiguas del mundo, ubicada en la región italiana de Basilicata, es hoy considerada una auténtica joya turística. Es que su apariencia de ciudad antigua (estilo Jerusalén), su ubicación en las rocas (de ahí nacen sus sassi), y sus más de 100 iglesias rupestres atraen a personas de todo el mundo. Quizás no tiene las luces y cámaras de una Roma o una Venecia, pero es un lugar mágico que, por cierto, recomiendo visitar, y del cual ya hablé en un artículo pasado. Pero estos nuevos bríos de esta particular ciudad son un fenómeno relativamente nuevo. Hasta el año 1952, Matera era conocida como “la vergüenza de Italia”; un lugar casi desconocido y desconectado del resto del país, que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya se había puesto en marcha para retomar el camino de la industrialización y el progreso. Matera, en cambio, seguía sumida en las más primitivas condiciones preindustriales, destacando en esta estructura premoderna, que parecía mantener congelado el tiempo, sus casas cuevas (en italiano casa grotta). Estas viviendas excavadas en la roca (muchas veces con las propias manos), además de no ser de grandes dimensiones, presentaban una serie de problemas en términos de bienestar e higiene. En otros, carecían de ventilación, energía eléctrica, servicios sanitarios y agua potable. Además de la cama, una mesa y la cocina, se debían guardar las herramientas de trabajo, el o los animales y la comida de estos. En el caso de los animales, ya se pueden imaginar el olor con el que estas familias debían convivir en este espacio reducido. En nuestro caso, la experiencia de ver in situ una de estas casas cuevas la vivimos en la Storica Casa Grotta di Vico Solitario (Vico Solitario n°11), ubicada en el Sasso Caveoso, una muy bien amueblada y decorada habitación, que permite sumergirse e imaginar la dura vida de los antiguos habitantes de la ciudad. La entrada a este lugar permite, además, recorrer el lugar donde almacenaban nieve (vital para el consumo y comercio de agua), la Grotta Naturale (cueva que era utilizada para que los vecinos se reunieran, y en la que hoy se exponen videos explicativos), y la iglesia rupestre de Sant’ Agostino al Casalnuovo. También visitamos un local comercial de productos típicos de la zona llamado La Grotta della Petrarola (Via Bruno Buozzi n°36), el que, como su nombre lo indica, está ubicado en antiguas cuevas. Si bien en su interior están expuestos los productos que se venden, el negocio ha mantenido una decoración típica evocando las antiguas viviendas, exponiendo artículos y objetos que se utilizaron en estas típicas viviendas bajo la roca hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX. Recomendado no sólo por la experiencia, sino también por los excelentes productos como vinos, charcutería y pastas de la zona. Te invitamos, por supuesto, a ver imágenes de estos lugares que parecen sacados de una película ambientada en el siglo XVIII, pero que dan cuenta de cómo vivieron personas hace sólo 70 años, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
Grecia destaca por su excelente gastronomía que, generalmente, pelea en los primeros lugares de los rankings que intentan medir cual es la mejor del mundo. Su ubicación geográfica favorece, por cierto, a la producción de productos de altísima calidad, lo cual, sumado a tantos siglos de historia y de contacto con otros pueblos, hacen de la comida griega una de las más apetecidas. En este contexto, la carne es uno de los alimentos que destaca: debidamente sazonados con toda la experiencia de oriente, pero con un sello y estilo propio, comer carne en Grecia es casi un deber. Es por ello por lo que, en el país heleno, y por supuesto, en su capital Atenas, te vas a encontrar con mucha oferta de locales especializados. El negocio típico donde podrás probar carne es el psitopolío (ψητοπωλείο). Es un local de carnes a la parrilla, el cual puede presentarse en un formato restaurante (similares a una parrillada como las conocemos) o bien como un local no tan grande, donde la parrilla horizontal y las verticales (donde se asan las carnes del tradicional gyro) están a la vista de las personas. En este último caso, si bien cuentan con mesas, la venta se centra bastante en la comida take away. Además del recién nombrado gyro, el cual se asa verticalmente y cortado en trozos pequeños y se sirve en un pan pita o al plato, también puedes encontrar la carne servida en el tradicional souvlaki (también conocido sobre todo en Atenas como kalamaki). En buen chileno, es un anticucho, que, al igual que la carne del gyro, puede ser de cerdo, pollo o cordero. Este, por supuesto, se asa horizontalmente, y puede ser servido al plato con los palitos, o bien en un pan pita, como sándwich. Quizás menos conocido en el exterior, pero muy solicitadas y recomendadas, son otros cortes como las costillas (Païdakia), las hamburguesas griegas (bifteki), los chorizos (loukánico) y la versión de los Balcanes de nuestros tradicionales chunchules: el kokoretsi. Aunque se diferencian en el intestino que se usa (cordero o cabra en vez del de vacuno); en la sazón (se utiliza una no despreciable cantidad de especias); y en el uso de vísceras como mollejas, pulmones y/o riñones. Si no estás abierto a probar sabores, en Atenas también puedes encontrar locales de hamburguesas estilo norteamericano, otra forma, menos atrevida, por cierto, de comer buena carne en la ciudad cuna de la democracia. ¿Quieres conocer algunas de estas apetitosas opciones? Te invitamos a ver nuestro episodio de En Palco Condimenta, donde te mostraremos nuestra experiencia.
Ubicada a solo una hora y media aproximadamente en vuelo directo desde Santiago, San Carlos de Bariloche se alza como uno de los destinos turísticos más atractivos de la Patagonia . Con paisajes de ensueño, lagos imponentes y una infraestructura pensada para el viajero, esta ciudad recibe cada año a miles de visitantes, especialmente europeos y estadounidenses, muchos de ellos adultos y adultos mayores que buscan descanso, naturaleza y buena gastronomía. Pero si hay algo que define a Bariloche, es su inconfundible identidad dulce. Conocida como la capital nacional del chocolate, esta tradición se remonta a la llegada de inmigrantes italianos, quienes introdujeron las primeras recetas que con el tiempo dieron forma a una de las industrias más emblemáticas del sur argentino. Cada año, durante Semana Santa, la ciudad celebra la Fiesta Nacional del Chocolate, instancia que reúne a locales y turistas en torno a esta delicia. Entre sus principales atractivos destaca la elaboración de la barra de chocolate más larga del mundo -que supera los 200 metros- además de espacios como la Casa del Conejo y diversas actividades para vivir en familia. En nuestro caso, visitamos la ciudad semanas antes, lo que nos permitió disfrutar de las chocolaterías decoradas y con productos alusivos, pero con mayor tranquilidad. Recorrer el centro de Bariloche -calle Mitre- es adentrarse en una verdadera ruta del chocolate. La oferta es amplia y variada, con locales icónicos como Del Turista, Abuela Goye, Havanna -que además cuenta con su museo del chocolate- y El Reino del Chocolate. Sin embargo, en esta visita nos enfocamos en dos de las más reconocidas: Mamushka y Rapa Nui. Mamushka destaca desde el primer momento por su estética encantadora. Su fachada, decorada con muñecas rusas en movimiento, invita a entrar a un espacio que combina chocolatería, confitería y heladería en locales separados. Sus productos son de alta calidad, con una amplia variedad de chocolates, alfajores y turrones. Si bien sus precios son elevados, cuentan con promociones y, sin duda, cada producto vale lo que cuesta. Por su parte, Rapa Nui ofrece una experiencia más amplia. Además de su chocolatería y confitería, cuenta incluso con una pista de hielo, lo que la convierte en un panorama completo. Su oferta no se limita al chocolate: también incluye licores de marca propia, especias, mermeladas y conservas gourmet. Al igual que Mamushka, sus precios son altos, pero la calidad es consistente y reconocida. Rapa Nui también cuenta con un pequeño local en el aeropuerto de Bariloche, para comprar de último minuto. Un imperdible dentro de esta ruta es probar el clásico chocolate caliente en alguna de sus confiterías, una experiencia que resume perfectamente el espíritu acogedor de Bariloche. Y por supuesto, viajar a esta ciudad y no llevar chocolates como souvenir es simplemente impensado. Si quieres conocer más sobre esta experiencia y descubrir en detalle estos lugares, te invitamos a ver el nuevo capítulo de En Palco Condimenta, disponible en nuestro canal de YouTube.
Corrían los primeros años del nuevo siglo, y surgió una nueva forma (algunos dicen reinterpretación, otros, evolución) de la famosa y tradicional pizza napolitana . Esto ya no se trata de crear otro tipo de pizza distinta a la original napolitana, como podría ser una pizza romana, sino de transformarla sin perder su esencia. Repasemos, la pizza napolitana verace, es decir, la tradicional, se caracteriza por una masa fina, suave, con un borde (cornicione) alto e inflado, cocida en un horno a leña por escaso tiempo a una temperatura entre 450° y 500°. Todas estas características se mantienen en esta nueva creación de la cocina napolitana, pero se intensifican con la intención de obtener una masa más hidratada, más digerible, incluso más suave y ligera que la tradicional. ¿El resultado? Una pizza que se caracteriza por una masa similar a una nube; con un borde más alto, pero a la vez más aireado; y generalmente con apuestas de ingredientes menos tradicionales y más finos (como reemplazar la salsa de tomate por pastas de distintas verduras, por ejemplo), lográndose una pizza que perfectamente podemos llamar gourmet. Y si bien, con los años, cada vez más nacen pizzerías que ofrecen esta pizza contemporánea, hay una que se ha convertido en cadena, y que ha expandido esta novedosa comida por gran parte de Italia e, incluso, por otros países europeos y asiáticos. Nos referimos a la pizzería del pizzaiolo Vincenzo Capuano, uno de los líderes de esta verdadera revolución dentro de la tradición, quien siendo nieto e hijo de maestros pizzeros, ha dado con una receta en donde la hidratación, el uso de una harina fuerte, y la utilización de ingredientes gourmet campanos, han sido claves para formar un verdadero imperio que se expande día a día. ¿La experiencia? Sencillamente una de las mejores. Comer esta pizza es realmente una experiencia nueva y distinta. La suavidad de la masa llega a sorprender; su borde, que a pesar de que se ve mucho más grande de lo normal, es tan aireado y rico que es un placer comérselo; y los ingredientes, de inmediato se nota su buena calidad. Comer pizza napolitana en Nápoles es un imperativo, que duda cabe, pero comer también una pizza contemporánea te llevará a otras latitudes del placer culinario. Nosotros, en esta ocasión, visitamos la sucursal de la ciudad siciliana de Catania. Buena atención, lugar cómodo y una pizza sensacional. Compartimos nuestra experiencia completa en el nuevo episodio de En Palco Condimenta disponible en el canal de Youtube.
Desde hace unos años, la región de Apulia (Puglia en italiano) es un destino turístico cada vez más visitado en el sur del país del calcio y la pizza. Atraen, especialmente en verano, tanto su capital Bari, como balnearios de ensueño como Polignano a Mare o Monopoli. Pero poco se habla de una de las comunes interiores de la región, y una de las más grandes, la ciudad de Altamura. Tradicionalmente, el nombre de Altamura está relacionado, y con justicia, por su famoso pan, que hasta el día de hoy se fabrica en los numerosos hornos, incluso en algunos que funcionan desde tiempos medievales, como el Forno Santa Caterina (1306) y el Forno Antico Santa Chiara (1423). Hace poco más de 30 años (1993) y tras el hallazgo de un hombre de Neanderthal en la cercana zona de Lamalunga, Altamura también es reconocida como la ciudad en donde se encontró el esqueleto de un hombre que se estima que vivió hace aproximadamente entre 130.000 y 172.000 años. Por cierto, el “hombre de Altamura”, el cual, por su compleja ubicación, no ha sido sacado de la gruta donde fue encontrado, es la vedette del museo arqueológico de la ciudad. Pero Altamura es también historia, una que se inició con la reconstrucción de los poblados que allí habitaban en los inicios del siglo XIII9. En aquella época, el emperador Federico II de Suabia refundó la ciudad y le dio el aspecto medieval que hoy podemos disfrutar en su casco histórico, un espacio de dimensiones moderadas que lo hacen perfecto para recorrerlo a pie. Su edificio más destacado es la catedral de la Asunción de Santa María (Santa Maria Assunta), cuya construcción también fue impulsada por el emperador en 1232. De estilo románico pugliese, conserva exquisitas obras de arte sacro. En esta misma época, se impulsó desde la poltrona imperial a la buena convivencia entre personas de distintos pueblos: griegos, árabes y judíos fueron tolerados en un mundo profundamente cristiano occidental, marcándose diferentes barrios. Es así como nace una de las particularidades arquitectónicas de la ciudad, que hoy podemos disfrutar; me refiero a lo que se conoce como gnostra, microbarrios medievales que aparecen de manera laberíntica Estos claustros, que podríamos compararlos con las vecindades tipo chavo del 8, tenían la finalidad no sólo de separar, sino de proteger los edificios frente a ataques, por lo cual generalmente contaban con una entrada/salida. Hoy el habitante aprecia hermosos y bien adornados patios rodeados de estructuras antiguas felizmente pintadas y ornadas. Para conocer más sobre esta interesante ciudad que te lleva al pasado medieval, te invitamos a ver nuestro capítulo de En Palco Condimenta.