Después de cuatro películas y más de treinta años acompañando a distintas generaciones, Toy Story vuelve con una quinta entrega que encuentra una nueva forma de explorar la relación entre los niños y sus juguetes. Lejos de limitarse a una nueva aventura, la película utiliza una temática profundamente contemporánea para reflexionar sobre la amistad, la identidad y el impacto de la tecnología en la infancia. La historia retoma la vida de Bonnie tras los acontecimientos de Toy Story 4. La niña enfrenta dificultades para relacionarse con otros niños debido a su timidez, situación que preocupa a sus padres. Con la intención de ayudarla a hacer amigos, deciden regalarle un Lillypad, un avanzado dispositivo con forma de rana que permite a los niños conversar, jugar y conectarse con otras personas a través de internet. El resultado es inmediato. Bonnie queda fascinada con las posibilidades que ofrece el aparato y poco a poco comienza a dejar de lado a sus juguetes. Mientras Jessie y el resto del grupo observan con preocupación cómo pierden espacio en la vida de la niña, Lillypad está convencida de que está cumpliendo su misión y ayudando a su dueña a integrarse socialmente. Sin embargo, las cosas toman un giro inesperado cuando Bonnie comienza a relacionarse con otras pequeñas a través de la plataforma. Lejos de encontrar la aceptación que esperaba, es objeto de burlas por seguir jugando con juguetes. Temiendo perder estas nuevas amistades, la niña empieza a ocultar aquello que realmente le gusta e incluso llega a afirmar que ya no quiere a sus juguetes. Es aquí donde la película encuentra su conflicto más interesante. Toy Story 5 no plantea una simple lucha entre juguetes y tecnología. El verdadero problema es la presión social que lleva a Bonnie a renunciar a parte de su identidad para intentar encajar. Por ello, la misión de Jessie no consiste únicamente en enfrentarse a Lillypad, sino también en ayudar a Bonnie a encontrar una amistad auténtica, una persona con quien pueda ser ella misma sin necesidad de aparentar o cambiar para ser aceptada. Esta es, sin lugar a dudas, la película de Jessie. La vaquera asume el protagonismo absoluto de la historia y realiza un viaje emocional que también la obliga a enfrentarse a su propio pasado. Durante la aventura, descubrirá nuevas perspectivas sobre la dueña que la abandonó años atrás, entregando al personaje una profundidad que no había tenido en las entregas anteriores. Mientras tanto, Woody regresa acompañado por Bo Peep y Duke Caboom. Ahora dedicado a rescatar juguetes perdidos en las calles, el antiguo líder del grupo cumple un rol secundario pero relevante dentro de la historia junto a su eterno amigo Buzz Lightyear, quien también queda en un segundo plano. Curiosamente, hay una trama paralela protagonizada por un cargamento de Buzz Lightyears que queda atrapado en una isla paradisíaca y busca regresar al Comando Estelar. Aunque inicialmente parece desconectada de la historia principal, esta aventura termina encontrando una forma ingeniosa de converger con el relato de Jessie. Uno de los aspectos más interesantes del filme es que evita demonizar la tecnología. Lillypad no actúa desde la maldad, sino desde la convicción de que está ayudando a Bonnie. Además, Jessie descubre durante su recorrido que no solo los juguetes han sido desplazados por los avances tecnológicos. Otros dispositivos, que alguna vez fueron considerados innovadores, también han quedado obsoletos frente a modelos más modernos. La película entiende que el paso del tiempo afecta a todos por igual y que el problema no es la tecnología en sí, sino la manera en que las personas la utilizan. Visualmente, Pixar mantiene el alto nivel que caracteriza a sus producciones. La película posee además un tono sorprendentemente crepuscular, marcado por la sensación de que los juguetes ocupan un lugar cada vez más pequeño dentro de la vida de los niños. Incluso Woody refleja físicamente el paso de los años, luciendo más desgastado y envejecido, una decisión que refuerza la idea de que el tiempo sigue avanzando para todos los personajes. No obstante, algunos integrantes clásicos del grupo quedan relegados a papeles muy secundarios. Personajes como Rex, Hamm y el Señor Cara de Papa apenas participan en momentos puntuales, concentrando la película casi toda su atención en Jessie y su misión. Toy Story 5 probablemente no alcanza la excelencia emocional y narrativa de Toy Story 3, que sigue siendo el punto más alto de la franquicia. Sin embargo, logra justificar su existencia gracias a una historia sensible, actual y centrada en uno de los personajes más queridos de la saga. Más que una película sobre juguetes y tecnología, termina siendo una reflexión sobre la importancia de aceptarse a uno mismo y encontrar amistades que valoren a las personas tal como son. Su desenlace resulta emotivo y satisfactorio, aunque en ningún momento transmite la sensación de una despedida definitiva. Por el contrario, deja la puerta abierta para futuras aventuras, demostrando que, al menos por ahora, Woody, Jessie, Buzz y compañía todavía tienen historias por contar.
En el marco del próximo estreno de Toy Story 5 , Papa Johns Chile transformó su local de Irarrázaval en una versión real de Pizza Planet, el icónico restaurante que ha acompañado a Woody, Buzz y compañía a lo largo de la querida saga de Pixar. En Palco estuvo presente en la inauguración de esta experiencia temática, donde los asistentes pudieron recorrer una tienda completamente ambientada en el universo de Toy Story, con decoración inspirada en la película, actividades para toda la familia y varias sorpresas para los fanáticos. Uno de los grandes atractivos de la jornada fue la presencia de la emblemática camioneta amarilla de Pizza Planet, uno de los vehículos más reconocibles de la franquicia, con la que los visitantes pudieron tomarse fotografías y vivir de cerca parte de la magia de la saga. La celebración también incluyó concursos, premios y, por supuesto, mucha pizza. Durante nuestra visita tuvimos la oportunidad de disfrutar algunas de las especialidades lanzadas como parte de la colaboración entre Papa Johns y Toy Story 5, además de los tradicionales palos de ajo de la cadena. El espacio fue diseñado para que grandes y pequeños pudieran sumergirse en el universo de la película, incorporando elementos visuales, gráficas y referencias a algunos de los momentos más recordados de la franquicia. Cada rincón del local fue intervenido para recrear la estética de Pizza Planet y ofrecer una experiencia inmersiva a los visitantes. Promociones inspiradas en Toy Story 5 Como parte de esta colaboración, Papa Johns lanzó promociones especiales para que los fanáticos puedan llevarse a casa exclusivos artículos coleccionables inspirados en la película. Por $9.990, los clientes pueden elegir entre una Pizza Individual Choclo Jamón o una Pizza Individual Napolitana junto a una figura coleccionable de Woody, Buzz Lightyear o Jessie. Asimismo, por $7.990 es posible acceder a las mismas variedades de pizza acompañadas de un vaso coleccionable edición limitada inspirado en Toy Story 5, disponible por tiempo limitado y hasta agotar stock. Durante nuestra visita también pudimos conocer de cerca estos productos promocionales, que se han convertido en uno de los principales atractivos de esta alianza entre Papa Johns y Disney-Pixar. La activación forma parte de una serie de iniciativas realizadas por la marca para acompañar el estreno de Toy Story 5, película que llegará a los cines el próximo 18 de junio y que busca reunir a nuevas generaciones de espectadores junto a quienes crecieron con las aventuras de estos inolvidables juguetes. La tienda temática de Irarrázaval permanecerá caracterizada como Pizza Planet por tiempo limitado, mientras que las promociones y coleccionables estarán disponibles en los locales adheridos de Papa Johns a lo largo del país hasta agotar stock. Revisa el video que hicimos de nuestra visita: https://www.instagram.com/p/DZi4wWAgF4Q/
En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.
Después de cuatro películas y más de treinta años acompañando a distintas generaciones, Toy Story vuelve con una quinta entrega que encuentra una nueva forma de explorar la relación entre los niños y sus juguetes. Lejos de limitarse a una nueva aventura, la película utiliza una temática profundamente contemporánea para reflexionar sobre la amistad, la identidad y el impacto de la tecnología en la infancia. La historia retoma la vida de Bonnie tras los acontecimientos de Toy Story 4. La niña enfrenta dificultades para relacionarse con otros niños debido a su timidez, situación que preocupa a sus padres. Con la intención de ayudarla a hacer amigos, deciden regalarle un Lillypad, un avanzado dispositivo con forma de rana que permite a los niños conversar, jugar y conectarse con otras personas a través de internet. El resultado es inmediato. Bonnie queda fascinada con las posibilidades que ofrece el aparato y poco a poco comienza a dejar de lado a sus juguetes. Mientras Jessie y el resto del grupo observan con preocupación cómo pierden espacio en la vida de la niña, Lillypad está convencida de que está cumpliendo su misión y ayudando a su dueña a integrarse socialmente. Sin embargo, las cosas toman un giro inesperado cuando Bonnie comienza a relacionarse con otras pequeñas a través de la plataforma. Lejos de encontrar la aceptación que esperaba, es objeto de burlas por seguir jugando con juguetes. Temiendo perder estas nuevas amistades, la niña empieza a ocultar aquello que realmente le gusta e incluso llega a afirmar que ya no quiere a sus juguetes. Es aquí donde la película encuentra su conflicto más interesante. Toy Story 5 no plantea una simple lucha entre juguetes y tecnología. El verdadero problema es la presión social que lleva a Bonnie a renunciar a parte de su identidad para intentar encajar. Por ello, la misión de Jessie no consiste únicamente en enfrentarse a Lillypad, sino también en ayudar a Bonnie a encontrar una amistad auténtica, una persona con quien pueda ser ella misma sin necesidad de aparentar o cambiar para ser aceptada. Esta es, sin lugar a dudas, la película de Jessie. La vaquera asume el protagonismo absoluto de la historia y realiza un viaje emocional que también la obliga a enfrentarse a su propio pasado. Durante la aventura, descubrirá nuevas perspectivas sobre la dueña que la abandonó años atrás, entregando al personaje una profundidad que no había tenido en las entregas anteriores. Mientras tanto, Woody regresa acompañado por Bo Peep y Duke Caboom. Ahora dedicado a rescatar juguetes perdidos en las calles, el antiguo líder del grupo cumple un rol secundario pero relevante dentro de la historia junto a su eterno amigo Buzz Lightyear, quien también queda en un segundo plano. Curiosamente, hay una trama paralela protagonizada por un cargamento de Buzz Lightyears que queda atrapado en una isla paradisíaca y busca regresar al Comando Estelar. Aunque inicialmente parece desconectada de la historia principal, esta aventura termina encontrando una forma ingeniosa de converger con el relato de Jessie. Uno de los aspectos más interesantes del filme es que evita demonizar la tecnología. Lillypad no actúa desde la maldad, sino desde la convicción de que está ayudando a Bonnie. Además, Jessie descubre durante su recorrido que no solo los juguetes han sido desplazados por los avances tecnológicos. Otros dispositivos, que alguna vez fueron considerados innovadores, también han quedado obsoletos frente a modelos más modernos. La película entiende que el paso del tiempo afecta a todos por igual y que el problema no es la tecnología en sí, sino la manera en que las personas la utilizan. Visualmente, Pixar mantiene el alto nivel que caracteriza a sus producciones. La película posee además un tono sorprendentemente crepuscular, marcado por la sensación de que los juguetes ocupan un lugar cada vez más pequeño dentro de la vida de los niños. Incluso Woody refleja físicamente el paso de los años, luciendo más desgastado y envejecido, una decisión que refuerza la idea de que el tiempo sigue avanzando para todos los personajes. No obstante, algunos integrantes clásicos del grupo quedan relegados a papeles muy secundarios. Personajes como Rex, Hamm y el Señor Cara de Papa apenas participan en momentos puntuales, concentrando la película casi toda su atención en Jessie y su misión. Toy Story 5 probablemente no alcanza la excelencia emocional y narrativa de Toy Story 3, que sigue siendo el punto más alto de la franquicia. Sin embargo, logra justificar su existencia gracias a una historia sensible, actual y centrada en uno de los personajes más queridos de la saga. Más que una película sobre juguetes y tecnología, termina siendo una reflexión sobre la importancia de aceptarse a uno mismo y encontrar amistades que valoren a las personas tal como son. Su desenlace resulta emotivo y satisfactorio, aunque en ningún momento transmite la sensación de una despedida definitiva. Por el contrario, deja la puerta abierta para futuras aventuras, demostrando que, al menos por ahora, Woody, Jessie, Buzz y compañía todavía tienen historias por contar.
En el marco del próximo estreno de Toy Story 5 , Papa Johns Chile transformó su local de Irarrázaval en una versión real de Pizza Planet, el icónico restaurante que ha acompañado a Woody, Buzz y compañía a lo largo de la querida saga de Pixar. En Palco estuvo presente en la inauguración de esta experiencia temática, donde los asistentes pudieron recorrer una tienda completamente ambientada en el universo de Toy Story, con decoración inspirada en la película, actividades para toda la familia y varias sorpresas para los fanáticos. Uno de los grandes atractivos de la jornada fue la presencia de la emblemática camioneta amarilla de Pizza Planet, uno de los vehículos más reconocibles de la franquicia, con la que los visitantes pudieron tomarse fotografías y vivir de cerca parte de la magia de la saga. La celebración también incluyó concursos, premios y, por supuesto, mucha pizza. Durante nuestra visita tuvimos la oportunidad de disfrutar algunas de las especialidades lanzadas como parte de la colaboración entre Papa Johns y Toy Story 5, además de los tradicionales palos de ajo de la cadena. El espacio fue diseñado para que grandes y pequeños pudieran sumergirse en el universo de la película, incorporando elementos visuales, gráficas y referencias a algunos de los momentos más recordados de la franquicia. Cada rincón del local fue intervenido para recrear la estética de Pizza Planet y ofrecer una experiencia inmersiva a los visitantes. Promociones inspiradas en Toy Story 5 Como parte de esta colaboración, Papa Johns lanzó promociones especiales para que los fanáticos puedan llevarse a casa exclusivos artículos coleccionables inspirados en la película. Por $9.990, los clientes pueden elegir entre una Pizza Individual Choclo Jamón o una Pizza Individual Napolitana junto a una figura coleccionable de Woody, Buzz Lightyear o Jessie. Asimismo, por $7.990 es posible acceder a las mismas variedades de pizza acompañadas de un vaso coleccionable edición limitada inspirado en Toy Story 5, disponible por tiempo limitado y hasta agotar stock. Durante nuestra visita también pudimos conocer de cerca estos productos promocionales, que se han convertido en uno de los principales atractivos de esta alianza entre Papa Johns y Disney-Pixar. La activación forma parte de una serie de iniciativas realizadas por la marca para acompañar el estreno de Toy Story 5, película que llegará a los cines el próximo 18 de junio y que busca reunir a nuevas generaciones de espectadores junto a quienes crecieron con las aventuras de estos inolvidables juguetes. La tienda temática de Irarrázaval permanecerá caracterizada como Pizza Planet por tiempo limitado, mientras que las promociones y coleccionables estarán disponibles en los locales adheridos de Papa Johns a lo largo del país hasta agotar stock. Revisa el video que hicimos de nuestra visita: https://www.instagram.com/p/DZi4wWAgF4Q/
En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.