¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.
¿Qué más se puede escribir sobre Venecia? Es un reto complejo si tomamos en consideración que, en el pasado, fue una de las ciudades del mundo que más ha encandilado a poetas, dramaturgos y literatos como Lord Byron, William Shakespeare o Ernst Hemingway. Hoy numerosos blogs de viajes hablan desde sus particulares perspectivas sobre esta, la ciudad de las góndolas y de la imponente Piazza San Marco, que es visitada por tantos y tantos turistas diariamente que, sin temor a exagerar, siempre está al punto del colapso. Es que la ciudad desde la que se dirigió la República de Venecia, la que dominó durante siglos el Mediterráneo Oriental, hoy está enfrentada ya no a enemigos con espadas, sables o mosquetes, sino a la horda de visitantes que atestan sus estrechas calles y puentes. Probablemente más de uno a escuchado (o leído) que la gran cantidad de turistas agobia la visita a esta maravillosa ciudad, y más de alguno ha salido incluso decepcionado de ella por esa razón. Tomando en consideración aquello, nos propusimos llegar lo más temprano posible a la ciudad donde se rodaron películas de la talla de Muerte en Venecia (1971) o Moonraker (1979) de la saga de James Bond. Tomamos en tren en Ferrara a las 05:53 y llegamos a la estación Venezia Santa Lucía a las 07:20. Sabíamos que alrededor de las 10 de la mañana los grupos de turistas ya se empezarían a notar, así que comenzamos un recorrido a pie desde la Estación, que se ubica al norte de la ciudad, con la intención de llegar al extremo sur, en la Piazza San Marco. Lo primero que nos llamó la atención, incluso dentro del tren, es que los turistas eran escasos, pero había muchas personas dirigiéndose a sus lugares de trabajo y a sus lugares de estudio. Esto, sumado a la presencia de muchas lanchas transportando mercaderías de un punto a otro sólo nos reafirmó que tomamos la decisión correcta: estamos no a la típica Venecia de las góndolas y las selfies, sino a una auténtica y vital ciudad que se comporta como cualquier otra…bueno, casi como cualquier otra… Al poco andar te sorprende su particular arquitectura, pero por lejos lo más novedoso son sus estrechas calles que desembocan en uno o más canales, uniendo la zona peatonal con puentes. No es menor, Venecia esta formada por 118 pequeñas islas, por lo que sus más de 400 puentes son vitales para darle continuidad. Es realmente formidable aprovechar prácticamente en solitario de estos pequeños grandes rincones que combinan edificios majestuosos, canales estrechos y singulares puentes. Este solo aspecto ya es suficiente para agradecer la decisión de llegar temprano. Y qué decir sobre disfrutar del icónico Puente de Rialto, acompañado solamente de un par de turistas, aprovechando sus inigualables vistas hacia el Gran Canal, la columna vertebral acuática de la ciudad, que la recorre de norte a sur en sus casi 4 kilómetros de longitud. Imperdible también, para apreciar de mejor manera la vida citadina, es visitar sus mercados, que desde temprano ofrecen a los habitantes tanto productos frescos del mar como verduras y frutas. Por supuesto que aprovechamos de tomar desayuno en una cafetería local, de esas que frecuentan temprano los venecianos, alejados de las zonas plagadas de trampas para turistas. Finalmente llegamos a nuestro destino: la Piazza San Marco, el epicentro de la otrora poderosa república, y que hoy es, por lejos, el lugar más visitado de la ciudad. Cómo no maravillarse de sus espectaculares edificios: la basílica de San Marco, el Palacio Ducal, la Torre del Reloj, el Campanario, y a sólo pocos pasos, el Puente de los Suspiros. En síntesis, una experiencia distinta a la que muchos cuentan o muestran en sus videos de viaje. Fuimos por conocer una ciudad en su estado puro, y creo que fue posible disfrutarla con mayor calma y sin el agobio de no poder tomarnos un tiempo en algún lugar porque este estuviese colapsado. Te invitamos a ver Venecia desde esta perspectiva, la matutina, en nuestro episodio de En Palco Condimenta.
San José suele ser vista como una ciudad de paso. Un lugar donde muchos turistas aterrizan antes de partir rumbo a volcanes, playas paradisíacas o parques naturales. Pero bastaron un par de días recorriendo la capital de Costa Rica para descubrir una ciudad llena de cultura, sabores y ese espíritu relajado que los costarricenses resumen perfectamente con una frase: “Pura Vida” . Nuestra aventura comenzó saliendo desde Santiago de Chile rumbo a Costa Rica vía Copa Airlines, realizando una escala en Panamá antes de aterrizar, ya de noche, en el principal aeropuerto del país. Y apenas bajamos del avión, el ambiente ya se sentía distinto: un clima cálido, mucho movimiento y una energía bastante más tranquila que el ritmo acelerado de Santiago. Arrendar auto en Costa Rica: una muy buena decisión Como llegamos tarde y queríamos movernos con libertad durante el viaje, decidimos arrendar un vehículo directamente en la oficina de Budget. Y honestamente, terminó siendo una excelente decisión. El arriendo no resultó tan caro como imaginábamos y además nos dieron una alternativa bastante conveniente para evitar el enorme bloqueo en la tarjeta de crédito que suelen pedir este tipo de empresas. Para no dejar una garantía cercana a los 3 mil dólares, bastaba con contratar dos seguros adicionales para el vehículo. Considerando que claramente no tenía tres mil dólares disponibles en la tarjeta, la solución nos salvó completamente el viaje. Además, tener auto nos permitió recorrer San José con tranquilidad y posteriormente movernos hacia otros destinos de Costa Rica. Hospedaje cerca de Paseo Colón Con el vehículo listo, nos dirigimos a nuestro alojamiento: Altos de la Sabana Apart Hotel, ubicado a pasos de Paseo Colón, una de las avenidas más importantes y concurridas de San José. El hotel, administrado por personas colombianas, terminó siendo una grata sorpresa. Un lugar sencillo, económico y muy acogedor. La atención siempre fue extremadamente amable, las habitaciones eran cómodas y además contaba con estacionamiento reservado justo frente al hotel, algo muy útil para quienes viajan en auto. A pesar de algunas reseñas negativas que habíamos leído antes del viaje, nuestra experiencia fue muy positiva. Pero sin duda uno de los mejores momentos llegaba cada mañana. El desayuno típico costarricense: el famoso Gallo Pinto. En una pequeña terraza del primer piso, las señoras que atendían servían el clásico desayuno costarricense: el famoso Gallo Pinto. Y acá no había menú alternativo ni opciones para elegir. El desayuno era ese, y listo. Arroz, frijoles, huevos y acompañamientos simples, pero llenos de sabor. Para un chileno, desayunar arroz y frijoles puede sonar extraño al principio. Pero después de un par de mañanas, termina convirtiéndose en algo completamente adictivo. Es un desayuno contundente, sabroso y perfecto para comenzar el día con energía. Todo acompañado de café negro, café con leche o jugo de naranja. Recorrer el centro de San José Ya instalados en la ciudad, comenzamos a recorrer el centro histórico de San José, un lugar lleno de movimiento, comercio, edificios históricos y muchísima vida urbana. Uno de los principales puntos turísticos es la Plaza de la Cultura, ubicada en pleno corazón de la capital y rodeada por algunos de los edificios más emblemáticos del país. Ahí se encuentra el Teatro Nacional de Costa Rica, considerado una verdadera joya arquitectónica. Inaugurado a fines del siglo XIX, su diseño tiene una fuerte influencia europea y refleja el auge económico que vivió el país gracias a la exportación de café. Muy cerca también se encuentra el histórico edificio de Correos y Telégrafos, otro clásico del centro josefino, además de distintas iglesias, plazas peatonales y calles ideales para recorrer caminando. Otro panorama completamente recomendable es visitar la red de Museos del Banco Central de Costa Rica. El complejo incluye el impresionante Museo del Oro Precolombino, donde se exhiben cientos de piezas de oro creadas por culturas indígenas antes de la llegada de los españoles. Figuras de animales, máscaras y objetos ceremoniales que permiten conocer una parte importantísima de la historia precolombina del país. Además, el recinto también alberga el Museo de Numismática, dedicado a la historia monetaria costarricense, y durante nuestra visita pudimos recorrer una interesante exposición itinerante del artista Giorgio Timms. La entrada es pagada, pero realmente vale la pena. Además, cuentan con lockers para guardar mochilas y pertenencias durante el recorrido, lo que hace mucho más cómoda la experiencia. Otros lugares para visitar en San José Aunque muchas veces queda opacada por otros destinos turísticos de Costa Rica, San José tiene varios lugares interesantes para recorrer con calma. Uno de ellos es el tradicional Mercado Central, ideal para probar comida típica, comprar recuerdos y observar el movimiento cotidiano de la ciudad. También destacan lugares como el Parque Nacional, el Parque Morazán y especialmente el Parque La Sabana, considerado el gran pulmón verde de la capital, perfecto para caminar, descansar o simplemente observar la vida diaria de los costarricenses. Para quienes disfrutan de los museos y la cultura, también vale la pena visitar el Museo Nacional de Costa Rica y el Museo de Arte Costarricense, ambos muy recomendables para complementar una visita de un par de días en la ciudad. Comida rápida, sandwiches y un increíble almuerzo en Escazú En cuanto a comida, San José tiene opciones prácticamente para todos los gustos. Al hospedarnos cerca de Paseo Colón, terminamos probando bastante comida rápida durante algunos trayectos. Además de cadenas conocidas en Chile como KFC, descubrimos Quiznos, una cadena de sandwiches muy similar a Subway, pero con opciones calientes realmente deliciosas. También ofrecen distintos acompañamientos como papas fritas, yucas fritas o cheese sticks, lo que permite ir variando bastante los combos. Pero probablemente una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje llegó en Escazú, una de las zonas más modernas y exclusivas de San José. Ahí visitamos El Novillo Alegre, un restaurante argentino especializado en carnes y con varias sucursales en Costa Rica. El lugar tiene un ambiente elegante pero relajado, ideal para una buena comida después de varios días recorriendo la ciudad. En mi caso, probé un espectacular bife chorizo de 200 gramos acompañado de arroz, frijoles y una ensalada surtida. Todo por 15.990 colones. Y para cerrar la experiencia, un increíble panqueque de manzana con helado que fácilmente terminó convirtiéndose en uno de los mejores postres del viaje. Ese costaba 6.990 colones y sinceramente valía completamente la pena. ¿Es caro viajar a San José? Eso sí, hay algo importante que considerar antes de viajar: Costa Rica no es precisamente un destino barato, especialmente para el bolsillo chileno. Comer fuera, arrendar vehículos y algunos servicios turísticos tienen precios bastante elevados comparados con Chile. Sin embargo, algo muy cómodo es que prácticamente en todos lados aceptan dólares, y la conversión suele ser bastante transparente, sin diferencias abusivas ni cargos extra. Mucho más que una ciudad de paso Muchos turistas utilizan San José solamente como punto de conexión para visitar otros destinos del país, como Cartago, el Volcán Irazú, los tours para ver animales exóticos o las playas de Jacó (lugares que también tuvimos la oportunidad de recorrer posteriormente), pero lo cierto es que la capital tiene muchísimo encanto propio. Es una ciudad agradable para caminar, llena de cultura, historia y personas increíblemente amables. Y algo que realmente termina marcando la experiencia es esa energía relajada y cercana del famoso “Pura Vida”, una frase que los costarricenses usan constantemente y que, después de unos días ahí, uno termina entendiendo perfectamente. Quizás San José no tenga la fama internacional de otros destinos de Costa Rica, pero justamente ahí está parte de su encanto: una ciudad auténtica, cercana y llena de pequeños descubrimientos. Porque San José no solamente se visita. También se disfruta. Y próximamente estaremos contando nuestra experiencia recorriendo Cartago, el Volcán Irazú y las playas de Jacó, en una nueva bitácora de viaje por Costa Rica. Para conocer más revisa el nuevo capítulo de En Palco Condimenta en nuestro canal de Youtube.