Hay lugares que uno puede visitar en un día y sentir que viajó mucho más lejos. Pomaire es uno de ellos. Ubicado en la comuna de Melipilla, este tradicional pueblo es reconocido por su artesanía en greda, su gastronomía y por mantener vivas distintas costumbres que forman parte de la identidad campesina chilena. Nuestra aventura comenzó en el Terminal San Borja, donde tomamos un bus hacia Melipilla por aproximadamente $2.000. El recorrido nos deja en un cruce, donde hay que tomar otra micro que por unos $500 nos lleva directamente hasta Pomaire. Una vez ahí, solo queda caminar y dejarse llevar. Recorrimos sus calles, visitamos locales de artesanía, restaurantes y distintos puestos donde la greda es la gran protagonista. Chanchitos, ollas, fuentes y todo tipo de figuras muestran un oficio que tiene profundas raíces en la historia de la localidad y que continúa pasando de generación en generación. La Plaza de Pomaire también estaba llena de vida, con numerosos ciclistas que aprovechaban los alrededores para salir a pedalear y disfrutar del paisaje. ¡Hora de comer! Y si hay algo que no puede faltar en una visita a Pomaire es la comida. Nosotros llegamos hasta La Normita, el único tenedor libre de la localidad, donde por $14.990 se puede comer durante dos horas una gran variedad de preparaciones. Las bebidas son aparte. La oferta es enorme: pequeñas empanadas de pino y pasteles de choclo para comenzar, carne mechada, pollo, costillar de cerdo, pollo crispy, papas fritas, puré, arroz, zapallo italiano, pastelera de choclo, ensaladas y consomé. Y para terminar, arroz con leche, flan, pastelitos, helados de máquina y mote con huesillo. Una buena alternativa para probar un poco de todo y disfrutar de la gastronomía chilena sin tener que elegir solamente un plato. El chanchito más famoso de Pomaire Después del almuerzo nos fuimos a conocer uno de los atractivos más particulares del pueblo: el famoso chanchito de greda de tres metros, ubicado en Los Paltos 323. Creado por Don César, se puede visitar por solo $500 y, además de fotografiarse junto a él, es posible conocer otras enormes creaciones del artesano, como una bota, un caballo y una empanada. Y hablando de comida, durante el recorrido también aprovechamos de probar algunos clásicos de la gastronomía callejera de Pomaire: tortillas de rescoldo con y sin chicharrones, empanadas de alcayota, alfajores y merengues con manjar. Una empanada de un kilo Pero nos faltaba el gran desafío: probar la famosa empanada de kilo de Pomaire. Hay varias alternativas para encontrarla y nosotros elegimos La Tinaja Pomairina, restaurante que además recibió el premio a la mejor empanada de Pomaire y Melipilla 2026.La empanada es realmente contundente, con un abundante pino que combina carne y pollo. Es tan grande que perfectamente se siente como comerse dos empanadas de una sola vez. Mucho más que artesanía Pomaire también tiene otros rincones que vale la pena conocer, como La Puntilla, donde se encuentra un pequeño conjunto patrimonial con una iglesia y una plazuela, además de los talleres de artesanos y los alrededores rurales que permiten apreciar el paisaje de la zona. Al final, eso es quizás lo más bonito de Pomaire: sus tradiciones no están solamente para ser fotografiadas. La greda sigue trabajándose, las tortillas continúan cocinándose, las empanadas siguen siendo protagonistas y la gastronomía campesina permanece presente en sus calles. Una escapada sencilla, económica y llena de sabores, artesanía y cultura chilena. Te invitamos a acompañarnos en nuestro recorrido por Pomaire y conocer todos estos lugares en el capítulo completo de En Palco, disponible en nuestro canal de YouTube.
Hay árboles que crecen durante décadas y, aunque cambien sus ramas, mantienen intactas sus raíces. Algo parecido ocurre con Los Huasos de Algarrobal , que este 2026 cumplen 60 años de trayectoria y siguen encontrando nuevas formas de acercar la música chilena a distintas generaciones. Para conocer más sobre este aniversario, conversamos con Cristian Donoso, Enrique Rodríguez, Cristián O’Ryan, Eugenio Rengifo y Cristóbal Walker, integrantes de Los Huasos de Algarrobal, quienes nos contaron sobre este importante momento para la agrupación, su nuevo disco y lo que significa mantener viva la música de raíz folclórica. La celebración tuvo uno de sus momentos especiales el pasado 10 de septiembre en el Teatro Oriente, donde la agrupación reunió a integrantes históricos, la nueva generación, amigos y familias frente a más de 600 personas. Un encuentro que, según recuerdan sus protagonistas, tuvo algo de íntimo pese al tamaño del escenario: distintas generaciones compartiendo una misma historia y, por supuesto, muchas canciones. Porque seis décadas no significan quedarse mirando hacia atrás. Los actuales integrantes de Los Huasos de Algarrobal asumieron el desafío de continuar un legado construido por varias generaciones, pero también de acercar la música de raíz folclórica a públicos más jóvenes. La idea, dicen, es mantener vivo el lenguaje Algarrobal y lograr que esta tradición siga creciendo. Y parece que el folclor todavía tiene bastante que decir. En conversación con En Palco, los músicos destacan el renovado interés de las nuevas generaciones por la música tradicional, los boleros y otros sonidos que vuelven a encontrar espacio entre artistas jóvenes. Una música que, justamente por pertenecer al pueblo, puede transformarse y reinterpretarse sin dejar de ser parte de nuestra identidad. En medio de esta celebración también aparece un disco muy especial: Huasos de Algarrobal. El álbum rescata una grabación realizada originalmente en 1980 y que, para sus integrantes, representa una de las muestras más fieles del llamado “ estilo Algarrobal ”. Ahora este material vuelve a tomar vida en plataformas digitales y próximamente tendrá además una edición en vinilo, para alegría de quienes todavía disfrutan tener la música en formato físico. Y si hablamos de septiembre, Los Huasos de Algarrobal llegan con agenda cargada. El 18 de septiembre será particularmente intenso, con presentaciones en Peñaflor, Parral y Linares, mientras que durante esos días también pasarán por distintos escenarios y actividades vinculadas a las Fiestas Patrias. Pero quizás lo más bonito es que su relación con la música chilena no se limita al calendario dieciochero. La agrupación incluso ha llevado sus ensayos a plazas de Santiago para compartir su música durante el año y acercarla a quienes quizás no tienen la oportunidad de encontrarse con ella en un escenario. Después de 60 años, Los Huasos de Algarrobal parecen tener bastante claro que la mejor manera de preservar una tradición es mantenerla en movimiento: cambiar, sumar nuevas generaciones y seguir cantando. Y si quieren conocer de primera mano cómo viven este aniversario, qué significa continuar una historia de seis décadas, qué hay detrás del nuevo disco y cuáles son sus canciones favoritas para este 18, los invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
Hay lugares que uno puede visitar en un día y sentir que viajó mucho más lejos. Pomaire es uno de ellos. Ubicado en la comuna de Melipilla, este tradicional pueblo es reconocido por su artesanía en greda, su gastronomía y por mantener vivas distintas costumbres que forman parte de la identidad campesina chilena. Nuestra aventura comenzó en el Terminal San Borja, donde tomamos un bus hacia Melipilla por aproximadamente $2.000. El recorrido nos deja en un cruce, donde hay que tomar otra micro que por unos $500 nos lleva directamente hasta Pomaire. Una vez ahí, solo queda caminar y dejarse llevar. Recorrimos sus calles, visitamos locales de artesanía, restaurantes y distintos puestos donde la greda es la gran protagonista. Chanchitos, ollas, fuentes y todo tipo de figuras muestran un oficio que tiene profundas raíces en la historia de la localidad y que continúa pasando de generación en generación. La Plaza de Pomaire también estaba llena de vida, con numerosos ciclistas que aprovechaban los alrededores para salir a pedalear y disfrutar del paisaje. ¡Hora de comer! Y si hay algo que no puede faltar en una visita a Pomaire es la comida. Nosotros llegamos hasta La Normita, el único tenedor libre de la localidad, donde por $14.990 se puede comer durante dos horas una gran variedad de preparaciones. Las bebidas son aparte. La oferta es enorme: pequeñas empanadas de pino y pasteles de choclo para comenzar, carne mechada, pollo, costillar de cerdo, pollo crispy, papas fritas, puré, arroz, zapallo italiano, pastelera de choclo, ensaladas y consomé. Y para terminar, arroz con leche, flan, pastelitos, helados de máquina y mote con huesillo. Una buena alternativa para probar un poco de todo y disfrutar de la gastronomía chilena sin tener que elegir solamente un plato. El chanchito más famoso de Pomaire Después del almuerzo nos fuimos a conocer uno de los atractivos más particulares del pueblo: el famoso chanchito de greda de tres metros, ubicado en Los Paltos 323. Creado por Don César, se puede visitar por solo $500 y, además de fotografiarse junto a él, es posible conocer otras enormes creaciones del artesano, como una bota, un caballo y una empanada. Y hablando de comida, durante el recorrido también aprovechamos de probar algunos clásicos de la gastronomía callejera de Pomaire: tortillas de rescoldo con y sin chicharrones, empanadas de alcayota, alfajores y merengues con manjar. Una empanada de un kilo Pero nos faltaba el gran desafío: probar la famosa empanada de kilo de Pomaire. Hay varias alternativas para encontrarla y nosotros elegimos La Tinaja Pomairina, restaurante que además recibió el premio a la mejor empanada de Pomaire y Melipilla 2026.La empanada es realmente contundente, con un abundante pino que combina carne y pollo. Es tan grande que perfectamente se siente como comerse dos empanadas de una sola vez. Mucho más que artesanía Pomaire también tiene otros rincones que vale la pena conocer, como La Puntilla, donde se encuentra un pequeño conjunto patrimonial con una iglesia y una plazuela, además de los talleres de artesanos y los alrededores rurales que permiten apreciar el paisaje de la zona. Al final, eso es quizás lo más bonito de Pomaire: sus tradiciones no están solamente para ser fotografiadas. La greda sigue trabajándose, las tortillas continúan cocinándose, las empanadas siguen siendo protagonistas y la gastronomía campesina permanece presente en sus calles. Una escapada sencilla, económica y llena de sabores, artesanía y cultura chilena. Te invitamos a acompañarnos en nuestro recorrido por Pomaire y conocer todos estos lugares en el capítulo completo de En Palco, disponible en nuestro canal de YouTube.
Hay árboles que crecen durante décadas y, aunque cambien sus ramas, mantienen intactas sus raíces. Algo parecido ocurre con Los Huasos de Algarrobal , que este 2026 cumplen 60 años de trayectoria y siguen encontrando nuevas formas de acercar la música chilena a distintas generaciones. Para conocer más sobre este aniversario, conversamos con Cristian Donoso, Enrique Rodríguez, Cristián O’Ryan, Eugenio Rengifo y Cristóbal Walker, integrantes de Los Huasos de Algarrobal, quienes nos contaron sobre este importante momento para la agrupación, su nuevo disco y lo que significa mantener viva la música de raíz folclórica. La celebración tuvo uno de sus momentos especiales el pasado 10 de septiembre en el Teatro Oriente, donde la agrupación reunió a integrantes históricos, la nueva generación, amigos y familias frente a más de 600 personas. Un encuentro que, según recuerdan sus protagonistas, tuvo algo de íntimo pese al tamaño del escenario: distintas generaciones compartiendo una misma historia y, por supuesto, muchas canciones. Porque seis décadas no significan quedarse mirando hacia atrás. Los actuales integrantes de Los Huasos de Algarrobal asumieron el desafío de continuar un legado construido por varias generaciones, pero también de acercar la música de raíz folclórica a públicos más jóvenes. La idea, dicen, es mantener vivo el lenguaje Algarrobal y lograr que esta tradición siga creciendo. Y parece que el folclor todavía tiene bastante que decir. En conversación con En Palco, los músicos destacan el renovado interés de las nuevas generaciones por la música tradicional, los boleros y otros sonidos que vuelven a encontrar espacio entre artistas jóvenes. Una música que, justamente por pertenecer al pueblo, puede transformarse y reinterpretarse sin dejar de ser parte de nuestra identidad. En medio de esta celebración también aparece un disco muy especial: Huasos de Algarrobal. El álbum rescata una grabación realizada originalmente en 1980 y que, para sus integrantes, representa una de las muestras más fieles del llamado “ estilo Algarrobal ”. Ahora este material vuelve a tomar vida en plataformas digitales y próximamente tendrá además una edición en vinilo, para alegría de quienes todavía disfrutan tener la música en formato físico. Y si hablamos de septiembre, Los Huasos de Algarrobal llegan con agenda cargada. El 18 de septiembre será particularmente intenso, con presentaciones en Peñaflor, Parral y Linares, mientras que durante esos días también pasarán por distintos escenarios y actividades vinculadas a las Fiestas Patrias. Pero quizás lo más bonito es que su relación con la música chilena no se limita al calendario dieciochero. La agrupación incluso ha llevado sus ensayos a plazas de Santiago para compartir su música durante el año y acercarla a quienes quizás no tienen la oportunidad de encontrarse con ella en un escenario. Después de 60 años, Los Huasos de Algarrobal parecen tener bastante claro que la mejor manera de preservar una tradición es mantenerla en movimiento: cambiar, sumar nuevas generaciones y seguir cantando. Y si quieren conocer de primera mano cómo viven este aniversario, qué significa continuar una historia de seis décadas, qué hay detrás del nuevo disco y cuáles son sus canciones favoritas para este 18, los invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.