En una época en la que las imágenes parecen serlo todo y donde gran parte del cine de terror apuesta por la sangre, las vísceras, los jump scares y los cuerpos contorsionados para provocar miedo, llega una propuesta que toma el camino contrario. Undertone es una película canadiense de terror minimalista que demuestra que, muchas veces, lo que no se ve puede resultar mucho más perturbador que cualquier efecto visual. Dirigida por el realizador nobel Ian Tuason, la cinta construye una historia sencilla que conduce al espectador hacia el horror de manera pausada, pero constante, utilizando el sonido como su principal herramienta narrativa. Evy ( Nina Kiri) regresa a vivir a la casa de su madre, una mujer profundamente religiosa que se encuentra postrada y en sus últimos días de vida. Mientras la cuida, debe enfrentar sentimientos encontrados respecto a esa relación, además de un complejo conflicto moral y emocional que se irá revelando poco a poco. La película descansa casi por completo sobre los hombros de Nina Kiri. Evy es prácticamente el único personaje que vemos en pantalla, al resto del elenco solo lo escuchamos y la presencia de su madre permanece casi siempre fuera de cuadro. Esa decisión potencia la sensación de aislamiento que envuelve toda la historia. Junto a Justin ( Adam Di Marco), Evy conduce un podcast dedicado a fenómenos paranormales. Mientras él suele creer en los casos que relatan, ella mantiene una postura más escéptica y se dedica a cuestionar cada una de las evidencias que presentan. Pero todo cambia cuando Justin recibe un extraño correo electrónico con diez archivos de audio enviados por un desconocido. Ambos comienzan a analizarlos y, en un principio, las grabaciones parecen inofensivas. En ellas conocemos a Mike, un hombre que decide grabar a su esposa embarazada, Jessa, convencido de que habla mientras duerme. Sin embargo, a medida que avanzan los audios, el tono cambia por completo. Lo que parecía una situación anecdótica comienza a transformarse en una experiencia profundamente inquietante. La voz de Jessa adquiere matices perturbadores y todo apunta a que una entidad podría estar acechándola y también a su hijo por nacer. A pesar de su escepticismo, Evy termina obsesionándose con aquellas grabaciones. Al mismo tiempo, empieza a percibir una inquietante presencia en la casa de su madre, como si aquello que escucha en los audios hubiera encontrado la forma de infiltrarse en su propia realidad. Con un guion sencillo, pero efectivo, Undertone demuestra que el terror no necesita grandes despliegues visuales para resultar inquietante. Su extraordinario diseño sonoro se convierte en el verdadero protagonista de la película y transforma cada silencio, respiración y susurro en una fuente constante de tensión. La gran virtud de Ian Tuason está en comprender que la sugestión puede ser mucho más poderosa que cualquier imagen explícita. Si bien su desarrollo puede sentirse algo lento durante los primeros minutos, especialmente para quienes esperan un terror más convencional, la paciencia encuentra recompensa. Es una de esas películas que vale la pena ver completamente a oscuras, con buenos parlantes o audífonos, para dejar que el sonido haga su trabajo. Undertone: Frecuencia Maldita, recientemente incorporada al catálogo de HBO Max, confirma que el cine de terror todavía puede encontrar nuevas formas de incomodar al espectador sin recurrir a los recursos de siempre. Una propuesta que apuesta por la atmósfera y la imaginación por sobre el impacto inmediato, recordándonos que, a veces, lo que no vemos termina siendo mucho más aterrador que aquello que aparece frente a nuestros ojos.
Bring Me the Beauties: A Model Cult es una docuserie de tres episodios que revisa la historia de Frederick von Mierers y su culto Eternal Values , organización que alcanzó notoriedad en Manhattan durante los años 80 y comienzos de los 90. Bajo la apariencia de un grupo dedicado al crecimiento personal y al desarrollo espiritual, Von Mierers logró reunir a jóvenes atractivos, exitosos y con un futuro prometedor, a quienes convencía de seguir ciegamente sus enseñanzas. Aseguraba provenir de otro planeta y ser el encargado de transmitir un conocimiento superior a la humanidad. Mientras su pasado permanecía rodeado de misterio, este exmodelo habitual del Studio 54 llegó incluso a conducir un programa de televisión para difundir la filosofía de su movimiento. El principal hilo conductor del documental es Hoyt Richards , quien años antes de convertirse en uno de los primeros supermodelos masculinos, conoció a Von Mierers siendo apenas un adolescente en una playa de Nantucket. Con el paso del tiempo se transformó en uno de sus seguidores más cercanos, una relación que lo llevó a distanciarse de su familia, renunciar a la posibilidad de formar una pareja y entregar gran parte del dinero que ganaba como modelo. Solo tras la muerte de su mentor logró comprender el nivel de manipulación al que había sido sometido. Hoy dedica buena parte de su vida a educar sobre el funcionamiento de las sectas, en un intento por reparar el daño que siente haber provocado durante aquellos años. Pero el mayor interés de Bring Me the Beauties: A Model Cult no está únicamente en reconstruir la historia de Eternal Values, sino en intentar responder una pregunta que suele surgir cada vez que se conoce un caso similar: ¿cómo personas inteligentes, con estudios, dinero y carreras exitosas terminan entregando su vida a un líder carismático? A través de testimonios de antiguos integrantes -algunos que abandonaron el grupo mucho antes que Hoyt al detectar la manipulación y la pérdida de libertad, y otros que incluso décadas después siguen recordando a Frederick con admiración y cariño- la serie deja en evidencia el enorme poder de seducción que pueden ejercer este tipo de líderes. Von Mierers mezclaba discursos sobre alimentación saludable, control emocional y culto al cuerpo con supuestas enseñanzas provenientes del cosmos. Al mismo tiempo, humillaba públicamente a sus seguidores como parte de una terapia de shock, vendía piedras curativas y tratamientos de sanación a precios exorbitantes y les hacía creer que el amor romántico y los vínculos familiares eran obstáculos para alcanzar una evolución superior. Quizás la narración no siempre resulta del todo fluida, pero el documental consigue transmitir una idea inquietante, las sectas rara vez captan personas ingenuas. Suelen atraer a individuos que atraviesan momentos de vulnerabilidad, que buscan pertenecer a un grupo o simplemente desean encontrar respuestas a preguntas profundas sobre la vida. Y es precisamente ahí donde líderes con rasgos narcisistas o delirios mesiánicos encuentran el terreno perfecto para ejercer la manipulación, controlar a sus seguidores y obtener así poder, dinero, beneficios personales e incluso sexo. La docuserie se encuentra disponible en HBO Max.
En una época en la que las imágenes parecen serlo todo y donde gran parte del cine de terror apuesta por la sangre, las vísceras, los jump scares y los cuerpos contorsionados para provocar miedo, llega una propuesta que toma el camino contrario. Undertone es una película canadiense de terror minimalista que demuestra que, muchas veces, lo que no se ve puede resultar mucho más perturbador que cualquier efecto visual. Dirigida por el realizador nobel Ian Tuason, la cinta construye una historia sencilla que conduce al espectador hacia el horror de manera pausada, pero constante, utilizando el sonido como su principal herramienta narrativa. Evy ( Nina Kiri) regresa a vivir a la casa de su madre, una mujer profundamente religiosa que se encuentra postrada y en sus últimos días de vida. Mientras la cuida, debe enfrentar sentimientos encontrados respecto a esa relación, además de un complejo conflicto moral y emocional que se irá revelando poco a poco. La película descansa casi por completo sobre los hombros de Nina Kiri. Evy es prácticamente el único personaje que vemos en pantalla, al resto del elenco solo lo escuchamos y la presencia de su madre permanece casi siempre fuera de cuadro. Esa decisión potencia la sensación de aislamiento que envuelve toda la historia. Junto a Justin ( Adam Di Marco), Evy conduce un podcast dedicado a fenómenos paranormales. Mientras él suele creer en los casos que relatan, ella mantiene una postura más escéptica y se dedica a cuestionar cada una de las evidencias que presentan. Pero todo cambia cuando Justin recibe un extraño correo electrónico con diez archivos de audio enviados por un desconocido. Ambos comienzan a analizarlos y, en un principio, las grabaciones parecen inofensivas. En ellas conocemos a Mike, un hombre que decide grabar a su esposa embarazada, Jessa, convencido de que habla mientras duerme. Sin embargo, a medida que avanzan los audios, el tono cambia por completo. Lo que parecía una situación anecdótica comienza a transformarse en una experiencia profundamente inquietante. La voz de Jessa adquiere matices perturbadores y todo apunta a que una entidad podría estar acechándola y también a su hijo por nacer. A pesar de su escepticismo, Evy termina obsesionándose con aquellas grabaciones. Al mismo tiempo, empieza a percibir una inquietante presencia en la casa de su madre, como si aquello que escucha en los audios hubiera encontrado la forma de infiltrarse en su propia realidad. Con un guion sencillo, pero efectivo, Undertone demuestra que el terror no necesita grandes despliegues visuales para resultar inquietante. Su extraordinario diseño sonoro se convierte en el verdadero protagonista de la película y transforma cada silencio, respiración y susurro en una fuente constante de tensión. La gran virtud de Ian Tuason está en comprender que la sugestión puede ser mucho más poderosa que cualquier imagen explícita. Si bien su desarrollo puede sentirse algo lento durante los primeros minutos, especialmente para quienes esperan un terror más convencional, la paciencia encuentra recompensa. Es una de esas películas que vale la pena ver completamente a oscuras, con buenos parlantes o audífonos, para dejar que el sonido haga su trabajo. Undertone: Frecuencia Maldita, recientemente incorporada al catálogo de HBO Max, confirma que el cine de terror todavía puede encontrar nuevas formas de incomodar al espectador sin recurrir a los recursos de siempre. Una propuesta que apuesta por la atmósfera y la imaginación por sobre el impacto inmediato, recordándonos que, a veces, lo que no vemos termina siendo mucho más aterrador que aquello que aparece frente a nuestros ojos.
Bring Me the Beauties: A Model Cult es una docuserie de tres episodios que revisa la historia de Frederick von Mierers y su culto Eternal Values , organización que alcanzó notoriedad en Manhattan durante los años 80 y comienzos de los 90. Bajo la apariencia de un grupo dedicado al crecimiento personal y al desarrollo espiritual, Von Mierers logró reunir a jóvenes atractivos, exitosos y con un futuro prometedor, a quienes convencía de seguir ciegamente sus enseñanzas. Aseguraba provenir de otro planeta y ser el encargado de transmitir un conocimiento superior a la humanidad. Mientras su pasado permanecía rodeado de misterio, este exmodelo habitual del Studio 54 llegó incluso a conducir un programa de televisión para difundir la filosofía de su movimiento. El principal hilo conductor del documental es Hoyt Richards , quien años antes de convertirse en uno de los primeros supermodelos masculinos, conoció a Von Mierers siendo apenas un adolescente en una playa de Nantucket. Con el paso del tiempo se transformó en uno de sus seguidores más cercanos, una relación que lo llevó a distanciarse de su familia, renunciar a la posibilidad de formar una pareja y entregar gran parte del dinero que ganaba como modelo. Solo tras la muerte de su mentor logró comprender el nivel de manipulación al que había sido sometido. Hoy dedica buena parte de su vida a educar sobre el funcionamiento de las sectas, en un intento por reparar el daño que siente haber provocado durante aquellos años. Pero el mayor interés de Bring Me the Beauties: A Model Cult no está únicamente en reconstruir la historia de Eternal Values, sino en intentar responder una pregunta que suele surgir cada vez que se conoce un caso similar: ¿cómo personas inteligentes, con estudios, dinero y carreras exitosas terminan entregando su vida a un líder carismático? A través de testimonios de antiguos integrantes -algunos que abandonaron el grupo mucho antes que Hoyt al detectar la manipulación y la pérdida de libertad, y otros que incluso décadas después siguen recordando a Frederick con admiración y cariño- la serie deja en evidencia el enorme poder de seducción que pueden ejercer este tipo de líderes. Von Mierers mezclaba discursos sobre alimentación saludable, control emocional y culto al cuerpo con supuestas enseñanzas provenientes del cosmos. Al mismo tiempo, humillaba públicamente a sus seguidores como parte de una terapia de shock, vendía piedras curativas y tratamientos de sanación a precios exorbitantes y les hacía creer que el amor romántico y los vínculos familiares eran obstáculos para alcanzar una evolución superior. Quizás la narración no siempre resulta del todo fluida, pero el documental consigue transmitir una idea inquietante, las sectas rara vez captan personas ingenuas. Suelen atraer a individuos que atraviesan momentos de vulnerabilidad, que buscan pertenecer a un grupo o simplemente desean encontrar respuestas a preguntas profundas sobre la vida. Y es precisamente ahí donde líderes con rasgos narcisistas o delirios mesiánicos encuentran el terreno perfecto para ejercer la manipulación, controlar a sus seguidores y obtener así poder, dinero, beneficios personales e incluso sexo. La docuserie se encuentra disponible en HBO Max.