Hay libros que nacen desde la imaginación y otros que emergen como una necesidad urgente.En las cenizas, de Luis Alberto Soto, pertenece a esta última categoría: un texto que cruza autobiografía, ensayo y autoficción para dar forma a una experiencia límite. La historia parte con un diagnóstico brutal: un cáncer que regresa, esta vez en otra zona, con mayor agresividad y con la posibilidad concreta de la muerte. Pero más que centrarse en lo médico, el libro se instala en otro territorio: el de la incertidumbre, el miedo y la necesidad de entender, aunque no siempre haya respuestas. Soto cuenta que la escritura apareció primero como una inquietud, casi como un impulso postergado. Sin embargo, fue el segundo cáncer el que transformó ese gesto en una urgencia: escribir para ordenar el caos, para darle sentido a lo que estaba viviendo. “Era una manera de contener la experiencia”, explica, reconociendo en el proceso incluso un carácter terapéutico. El libro adopta la forma de una bitácora -dos cuadernos que recorren sus dos enfermedades- pero se lee con la fluidez de una novela. En sus páginas conviven reflexiones personales con referencias literarias, películas y pensamientos que ayudan a anclar una experiencia que, por momentos, parece inabarcable. Uno de los puntos más potentes del relato es su mirada crítica frente a las ideas instaladas sobre el cáncer. Soto cuestiona conceptos como “dar la batalla” o “ser un guerrero”, que muchas veces recaen con un peso innecesario sobre el enfermo. “Uno está bajo los efectos de la quimioterapia, hecho pedazos, y te dicen que tienes que luchar. No hace mucho sentido”, plantea. En lugar de esa lógica, el autor propone otra mirada: aceptar la posibilidad de la muerte. Lejos de ser una rendición, esa aceptación abre paso a algo inesperado: una pulsión vital más intensa, una nueva forma de habitar la vida. “Si me moría mañana, estaba bien. Había tenido una buena vida”, reflexiona. Y es justamente desde ese lugar donde aparece una renovada energía por vivir. En las cenizas no busca dar lecciones ni respuestas fáciles. Más bien, se instala como una compañía honesta, tanto para quienes atraviesan una enfermedad como para su entorno. Un libro que invita a mirar de frente la fragilidad, pero también a redescubrir lo esencial: los afectos, los pequeños placeres y la manera en que elegimos vivir. Hoy, ya recuperado y en buen estado de salud, Luis Alberto Soto sigue escribiendo. De hecho, ya trabaja en un segundo libro, confirmando que aquella urgencia inicial se transformó en un camino creativo. Porque si algo deja claro En las cenizas, es que incluso en los momentos más oscuros, la escritura -y la vida- pueden abrirse paso. Revisa la entrevista completa con Luis Alberto Soto en el canal de YouTube de En Palco.
La periodista y escritora chilena Andrea Amosson, radicada en Estados Unidos, vuelve a la novela histórica conHija del desierto, un relato profundamente ligado al norte de Chile, a la memoria familiar y a una de las culturas más antiguas del mundo: la Chinchorro. En conversación con En Palco, la autora reflexiona sobre el origen de esta historia, su vínculo personal con el desierto y la construcción de un personaje femenino adelantado a su tiempo. El desierto como origen y memoria Nacida en Antofagasta y criada entre oficinas salitreras, Amosson reconoce que su relación con el desierto es inseparable de su identidad. “Es parte de mí”, señala. A través de la escritura, la autora busca no solo recrear ese mundo, sino también mostrarlo fuera de Chile, derribando la imagen estereotipada del desierto como un vergel de oasis. En Hija del desierto, el norte aparece como un territorio duro y aparentemente estéril, pero a la vez fértil en historias, afectos y resistencias. Un espacio donde, pese a la aridez extrema, las personas construyen vida, vínculos y memoria. Albúmina Azócar y las voces del pasado La novela nace, según cuenta la autora, desde una imagen en movimiento: alguien corriendo incansablemente por el desierto. Esa figura terminó tomando forma en Albúmina Azócar, una joven inquieta, curiosa y rebelde, que parece escabullirse en la mente de la escritora para exigir que su historia sea contada. A esa imagen inicial se sumó un recuerdo de infancia: la primera vez que Andrea vio una momia Chinchorro en un museo del norte. Años más tarde, la investigación para la novela profundizó ese asombro inicial, revelándole el carácter profundamente amoroso y democrático de esta cultura, donde todos los cuerpos -sin distinción de edad o estatus- eran preservados como un acto de amor y cuidado. Investigación, historia y ficción El proceso creativo de Hija del desierto estuvo marcado por una exhaustiva documentación. Libros, documentales y entrevistas fueron claves, así como el contacto directo con el antropólogo Dr. Bernardo Arriaza, uno de los principales expertos en la cultura Chinchorro. Ese trabajo permitió a la autora comprender no solo la relevancia histórica de estas momias -las más antiguas del mundo preservadas de manera intencional- sino también el trasfondo emocional que dialoga con la historia íntima de Albúmina. Ambientada en el Chile de la década de 1920, la novela retrata una época de transiciones, marcada por normas rígidas, especialmente para las mujeres. Albúmina crece en un entorno donde, como mujer, leer y educarse no es bien visto, y debe hacerlo a escondidas, mientras intenta recomponer una historia familiar fragmentada tras la muerte de su madre. Derechos, memoria y vigencia Para la autora, Albúmina es también una invitación a reflexionar sobre los derechos de las mujeres y su fragilidad. Aunque se trate de una historia ambientada hace más de un siglo, las trabas cambian de forma, pero no desaparecen. Desde su experiencia viviendo en Estados Unidos, la autora subraya la importancia de cuidar los derechos conquistados, porque “lo que costó sangre, sudor y lágrimas, muy fácilmente se puede perder”. Hija del desierto ya se encuentra disponible en librerías chilenas y en formato digital. Una novela ideal para acompañar el verano, que invita a sumergirse en el norte, en la historia y en la búsqueda personal de una protagonista tan intensa como entrañable. Revisa la entrevista completa con Andrea Amosson en nuestro canal de Youtube.
Luego de que uno de sus pacientes se suicidara, el psicoanalista Lev, comienza a cuestionarse varios aspectos de su vida y a rememorar hechos que lo marcaron en el pasado. Este es el inicio de “El Psicoanalista Desnudo”, escrito por Gabriel Dukes, quien conoce bien el rubro ya que es psiquiatra de profesión. El autor nos cuenta cómo llegó a ser escritor y su relación con la literatura: “a mí siempre me ha gustado la lectura y por ahí por el año 2014 la revista del diario La Segunda sacó un suplemento y querían una columna de psicología, entonces me pidieron que escribiera algo y yo escribí algo, pero teórico, era sobre el duelo… Lo leí y lo encontré súper aburrido, muy técnico y entonces dije: ¿sabes qué? voy a escribir una historia. Entonces inventé al personaje que es el doctor Lev, que es el mismo que aparece en las dos novelas que he escrito. Durante aproximadamente 2 años todas las semanas estuve escribiendo una pequeña historia…”. Luego de eso vendrían más historias y de una de ellas nacería su novela MalaMente, primera parte de esta trilogía. En su segundo libro nos habla de variados temas, donde el pasado se hace presente para mostrarnos que siempre tiene repercusiones en nuestra manera de ser o en cómo enfrentamos diferentes situaciones. A través de la mirada del protagonista iremos descubriendo en nosotros mismos cómo un texto puede llegar para hacernos reflexionar sobre la vida que estamos llevando. Un libro que nos invita ser parte de los pensamientos de su protagonista, tal como lo comenta Gabriel: “Lev va contando en primera persona, y en tiempo presente, lo que le va pasando y eso permite que el lector de alguna manera pueda meterse en la mente de Lev”. Una oportunidad de disfrutar de una historia envolvente y explorar en nuestra propia trama. Puedes ver la entrevista completa en nuestro canal de youtube.
Hay libros que nacen desde la imaginación y otros que emergen como una necesidad urgente.En las cenizas, de Luis Alberto Soto, pertenece a esta última categoría: un texto que cruza autobiografía, ensayo y autoficción para dar forma a una experiencia límite. La historia parte con un diagnóstico brutal: un cáncer que regresa, esta vez en otra zona, con mayor agresividad y con la posibilidad concreta de la muerte. Pero más que centrarse en lo médico, el libro se instala en otro territorio: el de la incertidumbre, el miedo y la necesidad de entender, aunque no siempre haya respuestas. Soto cuenta que la escritura apareció primero como una inquietud, casi como un impulso postergado. Sin embargo, fue el segundo cáncer el que transformó ese gesto en una urgencia: escribir para ordenar el caos, para darle sentido a lo que estaba viviendo. “Era una manera de contener la experiencia”, explica, reconociendo en el proceso incluso un carácter terapéutico. El libro adopta la forma de una bitácora -dos cuadernos que recorren sus dos enfermedades- pero se lee con la fluidez de una novela. En sus páginas conviven reflexiones personales con referencias literarias, películas y pensamientos que ayudan a anclar una experiencia que, por momentos, parece inabarcable. Uno de los puntos más potentes del relato es su mirada crítica frente a las ideas instaladas sobre el cáncer. Soto cuestiona conceptos como “dar la batalla” o “ser un guerrero”, que muchas veces recaen con un peso innecesario sobre el enfermo. “Uno está bajo los efectos de la quimioterapia, hecho pedazos, y te dicen que tienes que luchar. No hace mucho sentido”, plantea. En lugar de esa lógica, el autor propone otra mirada: aceptar la posibilidad de la muerte. Lejos de ser una rendición, esa aceptación abre paso a algo inesperado: una pulsión vital más intensa, una nueva forma de habitar la vida. “Si me moría mañana, estaba bien. Había tenido una buena vida”, reflexiona. Y es justamente desde ese lugar donde aparece una renovada energía por vivir. En las cenizas no busca dar lecciones ni respuestas fáciles. Más bien, se instala como una compañía honesta, tanto para quienes atraviesan una enfermedad como para su entorno. Un libro que invita a mirar de frente la fragilidad, pero también a redescubrir lo esencial: los afectos, los pequeños placeres y la manera en que elegimos vivir. Hoy, ya recuperado y en buen estado de salud, Luis Alberto Soto sigue escribiendo. De hecho, ya trabaja en un segundo libro, confirmando que aquella urgencia inicial se transformó en un camino creativo. Porque si algo deja claro En las cenizas, es que incluso en los momentos más oscuros, la escritura -y la vida- pueden abrirse paso. Revisa la entrevista completa con Luis Alberto Soto en el canal de YouTube de En Palco.
La periodista y escritora chilena Andrea Amosson, radicada en Estados Unidos, vuelve a la novela histórica conHija del desierto, un relato profundamente ligado al norte de Chile, a la memoria familiar y a una de las culturas más antiguas del mundo: la Chinchorro. En conversación con En Palco, la autora reflexiona sobre el origen de esta historia, su vínculo personal con el desierto y la construcción de un personaje femenino adelantado a su tiempo. El desierto como origen y memoria Nacida en Antofagasta y criada entre oficinas salitreras, Amosson reconoce que su relación con el desierto es inseparable de su identidad. “Es parte de mí”, señala. A través de la escritura, la autora busca no solo recrear ese mundo, sino también mostrarlo fuera de Chile, derribando la imagen estereotipada del desierto como un vergel de oasis. En Hija del desierto, el norte aparece como un territorio duro y aparentemente estéril, pero a la vez fértil en historias, afectos y resistencias. Un espacio donde, pese a la aridez extrema, las personas construyen vida, vínculos y memoria. Albúmina Azócar y las voces del pasado La novela nace, según cuenta la autora, desde una imagen en movimiento: alguien corriendo incansablemente por el desierto. Esa figura terminó tomando forma en Albúmina Azócar, una joven inquieta, curiosa y rebelde, que parece escabullirse en la mente de la escritora para exigir que su historia sea contada. A esa imagen inicial se sumó un recuerdo de infancia: la primera vez que Andrea vio una momia Chinchorro en un museo del norte. Años más tarde, la investigación para la novela profundizó ese asombro inicial, revelándole el carácter profundamente amoroso y democrático de esta cultura, donde todos los cuerpos -sin distinción de edad o estatus- eran preservados como un acto de amor y cuidado. Investigación, historia y ficción El proceso creativo de Hija del desierto estuvo marcado por una exhaustiva documentación. Libros, documentales y entrevistas fueron claves, así como el contacto directo con el antropólogo Dr. Bernardo Arriaza, uno de los principales expertos en la cultura Chinchorro. Ese trabajo permitió a la autora comprender no solo la relevancia histórica de estas momias -las más antiguas del mundo preservadas de manera intencional- sino también el trasfondo emocional que dialoga con la historia íntima de Albúmina. Ambientada en el Chile de la década de 1920, la novela retrata una época de transiciones, marcada por normas rígidas, especialmente para las mujeres. Albúmina crece en un entorno donde, como mujer, leer y educarse no es bien visto, y debe hacerlo a escondidas, mientras intenta recomponer una historia familiar fragmentada tras la muerte de su madre. Derechos, memoria y vigencia Para la autora, Albúmina es también una invitación a reflexionar sobre los derechos de las mujeres y su fragilidad. Aunque se trate de una historia ambientada hace más de un siglo, las trabas cambian de forma, pero no desaparecen. Desde su experiencia viviendo en Estados Unidos, la autora subraya la importancia de cuidar los derechos conquistados, porque “lo que costó sangre, sudor y lágrimas, muy fácilmente se puede perder”. Hija del desierto ya se encuentra disponible en librerías chilenas y en formato digital. Una novela ideal para acompañar el verano, que invita a sumergirse en el norte, en la historia y en la búsqueda personal de una protagonista tan intensa como entrañable. Revisa la entrevista completa con Andrea Amosson en nuestro canal de Youtube.
Luego de que uno de sus pacientes se suicidara, el psicoanalista Lev, comienza a cuestionarse varios aspectos de su vida y a rememorar hechos que lo marcaron en el pasado. Este es el inicio de “El Psicoanalista Desnudo”, escrito por Gabriel Dukes, quien conoce bien el rubro ya que es psiquiatra de profesión. El autor nos cuenta cómo llegó a ser escritor y su relación con la literatura: “a mí siempre me ha gustado la lectura y por ahí por el año 2014 la revista del diario La Segunda sacó un suplemento y querían una columna de psicología, entonces me pidieron que escribiera algo y yo escribí algo, pero teórico, era sobre el duelo… Lo leí y lo encontré súper aburrido, muy técnico y entonces dije: ¿sabes qué? voy a escribir una historia. Entonces inventé al personaje que es el doctor Lev, que es el mismo que aparece en las dos novelas que he escrito. Durante aproximadamente 2 años todas las semanas estuve escribiendo una pequeña historia…”. Luego de eso vendrían más historias y de una de ellas nacería su novela MalaMente, primera parte de esta trilogía. En su segundo libro nos habla de variados temas, donde el pasado se hace presente para mostrarnos que siempre tiene repercusiones en nuestra manera de ser o en cómo enfrentamos diferentes situaciones. A través de la mirada del protagonista iremos descubriendo en nosotros mismos cómo un texto puede llegar para hacernos reflexionar sobre la vida que estamos llevando. Un libro que nos invita ser parte de los pensamientos de su protagonista, tal como lo comenta Gabriel: “Lev va contando en primera persona, y en tiempo presente, lo que le va pasando y eso permite que el lector de alguna manera pueda meterse en la mente de Lev”. Una oportunidad de disfrutar de una historia envolvente y explorar en nuestra propia trama. Puedes ver la entrevista completa en nuestro canal de youtube.