Amélie es una niña belga que vive en Japón junto a su familia y que luego de cumplir tres años, conocerá de cerca cómo cada hecho que le sucede crea nuevos recuerdos que marcarán su vida. De hecho, al conocer el chocolate gracias a su abuela, se le abre un mundo de emociones y un “renacimiento” donde descubrirá a su nueva mejor amiga. “Amélie y los secretos de la lluvia” está basada en la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, “La metafísica de los tubos”, y cuenta con la dirección de Mailys Vallade y Liane-Cho Han. Además de la ternura que genera, nos encanta con una trama que atrapa y que provoca emociones de recogimiento y añoranza. La protagonista se sorprende con cada descubrimiento y con los lazos que va formando, siendo muy importante para ella el que tiene con Nishio-san, quien la cuida y le enseña de temas trascendentales de la vida. También su relación hace que pensemos en cómo cada momento puede convertirse en una situación especial, que nos hará crear recuerdos importantes. Los padres son contenedores de sentimientos que surgen en esta niña expresiva y curiosa, aunque algunas veces se vean superados por el día a día. Los hermanos nos muestran ese lazo que nos invade y que, aunque a veces hay discusiones, es uno de los más fuertes de cualquier ser humano. La animación es dulce y especial, cada gota de lluvia nos trasporta a un mundo que trae esos sentimientos escondidos hacia la luz, haciéndonos pensar en aquellos que ya no están con nosotros, pero que siguen vivos en nuestra memoria mientras no los olvidemos. Esta película te invita a reflexionar sobre tu momento actual en la vida y en el pasado que te ha definido como persona. Genera emociones que te envuelven y te dejan pensando en cómo cada relación que forjamos define nuestra vida y la forma en que la vemos. Un filme lleno de sensibilidad y reflexión, que hace ver que cada día generamos nuevas historias y que las personas que forman parte de éstas, pueden convertirse en pilares de nuestra manera de ser y de cómo generamos lazos. Si quieres ver “Amélie y los secretos de la lluvia”, ya se encuentra en salas de cine del país.
Con El Agente Secreto (O Agente Secreto), el cine brasileño vuelve a poner el foco en una de sus páginas más oscuras -la dictadura militar de los años setenta- a través de un thriller que ha logrado cruzar fronteras y ubicarse entre las nominadas a Mejor Película en los premios Óscar 2026. Dirigida por Kleber Mendonça Filho (Aquarius, Bacurau) y protagonizada por Wagner Moura, esta cinta es tanto una aventura narrativa como un contundente comentario político y social sobre el uso del poder y sus secuelas en la memoria colectiva.  Ambientada en 1977, en pleno régimen dictatorial brasileño, El Agente Secreto nos presenta a Armando -un profesor e investigador con pasado revolucionario- que, bajo el alias Marcelo, regresa tras un largo viaje para reencontrarse con su hijo en Recife. Lo que parece ser un reencuentro familiar, pronto se convierte en una lucha por la supervivencia: Armando es buscado por sicarios contratados por un hombre poderoso cuya identidad se va desvelando a lo largo de la historia. La película se mueve con tono neo-noir y un ritmo que alterna suspense, violencia, drama y toques de humor negro, construyendo un relato que no siempre es lineal y que a veces se expande en subtramas y personajes que parecen salidos de distintas ramas del thriller político. Wagner Moura ofrece una actuación profunda que ha sido ampliamente reconocida en la temporada de premios, convirtiéndose en el primer actor brasileño nominado al Óscar a Mejor Actor y ganando ya premios como el Globo de Oro. Su Marcelo/Armando no es un héroe clásico, sino un hombre marcado por su historia y por los peligros que lo persiguen, un personaje cuya vulnerabilidad y tensión interna sostienen gran parte del film. El elenco de apoyo también contribuye significativamente a la densidad del relato. Personajes como la enigmática Dona Sebastiana añaden capas de humanidad y contraste en un mundo hostil, mientras que los sicarios y otros secundarios ayudan a dibujar un fresco sociopolítico complejo y multifacético. Uno de los puntos más celebrados de El Agente Secreto es su recreación minuciosa de la Brasil de los años setenta. Desde los vehículos y las calles hasta los interiores de oficinas y casas, cada elemento contribuye a un mundo visual que se siente auténtico y vivido, sumergiendo al espectador en una época de represión, miedo y resistencia. Mendonça Filho no se conforma con un relato convencional: mezcla expresiones estilísticas audaces, momentos surrealistas y un ritmo que puede sentirse expansivo o incluso errático para algunos espectadores. Esta elección estética, que algunos críticos comparan con un cine que desafía las expectativas del thriller tradicional, divide opiniones, mientras unos aplauden su ambición, otros encuentran el guion demasiado ramificado o lento en momentos clave. La nominación de El Agente Secreto a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor y Mejor Casting en los Oscar representa un hito para el cine de Brasil, igualando récords de nominaciones y consolidando un interés global en historias que exploran las huellas del autoritarismo desde perspectivas locales y universales. No es una cinta que se limite a entretener: aspira a reflexionar sobre la memoria histórica, las dinámicas de poder y la vigencia de esos temas en la sociedad contemporánea. En ese sentido, funciona como un puente entre el pasado y el presente, incitando al espectador a pensar más allá de la superficie de su trama. El Agente Secreto es una obra que se siente viva -a veces caótica, a veces elegante- y que pretende desafiar tanto al espectador como a la forma misma del thriller político. Su mezcla de intensidad dramática, construcción de ambiente y cuestionamientos éticos la convierte en una propuesta valiosa dentro de la cinematografía contemporánea. Dicho esto, su ambición también es su desafío: en ocasiones, su estructura ramificada y su ritmo deliberado pueden desconcertar, dejando la sensación de que las grandes ideas podrían haberse comunicado con una narrativa más contenida. En definitiva, es una película que merece ser vista, debatida y ubicada dentro de la mejor tradición del cine brasileño, aunque -como toda obra audaz- puede polarizar a quienes esperen un relato más convencional.
Amélie es una niña belga que vive en Japón junto a su familia y que luego de cumplir tres años, conocerá de cerca cómo cada hecho que le sucede crea nuevos recuerdos que marcarán su vida. De hecho, al conocer el chocolate gracias a su abuela, se le abre un mundo de emociones y un “renacimiento” donde descubrirá a su nueva mejor amiga. “Amélie y los secretos de la lluvia” está basada en la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, “La metafísica de los tubos”, y cuenta con la dirección de Mailys Vallade y Liane-Cho Han. Además de la ternura que genera, nos encanta con una trama que atrapa y que provoca emociones de recogimiento y añoranza. La protagonista se sorprende con cada descubrimiento y con los lazos que va formando, siendo muy importante para ella el que tiene con Nishio-san, quien la cuida y le enseña de temas trascendentales de la vida. También su relación hace que pensemos en cómo cada momento puede convertirse en una situación especial, que nos hará crear recuerdos importantes. Los padres son contenedores de sentimientos que surgen en esta niña expresiva y curiosa, aunque algunas veces se vean superados por el día a día. Los hermanos nos muestran ese lazo que nos invade y que, aunque a veces hay discusiones, es uno de los más fuertes de cualquier ser humano. La animación es dulce y especial, cada gota de lluvia nos trasporta a un mundo que trae esos sentimientos escondidos hacia la luz, haciéndonos pensar en aquellos que ya no están con nosotros, pero que siguen vivos en nuestra memoria mientras no los olvidemos. Esta película te invita a reflexionar sobre tu momento actual en la vida y en el pasado que te ha definido como persona. Genera emociones que te envuelven y te dejan pensando en cómo cada relación que forjamos define nuestra vida y la forma en que la vemos. Un filme lleno de sensibilidad y reflexión, que hace ver que cada día generamos nuevas historias y que las personas que forman parte de éstas, pueden convertirse en pilares de nuestra manera de ser y de cómo generamos lazos. Si quieres ver “Amélie y los secretos de la lluvia”, ya se encuentra en salas de cine del país.
Con El Agente Secreto (O Agente Secreto), el cine brasileño vuelve a poner el foco en una de sus páginas más oscuras -la dictadura militar de los años setenta- a través de un thriller que ha logrado cruzar fronteras y ubicarse entre las nominadas a Mejor Película en los premios Óscar 2026. Dirigida por Kleber Mendonça Filho (Aquarius, Bacurau) y protagonizada por Wagner Moura, esta cinta es tanto una aventura narrativa como un contundente comentario político y social sobre el uso del poder y sus secuelas en la memoria colectiva.  Ambientada en 1977, en pleno régimen dictatorial brasileño, El Agente Secreto nos presenta a Armando -un profesor e investigador con pasado revolucionario- que, bajo el alias Marcelo, regresa tras un largo viaje para reencontrarse con su hijo en Recife. Lo que parece ser un reencuentro familiar, pronto se convierte en una lucha por la supervivencia: Armando es buscado por sicarios contratados por un hombre poderoso cuya identidad se va desvelando a lo largo de la historia. La película se mueve con tono neo-noir y un ritmo que alterna suspense, violencia, drama y toques de humor negro, construyendo un relato que no siempre es lineal y que a veces se expande en subtramas y personajes que parecen salidos de distintas ramas del thriller político. Wagner Moura ofrece una actuación profunda que ha sido ampliamente reconocida en la temporada de premios, convirtiéndose en el primer actor brasileño nominado al Óscar a Mejor Actor y ganando ya premios como el Globo de Oro. Su Marcelo/Armando no es un héroe clásico, sino un hombre marcado por su historia y por los peligros que lo persiguen, un personaje cuya vulnerabilidad y tensión interna sostienen gran parte del film. El elenco de apoyo también contribuye significativamente a la densidad del relato. Personajes como la enigmática Dona Sebastiana añaden capas de humanidad y contraste en un mundo hostil, mientras que los sicarios y otros secundarios ayudan a dibujar un fresco sociopolítico complejo y multifacético. Uno de los puntos más celebrados de El Agente Secreto es su recreación minuciosa de la Brasil de los años setenta. Desde los vehículos y las calles hasta los interiores de oficinas y casas, cada elemento contribuye a un mundo visual que se siente auténtico y vivido, sumergiendo al espectador en una época de represión, miedo y resistencia. Mendonça Filho no se conforma con un relato convencional: mezcla expresiones estilísticas audaces, momentos surrealistas y un ritmo que puede sentirse expansivo o incluso errático para algunos espectadores. Esta elección estética, que algunos críticos comparan con un cine que desafía las expectativas del thriller tradicional, divide opiniones, mientras unos aplauden su ambición, otros encuentran el guion demasiado ramificado o lento en momentos clave. La nominación de El Agente Secreto a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor y Mejor Casting en los Oscar representa un hito para el cine de Brasil, igualando récords de nominaciones y consolidando un interés global en historias que exploran las huellas del autoritarismo desde perspectivas locales y universales. No es una cinta que se limite a entretener: aspira a reflexionar sobre la memoria histórica, las dinámicas de poder y la vigencia de esos temas en la sociedad contemporánea. En ese sentido, funciona como un puente entre el pasado y el presente, incitando al espectador a pensar más allá de la superficie de su trama. El Agente Secreto es una obra que se siente viva -a veces caótica, a veces elegante- y que pretende desafiar tanto al espectador como a la forma misma del thriller político. Su mezcla de intensidad dramática, construcción de ambiente y cuestionamientos éticos la convierte en una propuesta valiosa dentro de la cinematografía contemporánea. Dicho esto, su ambición también es su desafío: en ocasiones, su estructura ramificada y su ritmo deliberado pueden desconcertar, dejando la sensación de que las grandes ideas podrían haberse comunicado con una narrativa más contenida. En definitiva, es una película que merece ser vista, debatida y ubicada dentro de la mejor tradición del cine brasileño, aunque -como toda obra audaz- puede polarizar a quienes esperen un relato más convencional.