Christopher Nolan parece superarse con cada producción que realiza. No tiene miedo a innovar, provocar ni sorprender desde lo cinematográfico y, más allá de cualquier polémica que pueda rodear aLa Odisea, vuelve a demostrar por qué es uno de los directores más importantes de la actualidad. En esta adaptación del poema épico de Homero, Nolan deja de lado la rigurosidad histórica más estricta para construir su propia visión del clásico. Como suele ocurrir con sus películas, apuesta por una propuesta muy personal, privilegiando la experiencia cinematográfica por sobre una reconstrucción absolutamente fiel del texto original. Odiseo ( Matt Damon), rey de Ítaca y uno de los grandes héroes de la Guerra de Troya, emprende un largo y peligroso viaje para regresar a su hogar después del conflicto. La culpa, la soberbia, la memoria, dioses veleidosos y el encuentro con criaturas mitológicas y mágicas convierten este regreso en una travesía tanto física como espiritual, donde el verdadero enemigo muchas veces parece ser él mismo. Mientras tanto, en Ítaca, Penélope ( Anne Hathaway) continúa esperándolo. Se niega a creer que su amado esposo ha muerto y rechaza casarse con alguno de los numerosos pretendientes que ocupan su palacio, aprovechándose de la hospitalidad que imponían La Ley de Zeus. Entre ellos destaca Antínoo ( Robert Pattinson), un hombre manipulador que busca quedarse con el lugar de Odiseo. Paralelamente, Telémaco ( Tom Holland), el hijo de Odiseo, inicia su propio viaje. Aunque apenas recuerda a su padre, honra su figura y desea descubrir qué ocurrió con él, además de demostrar que ya dejó de ser un niño para convertirse en el heredero que Ítaca necesita. Como ocurre prácticamente cada vez que un libro llega al cine -y más aún tratándose de una obra tan compleja como La Odisea- existen pasajes que desaparecen, otros que se condensan y algunos acontecimientos que son modificados para favorecer el relato cinematográfico. Sin embargo, la película nunca pierde coherencia. Se siente como una obra completa, intensa, actual y tremendamente entretenida, donde las casi tres horas de duración pasan con sorprendente rapidez gracias a un equilibrio muy logrado entre acción, drama, aventura e incluso momentos cercanos al terror. Uno de los aspectos que más discusión ha generado tiene relación con el elenco. Para algunos espectadores, la elección de actores responde a una visión moderna que rompe deliberadamente con el contexto histórico de la Grecia posterior a la Guerra de Troya. La crítica, más que un tema racial, apunta a que Nolan optó por un reparto que demuestre diversidad, pero curiosamente sin incorporar actores griegos, pese a que existen varios intérpretes de ese origen trabajando en Hollywood o -por lo menos- con rasgos físicos más afines. Es una observación que ha estado presente entre varios de los detractores de la película. A propósito de esa decisión, existe una escena que personalmente me sacó un poco de la experiencia. En determinado momento, Odiseo y sus hombres llegan a una isla cuyos habitantes hablan griego (probablemente griego moderno) y luego traducen sus palabras al inglés para que ellos puedan entenderlas. Si toda la película ya asumió que sus personajes griegos hablan inglés por convención cinematográfica, este pequeño guiño termina sintiéndose algo innecesario y, en cierto modo, un poco forzado. En el ámbito técnico, Nolan vuelve a entregar una auténtica clase de cine. Filmada íntegramente en 70 mm, La Odisea destaca por un extraordinario trabajo de cámara, fotografía, sonido y montaje, elementos que convierten la película en un verdadero espectáculo visual. Es una obra pensada para disfrutarse en pantalla grande y, si existe la posibilidad, en IMAX, formato para el cual fue concebida. Lamentablemente, en Chile solo existen dos salas de este tipo y ambas se encuentran en Santiago. Matt Damon realiza un gran trabajo interpretando a un Odiseo complejo, agotado y profundamente atormentado. Robert Pattinson también sobresale dando vida a un Antínoo manipulador, patético y despreciable, construyendo gran parte del personaje a través de sus gestos y miradas. John Leguizamo entrega una de las interpretaciones más emotivas de la película como Eumeo, el fiel servidor de Odiseo, mientras que Samantha Morton, pese a contar con una participación más breve, ofrece una poderosa versión de Circe, la bruja que pondrá a prueba el ingenio del héroe. La música está en manos de Ludwig Göransson, quien ya ha colaborado antes con Nolan. En lugar de apostar por una banda sonora grandilocuente, ambos optan por una propuesta mucho más íntima, probablemente buscando una sonoridad más cercana a la época en la que transcurre la historia. La decisión funciona durante gran parte del metraje, aunque, muy personalmente, hubo momentos donde eché de menos una orquesta más imponente que potenciara algunas secuencias épicas. Esa sensación se acentúa en los créditos finales, donde sorprende la inclusión de un tema de rap contemporáneo interpretado por Travis Scott -quien además aparece brevemente en la película como Bardo, un poeta- una elección que seguramente dividirá opiniones. Más allá de las licencias narrativas, de algunas decisiones de casting que seguirán siendo debatidas y de pequeños detalles que no terminan de convencer, La Odisea confirma una vez más la enorme capacidad de Christopher Nolan para transformar historias conocidas en experiencias cinematográficas de primer nivel. Claramente, no pretende reemplazar el poema de Homero, sino ofrecer una lectura propia, visualmente deslumbrante, profundamente humana y hecha para ser vivida en la sala de cine desde este 16 de julio.
Para ir a verEl Drama lo único que hay que llevar es una mente abierta y tener claro que esta no es precisamente una película romántica, aunque sí hay mucho de amor. La nueva cinta de Kristoffer Borgli (Dream Scenario) nos presenta a una pareja aparentemente perfecta que está a una semana de casarse, Emma ( Zendaya) y Charlie ( Robert Pattinson). Sin embargo, el día de la prueba del banquete, junto a una pareja amiga -interpretados por Alana Haim y Mamadou Athie- comienzan un juego entre copa y copa que los llevará a revelar hechos de su pasado, siendo uno de ellos de tal impacto que cambiará la dinámica de amistad y, sobre todo, la de pareja entre los protagonistas, ya que para todos el secreto de Emma resulta profundamente revelador y desconcertante. Borgli, con esta producción, nos desafía y provoca, presentándonos una historia muy bien construida e interpretada, que abre múltiples ideas que nos harán debatir y reflexionar como espectadores. La película nos hace transitar por el amor, la comedia, el thriller y, por supuesto, el drama. Hay varias temáticas que se plantean en esta película, y una de las más importantes es si el amor realmente es suficiente y todo lo puede, como muchas veces se dice. También pone sobre la mesa dilemas éticos y morales, aborda el doble estándar, los prejuicios, la salud mental, el verdadero sentido de la amistad y cuán importantes e impactantes pueden ser nuestras acciones pasadas cuando uno ha cambiado el rumbo -para bien- en la vida. Zendaya y Pattinson se ven estupendos en pantalla y poseen una gran química, algo que también se ha podido notar en las entrevistas que han dado a la prensa para promocionar la película. Ella muestra gran versatilidad y logra con éxito dar con los distintos tonos de su complejo personaje, mientras que Pattinson se muestra tan torpe como encantador, probablemente -y a pesar de las circunstancias de Charlie- como de los personajes más luminosos que ha interpretado el actor. En tanto, Alana Haim como Rachel nos ofrece una soberbia y odiable performance como la gran amiga de la pareja, quien finalmente revela su verdadera cara, gatillando gran parte del destino de la trama. Por otro lado, Mike (Athie) es un personaje que constantemente intenta contener al resto, lo que a ratos funciona como una suerte de conciencia dentro del grupo. El Drama tiene un montaje muy dinámico, repleto de flashbacks que van revelando distintas situaciones que ayudan a entender mejor el presente de Emma y Charlie. Pero ojo: estos no suelen presentarse desde un punto de vista externo, sino desde una mirada subjetiva, y es que justamente de eso trata este filme, de la visión que tiene cada quien sobre determinadas acciones y de cómo se enfrenta a ellas. Es entretenida, original y reflexiva, nos lleva por caminos de desconcierto, incomodidad y también risa. Esas ya son suficientes razones para ir a verla al cine desde este 16 de abril.
Christopher Nolan parece superarse con cada producción que realiza. No tiene miedo a innovar, provocar ni sorprender desde lo cinematográfico y, más allá de cualquier polémica que pueda rodear aLa Odisea, vuelve a demostrar por qué es uno de los directores más importantes de la actualidad. En esta adaptación del poema épico de Homero, Nolan deja de lado la rigurosidad histórica más estricta para construir su propia visión del clásico. Como suele ocurrir con sus películas, apuesta por una propuesta muy personal, privilegiando la experiencia cinematográfica por sobre una reconstrucción absolutamente fiel del texto original. Odiseo ( Matt Damon), rey de Ítaca y uno de los grandes héroes de la Guerra de Troya, emprende un largo y peligroso viaje para regresar a su hogar después del conflicto. La culpa, la soberbia, la memoria, dioses veleidosos y el encuentro con criaturas mitológicas y mágicas convierten este regreso en una travesía tanto física como espiritual, donde el verdadero enemigo muchas veces parece ser él mismo. Mientras tanto, en Ítaca, Penélope ( Anne Hathaway) continúa esperándolo. Se niega a creer que su amado esposo ha muerto y rechaza casarse con alguno de los numerosos pretendientes que ocupan su palacio, aprovechándose de la hospitalidad que imponían La Ley de Zeus. Entre ellos destaca Antínoo ( Robert Pattinson), un hombre manipulador que busca quedarse con el lugar de Odiseo. Paralelamente, Telémaco ( Tom Holland), el hijo de Odiseo, inicia su propio viaje. Aunque apenas recuerda a su padre, honra su figura y desea descubrir qué ocurrió con él, además de demostrar que ya dejó de ser un niño para convertirse en el heredero que Ítaca necesita. Como ocurre prácticamente cada vez que un libro llega al cine -y más aún tratándose de una obra tan compleja como La Odisea- existen pasajes que desaparecen, otros que se condensan y algunos acontecimientos que son modificados para favorecer el relato cinematográfico. Sin embargo, la película nunca pierde coherencia. Se siente como una obra completa, intensa, actual y tremendamente entretenida, donde las casi tres horas de duración pasan con sorprendente rapidez gracias a un equilibrio muy logrado entre acción, drama, aventura e incluso momentos cercanos al terror. Uno de los aspectos que más discusión ha generado tiene relación con el elenco. Para algunos espectadores, la elección de actores responde a una visión moderna que rompe deliberadamente con el contexto histórico de la Grecia posterior a la Guerra de Troya. La crítica, más que un tema racial, apunta a que Nolan optó por un reparto que demuestre diversidad, pero curiosamente sin incorporar actores griegos, pese a que existen varios intérpretes de ese origen trabajando en Hollywood o -por lo menos- con rasgos físicos más afines. Es una observación que ha estado presente entre varios de los detractores de la película. A propósito de esa decisión, existe una escena que personalmente me sacó un poco de la experiencia. En determinado momento, Odiseo y sus hombres llegan a una isla cuyos habitantes hablan griego (probablemente griego moderno) y luego traducen sus palabras al inglés para que ellos puedan entenderlas. Si toda la película ya asumió que sus personajes griegos hablan inglés por convención cinematográfica, este pequeño guiño termina sintiéndose algo innecesario y, en cierto modo, un poco forzado. En el ámbito técnico, Nolan vuelve a entregar una auténtica clase de cine. Filmada íntegramente en 70 mm, La Odisea destaca por un extraordinario trabajo de cámara, fotografía, sonido y montaje, elementos que convierten la película en un verdadero espectáculo visual. Es una obra pensada para disfrutarse en pantalla grande y, si existe la posibilidad, en IMAX, formato para el cual fue concebida. Lamentablemente, en Chile solo existen dos salas de este tipo y ambas se encuentran en Santiago. Matt Damon realiza un gran trabajo interpretando a un Odiseo complejo, agotado y profundamente atormentado. Robert Pattinson también sobresale dando vida a un Antínoo manipulador, patético y despreciable, construyendo gran parte del personaje a través de sus gestos y miradas. John Leguizamo entrega una de las interpretaciones más emotivas de la película como Eumeo, el fiel servidor de Odiseo, mientras que Samantha Morton, pese a contar con una participación más breve, ofrece una poderosa versión de Circe, la bruja que pondrá a prueba el ingenio del héroe. La música está en manos de Ludwig Göransson, quien ya ha colaborado antes con Nolan. En lugar de apostar por una banda sonora grandilocuente, ambos optan por una propuesta mucho más íntima, probablemente buscando una sonoridad más cercana a la época en la que transcurre la historia. La decisión funciona durante gran parte del metraje, aunque, muy personalmente, hubo momentos donde eché de menos una orquesta más imponente que potenciara algunas secuencias épicas. Esa sensación se acentúa en los créditos finales, donde sorprende la inclusión de un tema de rap contemporáneo interpretado por Travis Scott -quien además aparece brevemente en la película como Bardo, un poeta- una elección que seguramente dividirá opiniones. Más allá de las licencias narrativas, de algunas decisiones de casting que seguirán siendo debatidas y de pequeños detalles que no terminan de convencer, La Odisea confirma una vez más la enorme capacidad de Christopher Nolan para transformar historias conocidas en experiencias cinematográficas de primer nivel. Claramente, no pretende reemplazar el poema de Homero, sino ofrecer una lectura propia, visualmente deslumbrante, profundamente humana y hecha para ser vivida en la sala de cine desde este 16 de julio.
Para ir a verEl Drama lo único que hay que llevar es una mente abierta y tener claro que esta no es precisamente una película romántica, aunque sí hay mucho de amor. La nueva cinta de Kristoffer Borgli (Dream Scenario) nos presenta a una pareja aparentemente perfecta que está a una semana de casarse, Emma ( Zendaya) y Charlie ( Robert Pattinson). Sin embargo, el día de la prueba del banquete, junto a una pareja amiga -interpretados por Alana Haim y Mamadou Athie- comienzan un juego entre copa y copa que los llevará a revelar hechos de su pasado, siendo uno de ellos de tal impacto que cambiará la dinámica de amistad y, sobre todo, la de pareja entre los protagonistas, ya que para todos el secreto de Emma resulta profundamente revelador y desconcertante. Borgli, con esta producción, nos desafía y provoca, presentándonos una historia muy bien construida e interpretada, que abre múltiples ideas que nos harán debatir y reflexionar como espectadores. La película nos hace transitar por el amor, la comedia, el thriller y, por supuesto, el drama. Hay varias temáticas que se plantean en esta película, y una de las más importantes es si el amor realmente es suficiente y todo lo puede, como muchas veces se dice. También pone sobre la mesa dilemas éticos y morales, aborda el doble estándar, los prejuicios, la salud mental, el verdadero sentido de la amistad y cuán importantes e impactantes pueden ser nuestras acciones pasadas cuando uno ha cambiado el rumbo -para bien- en la vida. Zendaya y Pattinson se ven estupendos en pantalla y poseen una gran química, algo que también se ha podido notar en las entrevistas que han dado a la prensa para promocionar la película. Ella muestra gran versatilidad y logra con éxito dar con los distintos tonos de su complejo personaje, mientras que Pattinson se muestra tan torpe como encantador, probablemente -y a pesar de las circunstancias de Charlie- como de los personajes más luminosos que ha interpretado el actor. En tanto, Alana Haim como Rachel nos ofrece una soberbia y odiable performance como la gran amiga de la pareja, quien finalmente revela su verdadera cara, gatillando gran parte del destino de la trama. Por otro lado, Mike (Athie) es un personaje que constantemente intenta contener al resto, lo que a ratos funciona como una suerte de conciencia dentro del grupo. El Drama tiene un montaje muy dinámico, repleto de flashbacks que van revelando distintas situaciones que ayudan a entender mejor el presente de Emma y Charlie. Pero ojo: estos no suelen presentarse desde un punto de vista externo, sino desde una mirada subjetiva, y es que justamente de eso trata este filme, de la visión que tiene cada quien sobre determinadas acciones y de cómo se enfrenta a ellas. Es entretenida, original y reflexiva, nos lleva por caminos de desconcierto, incomodidad y también risa. Esas ya son suficientes razones para ir a verla al cine desde este 16 de abril.