En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.
El próximo 5 de marzo no será una fecha cualquiera para los cinéfilos. Ese día se estrenará en salasNouvelle Vague, la nueva y esperada película de Richard Linklater, y al mismo tiempo regresará a la pantalla grande -en versión restaurada en 4K-À bout de souffle (1960), conocida en español como Sin aliento, piedra angular de la modernidad cinematográfica. El cruce no podría ser más simbólico: una película contemporánea que revive el rodaje del film que cambió las reglas del juego, y el propio clásico listo para ser redescubierto con una nueva mirada. Volver al origen de la rebeldía. En 1960, Jean-Luc Godard irrumpió con una película hecha casi como un acto de insurrección: cámara en mano, cortes abruptos, diálogos espontáneos y un protagonista -interpretado por Jean-Paul Belmondo- que rompía con el molde del héroe tradicional. A su lado, la magnética Jean Seberg se convirtió en un ícono inmediato. Con À bout de souffle, la llamada Nouvelle Vague dejó de ser una promesa crítica para convertirse en revolución concreta. El cine francés, y luego el cine mundial, ya no sería el mismo. Linklater y la cinefilia viva Más de seis décadas después, Richard Linklater -uno de los cineastas más atentos al paso del tiempo y a la energía de sus personajes- decide mirar hacia ese momento fundacional. Nouvele Vague está protagonizada por Aubry Dullin como Jean-Paul Belmondo, Zoey Deutch en la piel de Jean Seberg y el premiado G uillaume Marbeck interpretando a Jean-Luc Godard. La película reconstruye el rodaje de Sin aliento y captura el espíritu juvenil, provocador y libre que marcó una generación. La propuesta no es solo histórica, es una celebración del impulso creativo. Del momento exacto en que un grupo de jóvenes decidió romper con las reglas narrativas clásicas y filmar el mundo como lo sentían, no como dictaban los manuales. Un evento cinematográfico doble La exhibición simultánea de ambas películas convierte este estreno en un acontecimiento único. Por un lado, la posibilidad de ver restaurada en 4K la obra que definió la modernidad del cine francés; por otro, la película francesa más importante del año, que ya suma 10 nominaciones a los Premios César 2026. Es una oportunidad poco frecuente: ver el origen y su reinterpretación en la misma cartelera, dialogando entre sí, separadas por 65 años pero unidas por la misma pulsión creativa. Para periodistas y medios culturales, se trata de uno de los imperdibles de la temporada. Para el público, una invitación directa a experimentar cómo nace una revolución y cómo sigue inspirando al cine contemporáneo.
Charlie Clark vuelve a Chile. Pero esta vez no lo hace con una película de acción bajo el brazo, sino con una historia que -según él- le cambió la vida. El actor y empresario estadounidense visitó el país el año pasado para promocionarGreen Ghost and the Masters of the Stone, cinta que presentó ante el público chileno junto a figuras como Danny Trejo y Marko Zaror. Aquella visita lo consolidó como un invitado cercano al público local, pero también marcó -según sus propias palabras- el inicio de un proceso más profundo. Hoy regresa con un proyecto completamente distinto: el rodaje de un documental centrado en fenómenos aéreos no identificados, experiencias personales y una búsqueda espiritual que lo ha llevado desde el desierto de Atacama hasta ceremonias en la Patagonia. “Yo pensé que venía a Chile solo por mi película. Pero ahora entiendo que había algo más”, cuenta en conversación con En Palco. Una imagen en el espejo y el inicio del misterio Clark asegura que todo comenzó antes de su primer viaje al país, alrededor de 2015. En un hotel en Estados Unidos, mientras se preparaba para volar a Chile, dice haber visto en su hombro una figura que describió como “una cara no humana” y posteriormente un corazón. Afirma haber registrado imágenes que formarán parte del documental y que, desde entonces, comenzó una serie de experiencias que interpreta como mensajes. “Yo estoy limpio. No hay nada fake aquí”, sostiene. Incluso declara estar dispuesto a someterse a un detector de mentiras frente a científicos que analicen el material. Patagonia, Torres del Paine y luces en la montaña El proyecto contempla rodajes en zonas históricamente vinculadas a avistamientos, como San Pedro de Atacama, el Valle del Elqui y la Patagonia. En particular, menciona experiencias en las cercanías de Torres del Paine, donde asegura haber registrado orbes luminosos y fenómenos que califica como “impresionantes”. En uno de los relatos más llamativos, describe una estructura lumínica de gran tamaño elevándose sobre una montaña, con una apariencia que -según sus palabras- parecía “pixelada, como un videojuego antiguo”. Parte del material ya estaría siendo revisado por investigadores ligados al estudio del fenómeno OVNI en Latinoamérica. Amaru, la cosmovisión andina y un giro vital Más allá de los avistamientos, el documental explorará un eje espiritual y cultural. Clark relata una experiencia en San Pedro de Atacama donde descubrió el significado de “Amaru” , palabra que en la tradición andina representa la serpiente sagrada vinculada al mundo espiritual y a la transformación. El símbolo lo impactó profundamente: coincide con el nombre de su empresa fundada en 2001, algo que hoy interpreta como una “sincronicidad”. Desde entonces, asegura haber reforzado su conexión con ceremonias ancestrales, cantos tradicionales y comunidades indígenas, integrando esa dimensión a su vida empresarial y personal. “Estoy entendiendo mi propósito paso a paso”, afirma. Documental en desarrollo El proyecto es producido en Chile por la compañía Trío de la Luz Producciones y actualmente se encuentra en etapa de rodaje y registro de entrevistas, incluyendo la participación de investigadores internacionales. Clarke estima que el documental podría estar listo en aproximadamente un año. El título aún se mantiene en reserva. “Hay mucho más pasando de lo que pensamos”, concluye. Sea cual sea la lectura -escéptica, espiritual o científica- el nuevo proyecto de Charlie Clark no promete indiferencia. Esta vez, la acción no está en la pantalla verde ni en las coreografías de combate, sino en el cielo del sur del mundo.
Con El Agente Secreto (O Agente Secreto), el cine brasileño vuelve a poner el foco en una de sus páginas más oscuras -la dictadura militar de los años setenta- a través de un thriller que ha logrado cruzar fronteras y ubicarse entre las nominadas a Mejor Película en los premios Óscar 2026. Dirigida por Kleber Mendonça Filho (Aquarius, Bacurau) y protagonizada por Wagner Moura, esta cinta es tanto una aventura narrativa como un contundente comentario político y social sobre el uso del poder y sus secuelas en la memoria colectiva.  Ambientada en 1977, en pleno régimen dictatorial brasileño, El Agente Secreto nos presenta a Armando -un profesor e investigador con pasado revolucionario- que, bajo el alias Marcelo, regresa tras un largo viaje para reencontrarse con su hijo en Recife. Lo que parece ser un reencuentro familiar, pronto se convierte en una lucha por la supervivencia: Armando es buscado por sicarios contratados por un hombre poderoso cuya identidad se va desvelando a lo largo de la historia. La película se mueve con tono neo-noir y un ritmo que alterna suspense, violencia, drama y toques de humor negro, construyendo un relato que no siempre es lineal y que a veces se expande en subtramas y personajes que parecen salidos de distintas ramas del thriller político. Wagner Moura ofrece una actuación profunda que ha sido ampliamente reconocida en la temporada de premios, convirtiéndose en el primer actor brasileño nominado al Óscar a Mejor Actor y ganando ya premios como el Globo de Oro. Su Marcelo/Armando no es un héroe clásico, sino un hombre marcado por su historia y por los peligros que lo persiguen, un personaje cuya vulnerabilidad y tensión interna sostienen gran parte del film. El elenco de apoyo también contribuye significativamente a la densidad del relato. Personajes como la enigmática Dona Sebastiana añaden capas de humanidad y contraste en un mundo hostil, mientras que los sicarios y otros secundarios ayudan a dibujar un fresco sociopolítico complejo y multifacético. Uno de los puntos más celebrados de El Agente Secreto es su recreación minuciosa de la Brasil de los años setenta. Desde los vehículos y las calles hasta los interiores de oficinas y casas, cada elemento contribuye a un mundo visual que se siente auténtico y vivido, sumergiendo al espectador en una época de represión, miedo y resistencia. Mendonça Filho no se conforma con un relato convencional: mezcla expresiones estilísticas audaces, momentos surrealistas y un ritmo que puede sentirse expansivo o incluso errático para algunos espectadores. Esta elección estética, que algunos críticos comparan con un cine que desafía las expectativas del thriller tradicional, divide opiniones, mientras unos aplauden su ambición, otros encuentran el guion demasiado ramificado o lento en momentos clave. La nominación de El Agente Secreto a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor y Mejor Casting en los Oscar representa un hito para el cine de Brasil, igualando récords de nominaciones y consolidando un interés global en historias que exploran las huellas del autoritarismo desde perspectivas locales y universales. No es una cinta que se limite a entretener: aspira a reflexionar sobre la memoria histórica, las dinámicas de poder y la vigencia de esos temas en la sociedad contemporánea. En ese sentido, funciona como un puente entre el pasado y el presente, incitando al espectador a pensar más allá de la superficie de su trama. El Agente Secreto es una obra que se siente viva -a veces caótica, a veces elegante- y que pretende desafiar tanto al espectador como a la forma misma del thriller político. Su mezcla de intensidad dramática, construcción de ambiente y cuestionamientos éticos la convierte en una propuesta valiosa dentro de la cinematografía contemporánea. Dicho esto, su ambición también es su desafío: en ocasiones, su estructura ramificada y su ritmo deliberado pueden desconcertar, dejando la sensación de que las grandes ideas podrían haberse comunicado con una narrativa más contenida. En definitiva, es una película que merece ser vista, debatida y ubicada dentro de la mejor tradición del cine brasileño, aunque -como toda obra audaz- puede polarizar a quienes esperen un relato más convencional.
Este 19 de febrero llega a los cines latinoamericanos ¿Está funcionando esto? , la nueva película dirigida por Bradley Cooper , protagonizada por Will Arnett y Laura Dern . Es su tercer largometraje detrás de la cámara después de A Star is Born y Maestro, pero se aleja de la grandilocuencia emocional y los biopics intensos para abrazar una comedia dramática sencilla, honesta y notablemente humana. Alex (Arnett) y Tess (Dern) son una pareja que parece haber obtenido todo en la vida, excepto la chispa que los mantuviera juntos. Tras más de veinte años de matrimonio, deciden divorciarse silenciosamente, sin dramatismos ni gritos, pero con el peso de la rutina y la confusión de no saber quiénes son fuera de la relación. En medio de esa transición, Alex entra casi por accidente al mundo del stand-up comedy en Nueva York, usando sus propios fracasos personales como combustible para monólogos que van de lo torpe a lo sorprendentemente gracioso. Tess, por su parte, redescubre una pasión que había dejado atrás por los compromisos familiares: el volleyball, ese deporte que la conectó con su energía y con lo que siempre la hizo sentir viva. Este planteamiento hace de la película algo más que una comedia romántica: es una reflexión sobre cómo las personas se pierden en los roles, las expectativas y las relaciones, y cómo pueden volver a encontrarse -a veces lejos de lo que esperaban- antes de volver a encontrarse entre sí. Cooper adopta una dirección sobria, fresca y muy de cine independiente: el ritmo no es frenético, las emociones no están bajo focos dramáticos exagerados, y los personajes se sienten como gente real que podrías conocer en un café o en tu propia familia. Va de menos a más -tranquila al principio, incluso algo lenta- para luego ir encontrando su corazón en escenas genuinamente divertidas y conmovedoras. El repertorio actoral es otro punto fuerte: Will Arnett ofrece una de sus mejores actuaciones, equilibrando humor y vulnerabilidad mientras su personaje se desplaza entre los nervios del micrófono y sus inseguridades personales. Laura Dern brilla como Tess, aportando profundidad emocional y una ternura inesperada a una mujer que aprende a reclamar su propia historia. Cooper también aparece como el amigo/actor algo excéntrico, aportando humor autorreferencial y suavizando la narrativa con rasgos más ligeros. En conjunto, su química es convincente, eso hace creíble una reconciliación que no parece forzada, sino el resultado natural de dos personas heridas que redescubren por qué se eligieron en primer lugar. La película tuvo su premiere en el New York Film Festival, donde fue recibida como una comedia de comediantes con encanto y honestidad, y se estrena internacionalmente en varias fechas de febrero y marzo de 2026. Más allá de su estructura familiar de “historia de separación y regreso”, ¿Está funcionando esto? apuesta por una sensibilidad que mezcla stand-up, mediana edad y reconexión personal. Es ideal para quienes disfrutan de una comedia romántica con alma indie, cercana al tono de cineastas como Woody Allen o Noah Baumbach, aunque con el sello propio de Cooper y las idiosincrasias de sus protagonistas. No es la película más ambiciosa de Cooper ni un hito del cine moderno, pero se deja ver con mucho gusto: tierna, sincera y suficientemente divertida como para dejarte pensando en cómo se reinventa el amor y la vida cuando el guion que uno tenía no funciona.
En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.
El próximo 5 de marzo no será una fecha cualquiera para los cinéfilos. Ese día se estrenará en salasNouvelle Vague, la nueva y esperada película de Richard Linklater, y al mismo tiempo regresará a la pantalla grande -en versión restaurada en 4K-À bout de souffle (1960), conocida en español como Sin aliento, piedra angular de la modernidad cinematográfica. El cruce no podría ser más simbólico: una película contemporánea que revive el rodaje del film que cambió las reglas del juego, y el propio clásico listo para ser redescubierto con una nueva mirada. Volver al origen de la rebeldía. En 1960, Jean-Luc Godard irrumpió con una película hecha casi como un acto de insurrección: cámara en mano, cortes abruptos, diálogos espontáneos y un protagonista -interpretado por Jean-Paul Belmondo- que rompía con el molde del héroe tradicional. A su lado, la magnética Jean Seberg se convirtió en un ícono inmediato. Con À bout de souffle, la llamada Nouvelle Vague dejó de ser una promesa crítica para convertirse en revolución concreta. El cine francés, y luego el cine mundial, ya no sería el mismo. Linklater y la cinefilia viva Más de seis décadas después, Richard Linklater -uno de los cineastas más atentos al paso del tiempo y a la energía de sus personajes- decide mirar hacia ese momento fundacional. Nouvele Vague está protagonizada por Aubry Dullin como Jean-Paul Belmondo, Zoey Deutch en la piel de Jean Seberg y el premiado G uillaume Marbeck interpretando a Jean-Luc Godard. La película reconstruye el rodaje de Sin aliento y captura el espíritu juvenil, provocador y libre que marcó una generación. La propuesta no es solo histórica, es una celebración del impulso creativo. Del momento exacto en que un grupo de jóvenes decidió romper con las reglas narrativas clásicas y filmar el mundo como lo sentían, no como dictaban los manuales. Un evento cinematográfico doble La exhibición simultánea de ambas películas convierte este estreno en un acontecimiento único. Por un lado, la posibilidad de ver restaurada en 4K la obra que definió la modernidad del cine francés; por otro, la película francesa más importante del año, que ya suma 10 nominaciones a los Premios César 2026. Es una oportunidad poco frecuente: ver el origen y su reinterpretación en la misma cartelera, dialogando entre sí, separadas por 65 años pero unidas por la misma pulsión creativa. Para periodistas y medios culturales, se trata de uno de los imperdibles de la temporada. Para el público, una invitación directa a experimentar cómo nace una revolución y cómo sigue inspirando al cine contemporáneo.
Charlie Clark vuelve a Chile. Pero esta vez no lo hace con una película de acción bajo el brazo, sino con una historia que -según él- le cambió la vida. El actor y empresario estadounidense visitó el país el año pasado para promocionarGreen Ghost and the Masters of the Stone, cinta que presentó ante el público chileno junto a figuras como Danny Trejo y Marko Zaror. Aquella visita lo consolidó como un invitado cercano al público local, pero también marcó -según sus propias palabras- el inicio de un proceso más profundo. Hoy regresa con un proyecto completamente distinto: el rodaje de un documental centrado en fenómenos aéreos no identificados, experiencias personales y una búsqueda espiritual que lo ha llevado desde el desierto de Atacama hasta ceremonias en la Patagonia. “Yo pensé que venía a Chile solo por mi película. Pero ahora entiendo que había algo más”, cuenta en conversación con En Palco. Una imagen en el espejo y el inicio del misterio Clark asegura que todo comenzó antes de su primer viaje al país, alrededor de 2015. En un hotel en Estados Unidos, mientras se preparaba para volar a Chile, dice haber visto en su hombro una figura que describió como “una cara no humana” y posteriormente un corazón. Afirma haber registrado imágenes que formarán parte del documental y que, desde entonces, comenzó una serie de experiencias que interpreta como mensajes. “Yo estoy limpio. No hay nada fake aquí”, sostiene. Incluso declara estar dispuesto a someterse a un detector de mentiras frente a científicos que analicen el material. Patagonia, Torres del Paine y luces en la montaña El proyecto contempla rodajes en zonas históricamente vinculadas a avistamientos, como San Pedro de Atacama, el Valle del Elqui y la Patagonia. En particular, menciona experiencias en las cercanías de Torres del Paine, donde asegura haber registrado orbes luminosos y fenómenos que califica como “impresionantes”. En uno de los relatos más llamativos, describe una estructura lumínica de gran tamaño elevándose sobre una montaña, con una apariencia que -según sus palabras- parecía “pixelada, como un videojuego antiguo”. Parte del material ya estaría siendo revisado por investigadores ligados al estudio del fenómeno OVNI en Latinoamérica. Amaru, la cosmovisión andina y un giro vital Más allá de los avistamientos, el documental explorará un eje espiritual y cultural. Clark relata una experiencia en San Pedro de Atacama donde descubrió el significado de “Amaru” , palabra que en la tradición andina representa la serpiente sagrada vinculada al mundo espiritual y a la transformación. El símbolo lo impactó profundamente: coincide con el nombre de su empresa fundada en 2001, algo que hoy interpreta como una “sincronicidad”. Desde entonces, asegura haber reforzado su conexión con ceremonias ancestrales, cantos tradicionales y comunidades indígenas, integrando esa dimensión a su vida empresarial y personal. “Estoy entendiendo mi propósito paso a paso”, afirma. Documental en desarrollo El proyecto es producido en Chile por la compañía Trío de la Luz Producciones y actualmente se encuentra en etapa de rodaje y registro de entrevistas, incluyendo la participación de investigadores internacionales. Clarke estima que el documental podría estar listo en aproximadamente un año. El título aún se mantiene en reserva. “Hay mucho más pasando de lo que pensamos”, concluye. Sea cual sea la lectura -escéptica, espiritual o científica- el nuevo proyecto de Charlie Clark no promete indiferencia. Esta vez, la acción no está en la pantalla verde ni en las coreografías de combate, sino en el cielo del sur del mundo.
Con El Agente Secreto (O Agente Secreto), el cine brasileño vuelve a poner el foco en una de sus páginas más oscuras -la dictadura militar de los años setenta- a través de un thriller que ha logrado cruzar fronteras y ubicarse entre las nominadas a Mejor Película en los premios Óscar 2026. Dirigida por Kleber Mendonça Filho (Aquarius, Bacurau) y protagonizada por Wagner Moura, esta cinta es tanto una aventura narrativa como un contundente comentario político y social sobre el uso del poder y sus secuelas en la memoria colectiva.  Ambientada en 1977, en pleno régimen dictatorial brasileño, El Agente Secreto nos presenta a Armando -un profesor e investigador con pasado revolucionario- que, bajo el alias Marcelo, regresa tras un largo viaje para reencontrarse con su hijo en Recife. Lo que parece ser un reencuentro familiar, pronto se convierte en una lucha por la supervivencia: Armando es buscado por sicarios contratados por un hombre poderoso cuya identidad se va desvelando a lo largo de la historia. La película se mueve con tono neo-noir y un ritmo que alterna suspense, violencia, drama y toques de humor negro, construyendo un relato que no siempre es lineal y que a veces se expande en subtramas y personajes que parecen salidos de distintas ramas del thriller político. Wagner Moura ofrece una actuación profunda que ha sido ampliamente reconocida en la temporada de premios, convirtiéndose en el primer actor brasileño nominado al Óscar a Mejor Actor y ganando ya premios como el Globo de Oro. Su Marcelo/Armando no es un héroe clásico, sino un hombre marcado por su historia y por los peligros que lo persiguen, un personaje cuya vulnerabilidad y tensión interna sostienen gran parte del film. El elenco de apoyo también contribuye significativamente a la densidad del relato. Personajes como la enigmática Dona Sebastiana añaden capas de humanidad y contraste en un mundo hostil, mientras que los sicarios y otros secundarios ayudan a dibujar un fresco sociopolítico complejo y multifacético. Uno de los puntos más celebrados de El Agente Secreto es su recreación minuciosa de la Brasil de los años setenta. Desde los vehículos y las calles hasta los interiores de oficinas y casas, cada elemento contribuye a un mundo visual que se siente auténtico y vivido, sumergiendo al espectador en una época de represión, miedo y resistencia. Mendonça Filho no se conforma con un relato convencional: mezcla expresiones estilísticas audaces, momentos surrealistas y un ritmo que puede sentirse expansivo o incluso errático para algunos espectadores. Esta elección estética, que algunos críticos comparan con un cine que desafía las expectativas del thriller tradicional, divide opiniones, mientras unos aplauden su ambición, otros encuentran el guion demasiado ramificado o lento en momentos clave. La nominación de El Agente Secreto a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor y Mejor Casting en los Oscar representa un hito para el cine de Brasil, igualando récords de nominaciones y consolidando un interés global en historias que exploran las huellas del autoritarismo desde perspectivas locales y universales. No es una cinta que se limite a entretener: aspira a reflexionar sobre la memoria histórica, las dinámicas de poder y la vigencia de esos temas en la sociedad contemporánea. En ese sentido, funciona como un puente entre el pasado y el presente, incitando al espectador a pensar más allá de la superficie de su trama. El Agente Secreto es una obra que se siente viva -a veces caótica, a veces elegante- y que pretende desafiar tanto al espectador como a la forma misma del thriller político. Su mezcla de intensidad dramática, construcción de ambiente y cuestionamientos éticos la convierte en una propuesta valiosa dentro de la cinematografía contemporánea. Dicho esto, su ambición también es su desafío: en ocasiones, su estructura ramificada y su ritmo deliberado pueden desconcertar, dejando la sensación de que las grandes ideas podrían haberse comunicado con una narrativa más contenida. En definitiva, es una película que merece ser vista, debatida y ubicada dentro de la mejor tradición del cine brasileño, aunque -como toda obra audaz- puede polarizar a quienes esperen un relato más convencional.
Este 19 de febrero llega a los cines latinoamericanos ¿Está funcionando esto? , la nueva película dirigida por Bradley Cooper , protagonizada por Will Arnett y Laura Dern . Es su tercer largometraje detrás de la cámara después de A Star is Born y Maestro, pero se aleja de la grandilocuencia emocional y los biopics intensos para abrazar una comedia dramática sencilla, honesta y notablemente humana. Alex (Arnett) y Tess (Dern) son una pareja que parece haber obtenido todo en la vida, excepto la chispa que los mantuviera juntos. Tras más de veinte años de matrimonio, deciden divorciarse silenciosamente, sin dramatismos ni gritos, pero con el peso de la rutina y la confusión de no saber quiénes son fuera de la relación. En medio de esa transición, Alex entra casi por accidente al mundo del stand-up comedy en Nueva York, usando sus propios fracasos personales como combustible para monólogos que van de lo torpe a lo sorprendentemente gracioso. Tess, por su parte, redescubre una pasión que había dejado atrás por los compromisos familiares: el volleyball, ese deporte que la conectó con su energía y con lo que siempre la hizo sentir viva. Este planteamiento hace de la película algo más que una comedia romántica: es una reflexión sobre cómo las personas se pierden en los roles, las expectativas y las relaciones, y cómo pueden volver a encontrarse -a veces lejos de lo que esperaban- antes de volver a encontrarse entre sí. Cooper adopta una dirección sobria, fresca y muy de cine independiente: el ritmo no es frenético, las emociones no están bajo focos dramáticos exagerados, y los personajes se sienten como gente real que podrías conocer en un café o en tu propia familia. Va de menos a más -tranquila al principio, incluso algo lenta- para luego ir encontrando su corazón en escenas genuinamente divertidas y conmovedoras. El repertorio actoral es otro punto fuerte: Will Arnett ofrece una de sus mejores actuaciones, equilibrando humor y vulnerabilidad mientras su personaje se desplaza entre los nervios del micrófono y sus inseguridades personales. Laura Dern brilla como Tess, aportando profundidad emocional y una ternura inesperada a una mujer que aprende a reclamar su propia historia. Cooper también aparece como el amigo/actor algo excéntrico, aportando humor autorreferencial y suavizando la narrativa con rasgos más ligeros. En conjunto, su química es convincente, eso hace creíble una reconciliación que no parece forzada, sino el resultado natural de dos personas heridas que redescubren por qué se eligieron en primer lugar. La película tuvo su premiere en el New York Film Festival, donde fue recibida como una comedia de comediantes con encanto y honestidad, y se estrena internacionalmente en varias fechas de febrero y marzo de 2026. Más allá de su estructura familiar de “historia de separación y regreso”, ¿Está funcionando esto? apuesta por una sensibilidad que mezcla stand-up, mediana edad y reconexión personal. Es ideal para quienes disfrutan de una comedia romántica con alma indie, cercana al tono de cineastas como Woody Allen o Noah Baumbach, aunque con el sello propio de Cooper y las idiosincrasias de sus protagonistas. No es la película más ambiciosa de Cooper ni un hito del cine moderno, pero se deja ver con mucho gusto: tierna, sincera y suficientemente divertida como para dejarte pensando en cómo se reinventa el amor y la vida cuando el guion que uno tenía no funciona.