Soy un fanático de los juegos de Resident Evil , especialmente de sus primeras entregas, cuando el survival horror era el corazón de la saga. Por eso tenía bastante fe en esta nueva versión y, después de verla, puedo decir que salí bastante satisfecho. La película nos presenta a Bryan , interpretado por Austin Abrams, un joven repartidor de órganos para hospitales, un verdadero don nadie que simplemente intenta ganarse la vida. Pero desde el comienzo sabemos que está atravesando un momento importante de su vida: su novia acaba de contarle que está embarazada y su primera reacción no es precisamente la de un futuro padre feliz. Bryan siente miedo. Miedo por el bebé que viene, por la responsabilidad que tendrá que asumir y por no saber si está preparado para convertirse en padre. Ese miedo termina convirtiéndose en uno de los leitmotiv de toda la película. Mientras Bryan intenta sobrevivir a una noche que se transforma progresivamente en una pesadilla, también está enfrentando, de alguna manera, sus propios temores respecto al futuro que tiene por delante. Después de terminar una entrega, Bryan recibe un último pedido a altas horas de la noche. Debe llevar un paquete médico hasta Raccoon City, la entrega es de máxima urgencia y, como incentivo, le ofrecen pagarle el doble. Bryan toma su vehículo y emprende el camino hacia esta zona montañosa y nevada. Pero durante el trayecto atropella a una mujer desconocida. Al principio intenta ayudarla, pero rápidamente descubre que algo no está bien. La mujer lo ataca y, desde ese momento, lo que parecía ser simplemente una entrega más se convierte en una pesadilla. Y me gusta mucho la manera en que su director, Zach Cregger ( Weapons, Barbarian) estructura esta travesía. La película se siente casi como una partida de Resident Evil llevada al cine. Seguimos a Bryan prácticamente en tiempo real mientras atraviesa distintas etapas: primero esa carretera nevada, luego una casona, un túnel y finalmente Raccoon City, una ciudad completamente desolada por un misterioso virus. Cada escenario funciona como un nuevo nivel y, como ocurre tantas veces en los videojuegos, la escala va aumentando progresivamente. Partimos en lugares relativamente cotidianos y reconocibles para terminar en espacios completamente extraordinarios, llenos de criaturas y horrores. Es casi como avanzar por las distintas zonas de un videojuego hasta llegar al inevitable laboratorio final. Pero Cregger no toma como única referencia a Resident Evil 2. Si bien los acontecimientos de ese juego son el punto de partida, la película funciona como una especie de síntesis del universo creado por Capcom, recogiendo elementos de distintas etapas de la saga. Esto se nota especialmente en la manera en que aborda las mutaciones. Aquí el virus no se limita a convertir personas en zombis: también provoca deformaciones, transformaciones y criaturas completamente monstruosas. Es un aspecto que conecta mucho más con lo que posteriormente vimos en Resident Evil 4 y otras entregas de la franquicia, donde la infección comienza a producir organismos cada vez más extraños y grotescos. Y ahí aparece otra de las grandes influencias de la película: The Thing , de John Carpenter. Cregger toma directamente ese imaginario de cuerpos que dejan de comportarse como cuerpos humanos, de carne que se transforma, se deforma y adquiere nuevas formas. La película abraza de lleno el horror corporal y algunas de sus criaturas parecen diseñadas para provocar justamente esa mezcla de fascinación y repulsión. Incluso hay diseños que parecen sacados directamente de otros videojuegos. Ese personaje gordo con las ratas saliendo de su estómago, por ejemplo, me hizo pensar inmediatamente en The Suffering , otro clásico del género. Y eso demuestra que Cregger no está pensando solamente en cómo adaptar Resident Evil, sino también en toda una tradición de horror que los videojuegos ayudaron a construir. Pero una de las cosas que más disfruté es que la película entiende que Resident Evil no es solamente terror. También existe ese particular sentido del humor que siempre ha acompañado a la saga, y Cregger lo explota especialmente a través de Bryan. Austin Abrams funciona muy bien como protagonista, porque su personaje está lejos de ser un héroe de acción. No es Leon Kennedy. No es un soldado entrenado. Es simplemente un tipo común y corriente que se encuentra atrapado en una situación completamente absurda y aterradora. Sus reacciones frente a lo que está viendo son muchas veces las mismas que tendría cualquier persona en su lugar, y eso genera varios momentos de humor que funcionan muy bien. La película tampoco se olvida de los fanáticos . Aunque no está construida como una adaptación directa de los juegos, Cregger va dejando pequeños guiños durante el recorrido: las plantas medicinales, las municiones de escopeta, Umbrella, Raccoon City y distintos elementos que remiten directamente al universo de Capcom. Son detalles que no necesitan ser explicados y que funcionan justamente porque están integrados dentro de la aventura. Y cuando llega el momento de entregar el horror, la película no se guarda demasiado. Hay jumpscares, gore bastante brutal, escenas realmente shockeantes y un trabajo de horror corporal que por momentos resulta particularmente desagradable. Algunas secuencias están muy bien construidas y consiguen transmitir esa sensación de vulnerabilidad que era fundamental en los primeros Resident Evil: pocos recursos, pocas municiones y la constante sensación de que cualquier cosa puede aparecer detrás de una puerta. Tuve además la oportunidad de verla en 4DX, y debo decir que fue una experiencia agradable, aunque no necesariamente creo que sea la mejor manera de disfrutar esta película. El movimiento de las butacas, los efectos y toda la parafernalia del formato funcionan muy bien como experiencia, pero en varios momentos terminé más pendiente de lo que ocurría alrededor mío que de lo que estaba pasando en pantalla. En vez de potenciar la inmersión, por momentos me desconcentró y me sacó de la película. Creo que Resident Evil: Noche Cero funciona mejor cuando uno puede concentrarse completamente en esa pesadilla que Cregger está construyendo. Por supuesto, no creo que estemos frente a la película definitiva de Resident Evil. Tampoco creo que sea necesario. Cregger parece entender que no tiene sentido intentar reproducir exactamente un videojuego y, en cambio, toma su estructura, sus sensaciones y algunos de sus elementos para construir una película de terror propia.Y creo que ahí está justamente su mayor virtud. Una propuesta fresca y original, con guiños al cine de horror y a los videojuegos, humor negro, gore, horror corporal y buenos sustos. Una verdadera pesadilla que avanza como una partida de survival horror, cada vez más grande, más extraña y más monstruosa. Los fanáticos de la saga van a encontrar bastante para disfrutar. Resident Evil: Noche Cero ya está en cines chilenos.
¿Qué pasaría si algunos de nuestros miedos, atracciones, recuerdos o incluso ciertas sensaciones difíciles de explicar tuvieran una historia mucho más antigua de lo que imaginamos? Esa es una de las puertas que abre Jaime Hales en La Reencarnación. Historia del Alma , un libro en el que combina teoría, experiencias y casos relacionados con la posibilidad de que el alma continúe su recorrido después de la muerte. Hales lleva más de tres décadas estudiando estos temas y trabajando con regresiones y vidas pasadas. Pero hay algo que deja claro durante nuestra conversación: para él, la pregunta no consiste simplemente en descubrir si alguna vez fuimos un guerrero medieval, una reina o —por qué no— un vaquero del Viejo Oeste. Lo importante estaría en comprender qué experiencias podrían haber quedado asociadas a nuestra alma y cómo esas experiencias podrían relacionarse con lo que vivimos hoy. Porque, según explica, una regresión no debería convertirse en una búsqueda turística por vidas anteriores. La pregunta fundamental sería otra: ¿qué necesito comprender de esas experiencias para esta vida? Y ahí aparecen algunos de los elementos más curiosos de esta conversación. Hales cuenta, por ejemplo, casos de personas que han logrado enfrentar miedos a través de este tipo de experiencias. Entre ellos menciona a una persona que tenía terror al agua y que, tras una regresión, habría relacionado ese miedo con una muerte por ahogamiento en una existencia anterior. Pero no todo tendría necesariamente una explicación en una vida pasada. Hales también habla de la herencia familiar y cultural como otros factores que pueden influir en aquello que somos. La idea, entonces, es bastante más amplia: no todo lo que nos ocurre tendría que venir de una encarnación anterior. Y si alguna vez has sentido que conoces a alguien desde siempre, aunque acabes de conocerlo, también hay espacio para esa pregunta. Hales plantea que algunas almas podrían reencontrarse en distintas vidas, aunque eso no necesariamente significa que deban permanecer juntas en la existencia actual. Una idea que, llevada al terreno sentimental, puede complicar bastante ese clásico “sentí una conexión instantánea”. Otro misterio es justamente por qué no recordamos nuestras vidas anteriores. Para Hales, el olvido tendría una función : permitirnos comenzar una nueva existencia y aprender aquello que nos corresponde aprender sin quedar atrapados en lo que ya vivimos. Aun así, existirían señales que permitirían recuperar parte de esa información. Y cuando aparece la ciencia, la conversación se vuelve todavía más interesante. Hales reconoce que estas experiencias permanecen en buena medida dentro del terreno subjetivo y que no se trata de demostrar la reencarnación en un laboratorio. Sin embargo, menciona casos documentados en los que niños han entregado información sobre supuestas vidas anteriores que posteriormente fue investigada. Al final, La Reencarnación. Historia del Alma no está pensado únicamente para quienes ya creen en estas ideas. Hales asegura que también lo escribió para quienes tienen dudas e incluso para quienes no creen, con la intención de que puedan acercarse a una mirada diferente sobre uno de los grandes misterios de la existencia. Porque quizás la pregunta más interesante no sea solamente “¿fuimos alguien antes?”, sino qué hacemos con nuestra vida si pensamos que nuestra historia podría ser mucho más larga de lo que recordamos. La Reencarnación. Historia del Alma ya está disponible en librerías del país. Conversa mos con Jaime Hales sobre su nuevo libro, regresiones, vidas pasadas, vínculos, memoria y esas experiencias que nos hacen preguntarnos si realmente conocemos toda nuestra propia historia. Te invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
Hay árboles que crecen durante décadas y, aunque cambien sus ramas, mantienen intactas sus raíces. Algo parecido ocurre con Los Huasos de Algarrobal , que este 2026 cumplen 60 años de trayectoria y siguen encontrando nuevas formas de acercar la música chilena a distintas generaciones. Para conocer más sobre este aniversario, conversamos con Cristian Donoso, Enrique Rodríguez, Cristián O’Ryan, Eugenio Rengifo y Cristóbal Walker, integrantes de Los Huasos de Algarrobal, quienes nos contaron sobre este importante momento para la agrupación, su nuevo disco y lo que significa mantener viva la música de raíz folclórica. La celebración tuvo uno de sus momentos especiales el pasado 10 de septiembre en el Teatro Oriente, donde la agrupación reunió a integrantes históricos, la nueva generación, amigos y familias frente a más de 600 personas. Un encuentro que, según recuerdan sus protagonistas, tuvo algo de íntimo pese al tamaño del escenario: distintas generaciones compartiendo una misma historia y, por supuesto, muchas canciones. Porque seis décadas no significan quedarse mirando hacia atrás. Los actuales integrantes de Los Huasos de Algarrobal asumieron el desafío de continuar un legado construido por varias generaciones, pero también de acercar la música de raíz folclórica a públicos más jóvenes. La idea, dicen, es mantener vivo el lenguaje Algarrobal y lograr que esta tradición siga creciendo. Y parece que el folclor todavía tiene bastante que decir. En conversación con En Palco, los músicos destacan el renovado interés de las nuevas generaciones por la música tradicional, los boleros y otros sonidos que vuelven a encontrar espacio entre artistas jóvenes. Una música que, justamente por pertenecer al pueblo, puede transformarse y reinterpretarse sin dejar de ser parte de nuestra identidad. En medio de esta celebración también aparece un disco muy especial: Huasos de Algarrobal. El álbum rescata una grabación realizada originalmente en 1980 y que, para sus integrantes, representa una de las muestras más fieles del llamado “ estilo Algarrobal ”. Ahora este material vuelve a tomar vida en plataformas digitales y próximamente tendrá además una edición en vinilo, para alegría de quienes todavía disfrutan tener la música en formato físico. Y si hablamos de septiembre, Los Huasos de Algarrobal llegan con agenda cargada. El 18 de septiembre será particularmente intenso, con presentaciones en Peñaflor, Parral y Linares, mientras que durante esos días también pasarán por distintos escenarios y actividades vinculadas a las Fiestas Patrias. Pero quizás lo más bonito es que su relación con la música chilena no se limita al calendario dieciochero. La agrupación incluso ha llevado sus ensayos a plazas de Santiago para compartir su música durante el año y acercarla a quienes quizás no tienen la oportunidad de encontrarse con ella en un escenario. Después de 60 años, Los Huasos de Algarrobal parecen tener bastante claro que la mejor manera de preservar una tradición es mantenerla en movimiento: cambiar, sumar nuevas generaciones y seguir cantando. Y si quieren conocer de primera mano cómo viven este aniversario, qué significa continuar una historia de seis décadas, qué hay detrás del nuevo disco y cuáles son sus canciones favoritas para este 18, los invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
Mientras Chile se prepara para celebrar sus Fiestas Patrias, para levantar banderas, bailar cueca, reunirse en familia y volver a hablar de aquello que llamamos “ser chileno”, se va uno de los cineastas que más profundamente dedicó su vida a preguntarse precisamente eso: ¿qué significa ser Chile y qué hacemos con nuestra memoria? Patricio Guzmán falleció este 15 de septiembre en París, a los 85 años. Con su partida desaparece una de las figuras fundamentales del cine chileno y uno de los grandes documentalistas de nuestro tiempo. Su nombre quedará inevitablemente ligado a La batalla de Chile (1975-1979) , pero reducir su obra a esa monumental trilogía sería injusto. Allí está, por supuesto, una de las películas políticas más importantes de la historia del cine latinoamericano: un registro urgente, en blanco y negro, de un país que se desmoronaba frente a una cámara que todavía no sabía que estaba construyendo memoria. Guzmán estuvo allí. Filmó las calles, las fábricas, las manifestaciones, las discusiones políticas, la tensión y también a las personas comunes que fueron protagonistas de aquellos acontecimientos. Después del golpe fue detenido y debió partir al exilio, pero consiguió sacar del país -gracias a un tal Chris Marker- el material que terminaría convirtiéndose en La batalla de Chile. Y quizás ahí comenzó la gran película de su vida.Porque Guzmán pasó las décadas siguientes intentando regresar a Chile a través del cine. En Chile, la memoria obstinada (1997) , volvió sobre los protagonistas de aquella historia. En Nostalgia de la luz (2010) , levantó la mirada hacia el desierto de Atacama para hablar de astronomía, memoria y de quienes todavía buscan a sus familiares desaparecidos. En El botón de nácar (2015) , encontró en el agua una manera de hablar sobre la historia, la violencia y los pueblos originarios. Y en La cordillera de los sueños (2019) , convirtió la geografía chilena en otra forma de memoria. Ahí está, quizás, la verdadera grandeza de Guzmán: entendió que un país también puede contarse a través de sus paisajes, sus silencios, sus heridas y sus recuerdos. Su cine nunca fue solamente una recopilación de hechos. Había una mirada profundamente cinematográfica. Una manera de transformar el documental en reflexión, poesía y emoción. El documental como testimonio, sí, pero también como una obra de arte. Y eso explica por qué su obra trascendió las fronteras de Chile. La batalla de Chile se convirtió en una referencia mundial del cine documental, mientras películas como Nostalgia de la luz yEl botón de nácar llevaron la memoria chilena a los grandes festivales internacionales. Guzmán recibió, entre otros reconocimientos, el Oso de Plata de Berlinale, el Goya y el Ojo de Oro de Cannes. En 2023 llegó finalmente el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales, un reconocimiento que parecía inevitable para una carrera que había atravesado más de cinco décadas.Pero quizás su mayor premio fue otro.Que hoy, tantos años después, sigamos mirando sus películas para intentar entendernos a nosotros mismos. Puede que esa sea la mejor manera de despedirlo: viendo sus películas.
Hay personajes que quedaron grabados para siempre en la historia del cine de terror. Jason Voorhees es, sin duda, uno de ellos. Pero mucho antes de la máscara de hockey, el machete y las incontables víctimas, hubo una madre marcada por una tragedia: Pam Voorhees. Esa historia es la que explorará Crystal Lake , la nueva serie precuela de Viernes 13, producida por A24 y creada por Brad Caleb Kane, que estrenará sus ocho episodios el próximo 16 de octubre, exclusivamente por Universal+. Interpretada por Linda Cardellini, Pam Voorhees es presentada como una madre soltera que todavía intenta sobrellevar la muerte de su hijo Jason, quien se ahogó en el lago casi un año antes. Pero la llegada de dos extraños que comienzan a investigar aspectos de su pasado cambiará completamente su vida. A partir de ahí, lo que parecía ser la historia de una mujer intentando superar una tragedia comienza a transformarse en un misterio mucho más oscuro. ¿Quién es realmente Pam Voorhees? o ¿Qué ocurrió antes de los acontecimientos de Viernes 13? La serie promete responder esas preguntas mientras profundiza en una dimensión hasta ahora poco explorada del universo de la franquicia: la mujer que estuvo detrás del primer gran asesino de la saga. Volver a Crystal Lake Uno de los elementos que más puede entusiasmar a los seguidores de Viernes 13 es que Crystal Lake no pretende simplemente utilizar el nombre de la franquicia para contar otra historia de terror. Brad Caleb Kane, creador, showrunner y productor ejecutivo, ha señalado que la serie busca mantenerse fiel al espíritu de la película original. Para conseguirlo, incluso regresaron a las locaciones donde se filmó la cinta de 1980 y reconstruyeron sus escenarios. La conexión con la película de Sean S. Cunningham estará presente también a través de distintos guiños y referencias, aunque la serie busca construir su propia identidad y expandir la mitología de Crystal Lake. Para Kane, además, se trata de un proyecto particularmente personal. El creador recuerda haber descubierto el género durante la época dorada del slasher en los años 80, cuando vio por primera vez Viernes 13 Parte III en 3D. Aquella experiencia, con una sala llena de espectadores gritando frente a la pantalla, terminó convirtiéndose en una de las razones que lo llevaron a querer dedicarse al cine y, particularmente, al terror. Antes de Jason, estuvo Pam La gran diferencia de Crystal Lake está precisamente ahí. Esta vez, la historia no comienza con un grupo de jóvenes llegando a un campamento ni con Jason convertido en una imparable máquina de matar. Comienza con una madre . La serie buscará mostrar a Pam como una mujer con distintas facetas: una amable cocinera escolar, una madre devastada por la pérdida de su hijo y, finalmente, una persona capaz de llegar a extremos sangrientos para protegerse y proteger a quienes ama. Junto a Cardellini, el elenco incluye a William Catlett como el jefe de policía Levon Brooks, Devin Kessler como la periodista Briana Brooks, Cameron Scoggins como el oficial Dorf, Gwendolyn Sundstrom como Grace y Callum Vinson como el joven Jason Voorhees. Con ocho episodios y el respaldo de A24, Crystal Lake apuesta por regresar al origen de una de las franquicias más importantes del slasher, pero desde una perspectiva distinta: antes de que Jason se convirtiera en leyenda, existió una historia familiar, una tragedia y una madre consumida por el dolor. Y quizás ahí esté uno de los mayores atractivos de esta nueva producción: descubrir cuánto de la leyenda de Jason Voorhees comenzó realmente mucho antes de que apareciera su icónica máscara. No te pierdas el estreno de Crystal Lake este 16 de octubre, exclusivamente por Universal+. Revisa el adelanto exclusivo a continuación:
Soy un fanático de los juegos de Resident Evil , especialmente de sus primeras entregas, cuando el survival horror era el corazón de la saga. Por eso tenía bastante fe en esta nueva versión y, después de verla, puedo decir que salí bastante satisfecho. La película nos presenta a Bryan , interpretado por Austin Abrams, un joven repartidor de órganos para hospitales, un verdadero don nadie que simplemente intenta ganarse la vida. Pero desde el comienzo sabemos que está atravesando un momento importante de su vida: su novia acaba de contarle que está embarazada y su primera reacción no es precisamente la de un futuro padre feliz. Bryan siente miedo. Miedo por el bebé que viene, por la responsabilidad que tendrá que asumir y por no saber si está preparado para convertirse en padre. Ese miedo termina convirtiéndose en uno de los leitmotiv de toda la película. Mientras Bryan intenta sobrevivir a una noche que se transforma progresivamente en una pesadilla, también está enfrentando, de alguna manera, sus propios temores respecto al futuro que tiene por delante. Después de terminar una entrega, Bryan recibe un último pedido a altas horas de la noche. Debe llevar un paquete médico hasta Raccoon City, la entrega es de máxima urgencia y, como incentivo, le ofrecen pagarle el doble. Bryan toma su vehículo y emprende el camino hacia esta zona montañosa y nevada. Pero durante el trayecto atropella a una mujer desconocida. Al principio intenta ayudarla, pero rápidamente descubre que algo no está bien. La mujer lo ataca y, desde ese momento, lo que parecía ser simplemente una entrega más se convierte en una pesadilla. Y me gusta mucho la manera en que su director, Zach Cregger ( Weapons, Barbarian) estructura esta travesía. La película se siente casi como una partida de Resident Evil llevada al cine. Seguimos a Bryan prácticamente en tiempo real mientras atraviesa distintas etapas: primero esa carretera nevada, luego una casona, un túnel y finalmente Raccoon City, una ciudad completamente desolada por un misterioso virus. Cada escenario funciona como un nuevo nivel y, como ocurre tantas veces en los videojuegos, la escala va aumentando progresivamente. Partimos en lugares relativamente cotidianos y reconocibles para terminar en espacios completamente extraordinarios, llenos de criaturas y horrores. Es casi como avanzar por las distintas zonas de un videojuego hasta llegar al inevitable laboratorio final. Pero Cregger no toma como única referencia a Resident Evil 2. Si bien los acontecimientos de ese juego son el punto de partida, la película funciona como una especie de síntesis del universo creado por Capcom, recogiendo elementos de distintas etapas de la saga. Esto se nota especialmente en la manera en que aborda las mutaciones. Aquí el virus no se limita a convertir personas en zombis: también provoca deformaciones, transformaciones y criaturas completamente monstruosas. Es un aspecto que conecta mucho más con lo que posteriormente vimos en Resident Evil 4 y otras entregas de la franquicia, donde la infección comienza a producir organismos cada vez más extraños y grotescos. Y ahí aparece otra de las grandes influencias de la película: The Thing , de John Carpenter. Cregger toma directamente ese imaginario de cuerpos que dejan de comportarse como cuerpos humanos, de carne que se transforma, se deforma y adquiere nuevas formas. La película abraza de lleno el horror corporal y algunas de sus criaturas parecen diseñadas para provocar justamente esa mezcla de fascinación y repulsión. Incluso hay diseños que parecen sacados directamente de otros videojuegos. Ese personaje gordo con las ratas saliendo de su estómago, por ejemplo, me hizo pensar inmediatamente en The Suffering , otro clásico del género. Y eso demuestra que Cregger no está pensando solamente en cómo adaptar Resident Evil, sino también en toda una tradición de horror que los videojuegos ayudaron a construir. Pero una de las cosas que más disfruté es que la película entiende que Resident Evil no es solamente terror. También existe ese particular sentido del humor que siempre ha acompañado a la saga, y Cregger lo explota especialmente a través de Bryan. Austin Abrams funciona muy bien como protagonista, porque su personaje está lejos de ser un héroe de acción. No es Leon Kennedy. No es un soldado entrenado. Es simplemente un tipo común y corriente que se encuentra atrapado en una situación completamente absurda y aterradora. Sus reacciones frente a lo que está viendo son muchas veces las mismas que tendría cualquier persona en su lugar, y eso genera varios momentos de humor que funcionan muy bien. La película tampoco se olvida de los fanáticos . Aunque no está construida como una adaptación directa de los juegos, Cregger va dejando pequeños guiños durante el recorrido: las plantas medicinales, las municiones de escopeta, Umbrella, Raccoon City y distintos elementos que remiten directamente al universo de Capcom. Son detalles que no necesitan ser explicados y que funcionan justamente porque están integrados dentro de la aventura. Y cuando llega el momento de entregar el horror, la película no se guarda demasiado. Hay jumpscares, gore bastante brutal, escenas realmente shockeantes y un trabajo de horror corporal que por momentos resulta particularmente desagradable. Algunas secuencias están muy bien construidas y consiguen transmitir esa sensación de vulnerabilidad que era fundamental en los primeros Resident Evil: pocos recursos, pocas municiones y la constante sensación de que cualquier cosa puede aparecer detrás de una puerta. Tuve además la oportunidad de verla en 4DX, y debo decir que fue una experiencia agradable, aunque no necesariamente creo que sea la mejor manera de disfrutar esta película. El movimiento de las butacas, los efectos y toda la parafernalia del formato funcionan muy bien como experiencia, pero en varios momentos terminé más pendiente de lo que ocurría alrededor mío que de lo que estaba pasando en pantalla. En vez de potenciar la inmersión, por momentos me desconcentró y me sacó de la película. Creo que Resident Evil: Noche Cero funciona mejor cuando uno puede concentrarse completamente en esa pesadilla que Cregger está construyendo. Por supuesto, no creo que estemos frente a la película definitiva de Resident Evil. Tampoco creo que sea necesario. Cregger parece entender que no tiene sentido intentar reproducir exactamente un videojuego y, en cambio, toma su estructura, sus sensaciones y algunos de sus elementos para construir una película de terror propia.Y creo que ahí está justamente su mayor virtud. Una propuesta fresca y original, con guiños al cine de horror y a los videojuegos, humor negro, gore, horror corporal y buenos sustos. Una verdadera pesadilla que avanza como una partida de survival horror, cada vez más grande, más extraña y más monstruosa. Los fanáticos de la saga van a encontrar bastante para disfrutar. Resident Evil: Noche Cero ya está en cines chilenos.
¿Qué pasaría si algunos de nuestros miedos, atracciones, recuerdos o incluso ciertas sensaciones difíciles de explicar tuvieran una historia mucho más antigua de lo que imaginamos? Esa es una de las puertas que abre Jaime Hales en La Reencarnación. Historia del Alma , un libro en el que combina teoría, experiencias y casos relacionados con la posibilidad de que el alma continúe su recorrido después de la muerte. Hales lleva más de tres décadas estudiando estos temas y trabajando con regresiones y vidas pasadas. Pero hay algo que deja claro durante nuestra conversación: para él, la pregunta no consiste simplemente en descubrir si alguna vez fuimos un guerrero medieval, una reina o —por qué no— un vaquero del Viejo Oeste. Lo importante estaría en comprender qué experiencias podrían haber quedado asociadas a nuestra alma y cómo esas experiencias podrían relacionarse con lo que vivimos hoy. Porque, según explica, una regresión no debería convertirse en una búsqueda turística por vidas anteriores. La pregunta fundamental sería otra: ¿qué necesito comprender de esas experiencias para esta vida? Y ahí aparecen algunos de los elementos más curiosos de esta conversación. Hales cuenta, por ejemplo, casos de personas que han logrado enfrentar miedos a través de este tipo de experiencias. Entre ellos menciona a una persona que tenía terror al agua y que, tras una regresión, habría relacionado ese miedo con una muerte por ahogamiento en una existencia anterior. Pero no todo tendría necesariamente una explicación en una vida pasada. Hales también habla de la herencia familiar y cultural como otros factores que pueden influir en aquello que somos. La idea, entonces, es bastante más amplia: no todo lo que nos ocurre tendría que venir de una encarnación anterior. Y si alguna vez has sentido que conoces a alguien desde siempre, aunque acabes de conocerlo, también hay espacio para esa pregunta. Hales plantea que algunas almas podrían reencontrarse en distintas vidas, aunque eso no necesariamente significa que deban permanecer juntas en la existencia actual. Una idea que, llevada al terreno sentimental, puede complicar bastante ese clásico “sentí una conexión instantánea”. Otro misterio es justamente por qué no recordamos nuestras vidas anteriores. Para Hales, el olvido tendría una función : permitirnos comenzar una nueva existencia y aprender aquello que nos corresponde aprender sin quedar atrapados en lo que ya vivimos. Aun así, existirían señales que permitirían recuperar parte de esa información. Y cuando aparece la ciencia, la conversación se vuelve todavía más interesante. Hales reconoce que estas experiencias permanecen en buena medida dentro del terreno subjetivo y que no se trata de demostrar la reencarnación en un laboratorio. Sin embargo, menciona casos documentados en los que niños han entregado información sobre supuestas vidas anteriores que posteriormente fue investigada. Al final, La Reencarnación. Historia del Alma no está pensado únicamente para quienes ya creen en estas ideas. Hales asegura que también lo escribió para quienes tienen dudas e incluso para quienes no creen, con la intención de que puedan acercarse a una mirada diferente sobre uno de los grandes misterios de la existencia. Porque quizás la pregunta más interesante no sea solamente “¿fuimos alguien antes?”, sino qué hacemos con nuestra vida si pensamos que nuestra historia podría ser mucho más larga de lo que recordamos. La Reencarnación. Historia del Alma ya está disponible en librerías del país. Conversa mos con Jaime Hales sobre su nuevo libro, regresiones, vidas pasadas, vínculos, memoria y esas experiencias que nos hacen preguntarnos si realmente conocemos toda nuestra propia historia. Te invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
Hay árboles que crecen durante décadas y, aunque cambien sus ramas, mantienen intactas sus raíces. Algo parecido ocurre con Los Huasos de Algarrobal , que este 2026 cumplen 60 años de trayectoria y siguen encontrando nuevas formas de acercar la música chilena a distintas generaciones. Para conocer más sobre este aniversario, conversamos con Cristian Donoso, Enrique Rodríguez, Cristián O’Ryan, Eugenio Rengifo y Cristóbal Walker, integrantes de Los Huasos de Algarrobal, quienes nos contaron sobre este importante momento para la agrupación, su nuevo disco y lo que significa mantener viva la música de raíz folclórica. La celebración tuvo uno de sus momentos especiales el pasado 10 de septiembre en el Teatro Oriente, donde la agrupación reunió a integrantes históricos, la nueva generación, amigos y familias frente a más de 600 personas. Un encuentro que, según recuerdan sus protagonistas, tuvo algo de íntimo pese al tamaño del escenario: distintas generaciones compartiendo una misma historia y, por supuesto, muchas canciones. Porque seis décadas no significan quedarse mirando hacia atrás. Los actuales integrantes de Los Huasos de Algarrobal asumieron el desafío de continuar un legado construido por varias generaciones, pero también de acercar la música de raíz folclórica a públicos más jóvenes. La idea, dicen, es mantener vivo el lenguaje Algarrobal y lograr que esta tradición siga creciendo. Y parece que el folclor todavía tiene bastante que decir. En conversación con En Palco, los músicos destacan el renovado interés de las nuevas generaciones por la música tradicional, los boleros y otros sonidos que vuelven a encontrar espacio entre artistas jóvenes. Una música que, justamente por pertenecer al pueblo, puede transformarse y reinterpretarse sin dejar de ser parte de nuestra identidad. En medio de esta celebración también aparece un disco muy especial: Huasos de Algarrobal. El álbum rescata una grabación realizada originalmente en 1980 y que, para sus integrantes, representa una de las muestras más fieles del llamado “ estilo Algarrobal ”. Ahora este material vuelve a tomar vida en plataformas digitales y próximamente tendrá además una edición en vinilo, para alegría de quienes todavía disfrutan tener la música en formato físico. Y si hablamos de septiembre, Los Huasos de Algarrobal llegan con agenda cargada. El 18 de septiembre será particularmente intenso, con presentaciones en Peñaflor, Parral y Linares, mientras que durante esos días también pasarán por distintos escenarios y actividades vinculadas a las Fiestas Patrias. Pero quizás lo más bonito es que su relación con la música chilena no se limita al calendario dieciochero. La agrupación incluso ha llevado sus ensayos a plazas de Santiago para compartir su música durante el año y acercarla a quienes quizás no tienen la oportunidad de encontrarse con ella en un escenario. Después de 60 años, Los Huasos de Algarrobal parecen tener bastante claro que la mejor manera de preservar una tradición es mantenerla en movimiento: cambiar, sumar nuevas generaciones y seguir cantando. Y si quieren conocer de primera mano cómo viven este aniversario, qué significa continuar una historia de seis décadas, qué hay detrás del nuevo disco y cuáles son sus canciones favoritas para este 18, los invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.
Mientras Chile se prepara para celebrar sus Fiestas Patrias, para levantar banderas, bailar cueca, reunirse en familia y volver a hablar de aquello que llamamos “ser chileno”, se va uno de los cineastas que más profundamente dedicó su vida a preguntarse precisamente eso: ¿qué significa ser Chile y qué hacemos con nuestra memoria? Patricio Guzmán falleció este 15 de septiembre en París, a los 85 años. Con su partida desaparece una de las figuras fundamentales del cine chileno y uno de los grandes documentalistas de nuestro tiempo. Su nombre quedará inevitablemente ligado a La batalla de Chile (1975-1979) , pero reducir su obra a esa monumental trilogía sería injusto. Allí está, por supuesto, una de las películas políticas más importantes de la historia del cine latinoamericano: un registro urgente, en blanco y negro, de un país que se desmoronaba frente a una cámara que todavía no sabía que estaba construyendo memoria. Guzmán estuvo allí. Filmó las calles, las fábricas, las manifestaciones, las discusiones políticas, la tensión y también a las personas comunes que fueron protagonistas de aquellos acontecimientos. Después del golpe fue detenido y debió partir al exilio, pero consiguió sacar del país -gracias a un tal Chris Marker- el material que terminaría convirtiéndose en La batalla de Chile. Y quizás ahí comenzó la gran película de su vida.Porque Guzmán pasó las décadas siguientes intentando regresar a Chile a través del cine. En Chile, la memoria obstinada (1997) , volvió sobre los protagonistas de aquella historia. En Nostalgia de la luz (2010) , levantó la mirada hacia el desierto de Atacama para hablar de astronomía, memoria y de quienes todavía buscan a sus familiares desaparecidos. En El botón de nácar (2015) , encontró en el agua una manera de hablar sobre la historia, la violencia y los pueblos originarios. Y en La cordillera de los sueños (2019) , convirtió la geografía chilena en otra forma de memoria. Ahí está, quizás, la verdadera grandeza de Guzmán: entendió que un país también puede contarse a través de sus paisajes, sus silencios, sus heridas y sus recuerdos. Su cine nunca fue solamente una recopilación de hechos. Había una mirada profundamente cinematográfica. Una manera de transformar el documental en reflexión, poesía y emoción. El documental como testimonio, sí, pero también como una obra de arte. Y eso explica por qué su obra trascendió las fronteras de Chile. La batalla de Chile se convirtió en una referencia mundial del cine documental, mientras películas como Nostalgia de la luz yEl botón de nácar llevaron la memoria chilena a los grandes festivales internacionales. Guzmán recibió, entre otros reconocimientos, el Oso de Plata de Berlinale, el Goya y el Ojo de Oro de Cannes. En 2023 llegó finalmente el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales, un reconocimiento que parecía inevitable para una carrera que había atravesado más de cinco décadas.Pero quizás su mayor premio fue otro.Que hoy, tantos años después, sigamos mirando sus películas para intentar entendernos a nosotros mismos. Puede que esa sea la mejor manera de despedirlo: viendo sus películas.
Hay personajes que quedaron grabados para siempre en la historia del cine de terror. Jason Voorhees es, sin duda, uno de ellos. Pero mucho antes de la máscara de hockey, el machete y las incontables víctimas, hubo una madre marcada por una tragedia: Pam Voorhees. Esa historia es la que explorará Crystal Lake , la nueva serie precuela de Viernes 13, producida por A24 y creada por Brad Caleb Kane, que estrenará sus ocho episodios el próximo 16 de octubre, exclusivamente por Universal+. Interpretada por Linda Cardellini, Pam Voorhees es presentada como una madre soltera que todavía intenta sobrellevar la muerte de su hijo Jason, quien se ahogó en el lago casi un año antes. Pero la llegada de dos extraños que comienzan a investigar aspectos de su pasado cambiará completamente su vida. A partir de ahí, lo que parecía ser la historia de una mujer intentando superar una tragedia comienza a transformarse en un misterio mucho más oscuro. ¿Quién es realmente Pam Voorhees? o ¿Qué ocurrió antes de los acontecimientos de Viernes 13? La serie promete responder esas preguntas mientras profundiza en una dimensión hasta ahora poco explorada del universo de la franquicia: la mujer que estuvo detrás del primer gran asesino de la saga. Volver a Crystal Lake Uno de los elementos que más puede entusiasmar a los seguidores de Viernes 13 es que Crystal Lake no pretende simplemente utilizar el nombre de la franquicia para contar otra historia de terror. Brad Caleb Kane, creador, showrunner y productor ejecutivo, ha señalado que la serie busca mantenerse fiel al espíritu de la película original. Para conseguirlo, incluso regresaron a las locaciones donde se filmó la cinta de 1980 y reconstruyeron sus escenarios. La conexión con la película de Sean S. Cunningham estará presente también a través de distintos guiños y referencias, aunque la serie busca construir su propia identidad y expandir la mitología de Crystal Lake. Para Kane, además, se trata de un proyecto particularmente personal. El creador recuerda haber descubierto el género durante la época dorada del slasher en los años 80, cuando vio por primera vez Viernes 13 Parte III en 3D. Aquella experiencia, con una sala llena de espectadores gritando frente a la pantalla, terminó convirtiéndose en una de las razones que lo llevaron a querer dedicarse al cine y, particularmente, al terror. Antes de Jason, estuvo Pam La gran diferencia de Crystal Lake está precisamente ahí. Esta vez, la historia no comienza con un grupo de jóvenes llegando a un campamento ni con Jason convertido en una imparable máquina de matar. Comienza con una madre . La serie buscará mostrar a Pam como una mujer con distintas facetas: una amable cocinera escolar, una madre devastada por la pérdida de su hijo y, finalmente, una persona capaz de llegar a extremos sangrientos para protegerse y proteger a quienes ama. Junto a Cardellini, el elenco incluye a William Catlett como el jefe de policía Levon Brooks, Devin Kessler como la periodista Briana Brooks, Cameron Scoggins como el oficial Dorf, Gwendolyn Sundstrom como Grace y Callum Vinson como el joven Jason Voorhees. Con ocho episodios y el respaldo de A24, Crystal Lake apuesta por regresar al origen de una de las franquicias más importantes del slasher, pero desde una perspectiva distinta: antes de que Jason se convirtiera en leyenda, existió una historia familiar, una tragedia y una madre consumida por el dolor. Y quizás ahí esté uno de los mayores atractivos de esta nueva producción: descubrir cuánto de la leyenda de Jason Voorhees comenzó realmente mucho antes de que apareciera su icónica máscara. No te pierdas el estreno de Crystal Lake este 16 de octubre, exclusivamente por Universal+. Revisa el adelanto exclusivo a continuación: