Unos viejos archivos antropológicos hallados en una biblioteca fueron el punto de partida. En ellos aparecía el caso de la Machi Marcelina, autoridad indígena acusada y encarcelada injustamente por asesinato en 1995. Sin embargo, lo que comenzó como una investigación sobre la violencia mediática y los prejuicios de la época, terminó convirtiéndose en un viaje íntimo de encuentro intercultural e identidad. Cons Gallardo Vázquez, director del documentalLa búsqueda del otro, conversó con En Palco sobre el desafío de ganar la confianza de la Machi Marcelina y de cómo la necesidad de estar frente a la cámara transformó la película. El hallazgo y el sesgo mediático El camino hacia la historia de Marcelina estuvo marcado por el archivo y el contraste. Tras encontrar los relatos antropológicos donde el nombre real y la localidad habían sido omitidos para proteger la identidad de la protagonista, Gallardo logró dar con la fecha exacta del caso: 1995. Fui a la Biblioteca Nacional a buscar las portadas de los periódicos de la época y ahí encontré su historia real. Me impresionó mucho la violencia con la que la prensa se había referido a la Machi. Eso me hizo cuestionar muchas cosas y me dieron ganas de investigar más allá de los prejuicios, indica. Para el director, el tratamiento de la prensa de mediados de los noventa refleja una conducta transversal de la sociedad chilena: la tendencia a clasificar y estigmatizar sin conocer.Estamos llenos de prejuicios. Se proyecta una imagen por lo que dicen los demás y no conocemos a las personas realmente. Mi primer impulso fue querer conocer a la Machi y su realidad, explica. Un año de búsqueda Dar con el paradero de Marcelina no fue tarea fácil. El proceso de búsqueda tomó aproximadamente dos años en total. La clave para abrir esa puerta fue la presencia y mediación de otra autoridad ancestral: la Machi Rosa. Empecé a quedarme en el loft de Machi Rosa y a ir constantemente. Al principio le preguntaba por el caso, pero ella esquivaba el tema. Tras un año, me confesó que sí sabía quién era Marcelina y comenzó a hacer llamadas para ubicarla, afirma el realizador. Machi Rosa le enseñó a Gallardo las pautas de respeto y convivencia para acercarse a Marcelina.En el segundo encuentro, Machi Rosa me dijo que debía llevar algo para compartir. Fui a comprar un cerdo para llevarlo a su casa. Sin esa presentación formal y el gesto de compartir la mesa, nuestra relación hubiera sido completamente diferente, señala el cineasta. De observador a coprotagonista: el giro en el rodaje Uno de los aspectos más singulares de La búsqueda del otro es que Cons Gallardo abandona el rol de observador neutral para ponerse delante de la cámara y asumir el rol de coprotagonista. Esta decisión no estuvo planificada en el guion original, sino que surgió por las dinámicas orgánicas del rodaje. Cuando empecé a grabar a Marcelina, me di cuenta de que ella no quería hablar si yo no estaba a su lado. Se ponía detrás de cámara y me llamaba a compartir con ella. Ahí tomé la decisión de ponerme frente a la cámara. Asumirme como coprotagonista fue algo que se terminó de definir en el montaje y en la escritura del guion junto a Dani (montajista y coguionista), explica. Este cambio de encuadre permitió retratar no solo a la protagonista, sino la relación entre dos personas con orígenes y miradas del mundo totalmente distintas. Para el realizador, explicitar los errores, las contradicciones y los propios aprendizajes del proceso terminó alimentando la fuerza narrativa del documental. Todas las ideas preconcebidas con las que yo iba se me destruyeron. Aprendí en el camino. Somos dos personas muy diferentes y el encuentro entre esas diferencias es lo que le da fuerza a este documental. Mirar al otro sin prejuicios Al ser consultado sobre el mensaje de fondo del documental, Gallardo enfatiza las barreras que existen en la actualidad para vincularnos con lo diverso. La historia de Marcelina revela la dificultad que existe hoy en día para relacionarnos fuera de las expectativas de lo que se considera 'normal'. Pasa con las personas indígenas, con la comunidad LGBT+ y con muchos otros grupos. Nos acostumbramos a clasificar a las personas sin conocerlas y perdemos la oportunidad de ver a quien tenemos enfrente, concluye. Revisa la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.
Hay historias que parecen sacadas de una pesadilla, pero que tienen sus raíces en la realidad. Kalkutún, juicio a los brujos, la nueva película escrita y dirigida por Jorge Olguín, se adentra en uno de los episodios más inquietantes de la historia de Chiloé para construir un relato donde las creencias ancestrales, las disputas de poder y el terror sobrenatural conviven en un mismo territorio. Inspirada en los procesos judiciales de fines del siglo XIX contra los llamadosbrujos de Chiloé, la cinta nos traslada a una isla marcada por las supersticiones y la desconfianza hacia la justicia del Estado. La historia comienza con un brutal asesinato a manos de una criatura bestial, a medio camino entre lo humano y lo monstruoso. A esto se suman un libro secreto y una llave que serán determinantes para una trama que, desde sus primeros minutos, deja claro que estamos ante una película que no pretende mantenerse dentro de los límites del drama histórico. La investigación queda en manos de un joven fiscal, encarnado por Juan Carlos Maldonado, quien comienza a indagar en las actividades de los supuestos brujos chilotes, acusados de integrar La Mayoría, una organización secreta vinculada a la brujería. En su recorrido, se encontrará con distintos personajes que le permitirán descubrir un mundo que escapa a su comprensión, mientras sus conversaciones con el intendente de la isla, interpretado por Bastián Bodenhöfer, abren nuevas interrogantes sobre los verdaderos intereses detrás de la persecución. Pero el conflicto también tiene otra cara. Mailén ( Camila Oliva), una joven isleña cuyo abuelo es acusado y condenado, decide adentrarse en el universo secreto de los brujos para intentar salvarlo. De esta manera, la película contrapone la justicia institucional con una cosmovisión ancestral que se transmite a través de los relatos, las creencias y los rituales de la isla. A lo largo de sus casi dos horas y media, Olguín desarrolla la investigación de manera pausada, construyendo un relato de folk horror chilensis en el que nada es exactamente lo que parece y donde resulta difícil distinguir entre víctimas y victimarios. Uno de los aspectos más interesantes de Kalkutún es que los brujos no son presentados necesariamente como inocentes perseguidos por las autoridades. Si bien sufren los abusos de la justicia chilena, son encarcelados y brutalmente golpeados, también son personajes despiadados y vengativos, capaces de ejercer su propia violencia. Al otro lado está el intendente, una representación del poder que adquiere características casi luciferinas. Bodenhöfer compone una figura siniestra, una suerte de Drácula demoníaco cuya maldad parece innata. Su presencia refuerza esa sensación de que, en este universo, las amenazas no provienen únicamente de las fuerzas sobrenaturales, sino también de quienes ocupan posiciones de autoridad. En medio de ambos se encuentra el fiscal, un hombre que intenta hacer cumplir la ley mientras se enfrenta a creencias que no comprende y a una disputa por un terreno que también lo involucra personalmente. Sus decisiones tendrán consecuencias y, a medida que avanza la investigación, su búsqueda de justicia terminará convirtiéndose en un camino hacia su propia condena. La película refleja la fascinación de Jorge Olguín por la mitología chilota, un universo que lleva décadas investigando y que aquí encuentra una nueva oportunidad para desarrollarse en la pantalla grande. Filmada mayormente en Chiloé, la producción aprovecha sus iglesias, sus paisajes y su naturaleza para construir una atmósfera donde la isla se convierte en mucho más que un escenario. Su inmensidad y su identidad parecen acompañar cada paso de los personajes, como si el territorio guardara secretos que sus propios habitantes apenas se atreven a revelar. Hay, además, una anécdota del rodaje que parece sacada de la propia película. Según contó Olguín, las escenas que debieron grabar en Santiago fueron particularmente difíciles, con numerosos problemas, casi como si la propia isla no quisiera que la producción se alejara de ella. Una historia curiosa que, más allá de lo anecdótico, refuerza el lugar central que ocupa Chiloé dentro de la propuesta. La cinta cuenta con un reparto encabezado por Juan Carlos Maldonado, Camila Oliva, Bastián Bodenhöfer, Luis Dubó, Daniel Antivilo, Nicolás Zárate, Paulina Eguiluz, Alejandra Araya y Felipe Ríos, junto a Nicolás Oyarzún, quien se incorporó a esta producción nacional. Un elenco que reúne a intérpretes de distintas generaciones del audiovisual chileno para dar vida a este particular universo. Sin embargo, uno de los aspectos más atractivos de Kalkutún está en la manera en que Olguín combina la inspiración histórica con los códigos del cine fantástico. Pese a la seriedad de los acontecimientos que sirven como punto de partida, el director no renuncia a las criaturas, las muertes violentas, el gore y los efectos especiales de maquillaje práctico. De hecho, el trabajo artesanal detrás de los seres mitológicos es una de las apuestas destacadas de la producción, que privilegia la creación tangible de estas criaturas. En ese sentido, la película remite inevitablemente a los primeros trabajos del director, especialmente a Sangre eterna , donde el terror y la mitología también ocupaban un lugar central. Es en esos momentos cuando Olguín parece moverse con mayor comodidad, desplegando un imaginario que lo ha acompañado durante buena parte de su carrera. Algunas escenas pueden resultar desconcertantes, sobre todo cuando se alejan del tono solemne de la investigación para abrazar de lleno lo fantástico, pero los amantes del género probablemente sabrán apreciar esa mezcla. Otro elemento que contribuye a la identidad de la película es su música original, compuesta por Anton Reisenegger y Sebastián Puente . Reisenegger, fundador de las emblemáticas bandas Pentagram Chile y Criminal , además de integrante de Lock U p, aporta desde su trayectoria ligada al metal una dimensión sonora que acompaña la atmósfera oscura e inquietante de la historia. Quizás el principal problema de Kalkutún sea su duración. Las dos horas y media terminan pesando en ciertos pasajes, con escenas que se prolongan más de lo necesario y afectan el ritmo de una historia que podría beneficiarse de una narración más concentrada. Una versión cinematográfica más acotada podría favorecer su dinamismo, mientras que una adaptación en formato de miniserie permitiría desarrollar con mayor amplitud algunos de sus elementos sin exigirle tanto al espectador en una sola sesión. Con todo, Kalkutún, Juicio a los Brujos es una película que deja en evidencia la pasión de Jorge Olguín por un universo que lleva años investigando. Su apuesta por mezclar historia, mitología chilota y terror fantástico es ambiciosa y no siempre logra sostener el ritmo, pero tiene el mérito de seguir explorando un cine de género propio en un país donde hacerlo continúa siendo un desafío. Una propuesta imperfecta, pero valiente, que encuentra en las leyendas de Chiloé un terreno fértil para demostrar que el terror chileno todavía tiene historias inquietantes que contar. Kalkutún, Juicio a los Brujos ya está en cines.
Jorge Olguín regresa al cine de terror conKalkutún: Juicio a los Brujos, una película inspirada en un episodio poco conocido de la historia de Chiloé, donde las creencias ancestrales y la justicia estatal se enfrentaron en torno a las acusaciones de brujería. En conversación con En Palco, el cineasta nos contó cómo nació este proyecto, que llegará a los cines el 22 de octubre, y los desafíos de reconstruir una historia marcada por vacíos y ambigüedades en los registros históricos. Una historia entre la realidad y la ficción Olguín explica que su fascinación por Chiloé, su mitología y sus criaturas fue el punto de partida para descubrir estos procesos judiciales. La investigación incluyó archivos, documentos y crónicas que le permitieron acercarse a un episodio en el que chocaban dos formas de comprender el mundo: la institucional y la ancestral. “Fue realmente impactante descubrir que había un hecho histórico que está un poquito oculto, que no se nos enseñaba en los colegios y que tiene un contexto muy fuerte, social y político que me interesó demasiado”, explica Olguín Ante el poco detalle ofrecido por los registros, la ficción se convirtió en una herramienta para reconstruir los hechos y explorar sus dimensiones humanas a través del terror. “Hay un cliché que dice que los cineastas usan mentiras para contar verdades. La ficción ayuda mucho a poder contar cosas y, en este caso, yo uso el género fantástico de horror como la herramienta principal para lograr contar una historia”, señala. Chiloé protagonista de la producción La película fue rodada en Chiloé, con la participación de equipos y talentos locales. Para el director, el conocimiento de las comunidades fue fundamental para acercarse a una historia que forma parte de su territorio. El elenco, integrado por actores como Juan Carlos Maldonado, Nicolás Zárate, Daniel Antivilo, Bastián Bodenhöfer, Felipe Ríos y Camila Oliva, da vida a personajes complejos, alejados de los estereotipos y con conflictos que van más allá de la clásica división entre buenos y malos. Una historia que podría continuar El proyecto también contempla una serie prevista para el próximo año, que permitiría profundizar en personajes y acontecimientos que no cabían en el formato cinematográfico. Su desarrollo, explica Olguín, también estará ligado a la recepción que tenga la película. “Vayan a ver películas de terror nacional”, invita Olguín. “Es la oportunidad de ver el trabajo de nuestros creadores y artistas chilenos en la pantalla grande”. Revisa la conversación completa en nuestro canal de Youtube.
El capitán Jorge Silva se ve enfrentado a una disyuntiva que lo hará cuestionarse todo, cuando debe convertir su lugar de trabajo, la Escuela de Aviación, en un centro de detención y tortura, esto dentro de los hechos ocurridos en Chile en septiembre de 1973. Silva deberá elegir si seguir las órdenes que se le han dado o tomar las decisiones por las que se siente inspirado. Con esa premisa,Hangar Rojo, película dirigida por Juan Pablo Sallato, nos introduce en un tema pocas veces explorado, como lo es el de los militares que no estuvieron de acuerdo con sus jefes y debieron enfrentar duras consecuencias. En su elenco participan Nicolás Zárate, Marcial Tagle, Boris Quercia, Catalina Stuardo, Aron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano. Una permanente tensión se hace presente de forma inquietante, mientras vemos cómo el protagonista se va cuestionando sus actos y la incertidumbre se apodera del espectador al presenciar esta trama. ¿Cómo lidiar en una encrucijada? Esta película nos plantea un dilema imposible y lleno de aristas, donde cada pieza juega un rol complejo y donde cada decisión tomada podría costar que todo cambie, en la vida que lleva el protagonista de esta historia. Nicolás Zárate entrega un actuación certera, que nos introduce en un mundo desconocido para muchos, donde la tensa espera de lo que viene es una constante de todas las escenas y donde cada palabra podría desarrollar una trama que cambie los destinos de los personajes para siempre. Al ser un filme en blanco y negro, se siente una atmósfera diferente llena de momentos tensos y de divisiones profundas. Una historia que se cuenta con dolor y que hace reflexionar sobre nuestros valores y cómo sacarlos afuera en momentos difíciles. Una trama de la que se puede hablar por horas y que se queda en nuestras mentes con sus cuestionamientos y premisas, esas mismas con las que debe lidiar Jorge y que nos mantienen atentos durante todo el desarrollo de la película. Si quieres ver Hangar Rojo, película eligida por la Academia de Cine de Chile para representarnos en los Premios Goya, ya se encuentra en salas de cine del país.
Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.
Unos viejos archivos antropológicos hallados en una biblioteca fueron el punto de partida. En ellos aparecía el caso de la Machi Marcelina, autoridad indígena acusada y encarcelada injustamente por asesinato en 1995. Sin embargo, lo que comenzó como una investigación sobre la violencia mediática y los prejuicios de la época, terminó convirtiéndose en un viaje íntimo de encuentro intercultural e identidad. Cons Gallardo Vázquez, director del documentalLa búsqueda del otro, conversó con En Palco sobre el desafío de ganar la confianza de la Machi Marcelina y de cómo la necesidad de estar frente a la cámara transformó la película. El hallazgo y el sesgo mediático El camino hacia la historia de Marcelina estuvo marcado por el archivo y el contraste. Tras encontrar los relatos antropológicos donde el nombre real y la localidad habían sido omitidos para proteger la identidad de la protagonista, Gallardo logró dar con la fecha exacta del caso: 1995. Fui a la Biblioteca Nacional a buscar las portadas de los periódicos de la época y ahí encontré su historia real. Me impresionó mucho la violencia con la que la prensa se había referido a la Machi. Eso me hizo cuestionar muchas cosas y me dieron ganas de investigar más allá de los prejuicios, indica. Para el director, el tratamiento de la prensa de mediados de los noventa refleja una conducta transversal de la sociedad chilena: la tendencia a clasificar y estigmatizar sin conocer.Estamos llenos de prejuicios. Se proyecta una imagen por lo que dicen los demás y no conocemos a las personas realmente. Mi primer impulso fue querer conocer a la Machi y su realidad, explica. Un año de búsqueda Dar con el paradero de Marcelina no fue tarea fácil. El proceso de búsqueda tomó aproximadamente dos años en total. La clave para abrir esa puerta fue la presencia y mediación de otra autoridad ancestral: la Machi Rosa. Empecé a quedarme en el loft de Machi Rosa y a ir constantemente. Al principio le preguntaba por el caso, pero ella esquivaba el tema. Tras un año, me confesó que sí sabía quién era Marcelina y comenzó a hacer llamadas para ubicarla, afirma el realizador. Machi Rosa le enseñó a Gallardo las pautas de respeto y convivencia para acercarse a Marcelina.En el segundo encuentro, Machi Rosa me dijo que debía llevar algo para compartir. Fui a comprar un cerdo para llevarlo a su casa. Sin esa presentación formal y el gesto de compartir la mesa, nuestra relación hubiera sido completamente diferente, señala el cineasta. De observador a coprotagonista: el giro en el rodaje Uno de los aspectos más singulares de La búsqueda del otro es que Cons Gallardo abandona el rol de observador neutral para ponerse delante de la cámara y asumir el rol de coprotagonista. Esta decisión no estuvo planificada en el guion original, sino que surgió por las dinámicas orgánicas del rodaje. Cuando empecé a grabar a Marcelina, me di cuenta de que ella no quería hablar si yo no estaba a su lado. Se ponía detrás de cámara y me llamaba a compartir con ella. Ahí tomé la decisión de ponerme frente a la cámara. Asumirme como coprotagonista fue algo que se terminó de definir en el montaje y en la escritura del guion junto a Dani (montajista y coguionista), explica. Este cambio de encuadre permitió retratar no solo a la protagonista, sino la relación entre dos personas con orígenes y miradas del mundo totalmente distintas. Para el realizador, explicitar los errores, las contradicciones y los propios aprendizajes del proceso terminó alimentando la fuerza narrativa del documental. Todas las ideas preconcebidas con las que yo iba se me destruyeron. Aprendí en el camino. Somos dos personas muy diferentes y el encuentro entre esas diferencias es lo que le da fuerza a este documental. Mirar al otro sin prejuicios Al ser consultado sobre el mensaje de fondo del documental, Gallardo enfatiza las barreras que existen en la actualidad para vincularnos con lo diverso. La historia de Marcelina revela la dificultad que existe hoy en día para relacionarnos fuera de las expectativas de lo que se considera 'normal'. Pasa con las personas indígenas, con la comunidad LGBT+ y con muchos otros grupos. Nos acostumbramos a clasificar a las personas sin conocerlas y perdemos la oportunidad de ver a quien tenemos enfrente, concluye. Revisa la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.
Hay historias que parecen sacadas de una pesadilla, pero que tienen sus raíces en la realidad. Kalkutún, juicio a los brujos, la nueva película escrita y dirigida por Jorge Olguín, se adentra en uno de los episodios más inquietantes de la historia de Chiloé para construir un relato donde las creencias ancestrales, las disputas de poder y el terror sobrenatural conviven en un mismo territorio. Inspirada en los procesos judiciales de fines del siglo XIX contra los llamadosbrujos de Chiloé, la cinta nos traslada a una isla marcada por las supersticiones y la desconfianza hacia la justicia del Estado. La historia comienza con un brutal asesinato a manos de una criatura bestial, a medio camino entre lo humano y lo monstruoso. A esto se suman un libro secreto y una llave que serán determinantes para una trama que, desde sus primeros minutos, deja claro que estamos ante una película que no pretende mantenerse dentro de los límites del drama histórico. La investigación queda en manos de un joven fiscal, encarnado por Juan Carlos Maldonado, quien comienza a indagar en las actividades de los supuestos brujos chilotes, acusados de integrar La Mayoría, una organización secreta vinculada a la brujería. En su recorrido, se encontrará con distintos personajes que le permitirán descubrir un mundo que escapa a su comprensión, mientras sus conversaciones con el intendente de la isla, interpretado por Bastián Bodenhöfer, abren nuevas interrogantes sobre los verdaderos intereses detrás de la persecución. Pero el conflicto también tiene otra cara. Mailén ( Camila Oliva), una joven isleña cuyo abuelo es acusado y condenado, decide adentrarse en el universo secreto de los brujos para intentar salvarlo. De esta manera, la película contrapone la justicia institucional con una cosmovisión ancestral que se transmite a través de los relatos, las creencias y los rituales de la isla. A lo largo de sus casi dos horas y media, Olguín desarrolla la investigación de manera pausada, construyendo un relato de folk horror chilensis en el que nada es exactamente lo que parece y donde resulta difícil distinguir entre víctimas y victimarios. Uno de los aspectos más interesantes de Kalkutún es que los brujos no son presentados necesariamente como inocentes perseguidos por las autoridades. Si bien sufren los abusos de la justicia chilena, son encarcelados y brutalmente golpeados, también son personajes despiadados y vengativos, capaces de ejercer su propia violencia. Al otro lado está el intendente, una representación del poder que adquiere características casi luciferinas. Bodenhöfer compone una figura siniestra, una suerte de Drácula demoníaco cuya maldad parece innata. Su presencia refuerza esa sensación de que, en este universo, las amenazas no provienen únicamente de las fuerzas sobrenaturales, sino también de quienes ocupan posiciones de autoridad. En medio de ambos se encuentra el fiscal, un hombre que intenta hacer cumplir la ley mientras se enfrenta a creencias que no comprende y a una disputa por un terreno que también lo involucra personalmente. Sus decisiones tendrán consecuencias y, a medida que avanza la investigación, su búsqueda de justicia terminará convirtiéndose en un camino hacia su propia condena. La película refleja la fascinación de Jorge Olguín por la mitología chilota, un universo que lleva décadas investigando y que aquí encuentra una nueva oportunidad para desarrollarse en la pantalla grande. Filmada mayormente en Chiloé, la producción aprovecha sus iglesias, sus paisajes y su naturaleza para construir una atmósfera donde la isla se convierte en mucho más que un escenario. Su inmensidad y su identidad parecen acompañar cada paso de los personajes, como si el territorio guardara secretos que sus propios habitantes apenas se atreven a revelar. Hay, además, una anécdota del rodaje que parece sacada de la propia película. Según contó Olguín, las escenas que debieron grabar en Santiago fueron particularmente difíciles, con numerosos problemas, casi como si la propia isla no quisiera que la producción se alejara de ella. Una historia curiosa que, más allá de lo anecdótico, refuerza el lugar central que ocupa Chiloé dentro de la propuesta. La cinta cuenta con un reparto encabezado por Juan Carlos Maldonado, Camila Oliva, Bastián Bodenhöfer, Luis Dubó, Daniel Antivilo, Nicolás Zárate, Paulina Eguiluz, Alejandra Araya y Felipe Ríos, junto a Nicolás Oyarzún, quien se incorporó a esta producción nacional. Un elenco que reúne a intérpretes de distintas generaciones del audiovisual chileno para dar vida a este particular universo. Sin embargo, uno de los aspectos más atractivos de Kalkutún está en la manera en que Olguín combina la inspiración histórica con los códigos del cine fantástico. Pese a la seriedad de los acontecimientos que sirven como punto de partida, el director no renuncia a las criaturas, las muertes violentas, el gore y los efectos especiales de maquillaje práctico. De hecho, el trabajo artesanal detrás de los seres mitológicos es una de las apuestas destacadas de la producción, que privilegia la creación tangible de estas criaturas. En ese sentido, la película remite inevitablemente a los primeros trabajos del director, especialmente a Sangre eterna , donde el terror y la mitología también ocupaban un lugar central. Es en esos momentos cuando Olguín parece moverse con mayor comodidad, desplegando un imaginario que lo ha acompañado durante buena parte de su carrera. Algunas escenas pueden resultar desconcertantes, sobre todo cuando se alejan del tono solemne de la investigación para abrazar de lleno lo fantástico, pero los amantes del género probablemente sabrán apreciar esa mezcla. Otro elemento que contribuye a la identidad de la película es su música original, compuesta por Anton Reisenegger y Sebastián Puente . Reisenegger, fundador de las emblemáticas bandas Pentagram Chile y Criminal , además de integrante de Lock U p, aporta desde su trayectoria ligada al metal una dimensión sonora que acompaña la atmósfera oscura e inquietante de la historia. Quizás el principal problema de Kalkutún sea su duración. Las dos horas y media terminan pesando en ciertos pasajes, con escenas que se prolongan más de lo necesario y afectan el ritmo de una historia que podría beneficiarse de una narración más concentrada. Una versión cinematográfica más acotada podría favorecer su dinamismo, mientras que una adaptación en formato de miniserie permitiría desarrollar con mayor amplitud algunos de sus elementos sin exigirle tanto al espectador en una sola sesión. Con todo, Kalkutún, Juicio a los Brujos es una película que deja en evidencia la pasión de Jorge Olguín por un universo que lleva años investigando. Su apuesta por mezclar historia, mitología chilota y terror fantástico es ambiciosa y no siempre logra sostener el ritmo, pero tiene el mérito de seguir explorando un cine de género propio en un país donde hacerlo continúa siendo un desafío. Una propuesta imperfecta, pero valiente, que encuentra en las leyendas de Chiloé un terreno fértil para demostrar que el terror chileno todavía tiene historias inquietantes que contar. Kalkutún, Juicio a los Brujos ya está en cines.
Jorge Olguín regresa al cine de terror conKalkutún: Juicio a los Brujos, una película inspirada en un episodio poco conocido de la historia de Chiloé, donde las creencias ancestrales y la justicia estatal se enfrentaron en torno a las acusaciones de brujería. En conversación con En Palco, el cineasta nos contó cómo nació este proyecto, que llegará a los cines el 22 de octubre, y los desafíos de reconstruir una historia marcada por vacíos y ambigüedades en los registros históricos. Una historia entre la realidad y la ficción Olguín explica que su fascinación por Chiloé, su mitología y sus criaturas fue el punto de partida para descubrir estos procesos judiciales. La investigación incluyó archivos, documentos y crónicas que le permitieron acercarse a un episodio en el que chocaban dos formas de comprender el mundo: la institucional y la ancestral. “Fue realmente impactante descubrir que había un hecho histórico que está un poquito oculto, que no se nos enseñaba en los colegios y que tiene un contexto muy fuerte, social y político que me interesó demasiado”, explica Olguín Ante el poco detalle ofrecido por los registros, la ficción se convirtió en una herramienta para reconstruir los hechos y explorar sus dimensiones humanas a través del terror. “Hay un cliché que dice que los cineastas usan mentiras para contar verdades. La ficción ayuda mucho a poder contar cosas y, en este caso, yo uso el género fantástico de horror como la herramienta principal para lograr contar una historia”, señala. Chiloé protagonista de la producción La película fue rodada en Chiloé, con la participación de equipos y talentos locales. Para el director, el conocimiento de las comunidades fue fundamental para acercarse a una historia que forma parte de su territorio. El elenco, integrado por actores como Juan Carlos Maldonado, Nicolás Zárate, Daniel Antivilo, Bastián Bodenhöfer, Felipe Ríos y Camila Oliva, da vida a personajes complejos, alejados de los estereotipos y con conflictos que van más allá de la clásica división entre buenos y malos. Una historia que podría continuar El proyecto también contempla una serie prevista para el próximo año, que permitiría profundizar en personajes y acontecimientos que no cabían en el formato cinematográfico. Su desarrollo, explica Olguín, también estará ligado a la recepción que tenga la película. “Vayan a ver películas de terror nacional”, invita Olguín. “Es la oportunidad de ver el trabajo de nuestros creadores y artistas chilenos en la pantalla grande”. Revisa la conversación completa en nuestro canal de Youtube.
El capitán Jorge Silva se ve enfrentado a una disyuntiva que lo hará cuestionarse todo, cuando debe convertir su lugar de trabajo, la Escuela de Aviación, en un centro de detención y tortura, esto dentro de los hechos ocurridos en Chile en septiembre de 1973. Silva deberá elegir si seguir las órdenes que se le han dado o tomar las decisiones por las que se siente inspirado. Con esa premisa,Hangar Rojo, película dirigida por Juan Pablo Sallato, nos introduce en un tema pocas veces explorado, como lo es el de los militares que no estuvieron de acuerdo con sus jefes y debieron enfrentar duras consecuencias. En su elenco participan Nicolás Zárate, Marcial Tagle, Boris Quercia, Catalina Stuardo, Aron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano. Una permanente tensión se hace presente de forma inquietante, mientras vemos cómo el protagonista se va cuestionando sus actos y la incertidumbre se apodera del espectador al presenciar esta trama. ¿Cómo lidiar en una encrucijada? Esta película nos plantea un dilema imposible y lleno de aristas, donde cada pieza juega un rol complejo y donde cada decisión tomada podría costar que todo cambie, en la vida que lleva el protagonista de esta historia. Nicolás Zárate entrega un actuación certera, que nos introduce en un mundo desconocido para muchos, donde la tensa espera de lo que viene es una constante de todas las escenas y donde cada palabra podría desarrollar una trama que cambie los destinos de los personajes para siempre. Al ser un filme en blanco y negro, se siente una atmósfera diferente llena de momentos tensos y de divisiones profundas. Una historia que se cuenta con dolor y que hace reflexionar sobre nuestros valores y cómo sacarlos afuera en momentos difíciles. Una trama de la que se puede hablar por horas y que se queda en nuestras mentes con sus cuestionamientos y premisas, esas mismas con las que debe lidiar Jorge y que nos mantienen atentos durante todo el desarrollo de la película. Si quieres ver Hangar Rojo, película eligida por la Academia de Cine de Chile para representarnos en los Premios Goya, ya se encuentra en salas de cine del país.
Más de cien diarios de vida, fotografías, películas, textos y una biblioteca reunida durante décadas permanecieron ocultos entre las pertenencias de la escritora y dramaturga Alicia Morel. El archivo salió a la luz después de su muerte, cuando su casa fue desmantelada antes de ser demolida. Ese inesperado hallazgo es el punto de partida deAlicia bajo la higuera, documental dirigido por su nieta, la realizadora Manuela Thayer Requena. En un cruce entre cine, literatura y memoria, el largometraje se aleja de una biografía convencional para mostrar a la mujer que hay detrás de la autora de los libros Polita y Perico trepa por Chile . La directora guía el relato: a través de su voz reconstruye el vínculo con su abuela mientras se adentra en los materiales que encontró. La película adquiere así un carácter íntimo y familiar, en el que la nieta descubre y comparte archivos inéditos que permiten acercarse a la escritora desde una perspectiva personal. “El archivo fue inspeccionado durante casi dos años para poder conformar el argumento de la película. Se trabajó acuciosamente en recopilar fragmentos. Lo que aparece en la cinta es solo una porción del gran archivo encontrado. Fue muy difícil clasificar el material. Se decidió trabajar la película con los diarios de vida, cartas y algunos escritos inéditos”, señaló a En Palco Marcos Salazar, postproductor y diseñador de sonido de Alicia bajo la higuera. La cinta aborda las dificultades que enfrentaron las escritoras durante el siglo XX, época en la que se creía que las mujeres debían escribir sobre cocina o temas domésticos. En sus cartas, Morel criticó esta mirada y defendió la voz femenina en el mundo de las letras. El film también habla sobre la valoración de la literatura infantil, ya que en aquellos años se consideraba que los libros para niños eran menos importantes que las obras dirigidas a adultos. Alicia bajo la higuera invita a los espectadores a preguntarse si estos estigmas persisten en la actualidad. Además, el documental recupera otras facetas de la autora, como los cuentos infantiles que escribió para ser transmitidos por radio, los encuentros que tuvo con otras escritoras para idear nuevos proyectos creativos y su vínculo con Gabriela Mistral y Marcela Paz, con quien coescribió la emblemática novela Perico trepa por Chile. A través de los materiales que dejó Alicia Morel y de la mirada de su nieta, la cinta invita a adentrarse en la vida de una autora cuya obra marcó a cientos de lectores. Sin duda, la película ayuda a preservar el legado de la escritora y a acercar su obra y su historia a las nuevas generaciones. Más que entregar un retrato definitivo de la dramaturga, el documental abre las páginas de sus diarios para descubrir a la mujer, la autora y las preguntas que dejó escritas a lo largo de su vida. “El documental se pudo realizar gracias al Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, el cual nos ayudó en el proceso de investigación. El archivo encontrado se pretende preservar de alguna forma. Se piensa en la idea de realizar algún tipo de fundación”, afirmó el sonidista de la cinta y agregó: “Cierto material ha sido donado a la Biblioteca Nacional y gran parte del archivo aún se conserva en manos de la familia”. La distribución de Alicia bajo la higuera está a cargo de la productora Santiago Independiente. En su cuenta de Instagram se publicarán las salas donde se exhibirá la cinta, tanto en Santiago como en regiones.