“Madre Siniestra” , título con el que llega a Latinoamérica la película Other Mommy (Otra mami), marca el regreso de Jessica Chastain al género del terror. Sin embargo, la traducción elegida para su estreno en español resulta poco adecuada, ya que pierde el sentido particular de esa “otra mamá” que da origen a la historia y que representa una presencia mucho más inquietante que la que sugiere el título en español. La pequeña Bela, de ocho años, vive incómoda en su propia casa, porque sabe que la relación de sus padres no está bien. Papá pasa mucho tiempo con ella y es cariñoso, mientras que mamá está demasiado tiempo fuera por trabajo, aunque la niña sospecha que hay algo más detrás de sus ausencias. Aprovechándose de esta vulnerabilidad, una entidad siniestra emerge del clóset de Bela bajo la forma de su propia madre. Por eso, la pequeña la llama la “otra mamá”, aunque esta presencia puede transformarse en lo que la niña necesite. En un comienzo, esta relación maternal paranormal parece acomodarle a Bela, pero, a medida que la entidad se vuelve más intensa y revela su verdadera intención -poseerla- la situación comienza a cambiar. La película, a cargo de Rob Savage, ha recibido malas críticas, pero a nosotros nos pareció entretenida y sumamente ágil. Aunque está lejos de ser una cinta de terror memorable, se agradece su ritmo y la decisión de revelar tempranamente la existencia de la entidad a los protagonistas y a su entorno. También resulta interesante el atrevimiento de mostrarla a plena luz del día y en público, alejándose de algunos de los recursos más habituales del género. Sin embargo, no se pueden ignorar sus inconsistencias de guion y cuánto bebe de otras películas de terror. Es imposible no recordar títulos como It, Poltergeist o Chucky, por mencionar algunos, mientras avanza el metraje. Las actuaciones de Jessica Chastain como estas dos madres y de la pequeña que da vida a Bela, Arabella Olivia Clark, son realmente destacables, y si, probablemente merecían un mejor desarrollo de personaje. “Madre Siniestra”, además de funcionar como una cinta de terror paranormal, se desarrolla como un drama familiar que deja entrever los sentimientos, las dudas y los conflictos que puede experimentar una mujer en torno a la maternidad. La película ya está disponible en los cines del país.
A veces una separación puede cambiarlo todo. Para Marta, protagonista de “Tres adioses”, la nueva película de Isabel Coixet, el quiebre de una relación marcará el comienzo de un romance mucho más profundo. La cinta está basada en el libro Tres cuencos, que la escritora italiana Michela Murgia publicó en 2023 poco antes de morir. La obra reúne relatos sobre pérdidas y transformación y está atravesada por la experiencia de la propia autora, quien padeció un cáncer terminal. El largometraje sigue la vida de Marta ( Alba Rohrwacher), una profesora de educación física de un colegio de Roma que tiene una relación desde hace siete años con Antonio ( Elio Germano), un chef dueño de un restaurante que cada vez se hace más conocido. Cierto día, la pareja, que está pasando por una crisis, tiene una discusión por temas triviales y Antonio decide abandonar el hogar, porque necesita un tiempo. El quiebre deja a Marta sumida en una profunda depresión. A esto se suman algunos malestares estomacales. Por insistencia de su hermana Elisa ( Silvia D’Amico) acude a una gastroenteróloga. El diagnóstico que recibe cambia por completo su situación: tiene un cáncer en estado muy avanzado, cuyas metástasis solo pueden ser contenidas y, en el mejor de los casos, reducidas con medicamentos. Antes de enfermarse, Marta creía que su vida no tenía sentido sin Antonio, pero cuando comienza con el tratamiento no tiene tiempo para pensar en él y comprende que afuera hay un mundo por descubrir y que vale la pena disfrutar la vida, incluso en aquellos momentos en que no todo sale bien. Antonio se entera del diagnóstico de su ex y le pide que retomen su relación. Marta, sin dudarlo, le dice que prefiere que cada uno siga su camino, porque no quiere morir con la duda de si se queda a su lado, porque la ama o porque está enferma. Pero no se cierra al amor, al contrario, se da la oportunidad de conocer a alguien en los últimos días de su vida. De esta forma, honra sus deseos y le muestra a sus cercanos que no hay que permitir que el miedo nos detenga. Alba Rohrwacher realiza una excelente actuación. Transmite muy bien cada una de las emociones que experimenta la protagonista durante la ruptura con Antonio y en su tratamiento contra el cáncer. A partir de esta historia, la directora española aborda nuevamente algunos de los temas de su filmografía, como la fragilidad de los vínculos, el amor, la muerte y las transformaciones que ocurren cuando una experiencia límite obliga a mirar la vida desde otra perspectiva. La película fue rodada íntegramente en Italia, país de origen de Murgia, y mantiene un vínculo estrecho con la escritora y su obra. En ese sentido, Tres adioses no solo adapta una historia marcada por la enfermedad, sino que también recoge una reflexión sobre cómo se aprende a vivir cuando el final ya está escrito. Si bien la cinta recuerda lo frágil que es la vida, transmite un mensaje esperanzador: que hay que aprovechar el tiempo realizando aquello que nos hace felices y no desperdiciarlo sufriendo por lo que no pudo ser. “Tres adioses” se exhibe en cines chilenos desde este jueves 8 de octubre.
Confieso algo antes de comenzar: fui a ver este live action sin saber absolutamente nada de Blue Lock. No conocía el manga, no había visto el animé y apenas sabía que se trataba de una historia de fútbol. Por eso, durante sus primeros minutos, la película me desconcertó bastante. La premisa tampoco es precisamente convencional. Después de una decepcionante participación de Japón en el Mundial, se crea un proyecto llamado Blue Lock, una especie de prisión o centro de entrenamiento donde son encerrados 300 jóvenes delanteros. El objetivo es encontrar al futbolista capaz de convertirse en el gran goleador de la selección japonesa. El problema es que solamente uno podrá sobrevivir hasta el final y quienes sean eliminados perderán para siempre la posibilidad de representar a Japón. Sí, básicamente estamos ante una especie de Battle Royale futbolístico. Y ahí está justamente lo que más me sorprendió. Porque a medida que la historia avanza, esa premisa que inicialmente me parecía bastante absurda comenzó a funcionar. La película se concentra especialmente en el Equipo Z, el grupo que reúne a varios de los jugadores que parten en una posición aparentemente desventajosa. Entre ellos está Yoichi Isagi, interpretado por Fumiya Takahashi, junto a personajes como Meguru Bachira, Hyoma Chigiri y Rensuke Kunigami. Lo interesante es ver cómo estos personajes, que al comienzo prácticamente no saben cómo funcionar juntos, empiezan a descubrir sus propias habilidades y también la manera de enfrentarse a sus rivales. Porque Blue Lock no parece estar demasiado interesada en la idea tradicional del fútbol como deporte colectivo: acá importa el ego, la individualidad y descubrir qué puede hacer cada jugador cuando está bajo presión. Y eso también se refleja directamente en la puesta en escena. Visualmente, Blue Lock es prácticamente un animé interpretado por personas reales. Hay cámaras lentas, planos imposibles, efectos visuales, exageraciones físicas y reacciones que probablemente resulten completamente naturales para quienes conocen la obra original, pero que para alguien que llega desde cero pueden ser bastante desconcertantes. Aun así, después de un rato terminé entrando en su lógica y entendiendo que esa exageración es parte fundamental de su identidad. La película está dirigida por Yusuke Taki y cuenta con un reparto bastante numeroso, incluyendo a Kyohei Takahashi como Chigiri, Kota Nomura como Kunigami, K como Nagi, Keito Tsuna como Reo y Masataka Kubota como Jinpachi Ego, la mente detrás del proyecto Blue Lock. El exfutbolista japonés Daisuke Matsui estuvo a cargo de la supervisión futbolística. No puedo decir si estamos frente a una adaptación fiel del manga o del animé, porque, como ya dije, llegué completamente ignorante a la película. Pero sí puedo decir que me entretuvo y me dejó intrigado por saber el destino del Equipo Z. Y aunque esta primera película apenas abre las puertas de Blue Lock, todo apunta a que la historia todavía tiene mucho por contar. Ya está en cines chilenos.
Adria Arjona se convierte en Celeste , una exsoldado del ejército, francotiradora, malhumorada y fanática de las armas en “Aniquilación” . Ella vive en un desierto, donde trabaja como gerenta de una zona de trailers habitada por diversos personajes que, al igual que ella, viven al día y se encuentran un tanto marginados de la sociedad. Cuando el padre de su tierna y bien portada pequeña hija llega a dejársela por el fin de semana sin previo aviso y le anuncia que pronto se irá a vivir lejos con ella y su nueva esposa, el mal humor de Celeste estalla. Sin embargo, pronto tendrá un nuevo y mucho más grande dolor de cabeza. La irrupción nocturna en la zona de trailers de unos supersoldados, creados a partir de excombatientes modificados mediante cirugías y reprogramación mental por una división secreta del Gobierno, de la mano de un delirante y caricaturesco científico alemán, llevará a Celeste y sus vecinos a vivir una noche en el infierno, tratando de sobrevivir a como dé lugar y, además, proteger a su pequeña hija, quien ha vivido una vida muy alejada de los horrores de una guerra. Adam Wingard (“Godzilla vs. Kong”, “La bruja de Blair” 2016) dirige “Aniquilación” casi a modo de homenaje al cine B de terror de los años 80 y 90, con especial fijación en la obra de John Carpenter. Hay planos e iluminación similares a los que utilizaba el maestro, una música con sintetizadores que marca los ritmos y, sobre todo, un personaje como el de Adria Arjona, que parece ser la única que intuye que algo realmente grave está pasando. Celeste es una chica ruda e impresionante, capaz de enfrentarse a todo y a todos, muy en la línea de Snake Plissken (también termina con un ojo tapado), interpretado por Kurt Russell en “Escape de Nueva York”, o Nada, protagonizado por Roddy Piper en “They Live!”. La estructura narrativa también recuerda a cintas de Carpenter como “Asalto en el precinto 13” o “The Thing”: hechos que ocurren en zonas aisladas, personajes ordinarios que deben enfrentarse a un miedo que viene desde afuera y que es mucho más poderoso que ellos, lo que pone a prueba su calidad y capacidad humana. A esto se suma un componente de crítica social al poder, que “Aniquilación” marca con bastante claridad. De hecho, durante sus créditos iniciales, uno podría pensar que la película será mucho más contestataria y que avanzará con mayor fuerza en esa dirección. Sin embargo, esa mirada no termina de desarrollarse de manera demasiado sólida. Algo similar ocurre con sus personajes. La película no trabaja demasiado en su desarrollo y esa es, a mi juicio, su mayor falencia. Casi todos terminan sintiéndose demasiado superficiales y con una marcada tendencia hacia la caricatura, lo que hace difícil conectar realmente con ellos más allá de la acción y la supervivencia. “Aniquilación” es entretenida para quienes disfrutan este tipo de cintas de terror y acción, especialmente para los que tienen debilidad por el cine B y por la obra de Carpenter. Sin embargo, en ningún caso está al nivel de los grandes clásicos del director, a los que claramente busca homenajear. Además de Adria Arjona -también productora ejecutiva de la película- el reparto está compuesto por el luchador Alex Pereira, Michael Biehn (un clásico de este tipo de cintas), Dan Stevens, Erin Wareheim y Rebecca Hall, en un papel bastante desperdiciado como la esposa del científico alemán. En cines desde el 8 de octubre.
Con “Digger” , Tom Cruise deja los riesgos físicos por un momento y da un gran salto en materia de interpretación y temáticas cinematográficas. Y qué mejor que hacerlo de la mano del mexicano Alejandro González Iñárritu , un posmodernista que ha llevado cada vez más al límite su propuesta cinematográfica. Digger Rockwell (Cruise) es un excéntrico magnate petrolero que solo parece amar a su moribunda gata Maggie de ridículos 38 años. Sin mayores escrúpulos a la hora de manejar sus negocios, un importante desastre natural ocurre en una de sus explotaciones petroleras ubicadas en Groenlandia, una situación de la que ya había sido advertido y a la que decidió hacer caso omiso. El problema genera una catastrófica reacción en cadena que pone en peligro a la humanidad. Sin embargo, Digger cree poder solucionarlo todo, instalado en su infinito egocentrismo y tozudez, y apoyado por un frívolo y poco diligente Presidente de los Estados Unidos, interpretado por John Goodman. En la vereda opuesta de Digger se encuentra el Dr. Ganesh ( Riz Ahmed), científico ambientalista que trabaja como Jefe de Seguridad Ambiental del protagonista y que representa, en muchos sentidos, la antítesis del millonario. Ganesh no teme cuestionarlo ni exponerlo públicamente. Y hasta ahí es todo lo que deben saber de la trama. La idea es ir al cine a verla sin demasiada información, sin muchas ideas preconcebidas y sí, con los sentidos abiertos. Porque “Digger” tiene mucho por contar y no lo hace de manera fácil. Incluso, a ratos, puede parecer confusa. Probablemente sea de esas producciones que necesitan más de un visionado para encontrar todo lo que tienen para nosotros. Hay una fuerte crítica a la desconexión que tienen los gobernantes y las élites con las problemáticas reales. Nos habla de la falta de sensibilidad y del mundo hipócrita en el que vivimos, porque al resto de los mortales también nos toca un poco. Hay una gran escena, un monólogo de Digger -donde Cruise está espectacular- que resume, de cierta manera, todo esto. Con una elocuencia enorme y rodeado de una estética casi fantasmagórica, en una suerte de limbo, tribunal o sesión de las Naciones Unidas, la película nos enfrenta a una idea incómoda: todos somos, en alguna medida, parte de lo mismo. Y si bien mucho se critica, también poco se construye. Claramente, no es una película para el público masivo. No van a encontrar al Tom Cruise de Misión: Imposible o Top Gun, pero sí a un actor entregando una interpretación de primer nivel, donde muestra todo su potencial y en la que, por momentos, es casi imposible verlo a él. Y no está solo. John Goodman y Riz Ahmed también hacen lo suyo con performances fuera de serie, aportando a este particular universo construido por el realizador mexicano. Una propuesta visual que nos pone en primera fila Emmanuel Lubezki, fiel colaborador de González Iñárritu, en esta oportunidad opta por filmar en VistaVision y utiliza numerosos planos amplios, con una clara reminiscencia a Kubrick. De hecho, hay algo en la cinta que inevitablemente recuerda a Dr. Strangelove. Y no parece ser casual. Además del frecuente uso del gran angular, la propuesta visual nos hace sentir en primera fila de esta decadencia humana, de esta sátira, de este drama, de esta locura que es, nada más ni nada menos, un reflejo de la vida misma. La cinematografía está, además, predominada por tonos fríos y deslavados que refuerzan estas ideas y contribuyen a construir una atmósfera tan incómoda como particular. Hay tanto para decir y debatir sobre “Digger”, pero es mejor verla. Porque, además, es entretenida -o por lo menos a mí me lo pareció- aunque podría haber sido quizás un poco menos extensa. También es atrevida, y eso se agradece en el cine de grandes estudios. “Digger” es de esas películas que probablemente se amen o se odien. Y llega a las salas chilenas este 1 de octubre.
“Madre Siniestra” , título con el que llega a Latinoamérica la película Other Mommy (Otra mami), marca el regreso de Jessica Chastain al género del terror. Sin embargo, la traducción elegida para su estreno en español resulta poco adecuada, ya que pierde el sentido particular de esa “otra mamá” que da origen a la historia y que representa una presencia mucho más inquietante que la que sugiere el título en español. La pequeña Bela, de ocho años, vive incómoda en su propia casa, porque sabe que la relación de sus padres no está bien. Papá pasa mucho tiempo con ella y es cariñoso, mientras que mamá está demasiado tiempo fuera por trabajo, aunque la niña sospecha que hay algo más detrás de sus ausencias. Aprovechándose de esta vulnerabilidad, una entidad siniestra emerge del clóset de Bela bajo la forma de su propia madre. Por eso, la pequeña la llama la “otra mamá”, aunque esta presencia puede transformarse en lo que la niña necesite. En un comienzo, esta relación maternal paranormal parece acomodarle a Bela, pero, a medida que la entidad se vuelve más intensa y revela su verdadera intención -poseerla- la situación comienza a cambiar. La película, a cargo de Rob Savage, ha recibido malas críticas, pero a nosotros nos pareció entretenida y sumamente ágil. Aunque está lejos de ser una cinta de terror memorable, se agradece su ritmo y la decisión de revelar tempranamente la existencia de la entidad a los protagonistas y a su entorno. También resulta interesante el atrevimiento de mostrarla a plena luz del día y en público, alejándose de algunos de los recursos más habituales del género. Sin embargo, no se pueden ignorar sus inconsistencias de guion y cuánto bebe de otras películas de terror. Es imposible no recordar títulos como It, Poltergeist o Chucky, por mencionar algunos, mientras avanza el metraje. Las actuaciones de Jessica Chastain como estas dos madres y de la pequeña que da vida a Bela, Arabella Olivia Clark, son realmente destacables, y si, probablemente merecían un mejor desarrollo de personaje. “Madre Siniestra”, además de funcionar como una cinta de terror paranormal, se desarrolla como un drama familiar que deja entrever los sentimientos, las dudas y los conflictos que puede experimentar una mujer en torno a la maternidad. La película ya está disponible en los cines del país.
A veces una separación puede cambiarlo todo. Para Marta, protagonista de “Tres adioses”, la nueva película de Isabel Coixet, el quiebre de una relación marcará el comienzo de un romance mucho más profundo. La cinta está basada en el libro Tres cuencos, que la escritora italiana Michela Murgia publicó en 2023 poco antes de morir. La obra reúne relatos sobre pérdidas y transformación y está atravesada por la experiencia de la propia autora, quien padeció un cáncer terminal. El largometraje sigue la vida de Marta ( Alba Rohrwacher), una profesora de educación física de un colegio de Roma que tiene una relación desde hace siete años con Antonio ( Elio Germano), un chef dueño de un restaurante que cada vez se hace más conocido. Cierto día, la pareja, que está pasando por una crisis, tiene una discusión por temas triviales y Antonio decide abandonar el hogar, porque necesita un tiempo. El quiebre deja a Marta sumida en una profunda depresión. A esto se suman algunos malestares estomacales. Por insistencia de su hermana Elisa ( Silvia D’Amico) acude a una gastroenteróloga. El diagnóstico que recibe cambia por completo su situación: tiene un cáncer en estado muy avanzado, cuyas metástasis solo pueden ser contenidas y, en el mejor de los casos, reducidas con medicamentos. Antes de enfermarse, Marta creía que su vida no tenía sentido sin Antonio, pero cuando comienza con el tratamiento no tiene tiempo para pensar en él y comprende que afuera hay un mundo por descubrir y que vale la pena disfrutar la vida, incluso en aquellos momentos en que no todo sale bien. Antonio se entera del diagnóstico de su ex y le pide que retomen su relación. Marta, sin dudarlo, le dice que prefiere que cada uno siga su camino, porque no quiere morir con la duda de si se queda a su lado, porque la ama o porque está enferma. Pero no se cierra al amor, al contrario, se da la oportunidad de conocer a alguien en los últimos días de su vida. De esta forma, honra sus deseos y le muestra a sus cercanos que no hay que permitir que el miedo nos detenga. Alba Rohrwacher realiza una excelente actuación. Transmite muy bien cada una de las emociones que experimenta la protagonista durante la ruptura con Antonio y en su tratamiento contra el cáncer. A partir de esta historia, la directora española aborda nuevamente algunos de los temas de su filmografía, como la fragilidad de los vínculos, el amor, la muerte y las transformaciones que ocurren cuando una experiencia límite obliga a mirar la vida desde otra perspectiva. La película fue rodada íntegramente en Italia, país de origen de Murgia, y mantiene un vínculo estrecho con la escritora y su obra. En ese sentido, Tres adioses no solo adapta una historia marcada por la enfermedad, sino que también recoge una reflexión sobre cómo se aprende a vivir cuando el final ya está escrito. Si bien la cinta recuerda lo frágil que es la vida, transmite un mensaje esperanzador: que hay que aprovechar el tiempo realizando aquello que nos hace felices y no desperdiciarlo sufriendo por lo que no pudo ser. “Tres adioses” se exhibe en cines chilenos desde este jueves 8 de octubre.
Confieso algo antes de comenzar: fui a ver este live action sin saber absolutamente nada de Blue Lock. No conocía el manga, no había visto el animé y apenas sabía que se trataba de una historia de fútbol. Por eso, durante sus primeros minutos, la película me desconcertó bastante. La premisa tampoco es precisamente convencional. Después de una decepcionante participación de Japón en el Mundial, se crea un proyecto llamado Blue Lock, una especie de prisión o centro de entrenamiento donde son encerrados 300 jóvenes delanteros. El objetivo es encontrar al futbolista capaz de convertirse en el gran goleador de la selección japonesa. El problema es que solamente uno podrá sobrevivir hasta el final y quienes sean eliminados perderán para siempre la posibilidad de representar a Japón. Sí, básicamente estamos ante una especie de Battle Royale futbolístico. Y ahí está justamente lo que más me sorprendió. Porque a medida que la historia avanza, esa premisa que inicialmente me parecía bastante absurda comenzó a funcionar. La película se concentra especialmente en el Equipo Z, el grupo que reúne a varios de los jugadores que parten en una posición aparentemente desventajosa. Entre ellos está Yoichi Isagi, interpretado por Fumiya Takahashi, junto a personajes como Meguru Bachira, Hyoma Chigiri y Rensuke Kunigami. Lo interesante es ver cómo estos personajes, que al comienzo prácticamente no saben cómo funcionar juntos, empiezan a descubrir sus propias habilidades y también la manera de enfrentarse a sus rivales. Porque Blue Lock no parece estar demasiado interesada en la idea tradicional del fútbol como deporte colectivo: acá importa el ego, la individualidad y descubrir qué puede hacer cada jugador cuando está bajo presión. Y eso también se refleja directamente en la puesta en escena. Visualmente, Blue Lock es prácticamente un animé interpretado por personas reales. Hay cámaras lentas, planos imposibles, efectos visuales, exageraciones físicas y reacciones que probablemente resulten completamente naturales para quienes conocen la obra original, pero que para alguien que llega desde cero pueden ser bastante desconcertantes. Aun así, después de un rato terminé entrando en su lógica y entendiendo que esa exageración es parte fundamental de su identidad. La película está dirigida por Yusuke Taki y cuenta con un reparto bastante numeroso, incluyendo a Kyohei Takahashi como Chigiri, Kota Nomura como Kunigami, K como Nagi, Keito Tsuna como Reo y Masataka Kubota como Jinpachi Ego, la mente detrás del proyecto Blue Lock. El exfutbolista japonés Daisuke Matsui estuvo a cargo de la supervisión futbolística. No puedo decir si estamos frente a una adaptación fiel del manga o del animé, porque, como ya dije, llegué completamente ignorante a la película. Pero sí puedo decir que me entretuvo y me dejó intrigado por saber el destino del Equipo Z. Y aunque esta primera película apenas abre las puertas de Blue Lock, todo apunta a que la historia todavía tiene mucho por contar. Ya está en cines chilenos.
Adria Arjona se convierte en Celeste , una exsoldado del ejército, francotiradora, malhumorada y fanática de las armas en “Aniquilación” . Ella vive en un desierto, donde trabaja como gerenta de una zona de trailers habitada por diversos personajes que, al igual que ella, viven al día y se encuentran un tanto marginados de la sociedad. Cuando el padre de su tierna y bien portada pequeña hija llega a dejársela por el fin de semana sin previo aviso y le anuncia que pronto se irá a vivir lejos con ella y su nueva esposa, el mal humor de Celeste estalla. Sin embargo, pronto tendrá un nuevo y mucho más grande dolor de cabeza. La irrupción nocturna en la zona de trailers de unos supersoldados, creados a partir de excombatientes modificados mediante cirugías y reprogramación mental por una división secreta del Gobierno, de la mano de un delirante y caricaturesco científico alemán, llevará a Celeste y sus vecinos a vivir una noche en el infierno, tratando de sobrevivir a como dé lugar y, además, proteger a su pequeña hija, quien ha vivido una vida muy alejada de los horrores de una guerra. Adam Wingard (“Godzilla vs. Kong”, “La bruja de Blair” 2016) dirige “Aniquilación” casi a modo de homenaje al cine B de terror de los años 80 y 90, con especial fijación en la obra de John Carpenter. Hay planos e iluminación similares a los que utilizaba el maestro, una música con sintetizadores que marca los ritmos y, sobre todo, un personaje como el de Adria Arjona, que parece ser la única que intuye que algo realmente grave está pasando. Celeste es una chica ruda e impresionante, capaz de enfrentarse a todo y a todos, muy en la línea de Snake Plissken (también termina con un ojo tapado), interpretado por Kurt Russell en “Escape de Nueva York”, o Nada, protagonizado por Roddy Piper en “They Live!”. La estructura narrativa también recuerda a cintas de Carpenter como “Asalto en el precinto 13” o “The Thing”: hechos que ocurren en zonas aisladas, personajes ordinarios que deben enfrentarse a un miedo que viene desde afuera y que es mucho más poderoso que ellos, lo que pone a prueba su calidad y capacidad humana. A esto se suma un componente de crítica social al poder, que “Aniquilación” marca con bastante claridad. De hecho, durante sus créditos iniciales, uno podría pensar que la película será mucho más contestataria y que avanzará con mayor fuerza en esa dirección. Sin embargo, esa mirada no termina de desarrollarse de manera demasiado sólida. Algo similar ocurre con sus personajes. La película no trabaja demasiado en su desarrollo y esa es, a mi juicio, su mayor falencia. Casi todos terminan sintiéndose demasiado superficiales y con una marcada tendencia hacia la caricatura, lo que hace difícil conectar realmente con ellos más allá de la acción y la supervivencia. “Aniquilación” es entretenida para quienes disfrutan este tipo de cintas de terror y acción, especialmente para los que tienen debilidad por el cine B y por la obra de Carpenter. Sin embargo, en ningún caso está al nivel de los grandes clásicos del director, a los que claramente busca homenajear. Además de Adria Arjona -también productora ejecutiva de la película- el reparto está compuesto por el luchador Alex Pereira, Michael Biehn (un clásico de este tipo de cintas), Dan Stevens, Erin Wareheim y Rebecca Hall, en un papel bastante desperdiciado como la esposa del científico alemán. En cines desde el 8 de octubre.
Con “Digger” , Tom Cruise deja los riesgos físicos por un momento y da un gran salto en materia de interpretación y temáticas cinematográficas. Y qué mejor que hacerlo de la mano del mexicano Alejandro González Iñárritu , un posmodernista que ha llevado cada vez más al límite su propuesta cinematográfica. Digger Rockwell (Cruise) es un excéntrico magnate petrolero que solo parece amar a su moribunda gata Maggie de ridículos 38 años. Sin mayores escrúpulos a la hora de manejar sus negocios, un importante desastre natural ocurre en una de sus explotaciones petroleras ubicadas en Groenlandia, una situación de la que ya había sido advertido y a la que decidió hacer caso omiso. El problema genera una catastrófica reacción en cadena que pone en peligro a la humanidad. Sin embargo, Digger cree poder solucionarlo todo, instalado en su infinito egocentrismo y tozudez, y apoyado por un frívolo y poco diligente Presidente de los Estados Unidos, interpretado por John Goodman. En la vereda opuesta de Digger se encuentra el Dr. Ganesh ( Riz Ahmed), científico ambientalista que trabaja como Jefe de Seguridad Ambiental del protagonista y que representa, en muchos sentidos, la antítesis del millonario. Ganesh no teme cuestionarlo ni exponerlo públicamente. Y hasta ahí es todo lo que deben saber de la trama. La idea es ir al cine a verla sin demasiada información, sin muchas ideas preconcebidas y sí, con los sentidos abiertos. Porque “Digger” tiene mucho por contar y no lo hace de manera fácil. Incluso, a ratos, puede parecer confusa. Probablemente sea de esas producciones que necesitan más de un visionado para encontrar todo lo que tienen para nosotros. Hay una fuerte crítica a la desconexión que tienen los gobernantes y las élites con las problemáticas reales. Nos habla de la falta de sensibilidad y del mundo hipócrita en el que vivimos, porque al resto de los mortales también nos toca un poco. Hay una gran escena, un monólogo de Digger -donde Cruise está espectacular- que resume, de cierta manera, todo esto. Con una elocuencia enorme y rodeado de una estética casi fantasmagórica, en una suerte de limbo, tribunal o sesión de las Naciones Unidas, la película nos enfrenta a una idea incómoda: todos somos, en alguna medida, parte de lo mismo. Y si bien mucho se critica, también poco se construye. Claramente, no es una película para el público masivo. No van a encontrar al Tom Cruise de Misión: Imposible o Top Gun, pero sí a un actor entregando una interpretación de primer nivel, donde muestra todo su potencial y en la que, por momentos, es casi imposible verlo a él. Y no está solo. John Goodman y Riz Ahmed también hacen lo suyo con performances fuera de serie, aportando a este particular universo construido por el realizador mexicano. Una propuesta visual que nos pone en primera fila Emmanuel Lubezki, fiel colaborador de González Iñárritu, en esta oportunidad opta por filmar en VistaVision y utiliza numerosos planos amplios, con una clara reminiscencia a Kubrick. De hecho, hay algo en la cinta que inevitablemente recuerda a Dr. Strangelove. Y no parece ser casual. Además del frecuente uso del gran angular, la propuesta visual nos hace sentir en primera fila de esta decadencia humana, de esta sátira, de este drama, de esta locura que es, nada más ni nada menos, un reflejo de la vida misma. La cinematografía está, además, predominada por tonos fríos y deslavados que refuerzan estas ideas y contribuyen a construir una atmósfera tan incómoda como particular. Hay tanto para decir y debatir sobre “Digger”, pero es mejor verla. Porque, además, es entretenida -o por lo menos a mí me lo pareció- aunque podría haber sido quizás un poco menos extensa. También es atrevida, y eso se agradece en el cine de grandes estudios. “Digger” es de esas películas que probablemente se amen o se odien. Y llega a las salas chilenas este 1 de octubre.