El solo hecho de que en el tráiler final deEl Día de la Revelación su director y productor, Steven Spielberg, aparezca en pantalla afirmando que esta no es una película de ficción, ya dice mucho sobre la propuesta que busca plantear. Una decisión atrevida en tiempos en que el Gobierno de Estados Unidos ha reconocido públicamente la existencia de fenómenos UAP (Unidentified Anomalous Phenomena), el nuevo término utilizado para referirse a los antiguos OVNIs. ¿Coincidencia? ¿Buen timing? Cada espectador sacará sus propias conclusiones. Lo cierto es que Spielberg entrega aquí su mejor trabajo en años. Una película ambiciosa, fascinante y llena de capas que probablemente requiera más de un visionado para apreciar todo lo que tiene que ofrecer. La historia, escrita por David Koepp, comienza de forma frenética y deliberadamente confusa. Sin embargo, poco a poco cada pieza encuentra su lugar. Las distintas líneas narrativas terminan convergiendo con precisión, revelando una historia mucho más grande de lo que parecía en un comienzo. David Kellner ( Josh O'Connor) es un experto en computación y ciberseguridad que trabaja para una importante empresa privada vinculada a una división del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Pronto descubre que la información que manejan no pertenece a una corporación ni a un gobierno, sino a toda la humanidad. Por ello decide unirse a un grupo de desertores que pretende revelar todas las pruebas audiovisuales existentes sobre la presencia de seres extraterrestres en la Tierra. Mientras intenta difundir la verdad, es perseguido por sus antiguos colegas, liderados por su jefe Noah Scanlon ( Colin Firth), quien busca impedir que salga a la luz un secreto oculto durante décadas y que ha permitido el uso indebido de conocimientos, tecnologías y tratamientos obtenidos de manera cuestionable. En una línea paralela encontramos a Margaret Fairchild ( Emily Blunt), una presentadora meteorológica de un canal local cuya vida cambia radicalmente tras un misterioso encuentro con un pájaro cardenal. A partir de ese momento comienza a experimentar fenómenos inexplicables, como hablar distintos idiomas, conocer los dolores y secretos de quienes la rodean y desarrollar la convicción de que debe encontrar a David (a quien no conoce) y ayudarlo a cumplir su misión. Pero más allá de su trama, El Día de la Revelación funciona como una reflexión sobre la humanidad misma. Spielberg utiliza la ciencia ficción para hablar de la soledad, de nuestro lugar en el universo, de la necesidad de unirnos como especie y de la importancia de enfrentar el miedo ante lo desconocido. Es una obra donde la ciencia y la espiritualidad parecen encontrarse en un mismo punto, construyendo una mezcla fascinante de verdad, fe y misticismo. Resulta inevitable recordar Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Si en 1977 Spielberg nos sugería que había algo más allá en los cielos y que solo unos pocos podían verlo, ahora parece afirmar que están aquí, y que han estado aquí desde hace muchas décadas. Técnicamente, la película es impecable. La fotografía, los efectos visuales y especialmente la música contribuyen a crear una experiencia inmersiva y profundamente emotiva. La banda sonora vuelve a estar a cargo de John Williams, quien a sus 95 años demuestra una vez más por qué es una leyenda viva. Las actuaciones también elevan el resultado final. Emily Blunt construye con sensibilidad el viaje de una mujer que pasa de la superficialidad televisiva a convertirse en una pieza clave dentro de un cambio mucho más grande que ella misma. Josh O'Connor aporta vulnerabilidad y convicción a un personaje dispuesto a sacrificarlo todo por una verdad superior. Por su parte, Colin Firth y Colman Domingo funcionan como fuerzas opuestas dentro del relato, uno representa el conflicto y el control; el otro, la comprensión y la esperanza. El Día de la Revelación llega a los cines chilenos este 11 de junio y se convierte en mucho más que un espectacular thriller de ciencia ficción. Es una experiencia emocionante, profundamente humana y cargada de significado. Una obra que invita a reflexionar y cuya interpretación probablemente será distinta para cada espectador. La pregunta final queda instalada: ¿estamos realmente preparados para conocer la verdad?
El irlandés John Carney, director de la aclamada Sing Street, llega a la cartelera nacional con una comedia cargada de sentimentalismo, música y un pegajoso himno pop, además de contar con dos grandes estrellas: Paul Rudd y Nick Jonas. Rick Power (Rudd) es el vocalista de una banda que anima matrimonios. Su sueño de convertirse en una estrella de rock quedó atrás cuando decidió formar una familia en Irlanda. Sin embargo, durante una presentación, comparte escenario de manera improvisada con Danny Wilson (Jonas), una de las figuras más importantes del mundo de las boy bands, quien asiste como invitado a una boda. La conexión entre ambos es inmediata. Danny invita a Rick a conocer el estudio improvisado que tiene montado en el hotel y pronto comienzan a conversar sobre música, composición y los desafíos de vivir del arte. Entre melodías, letras e ideas compartidas, nace una inesperada amistad. Tiempo después, y tras una enorme expectación mediática, Danny lanza su esperado álbum solista. El primer sencillo se convierte rápidamente en un éxito mundial gracias a una potente balada que lo lleva a la cima de los rankings. Pero cuando Rick escucha la canción, reconoce de inmediato el coro y gran parte de la base musical, pues son ideas que él mismo le compartió aquella noche en el hotel. El problema es que nadie le cree. Ni siquiera su familia está convencida de que la canción nació de sus composiciones. Y Danny, ahora convertido en una superestrella internacional, no parece tener ninguna intención de compartir los créditos. Letras Robadas -cuyo título original, Power Ballad, resulta quizás más representativo de la historia- es una película entretenida de principio a fin. Aunque no posee un guion extraordinario, sabe conectar emocionalmente con el espectador gracias a la música y a la relación entre estos dos hombres que, en muchos aspectos, funcionan como reflejos el uno del otro. Uno representa aquello que el otro soñó ser; el otro encarna justamente aquello en lo que no quiere convertirse. La cinta también propone una interesante reflexión sobre el poder de la música y la fragilidad de una carrera artística. Un día se puede estar en la cima y al siguiente enfrentar el olvido. Asimismo, explora cómo la ambición, el deseo de reconocimiento y el miedo al fracaso pueden nublar el juicio, llevar a tomar malas decisiones y hacer que incluso los principios más básicos queden en segundo plano. El amor, la amistad y la importancia de mantenerse fiel a uno mismo también tienen un lugar relevante en esta historia que, además de arrancar varias sonrisas, busca dejar una reflexión en el espectador, tal como suele ocurrir en las películas de John Carney. Letras Robadas llega a los cines chilenos desde el 4 de junio.
Con Amarga Navidad, el director español Pedro Almodóvar vuelve a construir una película íntima, melancólica y profundamente autoral. La cinta sigue a Elsa ( Bárbara Lennie), una exdirectora de cine que actualmente trabaja en publicidad y que atraviesa una compleja crisis emocional tras la muerte reciente de su madre. Durante un feriado de fin de año, sufre un ataque de ansiedad y termina en urgencias acompañada por su pareja, Beau (o Bonifacio), interpretado por Patrick Criado. Buscando escapar de Madrid y del dolor que la consume, Elsa decide viajar a Lanzarote junto a su amiga Patricia (Victoria Luengo), quien también necesita desconectarse de su rutina y de su marido, quien podría estar engañándola. Lo que comienza como un drama emocional sobre el duelo y la fragilidad, poco a poco se transforma en otra cosa: una reflexión sobre el cine, la memoria y el acto creativo. Es ahí donde Amarga Navidad encuentra su giro más interesante. De manera inesperada, descubrimos que la historia de Elsa en realidad forma parte del guion que está escribiendo Raúl, un reconocido director encarnado por Leonardo Sbaraglia. Raúl no puede dejar de crear, pero también siente que se está repitiendo constantemente en sus temas y obsesiones. Es imposible no ver en él una representación del propio Almodóvar, algo que el cineasta ya había explorado anteriormente en Dolor y Gloria, donde Antonio Banderas interpretaba un alter ego claramente inspirado en el realizador manchego. A través de un interesante montaje paralelo entre la ficción escrita por Raúl y la vida del propio director, la película va revelando heridas, recuerdos y emociones que dialogan constantemente entre sí. El resultado es un filme casi metacinematográfico, donde el límite entre autor y personaje se vuelve difuso. El elenco funciona de gran manera. Además de Lennie, Sbaraglia y Luengo, destacan las interpretaciones de Milena Smit, Rossy de Palma y Carmen Machi, estas dos últimas actrices emblemáticas dentro del universo almodovariano, quienes aportan humanidad, humor y ternura a personajes secundarios muy entrañables. Eso sí, Amarga Navidad exige paciencia. Durante su primera mitad, la película puede sentirse algo desconcertante y dispersa, como si no estuviera claro hacia dónde quiere llevarnos Almodóvar. Sin embargo, a medida que las piezas comienzan a encajar, el relato adquiere sentido y fuerza emocional. Aunque en su tramo final y especialmente en el epílogo la cinta se extiende más de la cuenta y pierde algo de ritmo, nunca deja de sentirse como una obra hecha por un autor con una mirada muy personal. Visualmente, la película está bellamente filmada. Las locaciones en Lanzarote aportan una atmósfera melancólica y contemplativa que acompaña perfectamente el tono del relato. Y quizás lo más valioso de Amarga Navidad es justamente eso: su amor por el acto de crear. Es una película sobre personas rotas que encuentran refugio en el arte, en las historias y en la necesidad casi compulsiva de escribir, filmar y transformar el dolor en ficción. Puede que no sea una de las mejores películas de Almodóvar, pero sí es una obra honesta, original y profundamente humana. Una cinta que, especialmente para quienes aman el cine, deja una sensación muy particular: las ganas de sentarse frente a una hoja en blanco y comenzar a crear. La cinta ya se encuentra en cines del país.
Este reconocido creepypasta llegó a la pantalla grande de la mano del joven realizador y creador de la serie de YouTube del mismo nombre, Kane Parsons, que a su vez se basó en pertubadoras fotografías virales de espacios liminales solitarios. Se trata de una película que funciona más como una experiencia, donde las sensaciones que provoca lo son todo. Lejos de los clichés del terror, la sangre por doquier y los previsibles jumpscares, estamos ante una producción atmosférica que invita a mirar hacia adentro, a rincones que no todos se atreven a explorar, donde el miedo no vive necesariamente en la oscuridad, sino en rincones profundamente perturbadores. Clark ( Chiwetel Ejiofor) es un hombre de mediana edad, separado, arquitecto frustrado y dueño de un negocio de muebles en decadencia ubicado en un gran galpón de dos pisos, donde también vive. Él asiste a terapia con Mary ( Renate Reinsve), una profesional que, por su parte, sigue lidiando con traumas de infancia. Cuando Clark descubre accidentalmente un portal -una pared de su negocio que lo conduce a otro lugar, a otra dimensión similar y a la vez anómala de su propio espacio- se adentra en un entorno que primero le provoca curiosidad, pero que pronto se transforma en obsesión. Cada visita lo lleva a descubrir nuevos rincones que lo atraen y al mismo tiempo lo aterrorizan. Un laberinto en el que se encuentra cada vez más perdido, tanto física como mentalmente. Mary, intrigada por su paciente y por lo que él le cuenta sobre estos espacios, también termina introduciéndose en este extraño universo, viviendo su propia pesadilla dentro de él. Parsons se luce con esta, su primera película. Esta producción de A24 sabe mantener tenso, perturbado e involucrado al espectador. Su ambientación casi minimalista, la iluminación precisa según las necesidades de cada habitación, el uso del sonido y del silencio, junto a las excelentes actuaciones de Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve -ambos actores nominados al Oscar- convierten a esta cinta en una experiencia que cada espectador puede completar en su propia cabeza, donde la anticipación del miedo parece esconderse en cada rincón y espacio. “Backrooms” parece tremendamente inconexa y, al mismo tiempo, llena de sentido, aunque suene contradictorio. Hay que leer entre líneas, mientras la historia también sugiere una conspiración detrás de todo esto: una especie de experimento que intenta probarnos y confundirnos. En fin, lo mejor es ir a verla e intentar procesar esta película por cuenta propia. En cines chilenos desde este 28 de mayo.
Fuze -titulada en Latinoamérica como “Zona de Riesgo” - es una cinta que mantiene el interés de principio a fin, en una historia donde nadie sabe para quien trabaja. Se trata de un thriller que maneja muy bien la tensión. Todo comienza cuando una bomba enterrada, supuestamente desde la Segunda Guerra Mundial, es encontrada en una construcción en pleno centro de Londres. El hallazgo desata el caos, la zona debe ser evacuada y un equipo militar especializado intenta desactivar el explosivo sin provocar una tragedia mayor. Paralelamente, un grupo de ladrones muy organizados aprovecha la evacuación para permanecer ocultos en el área y poner en marcha un preciso plan que les permitirá realizar un atraco millonario a un banco. La película funciona como un thriller coral que presenta distintos focos de atención alrededor de un mismo hecho. Cada personaje tiene una relación particular con lo que ocurre y no todos son completamente honestos sobre sus verdaderas intenciones, lo que genera constantes sospechas y cambios de perspectiva. Es una producción que busca entretener antes que reinventar el género, pero sabe mover bien sus piezas. Tiene varios giros narrativos -algunos más efectivos que otros- y logra sostener la tensión gracias a un montaje dinámico y a un ritmo que rara vez decae. Si bien el guion no resulta especialmente brillante ni profundiza demasiado en sus personajes, la película compensa con buenas secuencias de acción, un manejo efectivo de la intriga y una sensación constante de peligro. También destaca su elenco, encabezado por Aaron Taylor-Johnson (Bullet Train), Theo James (The White Lotus), Sam Worthington (Avatar), Gugu Mbatha-Raw (Surface) y Elham Ehsas (Homeland), quienes aportan solidez a una historia marcada por las traiciones, la tensión y los dobles juegos. Dirigida por David Mackenzie, Zona de Riesgo llega a cines chilenos este 28 de mayo.
El solo hecho de que en el tráiler final deEl Día de la Revelación su director y productor, Steven Spielberg, aparezca en pantalla afirmando que esta no es una película de ficción, ya dice mucho sobre la propuesta que busca plantear. Una decisión atrevida en tiempos en que el Gobierno de Estados Unidos ha reconocido públicamente la existencia de fenómenos UAP (Unidentified Anomalous Phenomena), el nuevo término utilizado para referirse a los antiguos OVNIs. ¿Coincidencia? ¿Buen timing? Cada espectador sacará sus propias conclusiones. Lo cierto es que Spielberg entrega aquí su mejor trabajo en años. Una película ambiciosa, fascinante y llena de capas que probablemente requiera más de un visionado para apreciar todo lo que tiene que ofrecer. La historia, escrita por David Koepp, comienza de forma frenética y deliberadamente confusa. Sin embargo, poco a poco cada pieza encuentra su lugar. Las distintas líneas narrativas terminan convergiendo con precisión, revelando una historia mucho más grande de lo que parecía en un comienzo. David Kellner ( Josh O'Connor) es un experto en computación y ciberseguridad que trabaja para una importante empresa privada vinculada a una división del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Pronto descubre que la información que manejan no pertenece a una corporación ni a un gobierno, sino a toda la humanidad. Por ello decide unirse a un grupo de desertores que pretende revelar todas las pruebas audiovisuales existentes sobre la presencia de seres extraterrestres en la Tierra. Mientras intenta difundir la verdad, es perseguido por sus antiguos colegas, liderados por su jefe Noah Scanlon ( Colin Firth), quien busca impedir que salga a la luz un secreto oculto durante décadas y que ha permitido el uso indebido de conocimientos, tecnologías y tratamientos obtenidos de manera cuestionable. En una línea paralela encontramos a Margaret Fairchild ( Emily Blunt), una presentadora meteorológica de un canal local cuya vida cambia radicalmente tras un misterioso encuentro con un pájaro cardenal. A partir de ese momento comienza a experimentar fenómenos inexplicables, como hablar distintos idiomas, conocer los dolores y secretos de quienes la rodean y desarrollar la convicción de que debe encontrar a David (a quien no conoce) y ayudarlo a cumplir su misión. Pero más allá de su trama, El Día de la Revelación funciona como una reflexión sobre la humanidad misma. Spielberg utiliza la ciencia ficción para hablar de la soledad, de nuestro lugar en el universo, de la necesidad de unirnos como especie y de la importancia de enfrentar el miedo ante lo desconocido. Es una obra donde la ciencia y la espiritualidad parecen encontrarse en un mismo punto, construyendo una mezcla fascinante de verdad, fe y misticismo. Resulta inevitable recordar Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Si en 1977 Spielberg nos sugería que había algo más allá en los cielos y que solo unos pocos podían verlo, ahora parece afirmar que están aquí, y que han estado aquí desde hace muchas décadas. Técnicamente, la película es impecable. La fotografía, los efectos visuales y especialmente la música contribuyen a crear una experiencia inmersiva y profundamente emotiva. La banda sonora vuelve a estar a cargo de John Williams, quien a sus 95 años demuestra una vez más por qué es una leyenda viva. Las actuaciones también elevan el resultado final. Emily Blunt construye con sensibilidad el viaje de una mujer que pasa de la superficialidad televisiva a convertirse en una pieza clave dentro de un cambio mucho más grande que ella misma. Josh O'Connor aporta vulnerabilidad y convicción a un personaje dispuesto a sacrificarlo todo por una verdad superior. Por su parte, Colin Firth y Colman Domingo funcionan como fuerzas opuestas dentro del relato, uno representa el conflicto y el control; el otro, la comprensión y la esperanza. El Día de la Revelación llega a los cines chilenos este 11 de junio y se convierte en mucho más que un espectacular thriller de ciencia ficción. Es una experiencia emocionante, profundamente humana y cargada de significado. Una obra que invita a reflexionar y cuya interpretación probablemente será distinta para cada espectador. La pregunta final queda instalada: ¿estamos realmente preparados para conocer la verdad?
El irlandés John Carney, director de la aclamada Sing Street, llega a la cartelera nacional con una comedia cargada de sentimentalismo, música y un pegajoso himno pop, además de contar con dos grandes estrellas: Paul Rudd y Nick Jonas. Rick Power (Rudd) es el vocalista de una banda que anima matrimonios. Su sueño de convertirse en una estrella de rock quedó atrás cuando decidió formar una familia en Irlanda. Sin embargo, durante una presentación, comparte escenario de manera improvisada con Danny Wilson (Jonas), una de las figuras más importantes del mundo de las boy bands, quien asiste como invitado a una boda. La conexión entre ambos es inmediata. Danny invita a Rick a conocer el estudio improvisado que tiene montado en el hotel y pronto comienzan a conversar sobre música, composición y los desafíos de vivir del arte. Entre melodías, letras e ideas compartidas, nace una inesperada amistad. Tiempo después, y tras una enorme expectación mediática, Danny lanza su esperado álbum solista. El primer sencillo se convierte rápidamente en un éxito mundial gracias a una potente balada que lo lleva a la cima de los rankings. Pero cuando Rick escucha la canción, reconoce de inmediato el coro y gran parte de la base musical, pues son ideas que él mismo le compartió aquella noche en el hotel. El problema es que nadie le cree. Ni siquiera su familia está convencida de que la canción nació de sus composiciones. Y Danny, ahora convertido en una superestrella internacional, no parece tener ninguna intención de compartir los créditos. Letras Robadas -cuyo título original, Power Ballad, resulta quizás más representativo de la historia- es una película entretenida de principio a fin. Aunque no posee un guion extraordinario, sabe conectar emocionalmente con el espectador gracias a la música y a la relación entre estos dos hombres que, en muchos aspectos, funcionan como reflejos el uno del otro. Uno representa aquello que el otro soñó ser; el otro encarna justamente aquello en lo que no quiere convertirse. La cinta también propone una interesante reflexión sobre el poder de la música y la fragilidad de una carrera artística. Un día se puede estar en la cima y al siguiente enfrentar el olvido. Asimismo, explora cómo la ambición, el deseo de reconocimiento y el miedo al fracaso pueden nublar el juicio, llevar a tomar malas decisiones y hacer que incluso los principios más básicos queden en segundo plano. El amor, la amistad y la importancia de mantenerse fiel a uno mismo también tienen un lugar relevante en esta historia que, además de arrancar varias sonrisas, busca dejar una reflexión en el espectador, tal como suele ocurrir en las películas de John Carney. Letras Robadas llega a los cines chilenos desde el 4 de junio.
Con Amarga Navidad, el director español Pedro Almodóvar vuelve a construir una película íntima, melancólica y profundamente autoral. La cinta sigue a Elsa ( Bárbara Lennie), una exdirectora de cine que actualmente trabaja en publicidad y que atraviesa una compleja crisis emocional tras la muerte reciente de su madre. Durante un feriado de fin de año, sufre un ataque de ansiedad y termina en urgencias acompañada por su pareja, Beau (o Bonifacio), interpretado por Patrick Criado. Buscando escapar de Madrid y del dolor que la consume, Elsa decide viajar a Lanzarote junto a su amiga Patricia (Victoria Luengo), quien también necesita desconectarse de su rutina y de su marido, quien podría estar engañándola. Lo que comienza como un drama emocional sobre el duelo y la fragilidad, poco a poco se transforma en otra cosa: una reflexión sobre el cine, la memoria y el acto creativo. Es ahí donde Amarga Navidad encuentra su giro más interesante. De manera inesperada, descubrimos que la historia de Elsa en realidad forma parte del guion que está escribiendo Raúl, un reconocido director encarnado por Leonardo Sbaraglia. Raúl no puede dejar de crear, pero también siente que se está repitiendo constantemente en sus temas y obsesiones. Es imposible no ver en él una representación del propio Almodóvar, algo que el cineasta ya había explorado anteriormente en Dolor y Gloria, donde Antonio Banderas interpretaba un alter ego claramente inspirado en el realizador manchego. A través de un interesante montaje paralelo entre la ficción escrita por Raúl y la vida del propio director, la película va revelando heridas, recuerdos y emociones que dialogan constantemente entre sí. El resultado es un filme casi metacinematográfico, donde el límite entre autor y personaje se vuelve difuso. El elenco funciona de gran manera. Además de Lennie, Sbaraglia y Luengo, destacan las interpretaciones de Milena Smit, Rossy de Palma y Carmen Machi, estas dos últimas actrices emblemáticas dentro del universo almodovariano, quienes aportan humanidad, humor y ternura a personajes secundarios muy entrañables. Eso sí, Amarga Navidad exige paciencia. Durante su primera mitad, la película puede sentirse algo desconcertante y dispersa, como si no estuviera claro hacia dónde quiere llevarnos Almodóvar. Sin embargo, a medida que las piezas comienzan a encajar, el relato adquiere sentido y fuerza emocional. Aunque en su tramo final y especialmente en el epílogo la cinta se extiende más de la cuenta y pierde algo de ritmo, nunca deja de sentirse como una obra hecha por un autor con una mirada muy personal. Visualmente, la película está bellamente filmada. Las locaciones en Lanzarote aportan una atmósfera melancólica y contemplativa que acompaña perfectamente el tono del relato. Y quizás lo más valioso de Amarga Navidad es justamente eso: su amor por el acto de crear. Es una película sobre personas rotas que encuentran refugio en el arte, en las historias y en la necesidad casi compulsiva de escribir, filmar y transformar el dolor en ficción. Puede que no sea una de las mejores películas de Almodóvar, pero sí es una obra honesta, original y profundamente humana. Una cinta que, especialmente para quienes aman el cine, deja una sensación muy particular: las ganas de sentarse frente a una hoja en blanco y comenzar a crear. La cinta ya se encuentra en cines del país.
Este reconocido creepypasta llegó a la pantalla grande de la mano del joven realizador y creador de la serie de YouTube del mismo nombre, Kane Parsons, que a su vez se basó en pertubadoras fotografías virales de espacios liminales solitarios. Se trata de una película que funciona más como una experiencia, donde las sensaciones que provoca lo son todo. Lejos de los clichés del terror, la sangre por doquier y los previsibles jumpscares, estamos ante una producción atmosférica que invita a mirar hacia adentro, a rincones que no todos se atreven a explorar, donde el miedo no vive necesariamente en la oscuridad, sino en rincones profundamente perturbadores. Clark ( Chiwetel Ejiofor) es un hombre de mediana edad, separado, arquitecto frustrado y dueño de un negocio de muebles en decadencia ubicado en un gran galpón de dos pisos, donde también vive. Él asiste a terapia con Mary ( Renate Reinsve), una profesional que, por su parte, sigue lidiando con traumas de infancia. Cuando Clark descubre accidentalmente un portal -una pared de su negocio que lo conduce a otro lugar, a otra dimensión similar y a la vez anómala de su propio espacio- se adentra en un entorno que primero le provoca curiosidad, pero que pronto se transforma en obsesión. Cada visita lo lleva a descubrir nuevos rincones que lo atraen y al mismo tiempo lo aterrorizan. Un laberinto en el que se encuentra cada vez más perdido, tanto física como mentalmente. Mary, intrigada por su paciente y por lo que él le cuenta sobre estos espacios, también termina introduciéndose en este extraño universo, viviendo su propia pesadilla dentro de él. Parsons se luce con esta, su primera película. Esta producción de A24 sabe mantener tenso, perturbado e involucrado al espectador. Su ambientación casi minimalista, la iluminación precisa según las necesidades de cada habitación, el uso del sonido y del silencio, junto a las excelentes actuaciones de Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve -ambos actores nominados al Oscar- convierten a esta cinta en una experiencia que cada espectador puede completar en su propia cabeza, donde la anticipación del miedo parece esconderse en cada rincón y espacio. “Backrooms” parece tremendamente inconexa y, al mismo tiempo, llena de sentido, aunque suene contradictorio. Hay que leer entre líneas, mientras la historia también sugiere una conspiración detrás de todo esto: una especie de experimento que intenta probarnos y confundirnos. En fin, lo mejor es ir a verla e intentar procesar esta película por cuenta propia. En cines chilenos desde este 28 de mayo.
Fuze -titulada en Latinoamérica como “Zona de Riesgo” - es una cinta que mantiene el interés de principio a fin, en una historia donde nadie sabe para quien trabaja. Se trata de un thriller que maneja muy bien la tensión. Todo comienza cuando una bomba enterrada, supuestamente desde la Segunda Guerra Mundial, es encontrada en una construcción en pleno centro de Londres. El hallazgo desata el caos, la zona debe ser evacuada y un equipo militar especializado intenta desactivar el explosivo sin provocar una tragedia mayor. Paralelamente, un grupo de ladrones muy organizados aprovecha la evacuación para permanecer ocultos en el área y poner en marcha un preciso plan que les permitirá realizar un atraco millonario a un banco. La película funciona como un thriller coral que presenta distintos focos de atención alrededor de un mismo hecho. Cada personaje tiene una relación particular con lo que ocurre y no todos son completamente honestos sobre sus verdaderas intenciones, lo que genera constantes sospechas y cambios de perspectiva. Es una producción que busca entretener antes que reinventar el género, pero sabe mover bien sus piezas. Tiene varios giros narrativos -algunos más efectivos que otros- y logra sostener la tensión gracias a un montaje dinámico y a un ritmo que rara vez decae. Si bien el guion no resulta especialmente brillante ni profundiza demasiado en sus personajes, la película compensa con buenas secuencias de acción, un manejo efectivo de la intriga y una sensación constante de peligro. También destaca su elenco, encabezado por Aaron Taylor-Johnson (Bullet Train), Theo James (The White Lotus), Sam Worthington (Avatar), Gugu Mbatha-Raw (Surface) y Elham Ehsas (Homeland), quienes aportan solidez a una historia marcada por las traiciones, la tensión y los dobles juegos. Dirigida por David Mackenzie, Zona de Riesgo llega a cines chilenos este 28 de mayo.