Maggie Gyllenhaal se arriesga con su segunda película como directora con una propuesta difícil de clasificar. “¡La Novia!” es una obra sin igual, construida a partir de múltiples influencias y tonos. Es alocada, cruda, triste, graciosa y profundamente contestataria, pero por sobre todo es muy divertida. Una experiencia cinematográfica en toda la extensión de la palabra. Lejos de ser un remake de La Novia Frankenstein, la película reinventa la figura de la compañera del mítico monstruo creado por Mary Shelley en 1818, otorgándole voz y vida propia. Sin embargo, la cinta tampoco olvida a su creadora literaria, Shelley aparece como una especie de conciencia que guía a la protagonista, dándole el impulso necesario para rebelarse frente a un mundo dominado por hombres. ¿De qué se trata “¡La Novia!”? Ambientada en la década de 1930, el solitario y melancólico Frankenstein -o Frank- ( Christian Bale) llega a Chicago en busca de un eminente especialista en reanimación, admirador del trabajo de su creador. Su objetivo es claro, encontrar a alguien que lo ayude a crear una compañera que ponga fin a más de un siglo de soledad. Para su sorpresa, el prestigioso Dr. Euphronious resulta ser en realidad una mujer, interpretada por Annette Bening. Aunque en un inicio se muestra reacia a colaborar con Frank, su curiosidad científica y su humanidad terminan llevándola a aceptar el desafío de crear a la mujer ideal. En paralelo conocemos a Ida ( Jessie Buckley), una mujer de vida nocturna que se mueve entre los mafiosos de la ciudad. Una noche comienza a escuchar la voz firme de Mary Shelley en su mente, la misma noche en que unos hombres terminan brutalmente con su vida. Frank y la doctora encuentran en el cuerpo de Ida el vehículo para dar vida a la novia perfecta. Así, la mujer renace sin recuerdos de su pasado, pero con la voz -y la fuerza- de Shelley resonando en su mente y en su espíritu. Una suerte de dualidad que le otorga carácter a este nuevo ser, capaz de llenar de color la melancólica existencia de su novio. Ginger Rogers -como la famosa actriz y bailarina ganadora del Oscar- o Penélope son los nombres que ella decide adoptar. Entregada a la intensidad de esta nueva vida, abraza el caos y la libertad sin mirar demasiado atrás. Frank la sigue, la acepta como es y la protege por sobre todas las cosas, liberando al monstruo que lleva dentro si es necesario. Juntos se trasladan a Nueva York, donde viven momentos de locura y ensueño; van al cine, disfrutan de musicales y se pierden en las películas del ídolo de Frank, Ronnie Reed ( Jake Gyllenhaal), filmes en los que muchas veces imaginó despierto ser feliz. Pero también se enfrentan a un mundo hostil, lleno de reglas, prejuicios y violencia, donde son perseguidos. Personajes e interpretaciones de lujo Uno de los grandes aciertos de la película es su elenco. En una historia tan audaz, que transita por múltiples registros, contar con actores totalmente comprometidos con sus personajes resulta fundamental. Jessie Buckley entrega una interpretación extraordinaria, cargada de fuerza y matices. Su personaje oscila entre una mujer desenfadada y magnética, con acento estadounidense, y una intensa y desafiante encarnación de Mary Shelley con acento británico. Buckley transmite una energía tan poderosa que por momentos resulta incluso intimidante. A su lado, Christian Bale vuelve a demostrar la potencia de su método interpretativo. Su Frankenstein es un ser profundamente marcado por el dolor: vulnerable, lleno de cicatrices -externas e internas- pero también dispuesto a todo por alcanzar una felicidad que ha esperado durante más de 100 años, ahora que ha vivido y logrado una suerte de madurez. En los roles secundarios también encontramos actuaciones memorables. Annette Bening compone a una científica sensata y adelantada a su tiempo, mientras que Penélope Cruz destaca como la detective Myrna Mallow, una mujer firme, metódica y determinada, capaz de enfrentar un entorno que constantemente intenta subestimarla. A su lado está Jake Wiles, interpretado por Peter Sarsgaard, un detective marcado por su pasado que muchas veces termina llevándose el crédito por la inteligencia de su compañera, aún sin quererlo. Por último, en un rol más pequeño, pero significativo, Jake Gyllenhaal interpreta a Ronnie Reed, un impecable galán del Hollywood de los años 30 que, en la vida real, está muy lejos de ser el hombre perfecto que Frank imagina. Un collage cinematográfico tan extraño como atractivo “¡La Novia!” es muchas cosas al mismo tiempo. Es una película gótica, pero también una comedia negra. Tiene momentos de musical y, al mismo tiempo, escenas violentas y escapes al estilo Bonnie & Clyde. Contiene un mensaje feminista claro, reflexiona sobre la fragilidad masculina y funciona también como una carta de amor al Hollywood clásico. Es una obra hecha de muchas piezas, casi como el propio Frankenstein. Y aunque esa mezcla puede parecer caótica, termina siendo parte de su encanto. Lejos de ser un problema, esa suma de influencias y estilos la vuelve particularmente interesante. En definitiva, “¡La Novia!” es una experiencia cinematográfica singular, una película que desafía etiquetas y que encuentra en su rareza su mayor virtud. Tiene tanta información que incluso un visionado podría no ser suficiente. En cines desde el 5 de marzo.
En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.
Después de ver “Nuremberg”, dirigida y escrita por James Vanderbilt, es imposible no preguntarse cómo pudo quedar fuera de las grandes conversaciones de la temporada de premios. No sé si será por su temática -tan potente y necesaria para estos tiempos- o porque, en su forma, es una cinta deliberadamente tradicional. Basada en el libro “El Nazi y el Psiquiatra” de Jack El-Hai, la película se sitúa en la trastienda de los juicios de Núremberg tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Corre 1946 y los Aliados han capturado a los altos mandos nazis que no se quitaron la vida, como Adolf Hitler. Mientras algunos proponían ejecutarlos de inmediato, otros defendían la necesidad de enjuiciarlos públicamente para dar una lección histórica a Alemania y al mundo, sentando así un precedente que evitara repetir los horrores del pasado. Para determinar si los prisioneros estaban mentalmente aptos para enfrentar el juicio, es convocado desde Estados Unidos el psiquiatra militar Douglas Kelley, interpretado por Rami Malek. Kelley acepta la misión, aunque no comparte del todo su trasfondo, obtener información que facilite las condenas en el juicio internacional. En este contexto, el médico comienza a generar vínculos con sus pacientes, especialmente con el Reichsmarschall Hermann Göring ( Russell Crowe), segundo al mando del Tercer Reich después de Hitler. Lo que se desarrolla entre ambos es un duelo mental fascinante. Göring es estratega, manipulador, fanático, pero también se muestra como un hombre consciente de su poder y de su imagen. Sabe exactamente qué teclas tocar en Kelley. La relación médico–paciente evoluciona hacia una suerte de inquietante “amistad” que fortalece al prisionero y desestabiliza al psiquiatra. En escenas íntimas, sostenidas más en la palabra que en el artificio, se despliega un verdadero enfrentamiento interpretativo. Russell Crowe -actuando en alemán e inglés- ofrece una composición impactante, compleja y profundamente ególatra, probablemente uno de sus mejores trabajos en años. Rami Malek, en cambio, se percibe más irregular, por momentos sobrio y contenido, en otros algo sobreactuado, quizás también como reflejo del propio conflicto interno de su personaje. En el plano judicial, la película introduce figuras clave como Robert H. Jackson ( Michael Shannon), fiscal estadounidense y voz de la justicia en el proceso, preocupado por el debido proceso y por evitar excesos en nombre de la ley. También destaca Sir David Maxwell-Fyfe ( Richard E. Grant), representante británico, sereno y enfocado en una justicia equilibrada. El sargento Howie Triest, traductor de alemán para Kelley, funciona como su conciencia moral, un personaje sensible que carga con un dolor silencioso. A pesar de superar las dos horas y sostenerse principalmente en el guion y las interpretaciones, “Nuremberg” no decae. Su fuerza radica en los dilemas morales y éticos que atraviesan a los personajes, y en la reflexión que propone sobre la verdadera naturaleza de la justicia, los juegos de poder y, sobre todo, la humanidad, la propia y la ajena. Este drama histórico, sólido y reflexivo, se encuentra en cines desde el 26 de febrero.
“Muerte en Invierno” es de esas películas aparentemente pequeñas, pero que en realidad son más grandes de lo que uno imagina. Emma Thompson interpreta a Barb, una mujer mayor, viuda y melancólica, que ha perdido recientemente al amor de su vida. Para enfrentar su duelo, decide emprender un viaje -a cumplir una promesa- al norte nevado de Minnesota, específicamente a un lago que fue significativo para ambos en su juventud. A través de la alternancia entre el presente y luminosos flashbacks de su relación, vamos conociendo en profundidad a esta mujer marcada por la pérdida, hasta que el azar le tiene reservada una oscura sorpresa. Al poco tiempo de llegar, Barb descubre que una joven ha sido secuestrada por una pareja compuesta por una desquiciada mujer, interpretada por Judy Greer, y su pusilánime marido (Marc Menchaca). Desde ese momento, la protagonista decide intervenir y salvar a la muchacha, pese a tener todo en contra: el clima inclemente, su camioneta dañada, la lejanía del pueblo y la ausencia total de señal telefónica. El ingenio que ha desarrollado a través de los años y la experiencia serán sus únicos aliados. Se instala entonces una particular cacería de gato y ratón, donde ninguno de los involucrados es un experto. Aquí no hay grandes estrategas ni criminales brillantes; todo es visceral, improvisado y profundamente humano. Cada personaje actúa desde su propia fragilidad, desde sus miedos y motivaciones, lo que le otorga a la historia una tensión distinta, menos espectacular, pero más cercana. En este thriller tan íntimo como dramático, las actuaciones lo son todo. Emma Thompson sostiene el relato con una interpretación contenida, pero poderosa, mientras que Judy Greer sorprende con un registro inquietante. Si bien la trama puede parecer relativamente conocida, incorpora algunos matices interesantes que le dan identidad propia. También puede leerse como una película de supervivencia, ya que todos los personajes principales se juegan literalmente la vida por alcanzar sus objetivos, ya sean nobles o cuestionables. Dirigida por Brian Kirk, “Muerte en Invierno” se estrena en cines chilenos el 26 de febrero.
Osgood Perkins nos adentra en un nuevo escenario de terror y toma un camino distinto al que vimos en Longlegs o El Mono. Esta vez, en “Líbralos del Mal” (Keeper) construye un relato minimalista, casi como un cuento narrado alrededor de una fogata, donde una pareja, una enorme casa de madera, un bosque impenetrable y la incómoda presencia de un primo molestoso con su novia son los elementos que dan forma a esta historia paranormal. Liz, interpretada por una estupenda Tatiana Maslany (She-Hulk, El Mono), está lista para pasar un fin de semana romántico con su novio desde hace algún tiempo, un médico llamado Malcolm ( Rossif Sutherland), en una enorme y apartada casa que él posee en medio de un apartado bosque. Ambos son adultos y saben lo que hacen. A ella le gustaría avanzar en la relación, pero también percibe que Malcolm podría estar ocultando algo. El idilio inicial se ve entorpecido por la breve, pero incómoda visita del primo de Malcolm y su novia, quien ni siquiera parece hablar inglés. La situación resulta extraña, tensa, casi fuera de lugar. Al día siguiente de su llegada, Malcolm recibe un supuesto llamado del hospital donde trabaja y debe regresar de urgencia, dejando sola a Liz en la cabaña, algo que a ella claramente no le agrada. Una vez sola, Liz comienza a experimentar momentos inquietantes: ruidos, visiones y una persistente sensación de que hay alguien que la observa. Esa presencia -difusa, intangible- se hace cada vez más presente, volviendo su estadía cada vez más insoportable. La casa parece guardar secretos, y el bosque que la rodea se transforma en un espacio opresivo más que en un refugio romántico. Liz pronto entenderá que hay algo en ese lugar que no está preparada para enfrentar. “Líbralos del Mal” es, ante todo, una película de atmósfera y sugestión, terreno en el que Perkins se mueve con comodidad. El manejo de los silencios, la arquitectura asimétrica y llena de ventanales de la casa, el aislamiento del bosque, los planos extraños y los personajes de los que sabemos poco o nada generan una inquietud constante. Hay una sensación permanente de que algo importante está por revelarse. Sin embargo, la cinta se queda en esa gran expectativa. La construcción del misterio es efectiva, pero cuando finalmente se revelan los secretos, estos no terminan de estar a la altura de la tensión acumulada. La experiencia es perturbadora, sí, pero también algo frustrante. Perkins demuestra que conoce el género y se agradece que explore distintos caminos dentro del terror, alejándose del susto fácil para apostar por un miedo más abstracto y psicológico. No obstante, en esta ocasión queda un poco al debe: hay cabos sueltos, relaciones poco claras y decisiones narrativas que pueden dejar más dudas que certezas. Quizás requiera un segundo o tercer visionado para encontrar lecturas más profundas entre líneas. “Líbralos del Mal” es una propuesta inquietante y atmosférica, pero irregular en su resolución. Disponible en salas de cine del país desde el 19 de febrero.
Maggie Gyllenhaal se arriesga con su segunda película como directora con una propuesta difícil de clasificar. “¡La Novia!” es una obra sin igual, construida a partir de múltiples influencias y tonos. Es alocada, cruda, triste, graciosa y profundamente contestataria, pero por sobre todo es muy divertida. Una experiencia cinematográfica en toda la extensión de la palabra. Lejos de ser un remake de La Novia Frankenstein, la película reinventa la figura de la compañera del mítico monstruo creado por Mary Shelley en 1818, otorgándole voz y vida propia. Sin embargo, la cinta tampoco olvida a su creadora literaria, Shelley aparece como una especie de conciencia que guía a la protagonista, dándole el impulso necesario para rebelarse frente a un mundo dominado por hombres. ¿De qué se trata “¡La Novia!”? Ambientada en la década de 1930, el solitario y melancólico Frankenstein -o Frank- ( Christian Bale) llega a Chicago en busca de un eminente especialista en reanimación, admirador del trabajo de su creador. Su objetivo es claro, encontrar a alguien que lo ayude a crear una compañera que ponga fin a más de un siglo de soledad. Para su sorpresa, el prestigioso Dr. Euphronious resulta ser en realidad una mujer, interpretada por Annette Bening. Aunque en un inicio se muestra reacia a colaborar con Frank, su curiosidad científica y su humanidad terminan llevándola a aceptar el desafío de crear a la mujer ideal. En paralelo conocemos a Ida ( Jessie Buckley), una mujer de vida nocturna que se mueve entre los mafiosos de la ciudad. Una noche comienza a escuchar la voz firme de Mary Shelley en su mente, la misma noche en que unos hombres terminan brutalmente con su vida. Frank y la doctora encuentran en el cuerpo de Ida el vehículo para dar vida a la novia perfecta. Así, la mujer renace sin recuerdos de su pasado, pero con la voz -y la fuerza- de Shelley resonando en su mente y en su espíritu. Una suerte de dualidad que le otorga carácter a este nuevo ser, capaz de llenar de color la melancólica existencia de su novio. Ginger Rogers -como la famosa actriz y bailarina ganadora del Oscar- o Penélope son los nombres que ella decide adoptar. Entregada a la intensidad de esta nueva vida, abraza el caos y la libertad sin mirar demasiado atrás. Frank la sigue, la acepta como es y la protege por sobre todas las cosas, liberando al monstruo que lleva dentro si es necesario. Juntos se trasladan a Nueva York, donde viven momentos de locura y ensueño; van al cine, disfrutan de musicales y se pierden en las películas del ídolo de Frank, Ronnie Reed ( Jake Gyllenhaal), filmes en los que muchas veces imaginó despierto ser feliz. Pero también se enfrentan a un mundo hostil, lleno de reglas, prejuicios y violencia, donde son perseguidos. Personajes e interpretaciones de lujo Uno de los grandes aciertos de la película es su elenco. En una historia tan audaz, que transita por múltiples registros, contar con actores totalmente comprometidos con sus personajes resulta fundamental. Jessie Buckley entrega una interpretación extraordinaria, cargada de fuerza y matices. Su personaje oscila entre una mujer desenfadada y magnética, con acento estadounidense, y una intensa y desafiante encarnación de Mary Shelley con acento británico. Buckley transmite una energía tan poderosa que por momentos resulta incluso intimidante. A su lado, Christian Bale vuelve a demostrar la potencia de su método interpretativo. Su Frankenstein es un ser profundamente marcado por el dolor: vulnerable, lleno de cicatrices -externas e internas- pero también dispuesto a todo por alcanzar una felicidad que ha esperado durante más de 100 años, ahora que ha vivido y logrado una suerte de madurez. En los roles secundarios también encontramos actuaciones memorables. Annette Bening compone a una científica sensata y adelantada a su tiempo, mientras que Penélope Cruz destaca como la detective Myrna Mallow, una mujer firme, metódica y determinada, capaz de enfrentar un entorno que constantemente intenta subestimarla. A su lado está Jake Wiles, interpretado por Peter Sarsgaard, un detective marcado por su pasado que muchas veces termina llevándose el crédito por la inteligencia de su compañera, aún sin quererlo. Por último, en un rol más pequeño, pero significativo, Jake Gyllenhaal interpreta a Ronnie Reed, un impecable galán del Hollywood de los años 30 que, en la vida real, está muy lejos de ser el hombre perfecto que Frank imagina. Un collage cinematográfico tan extraño como atractivo “¡La Novia!” es muchas cosas al mismo tiempo. Es una película gótica, pero también una comedia negra. Tiene momentos de musical y, al mismo tiempo, escenas violentas y escapes al estilo Bonnie & Clyde. Contiene un mensaje feminista claro, reflexiona sobre la fragilidad masculina y funciona también como una carta de amor al Hollywood clásico. Es una obra hecha de muchas piezas, casi como el propio Frankenstein. Y aunque esa mezcla puede parecer caótica, termina siendo parte de su encanto. Lejos de ser un problema, esa suma de influencias y estilos la vuelve particularmente interesante. En definitiva, “¡La Novia!” es una experiencia cinematográfica singular, una película que desafía etiquetas y que encuentra en su rareza su mayor virtud. Tiene tanta información que incluso un visionado podría no ser suficiente. En cines desde el 5 de marzo.
En tiempos donde la animación familiar suele apostar por fórmulas seguras,Hoppers irrumpe como una de las propuestas más originales de los últimos años dentro de Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures. Dirigida por Daniel Chong -conocido por la serie We Bare Bears- la película combina aventura, ciencia ficción y comedia con un trasfondo ecológico sorprendentemente maduro. La historia sigue a Mabel, una niña amante de los animales que ve cómo el claro de su infancia está a punto de desaparecer por la construcción de una carretera impulsada por el alcalde de la ciudad. En su búsqueda por proteger ese espacio natural, descubre el “Proyecto Hoppers”, una iniciativa desarrollada por su profesora universitaria que permite transferir la conciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas. Movida por la desesperación -y también por la curiosidad científica- Mabel decide probar el sistema y termina habitando el cuerpo de un castor mecánico. Desde ahí, la película se transforma: lo que parecía una cruzada ambiental se convierte en una exploración profunda sobre la identidad, la empatía interespecie y los límites éticos de la tecnología. Naturaleza, humor y tensión inesperada En su núcleo, Hoppers es una película sobre la conexión con la naturaleza. Pero lejos de caer en el didactismo, la cinta construye su discurso desde la emoción. La relación de Mabel con los animales está llena de humor -con diálogos ágiles y situaciones físicas muy bien logradas- pero también de momentos genuinamente conmovedores. Sin embargo, donde la película sorprende es en su tono. Hay secuencias que coquetean con la ciencia ficción más clásica, incluso con tintes inquietantes. Especialmente cuando la tecnología comienza a salirse de control y el conflicto escala hacia una confrontación directa entre animales y humanos. La transformación del villano en una figura casi robótica, con una estética que recuerda a la ciencia ficción retro, aporta una capa visual que puede resultar intensa para los más pequeños y fascinante para los adultos. Ese equilibrio entre ternura y tensión le da a Hoppers una personalidad propia dentro del catálogo reciente del estudio. Un Pixar que vuelve a arriesgar Tras algunos años alternando secuelas con historias originales, Hoppers representa una apuesta fresca. Si bien su premisa podría recordar superficialmente a Robot Salvaje por su sensibilidad ecológica, aquí el enfoque es distinto: no se trata de una máquina aprendiendo a ser parte de la naturaleza, sino de una humana infiltrándose en ella para comprenderla desde dentro. Esa inversión de perspectiva es lo que le otorga profundidad al relato. La película plantea preguntas interesantes: ¿qué significa realmente “defender” la naturaleza? ¿Podemos hablar por los animales sin escucharlos? ¿Hasta dónde es legítimo usar tecnología para intervenir en los procesos naturales? Y aunque nunca abandona su vocación familiar, Hoppers incluye capas de lectura que dialogan directamente con el público adulto. Voces y detalles locales En su versión original, el reparto cuenta con nombres reconocidos de la comedia y la televisión estadounidense, aportando dinamismo a los personajes animales y humanos. En el doblaje latino, destaca además el cameo de Christell Rodríguez, quien presta su voz a un pequeño personaje, sumando un guiño simpático para el público hispanohablante. Una experiencia emocionalmente completa Hoppers es divertida, sí. Es tierna, también. Pero además es reflexiva, inquietante por momentos y visualmente estimulante. Es de esas películas que logran entretener a los niños mientras dejan pensando a los adultos. En definitiva, Pixar vuelve a demostrar que la animación puede ser un vehículo para hablar de temas urgentes sin perder encanto ni espectacularidad. Y lo hace con una historia que, bajo la piel de un castor robot, es profundamente humana.
Después de ver “Nuremberg”, dirigida y escrita por James Vanderbilt, es imposible no preguntarse cómo pudo quedar fuera de las grandes conversaciones de la temporada de premios. No sé si será por su temática -tan potente y necesaria para estos tiempos- o porque, en su forma, es una cinta deliberadamente tradicional. Basada en el libro “El Nazi y el Psiquiatra” de Jack El-Hai, la película se sitúa en la trastienda de los juicios de Núremberg tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Corre 1946 y los Aliados han capturado a los altos mandos nazis que no se quitaron la vida, como Adolf Hitler. Mientras algunos proponían ejecutarlos de inmediato, otros defendían la necesidad de enjuiciarlos públicamente para dar una lección histórica a Alemania y al mundo, sentando así un precedente que evitara repetir los horrores del pasado. Para determinar si los prisioneros estaban mentalmente aptos para enfrentar el juicio, es convocado desde Estados Unidos el psiquiatra militar Douglas Kelley, interpretado por Rami Malek. Kelley acepta la misión, aunque no comparte del todo su trasfondo, obtener información que facilite las condenas en el juicio internacional. En este contexto, el médico comienza a generar vínculos con sus pacientes, especialmente con el Reichsmarschall Hermann Göring ( Russell Crowe), segundo al mando del Tercer Reich después de Hitler. Lo que se desarrolla entre ambos es un duelo mental fascinante. Göring es estratega, manipulador, fanático, pero también se muestra como un hombre consciente de su poder y de su imagen. Sabe exactamente qué teclas tocar en Kelley. La relación médico–paciente evoluciona hacia una suerte de inquietante “amistad” que fortalece al prisionero y desestabiliza al psiquiatra. En escenas íntimas, sostenidas más en la palabra que en el artificio, se despliega un verdadero enfrentamiento interpretativo. Russell Crowe -actuando en alemán e inglés- ofrece una composición impactante, compleja y profundamente ególatra, probablemente uno de sus mejores trabajos en años. Rami Malek, en cambio, se percibe más irregular, por momentos sobrio y contenido, en otros algo sobreactuado, quizás también como reflejo del propio conflicto interno de su personaje. En el plano judicial, la película introduce figuras clave como Robert H. Jackson ( Michael Shannon), fiscal estadounidense y voz de la justicia en el proceso, preocupado por el debido proceso y por evitar excesos en nombre de la ley. También destaca Sir David Maxwell-Fyfe ( Richard E. Grant), representante británico, sereno y enfocado en una justicia equilibrada. El sargento Howie Triest, traductor de alemán para Kelley, funciona como su conciencia moral, un personaje sensible que carga con un dolor silencioso. A pesar de superar las dos horas y sostenerse principalmente en el guion y las interpretaciones, “Nuremberg” no decae. Su fuerza radica en los dilemas morales y éticos que atraviesan a los personajes, y en la reflexión que propone sobre la verdadera naturaleza de la justicia, los juegos de poder y, sobre todo, la humanidad, la propia y la ajena. Este drama histórico, sólido y reflexivo, se encuentra en cines desde el 26 de febrero.
“Muerte en Invierno” es de esas películas aparentemente pequeñas, pero que en realidad son más grandes de lo que uno imagina. Emma Thompson interpreta a Barb, una mujer mayor, viuda y melancólica, que ha perdido recientemente al amor de su vida. Para enfrentar su duelo, decide emprender un viaje -a cumplir una promesa- al norte nevado de Minnesota, específicamente a un lago que fue significativo para ambos en su juventud. A través de la alternancia entre el presente y luminosos flashbacks de su relación, vamos conociendo en profundidad a esta mujer marcada por la pérdida, hasta que el azar le tiene reservada una oscura sorpresa. Al poco tiempo de llegar, Barb descubre que una joven ha sido secuestrada por una pareja compuesta por una desquiciada mujer, interpretada por Judy Greer, y su pusilánime marido (Marc Menchaca). Desde ese momento, la protagonista decide intervenir y salvar a la muchacha, pese a tener todo en contra: el clima inclemente, su camioneta dañada, la lejanía del pueblo y la ausencia total de señal telefónica. El ingenio que ha desarrollado a través de los años y la experiencia serán sus únicos aliados. Se instala entonces una particular cacería de gato y ratón, donde ninguno de los involucrados es un experto. Aquí no hay grandes estrategas ni criminales brillantes; todo es visceral, improvisado y profundamente humano. Cada personaje actúa desde su propia fragilidad, desde sus miedos y motivaciones, lo que le otorga a la historia una tensión distinta, menos espectacular, pero más cercana. En este thriller tan íntimo como dramático, las actuaciones lo son todo. Emma Thompson sostiene el relato con una interpretación contenida, pero poderosa, mientras que Judy Greer sorprende con un registro inquietante. Si bien la trama puede parecer relativamente conocida, incorpora algunos matices interesantes que le dan identidad propia. También puede leerse como una película de supervivencia, ya que todos los personajes principales se juegan literalmente la vida por alcanzar sus objetivos, ya sean nobles o cuestionables. Dirigida por Brian Kirk, “Muerte en Invierno” se estrena en cines chilenos el 26 de febrero.
Osgood Perkins nos adentra en un nuevo escenario de terror y toma un camino distinto al que vimos en Longlegs o El Mono. Esta vez, en “Líbralos del Mal” (Keeper) construye un relato minimalista, casi como un cuento narrado alrededor de una fogata, donde una pareja, una enorme casa de madera, un bosque impenetrable y la incómoda presencia de un primo molestoso con su novia son los elementos que dan forma a esta historia paranormal. Liz, interpretada por una estupenda Tatiana Maslany (She-Hulk, El Mono), está lista para pasar un fin de semana romántico con su novio desde hace algún tiempo, un médico llamado Malcolm ( Rossif Sutherland), en una enorme y apartada casa que él posee en medio de un apartado bosque. Ambos son adultos y saben lo que hacen. A ella le gustaría avanzar en la relación, pero también percibe que Malcolm podría estar ocultando algo. El idilio inicial se ve entorpecido por la breve, pero incómoda visita del primo de Malcolm y su novia, quien ni siquiera parece hablar inglés. La situación resulta extraña, tensa, casi fuera de lugar. Al día siguiente de su llegada, Malcolm recibe un supuesto llamado del hospital donde trabaja y debe regresar de urgencia, dejando sola a Liz en la cabaña, algo que a ella claramente no le agrada. Una vez sola, Liz comienza a experimentar momentos inquietantes: ruidos, visiones y una persistente sensación de que hay alguien que la observa. Esa presencia -difusa, intangible- se hace cada vez más presente, volviendo su estadía cada vez más insoportable. La casa parece guardar secretos, y el bosque que la rodea se transforma en un espacio opresivo más que en un refugio romántico. Liz pronto entenderá que hay algo en ese lugar que no está preparada para enfrentar. “Líbralos del Mal” es, ante todo, una película de atmósfera y sugestión, terreno en el que Perkins se mueve con comodidad. El manejo de los silencios, la arquitectura asimétrica y llena de ventanales de la casa, el aislamiento del bosque, los planos extraños y los personajes de los que sabemos poco o nada generan una inquietud constante. Hay una sensación permanente de que algo importante está por revelarse. Sin embargo, la cinta se queda en esa gran expectativa. La construcción del misterio es efectiva, pero cuando finalmente se revelan los secretos, estos no terminan de estar a la altura de la tensión acumulada. La experiencia es perturbadora, sí, pero también algo frustrante. Perkins demuestra que conoce el género y se agradece que explore distintos caminos dentro del terror, alejándose del susto fácil para apostar por un miedo más abstracto y psicológico. No obstante, en esta ocasión queda un poco al debe: hay cabos sueltos, relaciones poco claras y decisiones narrativas que pueden dejar más dudas que certezas. Quizás requiera un segundo o tercer visionado para encontrar lecturas más profundas entre líneas. “Líbralos del Mal” es una propuesta inquietante y atmosférica, pero irregular en su resolución. Disponible en salas de cine del país desde el 19 de febrero.