La cultura chilena está de luto. Este sábado se confirmó el fallecimiento de Julio Jung a los 84 años, actor, locutor y comediante que durante más de seis décadas desarrolló una destacada carrera en teatro, televisión, radio y cine. Dueño de una versatilidad poco común, Jung fue capaz de transitar con naturalidad entre la comedia popular y el drama, convirtiéndose en uno de los intérpretes más reconocibles y queridos del país. Su paso por programas icónicos del humor como Mediomundo y La Manivela, además de numerosas teleseries y montajes teatrales, lo transformaron en una figura familiar para varias generaciones de chilenos. Sin embargo, más allá de su trabajo televisivo, Julio Jung también construyó una sólida carrera cinematográfica, participando en películas como Coronación, Cachimba, El Regalo, Y de pronto el amanecer y El baile de la Victoria. Entre todas ellas, merece una mención especial Amnesia (1994), dirigida por Gonzalo Justiniano. Estrenada apenas cuatro años después del retorno a la democracia, la película abordó de manera frontal las heridas abiertas que dejó la dictadura militar, convirtiéndose en una de las obras más relevantes del cine chileno de la década. La historia sigue a Ramírez (Pedro Vicuña), un ex conscripto que intenta reconstruir su vida mientras arrastra los traumas de su paso por un campo de prisioneros en el norte del país. Su búsqueda termina llevándolo hasta el sargento Zúñiga, interpretado por Julio Jung, antiguo superior responsable de abusos y torturas que ahora vive una existencia aparentemente normal, como si el pasado jamás hubiese ocurrido. Jung entrega aquí una interpretación inquietante y contenida. Zúñiga no es un villano exagerado ni una caricatura del poder; es un hombre común que representa la impunidad, el silencio y la voluntad de olvidar. Precisamente por eso resulta tan perturbador. A más de treinta años de su estreno, Amnesia continúa siendo una película de enorme vigencia. Su reflexión sobre la memoria, la responsabilidad y las consecuencias de la violencia sigue resonando en el presente, mientras que el trabajo de Julio Jung permanece como una de las actuaciones más complejas y memorables de su extensa filmografía. Con su partida desaparece una de las voces más reconocibles de las artes escénicas chilenas, pero también queda una obra que atraviesa generaciones y formatos. Desde la comedia hasta el drama más intenso, Julio Jung dejó una huella imborrable en la cultura nacional.
Con más de 60 años de trayectoria, la partida del actor y político argentino Luis Brandoni enluta el mundo de las artes y la cultura en Argentina y Latinoamérica. Luego de varios días internado por una caída doméstica, “el Beto” —como le llamaban sus amigos— falleció a los 86 años, dejando proyectos inconclusos como la segunda parte de la exitosa serie “ Nada ”, que protagonizó magistralmente en 2023, creada y dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, donde dio vida al irreverente crítico gastronómico Manuel Tamayo Prats. Actor de teatro, cine y televisión, también fue un personaje polémico y desenfadado en materia política. Estuvo exiliado algunos meses en los años 70, fue cercano a Raúl Alfonsín, resultó electo diputado en los años 90, apoyó a Mauricio Macri y fue férreo detractor del kirchnerismo y de la denominada cultura woke. En cine, protagonizó grandes películas como la clásica comedia argentina “ Esperando la carroza ”, dirigida por Alejandro Doria, además de participar en cintas como “Esa maldita costilla”, junto a Susana Giménez. También destacó en la hilarante “Mi obra maestra”, que protagonizó con Guillermo Francella y en “La odisea de los giles”, junto a Ricardo Darín. Bajo la dirección de Juan José Campanella, trabajó en “El cuento de las comadrejas” y “Parque Lezama”, esta última estrenada este 2026, disponible en Netflix. Un grande de la actuación, al que la ironía y el cinismo en la comedia le quedaban muy bien, al igual que su manejo del drama. Su talento, carisma y presencia escénica lo convirtieron en una figura entrañable para generaciones de espectadores, dejando una huella imborrable en la historia del teatro, el cine y la televisión argentina. Su legado artístico permanecerá vivo en cada una de sus interpretaciones.
Hay estrellas de cine… y después está Chuck Norris. Su muerte a los 86 años no solo marca la partida de un actor, sino el fin de una presencia que parecía inquebrantable. Porque Norris nunca fue simplemente un rostro del cine de acción: fue una idea, una energía, una figura que habitaba ese territorio donde el cine se vuelve mito. Antes de las cámaras, fue campeón. Antes de los aplausos, disciplina. En el mundo real, Norris construyó su leyenda a pulso, dominando el karate y enfrentándose -literalmente- a figuras como Bruce Lee en la inolvidableWay of the Dragon, donde su combate en el Coliseo Romano quedó grabado como uno de los duelos más icónicos de la historia del cine. Pero fue en los años 80 donde su figura encontró su forma definitiva. En títulos comoMissing in Action oThe Delta Force, Norris encarnó al héroe absoluto: un hombre de pocas palabras, mirada firme y golpes certeros. No necesitaba adornos. Su presencia bastaba. En una época donde el cine de acción se construía a base de testosterona y carisma, Norris era la síntesis perfecta: seco, directo, implacable. Mientras otros actores interpretaban héroes, Norris parecía ser uno. La televisión amplificó su figura conWalker, Texas Ranger, donde su imagen se volvió casi institucional: un justiciero incorruptible, guiado por un código moral tan rígido como sus patadas giratorias. Para muchos, ese fue el rostro definitivo del orden, la justicia y la fuerza. Y cuando parecía que el tiempo comenzaba a cerrar su ciclo, ocurrió algo inesperado: internet lo hizo inmortal. Los memes de Chuck Norris no fueron simples bromas; fueron una reescritura moderna del mito. Lo transformaron en una figura omnipotente, capaz de desafiar la física, la lógica y la muerte misma. En una era de ironía, Norris se convirtió en una leyenda irónica… pero también profundamente respetada. Porque, en el fondo, todos entendían el chiste: Chuck Norris siempre fue más grande que sus películas. Hoy, con su partida, queda una filmografía que respira el pulso de otra época, donde los héroes no dudaban y el bien y el mal se enfrentaban sin matices. Pero también queda algo más difícil de definir: una presencia cultural que cruzó generaciones, formatos y lenguajes. Quizás por eso su muerte se siente extraña. Como si no encajara del todo con el personaje. Como si, en algún lugar, Chuck Norris siguiera de pie. Esperando. Porque hay figuras que el cine convierte en eternas. Y otras -muy pocas- que simplemente nunca aprendieron a caer.
Eric Dane, reconocido actor de series como “ Euphoria ” y “ Grey’s Anatomy ”, murió este 19 de febrero a los 53 años, según informó su familia en un sentido comunicado: “Con el corazón adolorido, compartimos que Eric Dane falleció este jueves en la tarde luego de una valiente batalla contra el ELA”. El también histrión de películas como “Valentine’s Day”, “Marley y yo” y “Burlesque”, fue diagnosticado a comienzos de 2015 con Escleorosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que no tiene cura. Desde el Diagnóstico Dane trabajó por visibilizar esta enfermedad tan compleja y costosa en tratamientos. ¡Descansa en paz Dr. Sloan!
El cine perdió hoy a uno de sus intérpretes más formidables. Robert Duvall falleció a los 95 años este 15 de febrero de 2026. Su esposa, Luciana Duvall, confirmó que murió pacíficamente en su hogar en Middleburg, Virginia, acompañado de su familia. Con él se va uno de los últimos gigantes del Hollywood clásico, un actor que atravesó más de siete décadas de historia del cine sin perder nunca rigor, verdad ni presencia. Duvall fue, probablemente, el actor más versátil de su generación. Su carrera es una lección de amplitud y profundidad interpretativa. Fue el sobrio y leal Tom Hagen en The Godfather, el inolvidable teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, y el misterioso Boo Radley en To Kill a Mockingbird. En cada uno de esos papeles -tan distintos entre sí- construyó personajes que hoy forman parte del imaginario colectivo del cine moderno. Pero su grandeza no se limita a esos títulos monumentales. Fue el villano Ned Pepper en True Grit, participó en la ciencia ficción distópica de THX 1138, y dejó huella en el western clásico con Lawman. En los años setenta se movió con naturalidad por el thriller y el cine urbano en películas como Badge 373 y The Outfit, y fue parte del elenco de Network, una de las sátiras más feroces sobre los medios de comunicación. Incluso en un breve pero inquietante cameo en Invasion of the Body Snatchers demostró que no necesitaba mucho tiempo en pantalla para dejar marca. En 1983 alcanzó el reconocimiento máximo de la Academia al ganar el Oscar por Tender Mercies, donde interpretó a un cantante de country en busca de redención. Fue una actuación de una honestidad conmovedora, sostenida en silencios y fragilidad, y en la que además cantó él mismo, aportando una autenticidad poco común. Si hubo un territorio donde Duvall se sintió especialmente en casa fue el western. Su amor por el género fue constante y profundo, y encontró una de sus cumbres en la miniserie Lonesome Dove, donde encarnó a Augustus “Gus” McCrae. Para muchos, se trata de uno de los grandes westerns jamás realizados, y la interpretación de Duvall es central en esa grandeza: carismática, melancólica y profundamente humana. A lo largo de su carrera encarnó al vaquero no como caricatura, sino como figura compleja, atravesada por el tiempo y la memoria. Robert Duvall no fue un actor de excesos ni de gestos grandilocuentes. Su fuerza estaba en la contención, en la mirada, en la precisión. Podía ser protagonista o secundario y aun así dominar la escena con una autoridad silenciosa. Entendía la actuación como oficio, como disciplina, como una búsqueda constante de verdad. Con su partida, el cine pierde a uno de sus intérpretes más completos. Su legado, sin embargo, permanece intacto en una filmografía sólida y diversa que seguirá dialogando con nuevas generaciones. Hoy el mundo del cine es un poco más pequeño, pero su presencia seguirá viva cada vez que una pantalla vuelva a iluminarse con alguno de sus personajes.
La cultura chilena está de luto. Este sábado se confirmó el fallecimiento de Julio Jung a los 84 años, actor, locutor y comediante que durante más de seis décadas desarrolló una destacada carrera en teatro, televisión, radio y cine. Dueño de una versatilidad poco común, Jung fue capaz de transitar con naturalidad entre la comedia popular y el drama, convirtiéndose en uno de los intérpretes más reconocibles y queridos del país. Su paso por programas icónicos del humor como Mediomundo y La Manivela, además de numerosas teleseries y montajes teatrales, lo transformaron en una figura familiar para varias generaciones de chilenos. Sin embargo, más allá de su trabajo televisivo, Julio Jung también construyó una sólida carrera cinematográfica, participando en películas como Coronación, Cachimba, El Regalo, Y de pronto el amanecer y El baile de la Victoria. Entre todas ellas, merece una mención especial Amnesia (1994), dirigida por Gonzalo Justiniano. Estrenada apenas cuatro años después del retorno a la democracia, la película abordó de manera frontal las heridas abiertas que dejó la dictadura militar, convirtiéndose en una de las obras más relevantes del cine chileno de la década. La historia sigue a Ramírez (Pedro Vicuña), un ex conscripto que intenta reconstruir su vida mientras arrastra los traumas de su paso por un campo de prisioneros en el norte del país. Su búsqueda termina llevándolo hasta el sargento Zúñiga, interpretado por Julio Jung, antiguo superior responsable de abusos y torturas que ahora vive una existencia aparentemente normal, como si el pasado jamás hubiese ocurrido. Jung entrega aquí una interpretación inquietante y contenida. Zúñiga no es un villano exagerado ni una caricatura del poder; es un hombre común que representa la impunidad, el silencio y la voluntad de olvidar. Precisamente por eso resulta tan perturbador. A más de treinta años de su estreno, Amnesia continúa siendo una película de enorme vigencia. Su reflexión sobre la memoria, la responsabilidad y las consecuencias de la violencia sigue resonando en el presente, mientras que el trabajo de Julio Jung permanece como una de las actuaciones más complejas y memorables de su extensa filmografía. Con su partida desaparece una de las voces más reconocibles de las artes escénicas chilenas, pero también queda una obra que atraviesa generaciones y formatos. Desde la comedia hasta el drama más intenso, Julio Jung dejó una huella imborrable en la cultura nacional.
Con más de 60 años de trayectoria, la partida del actor y político argentino Luis Brandoni enluta el mundo de las artes y la cultura en Argentina y Latinoamérica. Luego de varios días internado por una caída doméstica, “el Beto” —como le llamaban sus amigos— falleció a los 86 años, dejando proyectos inconclusos como la segunda parte de la exitosa serie “ Nada ”, que protagonizó magistralmente en 2023, creada y dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, donde dio vida al irreverente crítico gastronómico Manuel Tamayo Prats. Actor de teatro, cine y televisión, también fue un personaje polémico y desenfadado en materia política. Estuvo exiliado algunos meses en los años 70, fue cercano a Raúl Alfonsín, resultó electo diputado en los años 90, apoyó a Mauricio Macri y fue férreo detractor del kirchnerismo y de la denominada cultura woke. En cine, protagonizó grandes películas como la clásica comedia argentina “ Esperando la carroza ”, dirigida por Alejandro Doria, además de participar en cintas como “Esa maldita costilla”, junto a Susana Giménez. También destacó en la hilarante “Mi obra maestra”, que protagonizó con Guillermo Francella y en “La odisea de los giles”, junto a Ricardo Darín. Bajo la dirección de Juan José Campanella, trabajó en “El cuento de las comadrejas” y “Parque Lezama”, esta última estrenada este 2026, disponible en Netflix. Un grande de la actuación, al que la ironía y el cinismo en la comedia le quedaban muy bien, al igual que su manejo del drama. Su talento, carisma y presencia escénica lo convirtieron en una figura entrañable para generaciones de espectadores, dejando una huella imborrable en la historia del teatro, el cine y la televisión argentina. Su legado artístico permanecerá vivo en cada una de sus interpretaciones.
Hay estrellas de cine… y después está Chuck Norris. Su muerte a los 86 años no solo marca la partida de un actor, sino el fin de una presencia que parecía inquebrantable. Porque Norris nunca fue simplemente un rostro del cine de acción: fue una idea, una energía, una figura que habitaba ese territorio donde el cine se vuelve mito. Antes de las cámaras, fue campeón. Antes de los aplausos, disciplina. En el mundo real, Norris construyó su leyenda a pulso, dominando el karate y enfrentándose -literalmente- a figuras como Bruce Lee en la inolvidableWay of the Dragon, donde su combate en el Coliseo Romano quedó grabado como uno de los duelos más icónicos de la historia del cine. Pero fue en los años 80 donde su figura encontró su forma definitiva. En títulos comoMissing in Action oThe Delta Force, Norris encarnó al héroe absoluto: un hombre de pocas palabras, mirada firme y golpes certeros. No necesitaba adornos. Su presencia bastaba. En una época donde el cine de acción se construía a base de testosterona y carisma, Norris era la síntesis perfecta: seco, directo, implacable. Mientras otros actores interpretaban héroes, Norris parecía ser uno. La televisión amplificó su figura conWalker, Texas Ranger, donde su imagen se volvió casi institucional: un justiciero incorruptible, guiado por un código moral tan rígido como sus patadas giratorias. Para muchos, ese fue el rostro definitivo del orden, la justicia y la fuerza. Y cuando parecía que el tiempo comenzaba a cerrar su ciclo, ocurrió algo inesperado: internet lo hizo inmortal. Los memes de Chuck Norris no fueron simples bromas; fueron una reescritura moderna del mito. Lo transformaron en una figura omnipotente, capaz de desafiar la física, la lógica y la muerte misma. En una era de ironía, Norris se convirtió en una leyenda irónica… pero también profundamente respetada. Porque, en el fondo, todos entendían el chiste: Chuck Norris siempre fue más grande que sus películas. Hoy, con su partida, queda una filmografía que respira el pulso de otra época, donde los héroes no dudaban y el bien y el mal se enfrentaban sin matices. Pero también queda algo más difícil de definir: una presencia cultural que cruzó generaciones, formatos y lenguajes. Quizás por eso su muerte se siente extraña. Como si no encajara del todo con el personaje. Como si, en algún lugar, Chuck Norris siguiera de pie. Esperando. Porque hay figuras que el cine convierte en eternas. Y otras -muy pocas- que simplemente nunca aprendieron a caer.
Eric Dane, reconocido actor de series como “ Euphoria ” y “ Grey’s Anatomy ”, murió este 19 de febrero a los 53 años, según informó su familia en un sentido comunicado: “Con el corazón adolorido, compartimos que Eric Dane falleció este jueves en la tarde luego de una valiente batalla contra el ELA”. El también histrión de películas como “Valentine’s Day”, “Marley y yo” y “Burlesque”, fue diagnosticado a comienzos de 2015 con Escleorosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que no tiene cura. Desde el Diagnóstico Dane trabajó por visibilizar esta enfermedad tan compleja y costosa en tratamientos. ¡Descansa en paz Dr. Sloan!
El cine perdió hoy a uno de sus intérpretes más formidables. Robert Duvall falleció a los 95 años este 15 de febrero de 2026. Su esposa, Luciana Duvall, confirmó que murió pacíficamente en su hogar en Middleburg, Virginia, acompañado de su familia. Con él se va uno de los últimos gigantes del Hollywood clásico, un actor que atravesó más de siete décadas de historia del cine sin perder nunca rigor, verdad ni presencia. Duvall fue, probablemente, el actor más versátil de su generación. Su carrera es una lección de amplitud y profundidad interpretativa. Fue el sobrio y leal Tom Hagen en The Godfather, el inolvidable teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, y el misterioso Boo Radley en To Kill a Mockingbird. En cada uno de esos papeles -tan distintos entre sí- construyó personajes que hoy forman parte del imaginario colectivo del cine moderno. Pero su grandeza no se limita a esos títulos monumentales. Fue el villano Ned Pepper en True Grit, participó en la ciencia ficción distópica de THX 1138, y dejó huella en el western clásico con Lawman. En los años setenta se movió con naturalidad por el thriller y el cine urbano en películas como Badge 373 y The Outfit, y fue parte del elenco de Network, una de las sátiras más feroces sobre los medios de comunicación. Incluso en un breve pero inquietante cameo en Invasion of the Body Snatchers demostró que no necesitaba mucho tiempo en pantalla para dejar marca. En 1983 alcanzó el reconocimiento máximo de la Academia al ganar el Oscar por Tender Mercies, donde interpretó a un cantante de country en busca de redención. Fue una actuación de una honestidad conmovedora, sostenida en silencios y fragilidad, y en la que además cantó él mismo, aportando una autenticidad poco común. Si hubo un territorio donde Duvall se sintió especialmente en casa fue el western. Su amor por el género fue constante y profundo, y encontró una de sus cumbres en la miniserie Lonesome Dove, donde encarnó a Augustus “Gus” McCrae. Para muchos, se trata de uno de los grandes westerns jamás realizados, y la interpretación de Duvall es central en esa grandeza: carismática, melancólica y profundamente humana. A lo largo de su carrera encarnó al vaquero no como caricatura, sino como figura compleja, atravesada por el tiempo y la memoria. Robert Duvall no fue un actor de excesos ni de gestos grandilocuentes. Su fuerza estaba en la contención, en la mirada, en la precisión. Podía ser protagonista o secundario y aun así dominar la escena con una autoridad silenciosa. Entendía la actuación como oficio, como disciplina, como una búsqueda constante de verdad. Con su partida, el cine pierde a uno de sus intérpretes más completos. Su legado, sin embargo, permanece intacto en una filmografía sólida y diversa que seguirá dialogando con nuevas generaciones. Hoy el mundo del cine es un poco más pequeño, pero su presencia seguirá viva cada vez que una pantalla vuelva a iluminarse con alguno de sus personajes.