“Engendro”: una monstruosa maternidad
Protagonizada por Rupert Grint y Seidi Haarla, llega a salas de cine este 13 de agosto.
En esta película finlandesa de Hanna Bergholm, el folk horror y el body horror se convierten en herramientas para explorar los temores, dolores y el agotamiento de la maternidad, en lo que puede leerse como una cruda metáfora de la depresión posparto.
Saga (Seidi Haarla) y su esposo Jon (Rupert Grint) llegan desde Reino Unido a Finlandia para instalarse en la antigua casa de la abuela de ella, una vivienda abandonada en medio de un inquietante bosque donde Saga solía jugar durante su infancia.
La pareja pretende renovar la casa y comenzar allí una nueva vida. Ambos parecen felices, aunque es evidente que Jon no está del todo convencido con el lugar. Sin embargo, está dispuesto a hacer el esfuerzo por complacer a su esposa.

Con el nacimiento de su primer hijo, las cosas comienzan a cambiar. El bebé nace prematuramente, cubierto de vello y en condiciones que inmediatamente hacen sospechar a Saga que algo no está bien. Con el paso de los días y los meses, la madre comienza a notar comportamientos cada vez más extraños: el niño crece aceleradamente, se quema al entrar en contacto con el metal, tiene un comportamiento salvaje y parece preferir la sangre antes que la leche.
Saga le teme. El niño la agota física y emocionalmente, y mientras ella parece comprender intuitivamente que algo ocurre con su hijo, nadie a su alrededor -ni su familia ni los médicos- parece percibir con la misma claridad esas anomalías. La incomprensión de su entorno termina profundizando aún más su deterioro emocional.
A esto se suma el descubrimiento de que la propia Saga fue considerada una niña extraña durante su infancia. Es aquí donde la película comienza a mezclar la mitología del lugar con la maternidad, el agotamiento y la incomprensión, construyendo una criatura que puede ser entendida tanto como un verdadero monstruo como una representación de los miedos y angustias de una madre sobrepasada.
“Engendro” avanza a un ritmo pausado, pero está salpicada de escenas de shock y gore que, por momentos, resultan tan perturbadoras como efectivas. La atmósfera inquietante y las interpretaciones dramáticas de sus protagonistas son algunos de sus principales aciertos, junto con una premisa que inicialmente resulta muy atractiva.
Sin embargo, durante sus últimos 35 minutos la película comienza a perder el rumbo. La historia se vuelve confusa y, por momentos, excesivamente absurda. Por un lado tenemos a una Saga cada vez más delirante y errática; por otro, un entorno que parece inexplicablemente impasible ante situaciones que deberían resultar evidentes.

La película comienza entonces a divagar hasta llegar a un desenlace que no termina de entregar coherencia a algunos de los conflictos planteados, especialmente en torno a la relación entre Saga y su hijo. Lo que inicialmente parecía una metáfora potente termina diluyéndose entre decisiones narrativas que hacen que el relato pierda fuerza precisamente cuando debería alcanzar su punto máximo.
Oscura, angustiante y, en algunos instantes, incluso divertida, “Engendro” es una cinta con una muy buena idea y una atmósfera inquietante, pero que termina agotándose a medida que avanza, dejando la sensación de que había mucho más potencial detrás de su interesante premisa.
En cines chilenos desde el 13 de agosto.

































