23 de marzo de 2021

NO TE PREOCUPES, OJOS VIOLETA: A 10 AÑOS DE LA MUERTE DE ELIZABETH TAYLOR

Emblema hollywoodense, la actriz marcó un antes y un después en la industria, recibió dos veces el Oscar, sufrió adicciones, amores tormentosos, escándalos y por supuesto, nos dejó su eterna ‘Cleopatra’.

Elizabeth Taylor nació el 27 de febrero de 1932 en Londres. Debutó con tan sólo nueve años en la película ‘There’s One Born Every Minute’, luego estrenaría recordados clásicos de antaño como ‘National Velvet’ junto a Mickey Rooney, o ‘Life With Father’ con William Powell, sin embargo su estilo y referente juvenil comenzó a llamar la atención cuando tenía 16, tras el estreno del musical ‘A Date with Judy’. El vestido violeta que viste en una de las escenas, a juego con los ojos de la actriz,  se convirtió en una prenda replicada en las tiendas norteamericanas de la época.

A los 18 años, Taylor se casó con Conrad Nicholson Hilton, heredero del imperio hotelero y tío abuelo de la exótica Paris Hilton. Sin embargo, la violencia redujo la unión a sólo unos meses. Él era un bruto de 23 años, adicto a las apuestas y al alcohol. Se separaron después de que Hilton le provocase un aborto de una patada.

En ese entonces, el estudio la había hecho actuar en ‘Father of the Bride’ con Spencer Tracy, lo que  había sido un gran suceso, pero los ejecutivos decidieron castigarla por su escándalo personal, creyendo que los haría perder dinero, condenándola durante un tiempo a papeles secundarios en películas menores, pero Taylor seguía brillando y cada vez que aparecía en pantalla borraba al resto.

Un año después, Taylor se casó con Michael Wilding, actor británico veinte años mayor que ella. Un matrimonio que duró un lustro y tuvo dos hijos: Michael y Christopher. En ese entonces, Elizabeth ya no era la niña de ‘Little Women’, era una intérprete consolidada y madura para su edad, había alcanzado la categoría de estrella y protagonizaba cintas como el clásico melodrama sureño ‘A Place in the Sun’, donde compartía pantalla con su queridísimo amigo Montgomery Clift. Después de la filmación de ‘Giant’, la otra obra maestra que hizo junto a George Stevens y James Dean, la pareja se divorció.

En 1957, la actriz daría el sí por tercera vez, ahora con Mike Todd, un poderoso productor de cine y teatro, con quien Taylor descubrió el tipo de hombre que realmente la hacía vibrar. La fuerte atracción sexual y buena sintonía entre la pareja, le sirvió a la artista para ganar confianza en sí misma y tomar riendas de su carrera. Desgraciadamente, Todd falleció en un accidente aéreo el 22 de marzo del siguiente año. Taylor quedó devastada y tuvo que interrumpir la filmación de ‘Cat on a Hot Tin Roof’ para hacer su duelo. Elizabeth siempre confesó que sus tres verdaderos amores fueron, su tercer esposo, Richard Burton y las joyas.

Durante este trance, la estrella se mudó junto a sus tres hijos a la casa de su mejor amiga, la también actriz Debbie Reynolds, pero no le llevó demasiado tiempo enamorarse del marido de su colega, el cantante Eddie Fisher, con quien se casaría por cuarta vez. Un escándalo épico, que rompería durante muchos años la confianza entre las actrices, pero que sanó con el tiempo. 

En 1961, y después de tres nominaciones consecutivas sin final feliz, la británica recibió su primer premio Oscar como mejor actriz principal por su papel en ‘Butterfield 8’, donde interpreta a Gloria, una modelo de vida desordenada que se entrega a un hombre casado. Taylor odiaba esta película, convencida de que era una manera de humillarla públicamente por las peculiares circunstancias en las que se había enamorado de Eddie. 

Sin embargo, a estas alturas, la actriz de los ojos violeta ya tenía una carrera extraordinaria bajo sus pies, podía elegir sus proyectos, su presencia escénica era abrumadora y los estudios lo sabían. Tenía al mundo en su mano, pero luego aparecería un tal Richard Burton, y el mundo estallaría. 



Ambos se conocieron en el rodaje de la super producción ‘Cleopatra’, la obra maestra de Joseph L. Mankiewicz (el otro ‘Mank’). Para ella, Burton era un mito viviente e inalcanzable, pero un día el actor llegó borracho al set, incapaz de mantenerse en pie. Pidió un café, pero le temblaban las manos, así que ella le ayudó a llevarse la taza a la boca. ‘Pues resulta que sí es humano…tan vulnerable, dulce y de risa fácil’, contó años después la actriz. El romance fue fulminante, pero el escándalo también. Ambos estaban casados.

La relación fue condenada desde todos lados, incluso El Vaticano emitió un comunicado, pero los dos siguieron adelante y se casaron. Él le regalaba las joyas más costosas y únicas, actuaron en once películas juntos, no siempre eran buenas, pero en 1966, el director Mike Nichols sacó lo mejor de ellos en la mítica ‘Who’s Afraid of Virginia Woolf?’, basada en la obra de teatro de Edward Albee, la película fue nominada a trece premios de la Academia de los cuales ganó cinco, entre ellos Elizabeth como mejor actriz.  La pareja volvía a la cima, pero Burton por su parte se había vuelto un adicto al alcohol. Comenzarían así sus intensas y frecuentes peleas, que él solucionaba siempre con una nueva joya exótica.

Aunque se separaron en 1974, volvieron a casarse a las orillas de un río en Botswana, pero esta segunda vez fue más caótica que la anterior. Al año siguiente la separación fue definitiva. 

Después de Burton, vino John Warner, un político republicano que aspiraba al Senado norteamericano. Liz se sacó fotos, estrechó manos, participó en reuniones, dio entrevistas. Su marido obtuvo la banca, pero ella se aburrió mortalmente. En ese momento comenzaron sus problemas de peso: el hastío la hacía comer de más. Aparte, el consumo de alcohol y de tranquilizantes se le iba de las manos, así que ingresó a rehabilitación para controlarlos.

Durante los 70’s tuvo varios fracasos cinematográficos, entendía que su carrera declinaba, pero que seguiría siendo una estrella, así que comenzó a participar en televisión y sacó su propia línea de perfumes. Ya no necesitaba levantarse temprano, aprenderse guiones tediosos ni someterse a órdenes de otros. Ella era su propio producto. 

Fue una de las primeras figuras públicas en apoyar causas humanitarias. Durante la crisis del SIDA en los 80, recaudó fondos contra la enfermedad y creó una fundación. Se hizo muy amiga de Michael Jackson, fue uno de sus apoyos en los malos momentos del cantante, declarando incluso en los diferentes juicios a su favor. De hecho, en Neverland celebró su octavo y último matrimonio. El novio era Larry Fortensky, un obrero de la construcción "igualito a Farkas", veinte años más joven que ella, que conoció mientras estaba en rehabilitación. Sin embargo, el tiempo, las diferencias, las pastillas que tomaba ella y las obsesiones compulsivas de él finalmente los separaron. Siguieron en contacto y profesándose cariño hasta la muerte de ella.

Elizabeth Taylor falleció a los 73 años el 23 de marzo de 2011, hace una década, pero sus ojos violetas siguen tan radiantes y hermosos como siempre.



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