El virtuosismo técnico deÓpera la convierte, probablemente, en una de las obras visualmente más fascinantes de Dario Argento, maestro del giallo italiano. Su montaje hiperdinámico, cuidadosamente medido y sus audaces movimientos de cámara construyen una experiencia vertiginosa, en la que la forma adquiere tanta importancia como la historia. Entre sus recursos destaca el uso de la grúa Louma, un sistema de cámara controlado a distancia que permite realizar movimientos de gran fluidez y precisión, aprovechado especialmente en una impactante secuencia en la que una bandada de cuervos irrumpe en el teatro. La trama de esta película nos presenta a Betty, interpretada por la actriz española Cristina Marsillach, una joven cantante de ópera que pasa repentinamente de ser suplente a asumir el papel protagónico de Lady Macbeth en una vanguardista puesta en escena de la ópera de Giuseppe Verdi. La obra, inspirada en la tragedia de Shakespeare, está rodeada de supersticiones y es considerada de mal augurio en el mundo lírico y de las tablas. Sin embargo, ante la oportunidad de su carrera, Betty acepta el desafío, aunque sus inseguridades no tardan en aparecer. Pero sus temores profesionales pronto quedan relegados a un segundo plano. Un asesino comienza a obsesionarse con ella y la obliga a presenciar, de manera brutal, los asesinatos de sus compañeros de trabajo. Para impedir que cierre los ojos, le coloca agujas bajo los párpados, convirtiéndola en una espectadora involuntaria de sus crímenes. La violencia se transforma así en una forma perversa de voyerismo forzado, Betty no solo debe enfrentarse al horror, sino que es obligada a mirarlo. Marco - interpretado por Ian Charleson - es un personaje secundario, pero interesante, un director de cine de terror que se aventura en el mundo de la ópera con esta propuesta rupturista de Macbeth, desafiando a los sectores más puristas del género. Su personalidad y su particular concepción del espectáculo parecen reflejar algunas de las obsesiones del propio Argento, especialmente su fascinación por la violencia como recurso narrativo y visual. Marco es un rol al que vale la pena observar con atención, además de dirigir la puesta en escena central de la historia, interviene en el proceso de Betty, alentándola a superar sus inseguridades y a desenvolverse en un ambiente cada vez más amenazante, dentro y fuera de escena. Sin embargo, el verdadero origen del horror está ligado al pasado de la protagonista. Ella arrastra recuerdos traumáticos de su infancia, marcados por la perturbadora relación entre su madre y el hombre que ahora la persigue. Cuando era niña, fue obligada a presenciar los crímenes que ambos protagonizaban, una experiencia que dejó huellas profundas y que comienza a emerger a medida que avanza la historia. Argento construye así una trama retorcida, en la que la memoria, el trauma y la obsesión se entrelazan con una sucesión de asesinatos cada vez más brutales. Ópera es una belleza visual de naturaleza teatral, pero también profundamente realista en la manera en que presenta el sufrimiento de sus personajes. La cámara se mueve con libertad por el escenario, los pasillos y los espacios ocultos del teatro, transformando el edificio en un laberinto donde el espectáculo y la muerte parecen formar parte de una misma representación. La película también quedó asociada como una producción especialmente conflictiva. Argento tuvo dificultades durante el rodaje y su relación con Cristina Marsillach habría sido compleja, según relató el propio director. A esto se sumaron las tensiones con Daria Nicolodi, actriz, colaboradora, expareja y madre de su hija Asia Argento. Nicolodi interpretó a Mira, uno de los personajes relevantes que se convierte finalmente en víctima del asesino, en una escena particularmente impactante en la que recibe un disparo a través de la mirilla de una puerta. Las dificultades detrás de cámara contribuyeron a alimentar la reputación de Ópera como una película maldita, una condición que también dialoga con las supersticiones asociadas a Macbeth. A pesar de ocupar un lugar destacado dentro de la filmografía de Argento, Opera sigue siendo una suerte de joya oculta para buena parte del público, a veces confundida con El fantasma de la ópera, la adaptación que el mismo director estrenaría en 1998. Pero ambas películas son muy distintas, mientras la segunda aborda directamente el clásico de Gaston Leroux, Ópera desarrolla una pesadilla propia, donde la música, la arquitectura teatral y la violencia se combinan en una puesta en escena de una audacia extraordinaria. Si buscas una película de terror que no solo impacte por sus crímenes, sino también por su despliegue visual y su capacidad para convertir al espectador en testigo del horror, esta es una recomendación imperdible para este Halloween.
El padre de los zombies, el director George Romero, fallecido en el 2017, entró de lleno al siglo XXI con la progresión lógica de su trilogía original. Esta evolución que se inició con Night of the Living Dead (1968), continuó con Dawn of the Dead (1978) y que pareció terminar en Day of the Dead (1985), resurgió conLand of the Dead (Tierra de los muertos), marcando así el desarrollo de una trama que tiene como eje central el comportamiento humano frente a un apocalipsis zombie que hace imposible continuar con la vida tal como se conocía. En Land of the Dead se retoma, esta vez con fuerza, la idea que comenzó a esbozarse en Day of the Dead, donde los muertos vivientes pueden recordar su vida pasada y aprender de nuevo antiguas habilidades que parecieran haber quedado en el olvido. En este caso, la película que cuenta con las actuaciones de Simon Baker, Asia Argento, John Leguizamo y el gran y multifacético Dennis Hopper, avanza un paso adelante, convirtiendo las nuevas habilidades de los zombies como el punto de inflexión que detona la trama de la película. La historia se desarrolla en Pittsburgh, en un tiempo ya lejano a la explosión zombie que marcó el inicio de esta fase apocalíptica, y en un estado en que los sobrevivientes se asientan en lugares estratégicos, separados por grandes muros y masas de agua del resto del territorio, alejados de los zombies que deambulan libremente por lo que alguna vez fueron las ciudades habitadas por humanos. En un guiño notorio a la época feudal, se observan señores millonarios que, a cambio de seguridad, mantienen bajo su control a unos modernos siervos de la gleba, aumentando así dramáticamente las diferencias entre estos seres humanos sobrevivientes. Esta nueva forma de sociedad tendrá, por cierto, sus días contados, cuando los muertos vivos acostumbrados a vagar sin rumbo ni conciencia -y menos a entrar al agua- comiencen a evolucionar, a tal punto, que estas modernas fortalezas dejarán de ser inexpugnables. Si a todo lo anterior le agregamos el sello del maestro Romero, esta es, sin duda, una alternativa imperdible para los amantes del subgénero, pero también para todos aquellos que buscan una historia sólida dentro de un caos imposible de resolver.
Tras los exitosos estrenos de Halloween (1978) y Halloween II (1981), a pesar de que el arco argumental de Michael Myers estaba completamente cerrado luego de su desenlace, el público seguía interesado en saber qué podría pasar con el asesino de la máscara blanca. John Carpenter y la productora, Debra Hill, no obstante, no tenían interés en seguir estirando la historia de Myers, en cambio, su idea era crear una antología de horror ambientada en la Noche de Brujas, con historias de fantasmas, brujería, monstruos y otras atrocidades. Así nació Halloween III: Season of the Witch (también conocida como El Imperio de las Brujas), una cinta con un argumento alocado, como completamente original, que comienza con la desaparición de una roca del monumento Stonehenge. Luego, la historia se traslada al pueblo de Santa Mira en California, donde el siniestro Conal Cochrane, el dueño de la compañía de máscaras Silver Shamrock, busca regresar la noche de brujas a su antiguo rol pagano, asesinando a millones de niños con sus máscaras maldecidas. Sólo el Doctor Daniel Challis ( Tom Atkins) y Ellie ( Stacey Nelkin) podrán infiltrarse en las instalaciones para evitar una horrible masacre de niños y niñas a lo largo del país la noche del 31 de octubre. La arriesgada decisión de dejar a un lado a Michael Myers, y cambiar el género slasher por una historia de brujería, robots asesinos, y ciencia ficción, lamentablemente no cayó bien a la audiencia de la época, por lo que “Season of the Witch” fue brutalmente vilipendiada en el momento de su estreno y tuvo un pésimo recibimiento en taquilla. Tal fue el golpe, que el productor ejecutivo, Moustapha Akkad, exigió que en la siguiente secuela revivieran al bueno de Myers sí o sí, por lo que regresaría en Halloween 4: The Return of Michael Myers. Sin embargo, gran parte del odio que recibió Halloween III fue injustificado. Se trata de una más que correcta película ochentera de horror y ciencia ficción, que con los años ha ido volviéndose de culto y generando cada vez más adeptos. Tiene algunas de las mejores y más brutales escenas de la franquicia, especialmente porque en esta entrega las principales víctimas son niños, lo que le da un tono aún más siniestro. La dirección de Tommy Lee Wallace (el mismo a cargo de la IT original), amigo íntimo de Carpenter, es cuidadosa, y se podría decir que estamos ante su mejor película. Por otro lado, la interpretación de Tom Atkins (The Fog, Night of the Creeps) es notable, estableciéndose como actor de culto. Y por último, la película también cuenta con un increíble soundtrack ochentero a cargo del propio Carpenter, que logra incluso igualar sus mejores trabajos. En definitiva, “Halloween III: Season of the Witch” es una secuela notable, mucho mejor de lo que se ha dicho de ella. Es momento de que salga del pozo del desprecio y se convierta en un clásico definitivo de Noche de Brujas.
Una característica que tiene todo amante del subgénero de los zombies, además de prender velas a la obra de George Romero, es la continua búsqueda de películas (o series) que nos entreguen algo más a la estructura básica que debe tener toda producción en la cual los muertos vivientes son el condimento esencial. Y fue en esta búsqueda que alguna vez me encontré conEl Mal, una película independiente de zombies griega escrita y dirigida por un joven Giorgos Nousias en el año 2005. La propuesta no deja de ser la típica: un grupo heterogéneo de atenienses intenta sobrevivir en las peligrosas calles de la capital griega, atestadas de muertos vivientes ávidos de comer carne humana. Agonía, desesperación, terror y un particular humor que de por sí es un ingrediente novedoso. El origen de este mal es supuestamente su liberación por parte de trabajadores en una excavación. Pero eso no importa mucho, no se profundiza en ello. Lo relevante es la lucha de un grupo de sobrevivientes quienes ven truncadas sus cotidianas vidas. Dentro de lo más rescatable y novedoso de esta propuesta, además del humor negro, es el dominio absoluto del gore más obsceno, inverosímil y absurdo que le da ese toque de originalidad dentro de los cánones ya conocidos del género. En una época en donde estamos abismados por grandes producciones de este tipo, el regreso a lo artesanal se agradece, siendo por tanto una propuesta muy limitada en la propuesta visual y actoral, pero cruda y honesta. ESCENA FAVORITA Los protagonistas, exhaustos tras escapar por largas horas de los zombies, deciden esconderse en una taverna. Al llegar a ella, comen y conversan como si el mundo no se estuviera acabando. Hombres discutiendo casi a los gritos sobre fútbol, unos coqueteando, otros simplemente conversando cuestiones triviales. No falta el pan, el tzatziki, las keftedes, las aceitunas, ni un buen vino. Esta escena nos muestra una manifestación arraigada en la cultura griega: a pesar de los problemas, a pesar de las crisis, los griegos no pierden la sana y distendida costumbre de pasarlo bien alrededor de una mesa, degustando su excelente gastronomía. Lástima que tan distendido momento termina en la pelea más cruenta de toda la película. Un aterrizaje forzoso a la realidad.
El virtuosismo técnico deÓpera la convierte, probablemente, en una de las obras visualmente más fascinantes de Dario Argento, maestro del giallo italiano. Su montaje hiperdinámico, cuidadosamente medido y sus audaces movimientos de cámara construyen una experiencia vertiginosa, en la que la forma adquiere tanta importancia como la historia. Entre sus recursos destaca el uso de la grúa Louma, un sistema de cámara controlado a distancia que permite realizar movimientos de gran fluidez y precisión, aprovechado especialmente en una impactante secuencia en la que una bandada de cuervos irrumpe en el teatro. La trama de esta película nos presenta a Betty, interpretada por la actriz española Cristina Marsillach, una joven cantante de ópera que pasa repentinamente de ser suplente a asumir el papel protagónico de Lady Macbeth en una vanguardista puesta en escena de la ópera de Giuseppe Verdi. La obra, inspirada en la tragedia de Shakespeare, está rodeada de supersticiones y es considerada de mal augurio en el mundo lírico y de las tablas. Sin embargo, ante la oportunidad de su carrera, Betty acepta el desafío, aunque sus inseguridades no tardan en aparecer. Pero sus temores profesionales pronto quedan relegados a un segundo plano. Un asesino comienza a obsesionarse con ella y la obliga a presenciar, de manera brutal, los asesinatos de sus compañeros de trabajo. Para impedir que cierre los ojos, le coloca agujas bajo los párpados, convirtiéndola en una espectadora involuntaria de sus crímenes. La violencia se transforma así en una forma perversa de voyerismo forzado, Betty no solo debe enfrentarse al horror, sino que es obligada a mirarlo. Marco - interpretado por Ian Charleson - es un personaje secundario, pero interesante, un director de cine de terror que se aventura en el mundo de la ópera con esta propuesta rupturista de Macbeth, desafiando a los sectores más puristas del género. Su personalidad y su particular concepción del espectáculo parecen reflejar algunas de las obsesiones del propio Argento, especialmente su fascinación por la violencia como recurso narrativo y visual. Marco es un rol al que vale la pena observar con atención, además de dirigir la puesta en escena central de la historia, interviene en el proceso de Betty, alentándola a superar sus inseguridades y a desenvolverse en un ambiente cada vez más amenazante, dentro y fuera de escena. Sin embargo, el verdadero origen del horror está ligado al pasado de la protagonista. Ella arrastra recuerdos traumáticos de su infancia, marcados por la perturbadora relación entre su madre y el hombre que ahora la persigue. Cuando era niña, fue obligada a presenciar los crímenes que ambos protagonizaban, una experiencia que dejó huellas profundas y que comienza a emerger a medida que avanza la historia. Argento construye así una trama retorcida, en la que la memoria, el trauma y la obsesión se entrelazan con una sucesión de asesinatos cada vez más brutales. Ópera es una belleza visual de naturaleza teatral, pero también profundamente realista en la manera en que presenta el sufrimiento de sus personajes. La cámara se mueve con libertad por el escenario, los pasillos y los espacios ocultos del teatro, transformando el edificio en un laberinto donde el espectáculo y la muerte parecen formar parte de una misma representación. La película también quedó asociada como una producción especialmente conflictiva. Argento tuvo dificultades durante el rodaje y su relación con Cristina Marsillach habría sido compleja, según relató el propio director. A esto se sumaron las tensiones con Daria Nicolodi, actriz, colaboradora, expareja y madre de su hija Asia Argento. Nicolodi interpretó a Mira, uno de los personajes relevantes que se convierte finalmente en víctima del asesino, en una escena particularmente impactante en la que recibe un disparo a través de la mirilla de una puerta. Las dificultades detrás de cámara contribuyeron a alimentar la reputación de Ópera como una película maldita, una condición que también dialoga con las supersticiones asociadas a Macbeth. A pesar de ocupar un lugar destacado dentro de la filmografía de Argento, Opera sigue siendo una suerte de joya oculta para buena parte del público, a veces confundida con El fantasma de la ópera, la adaptación que el mismo director estrenaría en 1998. Pero ambas películas son muy distintas, mientras la segunda aborda directamente el clásico de Gaston Leroux, Ópera desarrolla una pesadilla propia, donde la música, la arquitectura teatral y la violencia se combinan en una puesta en escena de una audacia extraordinaria. Si buscas una película de terror que no solo impacte por sus crímenes, sino también por su despliegue visual y su capacidad para convertir al espectador en testigo del horror, esta es una recomendación imperdible para este Halloween.
El padre de los zombies, el director George Romero, fallecido en el 2017, entró de lleno al siglo XXI con la progresión lógica de su trilogía original. Esta evolución que se inició con Night of the Living Dead (1968), continuó con Dawn of the Dead (1978) y que pareció terminar en Day of the Dead (1985), resurgió conLand of the Dead (Tierra de los muertos), marcando así el desarrollo de una trama que tiene como eje central el comportamiento humano frente a un apocalipsis zombie que hace imposible continuar con la vida tal como se conocía. En Land of the Dead se retoma, esta vez con fuerza, la idea que comenzó a esbozarse en Day of the Dead, donde los muertos vivientes pueden recordar su vida pasada y aprender de nuevo antiguas habilidades que parecieran haber quedado en el olvido. En este caso, la película que cuenta con las actuaciones de Simon Baker, Asia Argento, John Leguizamo y el gran y multifacético Dennis Hopper, avanza un paso adelante, convirtiendo las nuevas habilidades de los zombies como el punto de inflexión que detona la trama de la película. La historia se desarrolla en Pittsburgh, en un tiempo ya lejano a la explosión zombie que marcó el inicio de esta fase apocalíptica, y en un estado en que los sobrevivientes se asientan en lugares estratégicos, separados por grandes muros y masas de agua del resto del territorio, alejados de los zombies que deambulan libremente por lo que alguna vez fueron las ciudades habitadas por humanos. En un guiño notorio a la época feudal, se observan señores millonarios que, a cambio de seguridad, mantienen bajo su control a unos modernos siervos de la gleba, aumentando así dramáticamente las diferencias entre estos seres humanos sobrevivientes. Esta nueva forma de sociedad tendrá, por cierto, sus días contados, cuando los muertos vivos acostumbrados a vagar sin rumbo ni conciencia -y menos a entrar al agua- comiencen a evolucionar, a tal punto, que estas modernas fortalezas dejarán de ser inexpugnables. Si a todo lo anterior le agregamos el sello del maestro Romero, esta es, sin duda, una alternativa imperdible para los amantes del subgénero, pero también para todos aquellos que buscan una historia sólida dentro de un caos imposible de resolver.
Tras los exitosos estrenos de Halloween (1978) y Halloween II (1981), a pesar de que el arco argumental de Michael Myers estaba completamente cerrado luego de su desenlace, el público seguía interesado en saber qué podría pasar con el asesino de la máscara blanca. John Carpenter y la productora, Debra Hill, no obstante, no tenían interés en seguir estirando la historia de Myers, en cambio, su idea era crear una antología de horror ambientada en la Noche de Brujas, con historias de fantasmas, brujería, monstruos y otras atrocidades. Así nació Halloween III: Season of the Witch (también conocida como El Imperio de las Brujas), una cinta con un argumento alocado, como completamente original, que comienza con la desaparición de una roca del monumento Stonehenge. Luego, la historia se traslada al pueblo de Santa Mira en California, donde el siniestro Conal Cochrane, el dueño de la compañía de máscaras Silver Shamrock, busca regresar la noche de brujas a su antiguo rol pagano, asesinando a millones de niños con sus máscaras maldecidas. Sólo el Doctor Daniel Challis ( Tom Atkins) y Ellie ( Stacey Nelkin) podrán infiltrarse en las instalaciones para evitar una horrible masacre de niños y niñas a lo largo del país la noche del 31 de octubre. La arriesgada decisión de dejar a un lado a Michael Myers, y cambiar el género slasher por una historia de brujería, robots asesinos, y ciencia ficción, lamentablemente no cayó bien a la audiencia de la época, por lo que “Season of the Witch” fue brutalmente vilipendiada en el momento de su estreno y tuvo un pésimo recibimiento en taquilla. Tal fue el golpe, que el productor ejecutivo, Moustapha Akkad, exigió que en la siguiente secuela revivieran al bueno de Myers sí o sí, por lo que regresaría en Halloween 4: The Return of Michael Myers. Sin embargo, gran parte del odio que recibió Halloween III fue injustificado. Se trata de una más que correcta película ochentera de horror y ciencia ficción, que con los años ha ido volviéndose de culto y generando cada vez más adeptos. Tiene algunas de las mejores y más brutales escenas de la franquicia, especialmente porque en esta entrega las principales víctimas son niños, lo que le da un tono aún más siniestro. La dirección de Tommy Lee Wallace (el mismo a cargo de la IT original), amigo íntimo de Carpenter, es cuidadosa, y se podría decir que estamos ante su mejor película. Por otro lado, la interpretación de Tom Atkins (The Fog, Night of the Creeps) es notable, estableciéndose como actor de culto. Y por último, la película también cuenta con un increíble soundtrack ochentero a cargo del propio Carpenter, que logra incluso igualar sus mejores trabajos. En definitiva, “Halloween III: Season of the Witch” es una secuela notable, mucho mejor de lo que se ha dicho de ella. Es momento de que salga del pozo del desprecio y se convierta en un clásico definitivo de Noche de Brujas.
Una característica que tiene todo amante del subgénero de los zombies, además de prender velas a la obra de George Romero, es la continua búsqueda de películas (o series) que nos entreguen algo más a la estructura básica que debe tener toda producción en la cual los muertos vivientes son el condimento esencial. Y fue en esta búsqueda que alguna vez me encontré conEl Mal, una película independiente de zombies griega escrita y dirigida por un joven Giorgos Nousias en el año 2005. La propuesta no deja de ser la típica: un grupo heterogéneo de atenienses intenta sobrevivir en las peligrosas calles de la capital griega, atestadas de muertos vivientes ávidos de comer carne humana. Agonía, desesperación, terror y un particular humor que de por sí es un ingrediente novedoso. El origen de este mal es supuestamente su liberación por parte de trabajadores en una excavación. Pero eso no importa mucho, no se profundiza en ello. Lo relevante es la lucha de un grupo de sobrevivientes quienes ven truncadas sus cotidianas vidas. Dentro de lo más rescatable y novedoso de esta propuesta, además del humor negro, es el dominio absoluto del gore más obsceno, inverosímil y absurdo que le da ese toque de originalidad dentro de los cánones ya conocidos del género. En una época en donde estamos abismados por grandes producciones de este tipo, el regreso a lo artesanal se agradece, siendo por tanto una propuesta muy limitada en la propuesta visual y actoral, pero cruda y honesta. ESCENA FAVORITA Los protagonistas, exhaustos tras escapar por largas horas de los zombies, deciden esconderse en una taverna. Al llegar a ella, comen y conversan como si el mundo no se estuviera acabando. Hombres discutiendo casi a los gritos sobre fútbol, unos coqueteando, otros simplemente conversando cuestiones triviales. No falta el pan, el tzatziki, las keftedes, las aceitunas, ni un buen vino. Esta escena nos muestra una manifestación arraigada en la cultura griega: a pesar de los problemas, a pesar de las crisis, los griegos no pierden la sana y distendida costumbre de pasarlo bien alrededor de una mesa, degustando su excelente gastronomía. Lástima que tan distendido momento termina en la pelea más cruenta de toda la película. Un aterrizaje forzoso a la realidad.