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18 de noviembre de 2020

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La nueva carne: el cine de Brandon Cronneberg

Sería un error usar la frase cliché “de tal palo, tal astilla” para referirse a Brandon Cronenberg, hijo del legendario cineasta y maestro del horror corporal David Cronenberg. Aunque sus películas “Antiviral” (2012) y “Possessor” (2020) se hacen eco de varios elementos de la filmografía de su padre, están lejos de ser una mala imitación. 


En 2012, estrenó su primera película, la provocativa e interesante ‘Antiviral’, y aunque la respuesta de la crítica fue buena, alcanzando triunfos en Sitges y Toronto como la mejor opera prima, las comparaciones con el cine de su padre, el mítico David Cronenberg, fueron inevitables.


ANTIVIRAL (2012)

Este cuento de horror distópico muestra una sociedad obsesionada con los famosos, donde existen clínicas especializadas en copiar las enfermedades de las celebridades para que sus fans puedan sentirse más cerca de ellos, inoculándoselas en su propia sangre. Algo que no es tan descabellado en el mundo actual (si han visto el programa ‘Botched’ de E! Entertaiment sabrán de lo que hablo), además de acumular en el relato gran parte de las obsesiones clínicas recurrentes en la obra de su progenitor. 

Quizá en época de pandemia la temática de “Antiviral” puede resultar incómoda, pero Cronenberg hijo nunca lo exhibe de forma sádica, sino que ahonda en la obsesión generada hacia la persona famosa, desde qué ropa interior usa hasta los detalles más escabrosos de su muerte. Lo mismo aplica para el protagonista, interpretado por un genial Caleb Landry Jones, de rasgos vampíricos, cuya desagradable autodestrucción genera el suficiente interés para apreciar qué tan miserable será su desenlace.

Las atmósferas enfermizas, la estética pulcra, las infecciones, el horror quirúrgico, con transformaciones y grotescas imágenes de degradación física, están muy presentes en la carta de presentación del joven Brandon, dejando entrever a un tipo ambicioso, muy dotado para la creación de ambientes incómodos y con poco miedo a herir susceptibilidades llevando su valiente propuesta al extremo. 


Pero como es habitual, la verdadera prueba de fuego para este nuevo cineasta viene con el estreno de su segundo trabajo, aquel que debería venir a reafirmar los aciertos del debut, dejando claro que no fue sólo azar.  ‘Possessor’ ha salido triunfante de la última edición del Festival Sitges, llevándose el premio a mejor película y dirección, así que el reto fue superado nuevamente. Sin embargo, la sombra de su padre sobrevuela todo el metraje de la cinta, pero, en esta ocasión, su discípulo va un paso más allá en su cruzada por encontrar  voz propia dentro del panorama actual de cine fantástico. 


POSSESSOR (2020)


La historia comparte con ‘Antiviral’ el género, la ciencia ficción y el pesimismo, con pretensiones de mostrar una sociedad alienada, habitada por criaturas que buscan abstraerse de sus vacías existencias, ya sea a través de sofisticados juegos de realidad virtual o el uso de drogas, incluso es posible que ocurran en el mismo universo creado por Cronenberg hijo (o padre).

Situada en un alternativo 2008, “Possessor” es la historia de Tasya Vos, interpretada por la multifacética Andrea Riseborough, la mejor agente de una empresa que se dedica a controlar personas mentalmente, para cometer asesinatos por encargo, y así eliminar cualquier sospecha, algo que puede recordar a películas como ‘Inception’ o incluso ‘Matrix’

La trama se centra en uno de los trabajos de Tasya como asesina a sueldo en la sombra, introducida en la cabeza de Colin (Christopher Abbott), el yerno de un poderoso hombre de negocios con el propósito de que este acabe con la vida de su novia y el padre de esta y así, el hijastro y creador del malévolo plan, herede la empresa de su padre. 

Un trabajo sencillo, pero que se complica cuando el huésped comienza a presentar resistencia a este particular tipo de “posesión”, tratando de recuperar el control de sus actos en una lucha psicológica sin cuartel, que podría hacer que Tasya pierda su consciencia. Esta premisa posibilita un fascinante juego de espejos entre ambos personajes protagonistas, el de la asesina algo hastiada de su trabajo, y el de su marioneta, un tipo gris que se siente humillado por su familia política, ocupando un puesto laboral muy bajo en la fábrica de su cruel suegro. 

Ambos actores realizan trabajos deslumbrantes, mostrándose plenamente compenetrados en sus complejos roles, ya que comparten cuerpo siendo de géneros distintos. Brandon Cronenberg, que en su primer trabajo entrega una puesta en escena minimalista y aséptica, en la que el blanco era el color dominante de la fotografía de Karim Hussain, se destapa aquí como un cineasta mucho más ambicioso en el plano visual. Con encuadres más elaborados y una paleta de colores espectacular que recuerda a Dario Argento. La cinta se revela como un artefacto más sofisticado y complejo que su precedente. Es necesario mencionar que para disfrutar la experiencia en todo su esplendor, es recomendable ver la versión ‘Uncut’ de "Possessor”,  la cual fue exhibida en Sitges.


David Cronenberg debería estar orgulloso del segundo largometraje de su hijo, al reconocer una visión muy similar a la suya sobre la violencia, la carne, la sangre y el sexo. Es imposible no recordar algunas de sus mejores obras: "Scanners" (1981), "Videodrome" (1983) y, sobre todo, "eXistenZ" (1999), con la que comparte la presencia, siempre intensa de Jennifer Jason Leigh.

Brandon Cronenberg sabe manejar con brillantez el denominado ‘Body Horror’ u horror corporal, mostrando hacia sus personajes un distanciamiento cerebral que dificulta la identificación del espectador con ellos. Aquí no hay buenos ni malos, la línea que separa lo correcto de lo moralmente decadente queda tan difuminada que lo que prevalece es un espectáculo entre genial y grotesco, que se regodea sin prejuicios, con la libertad propia de un producto concebido a espaldas del mainstream de Hollywood. Los inicios de su David fueron igual de atrevidos, con la inolvidable ‘Shivers’ (1975), y ni siquiera en sus incursiones más comerciales traicionó su estilo, véase la hermosa interpretación de ‘The Fly’ (1986), por lo que cabe confiar en que su heredero natural continúe dando grandes momentos de formidable cine en los próximos años. 







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