11 de noviembre de 2022

“La Sra. Harris va a París”: una emocionante historia que recuerda que cuando los sueños se trabajan se cumplen

La cinta se empezó a exhibir en Chile este 10 de noviembre.

Hay segundas partes buenas y que sacan aplausos. “La Sra. Harris va a París”, película basada en la novela homónima de Paul Gallico y remake del film noventero del mismo nombre - protagonizado por Omar Shariff y la actriz recién fallecida Angela Lansbury- es un claro ejemplo de ello. 

El largometraje, ambientado en los años 50, narra la historia de Ada Harris, una empleada doméstica que espera con ilusión a su amado esposo Eddy, un valiente soldado que luchó en la II Guerra Mundial. Cierto día recibe una misteriosa carta y le pide a una amiga que se la lea, porque no puede más de la ansiedad. Para su sorpresa, decía que su marido había fallecido. La noticia la deja devastada. Siente que todos sus sueños han muerto. Pero una mañana ve un deslumbrante vestido Christian Dior en una de las casas que limpiaba y una chispa vuelve a encender su corazón. A penas lo ve se enamora perdidamente y se propone comprarlo. Minutos después se entera que es alta costura y vale una fortuna. En lugar de echarse a morir toma lápiz y papel, y empieza a sacar cuentas. 

La suerte estaba de su lado. Una serie de extraños sucesos hace que junte rápidamente el dinero: se gana un pequeño premio en la lotería, se encuentra una joya en la calle, la devuelve y le dan una recompensa, y le entregan una pensión de viudez. En menos de lo que esperaba estaba instalada en París para comprar el vestido más hermoso del mundo. Lamentablemente, en la ciudad de la Luz la travesía se torna más dura. Claudine (Isabelle Huppert), la directora de la Maison Dior, se rehúsa a dejarla entrar porque no cree que tenga la plata suficiente para adquirir uno de los diseños que venden. La señora Harris, encarnada magistralmente por Lesley Manville, se enfada y le muestra el dinero que con tanto esfuerzo reunió. Gracias a su coraje se gana el favor del amable Marqués de Chassagne (Lambert Wilson), del contador André, interpretado por Lucas Bravo -el galán de Emily en París- y de la modelo Natasha (Alba Baptista). Todos la ayudan a cumplir su sueño y ella de paso los empodera y los motiva a salvar la Maison Dior, que estaba en quiebra. También se las da de casamentera y logra que Lucas y Natasha inicien un romance. 

“La señora Harris va a París”, es una película tremendamente inspiradora, de esas que te hacen salir del cine lleno de esperanza, listo para conquistar el mundo. Además, deja tres importantes moralejas. Uno: los sueños en los que se trabaja duro se hacen realidad. Dos: a las personas buenas les va bien. Eso no quiere decir que no afronten obstáculos, porque las dificultades son parte de la vida, pero encontrarán la forma de superarlas y sus historias tendrán finales felices. Esto le ocurre a la protagonista. Ada era tan bondadosa, que ayudaba a los demás aun sabiendo que no se lo agradecerían y que podría salir lastimada. En un momento de su vida parecía que ser buena no servía de nada, porque por ser compasiva una joven destruye su sueño, pero cuando todo estaba perdido sus amigos de París, incluyendo a Claudine, a quien se la ganó con puro amor, se unen y reparan todo el daño causado. De alguna forma la vida le retribuyó toda su generosidad. Como dicen por ahí recibimos lo que entregamos. Tercera enseñanza: no hay que dejarse pisotear por nadie. A la señora Harris la trataron mal, la discriminaron, le dijeron que se fuera a comprar un vestido en una tienda acorde a su estrato económico, porque aunque tuviera dinero para pagar uno de alta costura, ella nunca lo luciría, porque era invisible para la sociedad. Pero no se lo creyó, luchó, y se dio la oportunidad de bailar con el vestido de sus sueños, y ese día no se sintió invisible. 

Todos necesitamos una Señora Harris en nuestras vidas, y si nos convertimos en una, mucho mejor. 

Esta emocionante película no sólo nos regala valiosas lecciones también saca risas y conmueve.




 


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