17 de enero de 2023

Campo de concentración de Dachau: un lugar para la reflexión

Ubicado cerca de la ciudad de Munich en Alemania.

Al recorrer Europa es muy común encontrarse con lugares que hacen referencia a la Segunda Guerra Mundial: terrenos donde se produjeron batallas, memoriales, museos, edificios emblemáticos, etc. Pero uno de ellos, el que más probablemente muestra la peor cara del conflicto más destructivo de la historia de la humanidad, el que eliminó no solo vidas y ciudades, sino almas y la esperanza de toda una generación, el campo de concentración, es el objeto de esta nueva escapada: el campo de concentración de Dachau, en Alemania. Si bien los campos de concentración no son patrimonio exclusivo de la Alemania Nazi (encontramos antes de ellos horrorosos ejemplos en la Turquía que buscó erradicar a armenios y griegos, o en la soviética Rusia de ideología comunista), cabe destacar a Dachau como el primero de su tipo construido bajo el gobierno de Adolfo Hitler (1933). El que empezó como campo de trabajo forzado y de eliminación de detractores políticos del régimen en el periodo anterior a la guerra, se convirtió en un típico campo de exterminio y de experimentación con el correr del conflicto. Visitar este lugar no es un paseo más, es un encuentro con el lado más oscuro del ser humano expresado en un lugar que hoy intenta conservar la memoria de lo que allí ocurrió y el recuerdo perenne de aquellos que vieron truncadas sus libertades y/o sus vidas en el encierro. 

El campo de concentración de Dachau se encuentra cerca de la ciudad bávara de Dachau, a solo 13 kilómetros de Múnich. Si visitas la capital de Baviera, la visita a este campo de concentración es muy recomendable. Desde Múnich puedes llegar en tren de cercanía, el S-2, que puede ser cogido tanto en la Estación Central de la ciudad, o bien en el subterráneo de la céntrica Marienplatz. Tras un trayecto aproximado de 25 minutos, te bajas en la parada Dachau. Sales de la estación y llegarás a una plaza-rotonda en donde puedes subirte al autobús 726 que te llevará finalmente a las puertas del complejo del campo de concentración. Digo complejo, puesto que en la puerta, a mano izquierda, se encuentra una moderna construcción que da la bienvenida a los visitantes; cuenta con cafetería, baños y una librería (con libros en su gran mayoría en inglés y alemán), por supuesto, referidos al tema del holocausto judío. Nos dirigimos al campo, caminando unos 160 metros para encontrarnos, a mano derecha, con la lamentable e irónica frase Arbeit macht frei, interpretada como “el trabajo os hará libre”, usualmente colocada en las puertas de estos campos de horror del nacional socialismo, como una cruel y sarcástica bienvenida.



Una vez adentro, a mano derecha está el edificio que cobijó a los alemanes. Este recinto conserva las habitaciones que hoy sirven para exponer de manera gráfica el funcionamiento del penal. Encontramos maquetas, pósteres, gráficos, fotografías, videos documentales, en fin, mucha información para interiorizarse de todos los detalles de lo que en este lugar ocurrió desde 1933 hasta su liberación por parte de tropas norteamericanas en 1945. Esta parte de la visita es, por tanto, para tomársela con calma, para así aprovechar de aprender. Abandonamos el edificio y recorremos tranquilamente el patio, imaginándonos que en tiempos de su funcionamiento no se escucharía el tranquilo canto del viento que emana una paz única, sino todo lo contrario. Pueden apreciarse las bases de las más de treinta barracas de prisioneros, además de dos barracas en pie; una de ellas es antigua y solo se puede ver a través de sus ventanas su interior; la segunda, es una barraca reconstruida para que los visitantes puedan ingresar y dimensionar como era vivir dentro de ellas. Es impresionante el nivel de deshumanización que provocaba el diseño de estas pequeñas viviendas, en donde compartía un gran número de prisioneros en un espacio pequeño, y la falta absoluta de privacidad en una cuestión básica como es el baño. Terminamos esta escapada, y más allá del aprendizaje histórico, nos queda la reflexión de que, lamentablemente, el ser humano actuando bajo una ideología totalitaria puede llegar a ser tan cruel y despiadado con otro ser humano.


 



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