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Alberto Montt
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21 de octubre de 2022

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Entrevista a Alberto Montt por su nuevo libro “Antiayuda”

El ilustrador chileno ecuatoriano dibuja su visión sobre el “positivismo tóxico”.

En un mundo en el que las librerías están repletas de guías mágicas para ser feliz, para vibrar alto o para lograr las metas del año gracias a cierta piedra mágica o a la posición de la luna, el dibujante Alberto Montt lanza “Antiayuda”: Guía para sentirte especial aunque no lo seas.

Un libro de viñetas con el particular humor y estilo del artista gráfico que se burla un poco de la llamada positividad tóxica, la espiritualidad, el esoterismo y otros tipos de pensamientos mágicos que mueven a miles de millones de dólares en todo el mundo.

“Enciende las velas y afírmate los chakras” anuncia el dibujante promocionando su nuevo trabajo.

En Palco conversó con Alberto Montt, dibujante chileno ecuatoriano, sobre el mundo de las viñetas, el humor gráfico y por supuesto, sobre su nuevo libro Antiayuda.


Tu nuevo libro se llama "AntiAyuda: Guía para sentirse especial". ¿Cómo nace la idea de crear este libro, que es una especie de mirada irónica, sardónica, de este mundo del positivismo tóxico?

En general, todos los libros que abordo tienen que ver con mi relación, con mi entorno y llevo ya un tiempo vuelto loco con el tema de la industria de la dictadura del bienestar y con el pensamiento mágico, que ese si ha sido un tema que he abordado desde el principio de mi carrera. O sea, en un principio era la religión y hoy día con nuestro posmodernismo cultural consumista, hemos ido reemplazando a Dios con estas recetas mágicas del bienestar. Y este libro es el producto de eso, de la necesidad de expresarme y de decir: "Hey! les invito a darle una vuelta, una segunda mirada a este tema que hemos adoptado como sociedad sin chistar en absoluto, sin darle espacio al pensamiento crítico". Al final es eso, es mi reacción a este fenómeno que es cada vez más brutal y cada vez más visible, donde entras a cualquier librería y los primeros 20 estantes son de libros que te enseñan cómo ser feliz y cómo superar cualquier problema que tengas en la vida con tres pasos mágicos. Entonces, me pone muy nervioso, en especial habiendo tenido casos cerca de gente que dejó de tratarse quimioterapias por ponerse cuarzos en la frente o gente que dejó de hacerse cargo de sus problemas por que la culpa de todo la tiene un planeta en una "casa especial".

 
¿Tú crees que este "positivismo tóxico" puede llegar a ser peligroso?

Yo creo que no solamente puede llegar a ser muy peligroso, como en el caso de la quimioterapia, o hace poco, leí a un tipo que tenía miles de seguidores en Instagram que afirmaba, sin ningún resquemor, que los niños hasta los 15 años no se enferman, que lo que hacen es reproducir los conflictos de sus padres a través de sus cuerpos. Entonces, que dejemos de tratar a los niños, que tratemos los conflictos de los padres. Eso es de un nivel de irresponsabilidad que debería ser penada con cárcel. Ese es un ejemplo extremo, pero uno llega como sociedad a ese extremo cuando hay bastantes piedras que van pavimentando el camino. Puede ser algo tan simple como pagar a una señora para que te haga una limpieza para poder conseguir un trabajo o no hacer algo porque tu horóscopo dice que no es el momento propicio para buscar trabajo. Me parece que es una cadena enorme, con un extremo muy violento, pero con una gran masa crítica que va en una escalada que a veces es casi imperceptible, aceitando una maquinaria que termina siendo un negocio multimillonario a costa de la credulidad e ingenuidad de muchas personas que se acercan a estas creencias, con una muy buena intención y con un corazón abierto, pero terminan cayendo en sectas, abusos y estafas.

 
Me imagino que cuando tú haces un libro como este, que critica a una especie de minoría, hay una reacción no siempre de buena manera. ¿Cómo ha sido la recepción del público al libro? 

Quiero empezar aclarando que no es una minoría. Es cuestión de que salgas y hagas una encuesta a la gente alrededor tuyo, todos tienen algún tipo de creencia mágica. Algunos van desde el simple hecho de creer que si son piscis no pueden tener una relación con un cáncer, a ponerse una camiseta específica el día del partido de su equipo favorito. Todo eso es pensamiento mágico, todo eso vulnerabiliza a la gente, le deja más proclive a creer cualquier cosa. O sea, hay movimientos políticos que utilizan este tipo de información para manipular gente. De hecho, sin ir más lejos, Pinochet tenía una bruja y un lector de cartas a su servicio constante.
Respecto a la reacción de la gente. Muy probablemente va a ser como en todos mis libros. Va a haber gente que los va a odiar con locura. Otra gente los va a tomar por lo que son, que son invitaciones a pensar o por último, una opinión. Yo me atrevo a decir que es una opinión instruida, no es un libro que hice a la ligera, es un libro para el cual estudié mucho. Son temas que me vienen interesando hace mucho tiempo. Justamente esos son los espacios que a mí me parecen propicios para generar conversación, y hoy en día, en donde la conversación es casi un animal en extinción, porque todo funciona con extremos. Hoy en día es: "piensa lo que yo pienso o eres mi enemigo", básicamente. Entonces creo que está buenísimo, si es que genera algún tipo de reacción que propicie un espacio de conversación.

 
Y Alberto Montt, ¿tiene alguna especie de creencia mágica?

Muy probablemente. Cuando creces en una Latinoamérica que lleva 500 años de sumisión religiosa, creo que debe ser inevitable tener algún tipo de pensamiento mágico. A veces no te das cuenta, ¿no? A veces son cosas aprendidas, porque mucho de esto responde también al instinto, a la causalidad y a la casualidad. Es decir, si un día salí a la calle y me encontré 10.000 $ y llovía, cada vez que llueve, mi cerebro inevitablemente va pensar: "puede que hoy se repita esto". Eso es pensamiento mágico.


Ya para hablar de tu carrera, ¿cómo ha sido tu relación con el dibujo? ¿Lo utilizas como una forma de expresión?

Me gusta mucho dibujar. Odio que sea mi trabajo a veces. Pero por otro lado, siempre es mejor eso que destapar caños en letrinas. Y siempre ha sido para mí un espacio de encuentro conmigo mismo y de ordenar mis ideas a través de lo visual. Y en segundo lugar está, otra cosa que me fascina hacer, contar historias. Para mí el dibujo es una herramienta perfecta para contar historias cuando uno no tiene la habilidad oral. A veces el dibujo es un espacio que termina tendiendo puentes de comunicación, en especial porque, le permite al otro poner más de su parte. Generalmente, cuando uno conversa en la mayor cantidad de ocasiones, uno está tratando de transmitir un mensaje que está casi empaquetado. O sea, yo quiero que la mayor cantidad de información de mi mensaje llegue a ti sin perder bits en el camino. En cambio, la ilustración tendría algo que es alucinante. La ilustración tiene algo alucinante, que es que no solo pueden perderse en el camino, sino que además permiten que tú le pongas bits de tu propio, de tu propia cosecha. Y eso me parece muy lindo, muy enriquecedor del mensaje en sí mismo.

 
Recuerdo una relación de trabajo que tuviste con Liniers, con el dibujante argentino ¿Cómo ves tú el panorama del dibujo, no solo en Chile sino en Latinoamérica?

El dibujo en Latinoamérica es una dicotomía loquísima por la que está pasando porque, por un lado, hay una explosión de dibujantes. Hay espacios en donde los dibujantes pueden expresarse de manera más libre, apelando a la posibilidad que tiene la gente de ser su propio editor de contenidos. Por otro lado, el mercado para la Ilustración es cada vez más pequeño. Cada vez se cierran más revistas, hay menos periódicos. Los libros se venden a nivel regional, se venden muy pocos libros en general. Y si hablamos de la ilustración como parte de un nicho dentro de ese universo posible de la literatura, entendemos que es un pastel que cada vez está siendo más pequeño y que tiene más gente entre la cual hay que repartir. Justo este fin de semana estuve en un encuentro de ilustradores en Francia y la discusión era eso, cómo se sobrevive cuando cada vez se venden menos libros, cada vez hay más ilustradores, cada vez hay más historias que se cuentan, pero el público va en disminución porque, cada vez también hay menos poder adquisitivo.

Mi conexión con Liniers es de amistad, en primer lugar. Y segundo, en la creación de proyectos. O sea, nosotros hacemos un show en vivo con el que vamos girando por Latinoamérica, donde la ilustración es parte de un espectáculo.


¿Cómo ha ido cambiando tu humor con el paso de los años?

Yo creo que el humor va madurando. Vas entendiendo más cómo tratar ciertos temas y los temas de los que quieres hablar. Hay viñetas que yo veo en mi pasado que me avergüenzan y muy probablemente en mi futuro veré otras tantas más. Pero hay que tener cuidado con respecto a los cambios en relación a los temas y a lo que se dice, porque una cosa es ir creciendo y entendiendo el mundo en el que te desenvuelves y entendiendo a las otras personas con las que tienes relación y comunidad. Y otra es, por ejemplo, la cultura de la cancelación, que es prácticamente una cultura del linchamiento sin ningún tipo de mediación ni leyes, como una turba enardecida que justamente va en desmedro de poder generar espacios de diálogo. Para mí eso es algo que sí se ha perdido en el humor. En algún momento, en los 70, 80 o 90 's, los 2000, el humor proponía sentarte a conversar. Hoy en día hay dos tipos, el humor, que ya es francamente punzador, que está retando constantemente a esa línea de lo correcto. Y hay otro que está al servicio del status quo, que muchas veces termina siendo casi un humorcito de la positividad tóxica. Hay una cantidad de viñetitas que veo ahora, que lo que hacen son cositas que no incomodan a nadie. O sea, si no vas a incomodar, ¿para qué haces humor?

 
Durante el periodo de la pandemia, los tiempos más complicados, me acuerdo que salió la ansiedad. ¿Cómo nació ese concepto? 

Nació como tres o cuatro meses antes de la pandemia. Apareció en una revista de la tercera (En Pauta). Todas las semanas me enviaban los textos de los temas que iban a tratar y yo veía, me inspiraba y hacía alguna ilustración. Justamente había un tema que hablaba de Chile como principal consumidor de ansiolíticos en el mundo, como campeón mundial de consumo de ansiolíticos. Y yo hice una viñeta con este personaje que era este bicho rojo y que hablaba de la ansiedad. Y recuerdo que cuando salió dije: "Ah, es un bicho que me puede permitir hacer cuatro o cinco viñetas". Y en la medida en que comencé a hacer viñetas me di cuenta de que me estaban sirviendo como exorcismo de mis propios demonios. Y ahí salió el personaje. Y ahora es parte fundamental de lo que hago en el día a día, pero al mismo tiempo, cuando revisito mi obra del principio, del 2006-2007, me doy cuenta de que todas las viñetas que hice desde entonces hasta ahora, siempre tenían dos personajes y muchas veces puedo eliminar a uno de esos personajes y meter el bicho rojo y me funcionaba perfecto. Es decir, yo ya vengo hablando de la ansiedad hace 16 años, pero no me había dado cuenta porque no había formateado al personaje.









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