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Andrea Maturana
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30 de agosto de 2022

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Entrevista a Andrea Maturana: “Me siento súper lejos de ser la escritora erótica. No me resuena para nada”

La escritora nacional lanzó hace unas semanas el compilado “El Querisque. Cuentos reunidos”.

La inconfundible pluma de Andrea Maturana-que cautivó en la década de los 90, por su agilidad, y personajes cercanos que expresaban a gritos las emociones que la gente intentaba ocultar a toda costa en plena transición a la democracia- vuelve a las librerías del país de la mano de la editorial Una casa de cartón. El compilado de sus primeras obras “(Des)encuentros (Des)esperados” y “No decir” se puede ver en las vitrinas bajo el título “El Querisque. Cuentos reunidos”.

 Han pasado 30 años desde que escribió aquellos relatos, que hicieron que los críticos la catalogaran como “la joven promesa de la nueva narrativa chilena”, y todavía los lectores se sienten identificados con los protagonistas, se reconocen en sus miedos, traumas, dolor, soledad y angustia, a tal punto que empatizan con ellos, e incluso le toman cariño ¿Será que nuestro país no ha cambiado tanto en todo este tiempo o que el imaginario que plasmó en esas historias íntimas describen muy bien la vulnerabilidad del ser humano, esa que trasciende generaciones y fronteras? Seguro hay algo de cierto en ambas hipótesis. En lo que hay completa certeza, es que sus cuentos contienen, abrazan, acogen y permiten que conectemos con los demás de una manera genuina. Es que la fragilidad compartida lejos de debilitar a la sociedad, la sana, une y hace más fuerte. Estos relatos nos recuerdan que todos estamos en la misma búsqueda de amor y aceptación, y que cuando nos mostramos tal y como somos nos encontramos con el otro cara a cara, sin disfraces que creen distancia, dividan y distorsionen la realidad.

Desde su casa ubicada en Limache, Andrea Maturana conversó con En Palco sobre su nuevo libro.


Muchos de los relatos que contiene este compilado fueron publicados en 1992, cuando usted tenía 23 años. En esa época, no era tan habitual que las mujeres publicaran libros. Por lo mismo, muchas amantes de la literatura la veían como un referente. De hecho, Nona Fernández dice en el prólogo que usted le dio esperanza, que le mostró que se podía ser mujer y al mismo tiempo escribir, ¿En ese entonces, se sintió como un referente, percibió toda esa admiración?

Es difícil mirar para atrás con certeza de lo que estaba pasando en ese momento. Yo en ese tiempo era estudiante universitaria, tenía las mismas preocupaciones y ocupaciones que cualquier estudiante universitaria y esto era algo que para mí corría de manera paralela, que yo venía haciendo hace mucho, venía con talleres con Pía Barros hace mucho, y de pronto se presentó para mí una oportunidad, porque hubo una antología que se llamaba Nuevos cuentos eróticos, a la que convocaron a todos los escritores que estaban en ese momento produciendo en Chile y seleccionaron, creo que fueron 20 cuentos, y seleccionaron un cuento mío que también está incluido en el primer libro, en “(Des)encuentros (Des)esperados” y ahora en estos cuentos reunidos, que es uno que sucede en el metro. Yo lo escribí con esa mirada. Me habían invitado a una antología de cuentos eróticos y escribí un cuento erótico, que para mí es el único cuento que tiene como centro el erotismo. Los otros son cuentos que de repente aparece algo relacionado con el erotismo, pero están más relacionados con la intimidad, con la búsqueda de un otro.Salió este cuento seleccionado entre otros muchos nombres, que en ese momento ya eran reconocidos. Entonces, se gestó como una especie de expectativa respecto a mí, y por eso, se me dio la oportunidad de publicar un libro propio, tan joven, porque por generación yo no pertenecía a los que estaban publicando en ese momento. Fue una oportunidad que yo tomé, porque fue una gran oportunidad para mí, pero también me puso en un lugar que siendo tan chica fue difícil, fue muy central. Me entrevistaron mucho, me sobreexpuse mucho, quedé reacia a las entrevistas y me costó sostenerlo, porque estaba súper chica. Entonces, después empezaron a publicar las de mi generación. Si yo lo miro ahora, puedo ver que de alguna manera se generó como una estela atrás. Pero en ese momento, yo no me sentía referente de nada.


En ese entonces, muchos críticos decían que usted era la joven promesa de la nueva narrativa chilena, ¿sintió mucha exigencia?

Nunca enganché con esa exigencia. Nunca sentí que tenía que cumplirle promesas a nadie. Sentí que eso era cosa del que leía, si encontraba que yo era promesa, fantástico. Pero sí se me hizo pesado, sentía que andaba llevando una mochila de cosas que me ponían encima, que no tenían nada que ver ni con mi ritmo, ni con mi proceso, ni con mis proyectos. Como esto que se hace de repente, cuando hay tanta intención de poner a alguien en un lugar un poquito de personaje, le tiramos lo que nos parezca encima. No era algo particularmente cómodo, pero tampoco me quedé ahí enganchada, como sintiendo que tenía que responder a eso.


¿Le costó mucho sacarse esa carga que le imponían?

No, yo estaba en lo mío, estudiaba Biología, trabajaba en un laboratorio, después me puse a trabajar en la revista “Ya”. La carga que ha sido más pesada para mí, aunque ya a estas alturas me da lo mismo, es “la joven escritora erótica”, porque en verdad yo nunca me sentí una escritora erótica. Yo escribí un cuento erótico para una antología de cuentos eróticos, en la que había 20 personas más y a ninguno le dijeron el escritor erótico. Entonces, eso fue pesado en un momento dado ¿Cuál es el valor de ponerte un sello, que de alguna manera parece que define lo que tú haces? cuando lo que yo hacía, no lo vivía así, no lo sentía así, no era para allá, para dónde quería ir.


¿Cómo es su proceso creativo?, ¿en qué se inspiró para escribir estos cuentos que dejan entrever la vulnerabilidad del ser humano?

Yo siempre me inspiro en pequeñas cositas que tienen que ver con la realidad o que me encuentro en la realidad, pero después eso se va a otro lugar, en el que este pequeño detalle que me llamó la atención puede tener una vida más literaria, como ser parte de una historia interesante de contar. A veces era fantasía, a veces era el haber visto efectivamente, por ejemplo, una pareja que me llamó la atención en un bar y luego pensar a ver desde dónde puedo contar la historia de esta pareja para que sea más interesante, ¿cuáles son los ojos que la miran? Así trabaja mi cabeza, como amasando pedacitos de realidad, y a veces eso encuentra un lugar que me parece lindo de contar.

Hay en los cuentos una especie, diría yo, de búsqueda del encuentro humano, ¿cómo surgió esa necesidad de hablar de las relaciones, de la sanación, de las emociones?

Esa yo creo que es una inquietud mía de siempre, y lo ha seguido siendo, de hecho, me convertí en terapeuta, o sea, sigo trabajando en eso. Entonces, sin duda ha sido una inquietud muy raíz en mi vida. Mirar, sanar, ir encontrando los espacios para poder contener las emociones que surgen, el espacio interior de silencios. En esa época, por lo menos en el primer libro “(Des)encuentros (des)esperados”, era más una búsqueda de un encuentro. Me recuerdo en la búsqueda de una pareja, con ganas de estar en pareja, todo lo que eso significa, y luego en “No decir”, que es el libro que viene después, y que está incluido también en este volumen, es más una mirada a lo familiar, a los silencios, a las hipocresías, a una cosa como un poquito más social, diría yo. Pero siempre desde lo emocional, porque yo soy una persona que habita mucho las relaciones.

¿Por qué en la década del 2000 escribió cuentos sobre el abuso sexual?, ¿cuál era su intención?, ¿por qué después dio un vuelco en su narrativa y empezó a escribir para niños?, ¿cómo es su relación actual con la escritura?, ¿tiene pensado publicar cuentos inéditos? Dale play a la entrevista y escucha la respuesta que nos dio Andrea Maturana.



 


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