“La caída de la ballena”: sobrevivir para sanar viejas heridas
Austin Abrams protagonizada esta cinta de sobrevivencia, basada en la novela homónima de Daniel Kraus.
Una historia de supervivencia con tintes de drama familiar es la que nos presenta "La caída de la ballena", cinta dirigida por Brian Duffield, basada en la aclamada novela homónima de 2023, escrita por Daniel Kraus.
Jay (Austin Abrams) regresa al hogar familiar, en la costa californiana, para el funeral de su padre, Mitt (Josh Brolin), un apasionado buceador que, tras ser diagnosticado con cáncer, decidió pasar sus últimos días sin someterse a tratamientos y morir solo, mar adentro. La ausencia de un cuerpo que enterrar lleva a Jay a emprender la búsqueda de los restos de su progenitor en una zona de alta peligrosidad. Sin dar mayores explicaciones a nadie, se sumerge en un viaje submarino en el que deberá poner a prueba todos sus conocimientos sobre buceo.
A través de flashbacks conocemos la relación entre ambos y cómo Mitt intentó inculcarle a su hijo, desde muy pequeño, el amor por el océano, aunque muchas veces lo hizo de una manera demasiado severa. Una relación marcada por los desencuentros, las exigencias y las heridas que ninguno de los dos parece haber sabido cómo reparar.
Ya en el mar, Jay es arrastrado por un calamar hasta el interior de una ballena, donde queda atrapado. La desesperación, las contracciones musculares, los ácidos gástricos y el tiempo limitado de oxígeno se convierten en sus peores enemigos mientras intenta encontrar una salida. Sin embargo, en medio de esta situación límite, los recuerdos y las enseñanzas de su padre, pese a lo conflictivo de su relación, serán sus principales aliados. Sobrevivir se transformará, entonces, no solo en una lucha física, sino también en una oportunidad para enfrentar viejos dolores y comprender aquello que quedó pendiente entre ambos.

La caída de la ballena es una película claustrofóbica, de iluminación oscura y bien trabajada, que transmite la opresión de la inmensidad del océano y, especialmente, del interior de la ballena. La puesta en escena consigue sumergir literalmente al espectador en un ambiente hostil y sofocante, una sensación que se mantiene durante buena parte del metraje.
El peso dramático recae casi por completo en Austin Abrams (Weapons, Resident Evil: Noche Cero), quien realiza un buen trabajo actoral al sostener una historia en la que gran parte de la acción transcurre en solitario. Sin embargo, la personalidad de Jay puede resultar molesta por momentos, especialmente cuando lo vemos fuera del conflicto central y ciertas actitudes del personaje se vuelven difíciles de comprender.
Uno de los aspectos más interesantes de la cinta está en la dinámica entre padre e hijo. Se trata de una relación cargada de desencuentros, pero también de un profundo miedo a fallar, presente en ambos y expresado de distintas maneras. La experiencia que vive Jay, por extrema e improbable que parezca, se convierte en el escenario que le permite revisar ese vínculo y comenzar a sanar sus heridas. En medio de la lucha por sobrevivir, comprende que su padre, con todas sus contradicciones y limitaciones, le entregó herramientas que ahora pueden ayudarlo a salir adelante. Es una reconciliación que no necesita materializarse, basta con que Jay logre reconocer, a través de sus recuerdos, aquello que su padre le dejó.
Si bien la película consigue mantener la tensión durante gran parte de su desarrollo, hay algunos pasajes en los que la situación se vuelve repetitiva y el relato se siente algo extenso. Aun así, logra movilizar al espectador tanto por la experiencia casi surrealista que atraviesa Jay dentro de la ballena -que despierta sensaciones de asfixia, repulsión y nerviosismo- como por el conflicto familiar que se desarrolla en paralelo y que puede conectar con experiencias personales.
En definitiva, "La caída de la ballena" equilibra de manera eficaz el suspenso de una lucha por la supervivencia con el drama íntimo de un hijo que, al enfrentarse a la posibilidad de morir, comienza a comprender a su padre y a reconciliarse con su legado. Porque, a veces, sobrevivir también significa aprender a mirar de otra manera las heridas que nos acompañan.
En salas de cine de Chile desde el 15 de octubre.

































