3 de febrero de 2022

‘Moonfall’: el amor de Emmerich continúa, pero con los mismo errores de siempre

La nueva película del director de ‘2012’ y ‘El día después de mañana’ llega esta semana a salas nacionales.


El cine de catástrofes o que cuenta el fin del mundo no es algo nuevo. Nació con la era atómica a comienzos de los 50, con la primera ‘Godzilla’ o ‘La Guerra de Los Mundos’, pero tuvo especial relevancia en la década de los 70, con el estreno de películas importantes como ‘Aeropuerto’, ‘La Aventura de Poseidón’ o ‘El Coloso en Llamas’. Sin embargo, en la actualidad, cuando hablamos de desastres, solo un nombre se viene a la mente: el director Roland Emmerich, creador de cintas como ‘2012’, ‘El día de la Independencia’ o ‘El día después de mañana’.


Pero no solo de calamidades ha vivido el cineasta, porque en el comienzo de su carrera, sus primeros proyectos europeos estaban más dirigidos a la fantasía, la ciencia ficción, e incluso, el terror. En ‘Joey’ (1985), por ejemplo, cuenta la aterradora historia de un niño que se comunica con su padre muerto mediante un teléfono de juguete. ‘Luna 44’ (1990), ambientada en el año 2038, narra un universo manejado por multinacionales y robots; y con su salto a Hollywood, el thriller futurista ‘Soldado Universal’ (1992), el director pudo tener de protagonistas a Van Damme y Lundgren, como dos cadáveres convertidos en militares invencibles. Por lo tanto, si se revisa con cuidado su filmografía, no parece tan alocada la mezcla de géneros de su nueva película.


En ‘Moonfall’, el veterano realizador alemán reúne un buen elenco de actores para hacer frente a, quizás, la amenaza más grande que haya tenido que enfrentar la humanidad: la luna. E incluye los mismos tópicos que han marcado su carrera: la ciencia ficción, las teorías conspirativas, el colapso de las instituciones, los personajes comunes que viven situaciones extraordinarias, pero, además, las fallas que suelen lastrar a este tipo de producciones, como la ingenuidad, la inverosimilitud, las secuencias sin sentido y, en ocasiones, el humor forzado.


La historia nos cuenta la vida de Brian Harper (Patrick Wilson) y Jo Fowler (Halle Berry), dos astronautas que cuando la órbita de la luna se ve afectada por una fuerza misteriosa, deberán unirse, junto a un experto en conspiraciones, para intentar detener al satélite, que se dirige a la Tierra a toda velocidad, lo que acabará definitivamente con la raza humana.


En un principio, la premisa es sumamente interesante, por todos los misterios que giran en torno a la luna, pero se queda en eso. A medida que avanza la historia y empezamos a dejar el cine de catástrofes para mutar en una historia de ciencia ficción completamente delirante, la película deja de funcionar. Además, se hace demasiado larga y enrevesada para una película de evasión en la que el público solo quiere ver destrucción.


No obstante, está repleta de momentos impresionantes y efectos especiales, que será un gozo para los amantes de este tipo de cine, especialmente si se aprecia en una pantalla IMAX.


En definitiva, el amor de Roland Emmerich por la fantasía, el caos en la humanidad y la ciencia ficción, sigue tan vigente como en sus primeros años, pero no ha sabido solucionar los problemas que han marcado su carrera.


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