9 de agosto de 2022

Nicole Block sobre su libro “Frente al espejo”: “Estoy contenta de aportar con mi historia y de tener al monstruo de los trastornos alimentarios metido en una jaula”

En Palco conversó con la actriz sobre su obra, que está disponible en las principales librerías del país.

Sin tabú, caretas, ni prejuicios, Nicole Block cuenta en su libro “Frente al espejo”, la ardua lucha contra los trastornos alimentarios, que libró en silencio durante más de 20 años y cómo fue su proceso de sanación. Es tan audaz y generosa en su relato, que incluso se atrevió a compartir que en sus peores momentos llegó a gastar más de un millón de pesos en comida, a esconder kilos de envoltorios de alimentos en una maleta para que nadie descubriera el infierno en el que estaba inmersa, que la tenía muerta en vida, y que muchas veces no podía levantarse de la cama, porque los trastornos bipolar y límite de la personalidad acentuaban su enfermedad. La actriz revela el lado más íntimo y doloroso de las personas que tienen bulimia y anorexia, ese que no se muestra en los colegios, que no se conversa en las familias, y que los medios de comunicación no abordan de manera integral. La obra da esperanza a las mujeres y hombres que tienen una relación compleja con la comida y a aquellas personas que no han pasado por esta dura experiencia les muestra lo terribles que son estos trastornos para que sean más empáticos con quienes los padecen.

¿Cómo se dio la oportunidad de escribir este libro tan personal?

La primera vez que yo pensé en escribir el libro fue cuando estaba en la clínica de trastornos alimenticios en Santa Mónica, Estados Unidos. Estaba súper acabada y yo dije que de alguna manera yo tenía que aportar con mi historia y con la historia de todas las compañeras que tenía en el centro. Entonces, yo dije voy a escribir un libro, y voy a contar todo lo que me pasó, no me importa lo que digan, no me importa ser apuntada con el dedo, porque lamentablemente los trastornos alimentarios, que son enfermedades mentales, son un tema tabú en nuestro país, por lo menos hace un tiempo. Ahora recién se está hablando más de estos temas. Pero cuando yo estaba enferma no se hablaba de estos temas. Entonces, yo quería aportar de alguna manera con mi historia, a ser un referente de alguna manera para las personas que sufren en silencio como yo lo sufrí. A mí me hubiese encantado que en el período que yo estuve tan enferma en nuestro país hubiese habido algún referente que pudiera guiarme, apoyarme.


¿Hubo algún episodio en tu niñez o algún comentario que hayas recibido que gatillara que tú empezaras a tener una relación compleja con la comida?

En realidad, esto yo siento que se puede gestar en distintos períodos de la infancia y en mi caso, yo tengo conciencia de los ocho años, pero también mi mamá nunca me amamantó cuando nací. Entonces, también hubo desapego. Después, no me enviaban colación al colegio. Como dice el libro, yo tenía hambre de muy chica, pasaba mucho tiempo en restricción, llegaba a la casa y comía muchísimo, después me dolía la guata. Por eso, las dietas no son recomendables, la alimentación saludable sí lo es y la alimentación saludable no es comer orgánico o comer pura ensalada o comer proteína. Hay que comer de todo, porque uno tiene hambre física y hambre emocional al mismo tiempo y hay que satisfacer las dos. Eso me lo enseñaron en la clínica de trastorno alimentario. Cuando chica, como era un yoyó con mi tema del peso, había muchos comentarios de compañeros que me decían gorda o estos comentarios que hace muchas veces la gente mayor o abuelitos por ignorancia, como estás más flaquita, estás más bonita, entonces uno asocia la delgadez con estar linda y la gordura con no. Hay un tema social súper heavy ahí.


Tú afrontaste los trastornos alimentarios en silencio durante más de 20 años, ¿cómo fue ese largo proceso y luego recordar aquellos momentos al escribir este libro?

Fue un proceso largo. Por vergüenza más que nada uno no habla este tema y aparte, porque tampoco es tan bien entendido. Por lo menos en mi familia no eran entendidos. Siempre que leo el libro, me duele porque fueron 20 años en los que yo estuve muerta en vida. Es una relación de poder y control la que pasa con el trastorno alimentario, yo he dicho siempre que es la punta del iceberg, hay algo más, hay un trauma, un papá alcohólico, una violación, hay algo más que te gatilla ese síntoma que es el trastorno alimentario, que no te deja ver todos los muertos que hay adentro del clóset, que después uno tiene que con terapia ir tratando. Cada vez que leo el libro voy descubriendo nuevas cosas. Ha sido un camino difícil, pero me siento contenta en estos momentos de poder aportar con mi historia y me siento contenta de ya tener a este monstruo como yo le digo, el eating disorder, o el trastorno de la conducta alimentaria metido en una jaula, porque tú vas a tener que convivir toda la vida con el, no se desaparece, es un parásito que tú puedes enjaular, pero no que puedes eliminar. Entonces, siempre te está hablando, pero tú tienes que mantenerlo a raya.


Tú cuentas en el libro que en Chile realizaste varios tratamientos, pero ninguno te funcionó y no fueron pocos, ¿cuáles crees que fueron las principales falencias de esas terapias?

He averiguado y en Chile existen pocos expertos en trastornos de la conducta alimentaria. Ahora hay más equipos, hay más clínicas, pero no he encontrado una clínica así como la que hay en Estados Unidos, que digamos que es como la capital del eating disorder. Yo creo que había muy poco conocimiento en la época que yo estuve enferma y uno también tiene que poner de su parte, uno tiene que estar dispuesto a ser permeable a la terapia, entonces también cuesta hablar en terapia. Uno no es que llegue y hable, uno se calla, entonces uno tiene que estar dispuesto a sanar. Yo siempre he dicho, el primer paso es pedir ayuda y querer ayudarte, porque muchas veces si estás como cerrado no te va a servir la terapia, entonces uno tiene que querer ayudarse de todas las maneras. De hecho, cuando yo entré a la clínica de trastornos alimentarios en Estados Unidos empecé a bajar de peso, porque no quería ayudarme. Hasta que llegué a un punto en que me iban a echar de la clínica por mí bajo peso y me tenían que internar 24/7, tal vez con sondas para alimentarme. Ahí, decidí ponerme las pilas y enfrentar a este demonio.

 

¿Qué diferencias hay entre el tratamiento que realizaste en Estados Unidos y el que recibiste en Chile?

Acá en Chile yo básicamente fui por separado a psiquiatras, psicólogos y a nutricionistas. Nunca tuve un equipo que hablara entre ellos, y que me trataran multidisciplinariamente. Allá en cambio, es como un colegio de la comida. Tienes al psicólogo, psiquiatra y nutricionista, pero a la vez tienes muchos talleres, tienes taller de nutrición, tienes taller de process group, donde todos tus compañeros hablan de tus problemas, te dan feedback, tienes taller de salir a comer a un restaurant, aprendes a comer en un restaurant, taller de comida sorpresa, donde te llega una comida y tú empiezas a escribir cómo te sientes con respecto a esta comida, también tienes que cocinar, tienes que comer. Lo más importante es aprender a comer de nuevo. Entonces, tú vas a una cocina con gorrito, y tienes que prepararte la comida según lo que te diga el nutricionista. Yo trataba de echar menos comida, los que tienen trastorno con atracón tratan de echar más comida. Hay terapeutas ocupacionales que te revisan el plato, si tú no te lo comes te dan suplementos alimentarios, que yo no me las tomaba, porque no me gustaban. Entonces, era o te comes esto o tantos vasos, si te comen la mitad, un vaso y medio. Yo no comía al comienzo y ellos te obligan a servirte el plato y si no te lo comes, a botarlo y a lavar la loza. Yo decía por qué voy a botar la comida, pero entendí- nunca me lo explicaron- que comerla y vomitarla era mucho más grave que tenerla y botarla. Entonces, era para que tú empezaras a hacer conciencia de lo que tú hacías con la comida.

 

¿Cómo es tu relación actualmente con la comida?

Tengo una muy buena relación con la comida. A mí me encanta comer, pero también tengo que aprender a comer en mi justa medida, porque tienes que entender hasta dónde tienes hambre física y hasta donde tienes hambre emocional. Pero también alimentar esa emocionalidad, o sea, si de repente me quiero comer un chocolatito, está bien, me lo merezco. No está mal. Tengo una buena relación con la comida. La disfruto. Aprendí a disfrutarla sin sentir culpa.
En la parte final del libro tú incluyes ejercicios prácticos sobre autocuidado, ¿qué tipo de ejercicios encontrarán los lectores?
Sí, ese es un workbook que hice con algunas cosas que aprendí en la clínica de trastorno alimentario. Hay unos ejercicios que son bien heavy, como cuánta plata me gasto en mi trastorno alimentario. Ese me costó mucho hacerlo, porque es cuánto me gasto en gimnasio, laxantes, píldoras de dieta, en comida, sobre todo cuando estás con atracones, uf, te das cuenta que se te va la vida, es un trabajo 24/7 el trastorno alimentario, entonces vida dejas de tener. Esta ese ejercicio que es muy bueno, porque te hace tomar conciencia de la parte económica. También el ejercicio de cuántas horas dedicas a tu trastorno alimentario, cuántas horas haces que el resto, tu familia, los tratantes gasten en el trastorno alimentario, o sea, tú dejas de tener vida y le regalas tu vida a este parásito.

 
¿Quieres saber más sobre el libro “Frente al espejo”? Entonces, revisa a continuación la entrevista completa que le realizamos a Nicole Block.



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