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Carmen G. Moraga
Por

3 de septiembre de 2026

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“El gran falsificador”: la historia real del inventor que engañó al Banco de Francia durante más de una década

La cinta francesa se estrena este jueves 3 de septiembre en cines chilenos.

Antes de convertirse en una obsesión para la policía, Jan Bojarski era un hombre prácticamente invisible. Un inmigrante polaco, ingeniero e inventor, que llevaba una vida familiar aparentemente convencional. Pero en secreto había desarrollado una habilidad extraordinaria para fabricar dinero falso, con la que consiguió burlar los controles del Banco de Francia durante 15 años. La película “El gran falsificador”, dirigida por Jean-Paul Salomé, reconstruye su vida y el particular duelo que mantuvo con el detective André Mattéi. 

La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero lo fue. Bojarski introdujo cerca de 300 millones de francos falsos en el sistema financiero francés sin ser descubierto. El fraude generó tal desconcierto que las autoridades sospecharon de una posible operación extranjera destinada a desestabilizar la economía del país en plena Guerra Fría. 

¿Qué llevó a este hombre a realizar una estafa de semejante magnitud? La cinta encuentra una respuesta en su historia personal. Bojarski tenía un talento extraordinario. Había desarrollado bolígrafos, rasuradoras eléctricas, cápsulas para café, entre otros inventos, pero la falta de documentos le impidió patentarlos. Sus capacidades no encontraron espacio en el mundo profesional y terminó aceptando trabajos mal remunerados para mantener a su familia. 

Tiempo después, un hombre del crimen organizado lo reclutó para fabricar billetes falsos y Bojarski descubrió un territorio donde podía poner a prueba toda su capacidad técnica. Más tarde, empezó a trabajar por su cuenta y construyó una verdadera industria clandestina desde el sótano de su casa. 

Para evitar que la policía lo descubriera, él mismo creó un papel especial para fabricar los billetes. Además, tomó la precaución de hacer circular el dinero siempre en lugares diferentes. Durante años, estas medidas le permitieron mantenerse fuera del radar de las autoridades y desafiar al detective André Mattéi, interpretado por Bastien Bouillon

Es precisamente en esa relación donde “El gran falsificador” se acerca más al cine policial. Hay un juego del gato y el ratón que recuerda a Atrápame si puedes, aunque el filme de Jean-Paul Salomé está lejos del tono ligero y aventurero de la película de Steven Spielberg. Aquí el suspenso nace de la espera y de la pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá Bojarski ocultar su secreto? 

El director francés cuenta esta historia sin grandes artificios. La película transita entre el thriller, el policial y el drama, pero evita convertir la persecución en una sucesión de escenas vertiginosas. Su apuesta es más clásica: observar a los personajes, reconstruir sus movimientos y dejar que la tensión aparezca progresivamente.​

Esta elección funciona especialmente bien en las escenas en que Bojarski trabaja. La fabricación de los billetes tiene algo hipnótico. Cada detalle importa y la película se detiene en ese proceso con una precisión que refleja la obsesión del protagonista. No se trata simplemente de copiar: para Bojarski, el desafío está en conseguir que la falsificación sea indistinguible del original. 


El actor Reda Kateb entiende bien esa característica y construye un personaje contenido, casi hermético, que vive permanentemente dividido entre dos mundos. En uno está su familia y la rutina cotidiana; en el otro, su taller, sus herramientas y el secreto que sostiene toda su existencia. 

Durante los años en que el protagonista se dedicó a este fraude, el Banco de Francia sacó varios billetes nuevos, pero el ingeniero siempre logró fabricar una copia prácticamente idéntica. Incluso se jactaba de que sus creaciones eran mejores que las originales. 

Mientras trabajó solo, nunca lo descubrieron, pero con el tiempo empezó a tener problemas de salud y contrató a alguien para que hiciera circular el dinero. Su empleado no tuvo las mismas precauciones y esa imprudencia terminó delatándolos. 

La cinta no busca convertir al protagonista en héroe ni justificar sus decisiones. Más bien observa a un hombre que encontró en el lugar equivocado la oportunidad de demostrar aquello que durante años nadie quiso reconocer. “El gran falsificador” es una historia de policías y delincuentes que termina hablando de algo mucho más humano: la necesidad de ser visto y de demostrar que aquello que uno sabe hacer también tiene valor.



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