Te recomiendo este Halloween: Session 9 (2001)
Brad Anderson construye una inquietante película de terror psicológico que demuestra que, a veces, lo más aterrador es aquello que no podemos ver.
A veces basta un pasillo oscuro, una puerta entreabierta o una voz que surge desde una vieja grabadora para provocar miedo. Session 9, dirigida por Brad Anderson en 2001, es una de esas películas que comprenden perfectamente el poder de la sugestión.
La historia sigue a Gordon Fleming (Peter Mullan), encargado de una pequeña empresa especializada en retirar asbesto de edificios antiguos. Cuando consigue un importante contrato para trabajar en el abandonado Hospital Psiquiátrico Danvers, en Massachusetts, reúne a su equipo para realizar una tarea que podría salvar económicamente a la compañía. Sin embargo, las tensiones entre los trabajadores y la inquietante historia del lugar comienzan a convertir aquella oportunidad en una experiencia cada vez más perturbadora.
Uno de los grandes aciertos de la película es precisamente su escenario. El Hospital Estatal de Danvers no fue construido para la ficción: se trata de un antiguo recinto psiquiátrico inaugurado en el siglo XIX y cerrado en 1992. Anderson aprovechó sus instalaciones reales para filmar una buena parte de la película, antes de que el edificio fuera demolido. El resultado es extraordinario. Sus pasillos interminables, habitaciones vacías y rincones deteriorados transmiten una sensación de abandono que difícilmente podría conseguirse en un estudio. Danvers no es solamente el lugar donde ocurre la historia: parece tener vida propia.
Mientras avanzan los trabajos, Mike (Stephen Gevedon) descubre unas antiguas grabaciones de las sesiones psiquiátricas de Mary Hobbes. A través de ellas conocemos a una paciente con distintas personalidades, cuya historia comienza a adquirir una inquietante relación con los acontecimientos del presente. Estas cintas se convierten en uno de los elementos más fascinantes del relato. Sus voces, silencios y cambios de personalidad introducen un misterio que se va mezclando progresivamente con los conflictos del equipo.
Aquí el sonido resulta fundamental. Anderson sabe aprovechar las grabaciones, los ruidos ambientales y los silencios para construir una atmósfera opresiva. Muchas veces, lo que escuchamos resulta bastante más perturbador que aquello que vemos. Es una película que entiende que el terror no siempre necesita mostrarse para hacerse presente.

En el apartado interpretativo destaca especialmente Peter Mullan, quien construye un Gordon cada vez más frágil e inquietante. Su personaje carga con problemas personales y económicos que comienzan a afectar su comportamiento. A su alrededor, David Caruso, Josh Lucas, Stephen Gevedon y Brendan Sexton III completan un grupo de trabajadores cuyas diferencias y frustraciones van deteriorando la convivencia. Lo interesante es que el peligro no parece venir únicamente del hospital: también está en las personas que lo habitan.
Brad Anderson (quien nos daría la fascinante “El Maquinista”, solo tres años después) demuestra un gran dominio de la atmósfera, apoyado por la fotografía de Uta Briesewitz y una puesta en escena que privilegia los espacios, las sombras y la tensión. Su ritmo pausado puede no ser del gusto de todos, pero es precisamente esa paciencia la que permite que la inquietud crezca sin necesidad de recurrir constantemente a los sobresaltos.
Y aunque no quiero revelar demasiado sobre su desenlace, sí vale la pena mencionar que Session 9 consigue conectar sus distintas historias de una manera especialmente perturbadora. Las grabaciones de Mary adquieren un nuevo significado y el final deja una sensación difícil de sacudirse. Su última frase, «I live in the weak and the wounded», funciona como una síntesis escalofriante de todo lo que hemos presenciado.
Con el paso de los años, Session 9 se ha convertido en una película de culto, especialmente entre quienes disfrutan del terror psicológico y las historias que prefieren sugerir antes que mostrar. Para este Halloween, es una recomendación ideal: una película que transforma un hospital abandonado en un espacio de pesadilla y que nos recuerda que, muchas veces, los rincones más oscuros no están necesariamente fuera de nosotros.




































