En palco 2
Kalkutun
Pablo Arriagada
Por

23 de octubre de 2026

Olguin
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"Kalkutún, Juicio a los Brujos": Jorge Olguín vuelve a las raíces del terror chileno

​Inspirada en los juicios a los brujos de Chiloé, esta nueva película mezcla historia, mitología y criaturas sobrenaturales en una ambiciosa producción que rescata el lado más oscuro de las leyendas chilotas.

​Hay historias que parecen sacadas de una pesadilla, pero que tienen sus raíces en la realidad. Kalkutún, juicio a los brujos, la nueva película escrita y dirigida por Jorge Olguín, se adentra en uno de los episodios más inquietantes de la historia de Chiloé para construir un relato donde las creencias ancestrales, las disputas de poder y el terror sobrenatural conviven en un mismo territorio. 

Inspirada en los procesos judiciales de fines del siglo XIX contra los llamados "brujos de Chiloé", la cinta nos traslada a una isla marcada por las supersticiones y la desconfianza hacia la justicia del Estado. La historia comienza con un brutal asesinato a manos de una criatura bestial, a medio camino entre lo humano y lo monstruoso. A esto se suman un libro secreto y una llave que serán determinantes para una trama que, desde sus primeros minutos, deja claro que estamos ante una película que no pretende mantenerse dentro de los límites del drama histórico.

La investigación queda en manos de un joven fiscal, encarnado por Juan Carlos Maldonado, quien comienza a indagar en las actividades de los supuestos brujos chilotes, acusados de integrar La Mayoría, una organización secreta vinculada a la brujería. En su recorrido, se encontrará con distintos personajes que le permitirán descubrir un mundo que escapa a su comprensión, mientras sus conversaciones con el intendente de la isla, interpretado por Bastián Bodenhöfer, abren nuevas interrogantes sobre los verdaderos intereses detrás de la persecución. 

Pero el conflicto también tiene otra cara. Mailén (Camila Oliva), una joven isleña cuyo abuelo es acusado y condenado, decide adentrarse en el universo secreto de los brujos para intentar salvarlo. De esta manera, la película contrapone la justicia institucional con una cosmovisión ancestral que se transmite a través de los relatos, las creencias y los rituales de la isla.


​A lo largo de sus casi dos horas y media, Olguín desarrolla la investigación de manera pausada, construyendo un relato de folk horror chilensis en el que nada es exactamente lo que parece y donde resulta difícil distinguir entre víctimas y victimarios. Uno de los aspectos más interesantes de Kalkutún es que los brujos no son presentados necesariamente como inocentes perseguidos por las autoridades. Si bien sufren los abusos de la justicia chilena, son encarcelados y brutalmente golpeados, también son personajes despiadados y vengativos, capaces de ejercer su propia violencia. 

Al otro lado está el intendente, una representación del poder que adquiere características casi luciferinas. Bodenhöfer compone una figura siniestra, una suerte de Drácula demoníaco cuya maldad parece innata. Su presencia refuerza esa sensación de que, en este universo, las amenazas no provienen únicamente de las fuerzas sobrenaturales, sino también de quienes ocupan posiciones de autoridad.

​En medio de ambos se encuentra el fiscal, un hombre que intenta hacer cumplir la ley mientras se enfrenta a creencias que no comprende y a una disputa por un terreno que también lo involucra personalmente. Sus decisiones tendrán consecuencias y, a medida que avanza la investigación, su búsqueda de justicia terminará convirtiéndose en un camino hacia su propia condena. 

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​La película refleja la fascinación de Jorge Olguín por la mitología chilota, un universo que lleva décadas investigando y que aquí encuentra una nueva oportunidad para desarrollarse en la pantalla grande. Filmada mayormente en Chiloé, la producción aprovecha sus iglesias, sus paisajes y su naturaleza para construir una atmósfera donde la isla se convierte en mucho más que un escenario. Su inmensidad y su identidad parecen acompañar cada paso de los personajes, como si el territorio guardara secretos que sus propios habitantes apenas se atreven a revelar. 

Hay, además, una anécdota del rodaje que parece sacada de la propia película. Según contó Olguín, las escenas que debieron grabar en Santiago fueron particularmente difíciles, con numerosos problemas, casi como si la propia isla no quisiera que la producción se alejara de ella. Una historia curiosa que, más allá de lo anecdótico, refuerza el lugar central que ocupa Chiloé dentro de la propuesta.

La cinta cuenta con un reparto encabezado por Juan Carlos Maldonado, Camila Oliva, Bastián Bodenhöfer, Luis Dubó, Daniel Antivilo, Nicolás Zárate, Paulina Eguiluz, Alejandra Araya y Felipe Ríos, junto a Nicolás Oyarzún, quien se incorporó a esta producción nacional. Un elenco que reúne a intérpretes de distintas generaciones del audiovisual chileno para dar vida a este particular universo. 

Sin embargo, uno de los aspectos más atractivos de Kalkutún está en la manera en que Olguín combina la inspiración histórica con los códigos del cine fantástico. Pese a la seriedad de los acontecimientos que sirven como punto de partida, el director no renuncia a las criaturas, las muertes violentas, el gore y los efectos especiales de maquillaje práctico. De hecho, el trabajo artesanal detrás de los seres mitológicos es una de las apuestas destacadas de la producción, que privilegia la creación tangible de estas criaturas. 

En ese sentido, la película remite inevitablemente a los primeros trabajos del director, especialmente a Sangre eterna, donde el terror y la mitología también ocupaban un lugar central. Es en esos momentos cuando Olguín parece moverse con mayor comodidad, desplegando un imaginario que lo ha acompañado durante buena parte de su carrera. Algunas escenas pueden resultar desconcertantes, sobre todo cuando se alejan del tono solemne de la investigación para abrazar de lleno lo fantástico, pero los amantes del género probablemente sabrán apreciar esa mezcla.

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​Otro elemento que contribuye a la identidad de la película es su música original, compuesta por Anton Reisenegger y Sebastián Puente. Reisenegger, fundador de las emblemáticas bandas Pentagram Chile y Criminal, además de integrante de Lock Up, aporta desde su trayectoria ligada al metal una dimensión sonora que acompaña la atmósfera oscura e inquietante de la historia. 

Quizás el principal problema de Kalkutún sea su duración. Las dos horas y media terminan pesando en ciertos pasajes, con escenas que se prolongan más de lo necesario y afectan el ritmo de una historia que podría beneficiarse de una narración más concentrada. Una versión cinematográfica más acotada podría favorecer su dinamismo, mientras que una adaptación en formato de miniserie permitiría desarrollar con mayor amplitud algunos de sus elementos sin exigirle tanto al espectador en una sola sesión. 

Con todo, Kalkutún, Juicio a los Brujos es una película que deja en evidencia la pasión de Jorge Olguín por un universo que lleva años investigando. Su apuesta por mezclar historia, mitología chilota y terror fantástico es ambiciosa y no siempre logra sostener el ritmo, pero tiene el mérito de seguir explorando un cine de género propio en un país donde hacerlo continúa siendo un desafío. Una propuesta imperfecta, pero valiente, que encuentra en las leyendas de Chiloé un terreno fértil para demostrar que el terror chileno todavía tiene historias inquietantes que contar.

Kalkutún, Juicio a los Brujos ya está en cines.


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