3 de octubre de 2022

“El Castigo”: La historia de una mujer que ama a su hijo, pero odia ser madre

La película de Matías Bize se estrenará en cines el 6 de octubre.

Fiel a su estilo íntimo y profundo, el director chileno Matías Bize aborda en su nueva película “El castigo” un tema tabú del que pocas veces se habla con el peso que amerita, y que llena de culpa a cientos de mujeres: la maternidad no deseada. 

Este intrigante argumento no se desarrolla durante todo el film, sino sólo en la parte final. La cinta comienza con una historia de suspenso. En los primeros minutos, se ve a Ana y a su esposo Mateo, interpretados por Antonia Zegers Néstor Cantillana, buscar desesperadamente a su hijo Lucas de 7 años en un bosque del sur de Chile contiguo a una carretera. Al no poder encontrarlo, ambos sienten culpa, porque lo dejaron dos minutos solo entre los arbustos como castigo por haber hecho una tremenda pataleta en el auto mientras estaba en marcha, al punto de casi provocar un accidente. 

La hora avanza y el pequeño no aparece. Los padres sólo encuentran en unas ramas su jockey. Ana está convencida de que Lucas se escondió y no quiere salir para desquitarse con ella. Mateo, está preocupado, porque pronto va a oscurecer y el niño sigue perdido, así que llama a Carabineros, aunque su esposa no quiere. 

A los diez minutos llegan dos policías. La uniformada, encarnada por Catalina Saavedra, pregunta cómo se perdió el niño. Ana, no quiere quedar como mala madre, así que inventa que el pequeño se bajó a hacer sus necesidades, y que ellos se distrajeron, y cuando le dijeron que subiera al auto ya no estaba. Después de un rato, la Carabinera descubre pruebas que indican que la pareja miente y al matrimonio no le queda más alternativa que decir la verdad. En ese momento, la trama de la película da un vuelco radical. La protagonista, con la autorización de la uniformada, se interna en el bosque y comienza a buscar con angustia a su hijo. Mateo escucha desde la carretera el llanto y corre a consolarla. La mujer, mirándolo a los ojos, le confiesa que una parte de ella desea que Lucas nunca aparezca, porque desde que nació no es feliz, no tiene sueños, y eso es muy parecido a dejar de existir. Aclara que ama a su hijo, pero que odia ser madre. Añade que pese a su sentimiento, lo ha dado todo por ser una buena mamá: dejó su trabajo como periodista para poder llevar a Lucas al hospital cada vez que se hace heridas a propósito, o para ir a dar explicaciones al colegio a diario por los condoros que se manda el pequeño.

Mateo sorprendido y asustado por lo que acaba de oír, le pregunta si alguna vez le dijo a Lucas lo que siente. Ella responde que no, porque es una buena madre, pero cree que él se da cuenta y que por eso es tan rebelde. Luego, explica que accedió a ser madre porque tenía miedo que si manifestaba su real deseo Mateo la dejaría de amar y que si pudiera retroceder el tiempo, no sería madre. Posteriormente, lanza una interrogante crucial a su esposo. Le pregunta que si él habría seguido con ella si le hubiese dicho en su momento que no quería por ningún motivo tener hijos. Él responde con un rotundo no.

De esta forma, cada minuto que pasa sin que Lucas aparezca Ana se mueve entre la esperanza y la angustia, ¿cómo termina la historia ?, ¿encuentran al pequeño al final? ¿la madre logra resolver su conflicto interno?, ¿mejora la relación con su hijo? Para descubrirlo tienes que ver la película, que se estrenará en cines el 6 de octubre. 

Como se puede apreciar el título de la cinta tiene tres interpretaciones. Las dos primeras son bastante literal: los padres castigan al niño por portarse mal y luego Ana cree que su hijo la está castigando por dejarlo solo. Pero el mayor castigo, es el que se desarrolla pasada la mitad del largometraje: el convertirse en madre cuando nunca se deseó. 

Este tema es tan delicado y controversial que el director contó la historia en una sola secuencia y lugar, sin incorporar música ni cortes, para que fuera más real y se transmitieran mejor las emociones de los protagonistas. Y lo logró, todo se siente muy natural. Por supuesto, no sólo lo consiguió gracias al formato, su acierto se debe en gran parte a las excelentes actuaciones del elenco. 

Se agradece que Matías Bize hable de este tema, al que se le da poco espacio en los medios tradicionales y en el séptimo arte. Y por sobre todo que se preocupara de aclarar que las mujeres que sienten lo mismo que Ana, no tienen ningún conflicto con sus hijos, que los aman, y los cuidan, que la verdadera pugna es con el rol de madre. Esto se gráfica tan bien, que en ningún momento los espectadores juzgan a la protagonista. 

El largometraje deja entrever que las mujeres que viven este drama, se sienten muy incomprendidas, que les aterra contar lo que les pasa, porque piensan que las tildarán de malas madres o personas, y que los prejuicios que impone la sociedad pesan tanto, que sólo se atreverían a confesar su conflicto con la maternidad en una situación límite como la que enfrentó Ana. 

“El castigo”, además de poner sobre la mesa un tema totalmente invisibilizado, invita a la reflexión. Al salir del cine vienen a la mente muchas preguntas, por ejemplo: ¿a cuántas mujeres les pasa la mismo?, ¿qué tan común es esta relación de odio con la maternidad?, ¿cómo sé si realmente tengo desarrollado el instinto maternal?, ¿los medios de comunicación han romantizado tanto la maternidad que parece inconcebible que alguien odie ser madre? 

Definitivamente, es una película ideal para debatir, reflexionar y analizar. En lo personal, me habría encantado que se le hubiese dedicado más tiempo a desarrollar el drama de la maternidad no deseada y menos a la búsqueda del niño. Ahí me quedé con gusto a poco. Creo que con un preámbulo más conciso se hubiese logrado mostrar bien el sentimiento de culpa por la desaparición del pequeño, y se habría abordado en mayor profundidad el tema central. Pero eso no quita que sea una buena película. En gustos no hay nada escrito.






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