16 de octubre de 2021

"The Last duel": la último historia épica de Ridley Scott

Escrita por Matt Damon y Ben Affleck junto a Nicole Holofcerner, se desarrolla en Francia de la Edad Media.



En 1977, cuando Ridley Scott tenía 40 años, estrenó su ópera prima, el intenso drama de época “Los Duelistas”, en el que Keith Carradine y Harvey Keitel, dos oficiales del ejército de Napoleón, se enfrentan a un duelo eterno que marcará sus vidas. Un cautivador ejercicio de estilo que impulsaría una de las carreras cinematográficas más importantes del siglo XX.

Más de cuatro décadas después y con 83 años, el cineasta vuelve al género que lo vio debutar con “El Último Duelo”,  una cinta medieval con tintes policiacos y judiciales, dividida en tres capítulos, en el que cada personaje cuenta su versión sobre un hecho trágico y violento.  

Basada en el libro “The Last Duel: A True Story of Trial by Combat in Medieval Europe” de Eric Jager, y adaptada por Matt Damon, Ben Affleck y Nicole Holofcerner, la película está ambientada en la Normandia del siglo XIV. Cuenta la historia real del último duelo a muerte documentado en tierras Europeas

En 1386, Sir Jean de Carrouges (Matt Damon) acusó al escudero Jacques Le Gris (Adam Driver) de abusar sexualmente de su esposa, Marguerite de Carrouges (Jodie Comer). Ante las dudas sobre la veracidad de su acusación, el caballero solicita un duelo a muerte ante el rey, para que Dios demuestre quien dice la verdad. Aunque, en realidad, ninguno de los dos peleaba por el honor y respeto de la mujer afectada, sino por el suyo propio.

La película apuesta por una narración arriesgada y divide la historia en tres perspectivas; la del caballero, la del acusado y la de la víctima, por ello, los primeros minutos pueden parecer desconcertantes para el espectador, porque las escenas avanzan de manera rápida, elíptica y sin contexto, sin embargo, con el avanzar de los minutos, nos damos cuenta que estamos viendo la historia con el punto de vista de Jean de Carrouges, escudero de Francia que pasa de batalla en batalla en nombre del Rey Carlos VII, por lo que los sucesos se ven de manera más o menos fragmentada. 

El capítulo de Jacques Le Gris, el acusado de violación, muestra los sucesos de una manera similar, pero algo tergiversados. Suaviza el crimen, dándole parte de la culpa a la mujer por coquetear con él, siempre con el apoyo del Conde Pierre (Ben Affleck), su amigo, quien funde como juez para favorecerlo. 

Mientras que el capítulo final, contado por Lady Marguerite, la narración es dinámica, con flashbacks para detallar la figura que tiene la mujer en la edad media, y exponer todas las injusticias y vejaciones a las que tenían que someterse por no ser dueñas de sus vidas. 

Ridley Scott juega visualmente con las tres versiones, filmando la misma escena varias veces, desde diferentes ángulos y perspectivas, pero con pequeños y minuciosos detalles que las diferencian una de la otra, distorsionando el relato. Diferentes movimientos, diferentes palabras, diferentes mensajes corporales. ¿Quién dice la verdad?

Durante más de dos horas, que no se hacen pesadas en ningún momento, el veterano cineasta elabora, construye y demarca los territorios de la verdad, la mentira y la lealtad, como lo hizo Akira Kurosawa en su legendaria Rashomon, pero esta vez con un cargado apoyo feminista, enmarcado en un mundo en el que la mujer cada vez se revela ante las injusticias del mundo moderno.

En el aspecto interpretativo, el trío protagonista está excelente; Damon, Driver y Comer bordan sus papeles, nos hacen sentir su pena, angustia, odio y dolor, y nos sumergen en su mundo.

El director ha vuelto a crear una obra maestra del cine épico y medieval, con elementos de cine clásico, de capa y espada como el que ya no se hace, pero explora temáticas tan relevantes para el presente que la convierten en una cinta necesaria y reveladora. Así cierra el círculo virtuoso que comenzó hace más de cuatro décadas con su primera película, con un duelo y un hombre muerto.



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