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19 de febrero de 2021

Lima

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Escapada dentro de tu ciudad

Si piensas que es una locura vacacionar un fin de semana en tu propia localidad, aquí te contamos nuestra experiencia de descanso y diversión a pocos minutos de casa.


Desde el pasado 4 de enero, más de 2,6 millones de permisos de vacaciones han sido entregados en Comisaría Virtual. Las principales regiones de destino, y de origen, son Metropolitana, Valparaíso, Coquimbo y Araucanía. 

Sin embargo, mucha gente no tiene la oportunidad de salir de su región para vacacionar, ya sea porque su comuna está en cuarentena o simplemente porque no quiere desplazarse hacia otro lugar ante el temor de contagiarse de Covid-19.

Pero, ¿Por qué no escaparse dentro de su propia ciudad durante unas pocas horas?¿Despejar la mente e imaginar que están en otro lugar? Hicimos un recorrido por un par de hoteles de Santiago (nuestra región de origen), durante distintas fases del Plan Paso a Paso, y descubrimos que en general el rubro hotelero tiene mucho que ofrecer en cuanto a comodidad y precio, a veces no son tan caros como parecen y resultan ser una muy buena alternativa para descansar en una habitación acogedora, con clima regulable, desayuno incluido, instalaciones recreativas como gimnasios o piscinas, y excelentes opciones para almorzar o cenar, y por supuesto, con todas las medidas sanitarias que corresponden.


TRANSICIÓN

Durante un fin de semana de Transición, fase en la que, por norma, no se puede salir a la calle por más de 2 horas, decidimos visitar un hotel de la comuna de Las Condes, ubicado en una curiosa calle llamada Ebro. Partimos desde Providencia a pie, por cierto, y luego de una caminata de 20 minutos, el Hotel El Bosque Ebro, un edificio muy elegante, nos recibió con sus puertas doradas. Al ingresar, el personal cuenta con termómetros y dispensadores de alcohol gel, mientras que, al momento de registrarse, hay que rellenar un formulario sanitario para tener trazabilidad de los visitantes.

A través de una aplicación de alojamientos, hicimos la reserva de una habitación sencilla y económica, sin embargo, con el transcurso de los días, nos ofrecieron en la app un ‘upgrade’ por el mismo precio, que ofrecía un dormitorio mucho más amplio, tipo suite. Probablemente esto haya ocurrido por la baja afluencia de turistas en la capital durante ese periodo. Ese es el primer punto a favor. 

Un elemento llamativo es que todo el hotel está señalizado con las normas sanitarias, los pasillos, el ascensor, el lobby, para que se cumplan las normas básicas de control de la pandemia.

¿Qué se puede hacer dentro de un hotel un fin de semana? Debido a que estábamos en fase 2, el servicio de restaurant era solamente a través de ‘room service’. La comida, estilo gourmet, de precio razonable, es entregada en una bandeja sellada, la persona encargada de dejar la comida, llama a la puerta, pregunta si puede entrar al cuarto o si prefieres recibirla en las manos.

El desayuno, los fines de semana, se sirve de 7.00 a 11.00 am en el piso 17, es el único momento en el que uno se topa con más huéspedes, aunque con la debida distancia. El comedor es amplio, tiene ventilación directa con las pequeñas terrazas de la azotea. El alimento se entrega de manera individual y sellada, sirven a la mesa y si uno quiere algo más, no dudan en traerlo.



Además, para nuestra sorpresa, los servicio recreativos y deportivos como la piscina, el sauna y el gimnasio se encuentran disponibles, pero con previa reserva en recepción para cada sector. La piscina, interior y temperada, puede utilizarse 45 minutos y solamente por las personas de una habitación. Al terminar, el encargado de limpieza, sanitiza el área y lo prepara para los siguientes usuarios.



En el caso del sauna, el aforo permitido es de una persona en del hombres y una en el de mujeres. El tiempo máximo es de 45 minutos al interior.

Aunque estuvimos un fin de semana, la experiencia fue interesante. Descansamos mucho más que en casa, pudimos apreciar otras vistas de Santiago, nos sentimos siempre seguros y bien atendidos. Parecía que estábamos en otra ciudad, a pesar de que sólo nos encontrábamos a 20 minutos de nuestro hogar. 


PREPARACIÓN

En nuestra segunda escapada, Santiago ya se encontraba en fase 3, podíamos salir el fin de semana sin restricciones, así que decidimos ir un poco más lejos que la vez anterior. El alojamiento elegido fue el Hotel Boutique Las Acacias de Vitacura, un oasis dentro de la ciudad. 

Esta vez, tuvimos que tomar locomoción para llegar, en treinta minutos ya estábamos en nuestro destino, un pequeño hotel rodeado de mucha vegetación y espacio al aire libre, llamativo desde la entrada, donde además del amable portero, te recibe una antigua locomotora.

En la recepción, la atención es más que personalizada, hay buena conversación, la persona encargada pide rellenar un formulario de trazabilidad y rápidamente te entregan la llave de la habitación. El ascensor tiene un aforo de dos personas, pero sólo tiene tres pisos, así que no es un gran problema, nosotros optamos por las escaleras.

El dormitorio, ubicado en el tercer piso, es pulcro, tiene una cama amplia y un baño cómodo, además hay una terraza en la uno puede descansar al aire libre, disfrutando de la vegetación, el canto de los pájaros y la quietud del lugar, parecía que estábamos muy lejos de la capital.



Un detalle importante, es que el servicio de restaurant es aparte del hotel, por lo que no existe ‘room service’, y si uno quiere almorzar o cenar en el establecimiento llamado ‘Aurea’, debe reservar una hora, pues es bastante concurrido. La variedad de la comida es espléndida, la carta cuenta con exquisitos platos gourmet, entre los que destacan las carnes y los mariscos, e increíblemente, las porciones son considerables. No es muy barato, pero la relación entre calidad y precio es balanceada, y si puede darse un gusto así, sólo hágalo. Lo interesante es que hay mesas disponibles en la terraza y dentro del hotel.

El desayuno, por otra parte, si está incluido en el precio de la habitación, es balanceado, con fruta, café e incluso huevos. Todo sellado e impecable.

La piscina, tiene un aforo de 8 personas y sólo se puede ocupar durante 45 minutos. Se debe respetar la distancia entre los huéspedes, y si la zona ya está ocupada, los demás deben esperar. Se debe utilizar mascarilla en todo momento, excepto cuando se va a nadar.

Pero el elemento más destacable del hotel, sin duda, es la naturaleza que lo rodea, una enorme cantidad de árboles y flores de hermosos colores. El área es muy grande, hay mesas, quinchos, sala de pool, columpios y un rústico ‘sube y baja’, una forma de sentirse lejos de la gran ciudad y creer que estás en otra localidad. 



Estas experiencias, sin duda, ayudan a despejar la mente, desestresar en estos tiempos complejos, un golpe de aire fresco sin mucho gasto, tiempo, ni riesgo. Absolutamente recomendable y en cualquier lugar donde vivas, es sólo cosa de saber buscar y elegir bien el lugar que más les acomode. Una fantasía de viaje sin viajar, divertida y relajante.








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